Día 110 | Juan 10
Luego de afirmar que Él es la Puerta, este capítulo contiene una de las declaraciones más tiernas y poderosas de Jesús en todo el Evangelio: «Yo soy el buen Pastor». Jesús dijo en los versículos 11 y 14: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor da Su vida por las ovejas. Yo soy el buen pastor, y conozco Mis ovejas y ellas me conocen».
Me llama la atención que no es solo un pastor, sino que añade que es bueno. Un pastor que no escatima el peligro, el dolor, el sufrimiento y el agravio, sino que está dispuesto a perderlo todo con tal de rescatar a la oveja que se ha perdido. Esto nos muestra un verdadero contraste entre el verdadero pastor, nuestro Señor Jesucristo, y los falsos líderes; esos ladrones que los habían desviado del verdadero conocimiento del reinado del Mesías, guiándolos errónea y pecaminosamente …
Luego de afirmar que Él es la Puerta, este capítulo contiene una de las declaraciones más tiernas y poderosas de Jesús en todo el Evangelio: «Yo soy el buen Pastor». Jesús dijo en los versículos 11 y 14: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor da Su vida por las ovejas. Yo soy el buen pastor, y conozco Mis ovejas y ellas me conocen».
Me llama la atención que no es solo un pastor, sino que añade que es bueno. Un pastor que no escatima el peligro, el dolor, el sufrimiento y el agravio, sino que está dispuesto a perderlo todo con tal de rescatar a la oveja que se ha perdido. Esto nos muestra un verdadero contraste entre el verdadero pastor, nuestro Señor Jesucristo, y los falsos líderes; esos ladrones que los habían desviado del verdadero conocimiento del reinado del Mesías, guiándolos errónea y pecaminosamente a creer que esperaban a alguien que hiciera frente al dominio de los romanos sobre ellos, pero no a Aquel que podía hacerle frente a su pecado y traerlos a la verdadera libertad.
Ese es el buen Pastor, quien busca proteger de las falsas enseñanzas, de los falsos maestros y líderes. Porque aunque es un pastor lleno de bondad y compasión, tiene la autoridad sobre Sus ovejas y sobre los ladrones y engañadores, a quienes un día juzgará. Por eso, con firmeza llama a Sus ovejas a discernir Su voz por encima de las voces del mundo, porque Él es el único que puede proveer una seguridad eterna a quienes le pertenecen, llevándolos a entrar a Su redil.
¿No fue exactamente eso lo que Cristo hizo al dejar Su gloria y humanarse para venir a dar Su vida y, a través de ese hermoso sacrificio, traer de regreso a todas las ovejas que se habían descarriado? (Fil. 2:6-8, Is. 53:6).
Por otra parte, también podemos ver un contraste entre las ovejas que le pertenecen y las que no escuchan Su voz. El buen Pastor tiene una relación íntima y personal con Sus ovejas, y ellas, al conocerlo, no son engañadas por los ladrones, pues no reconocen esas voces que llevan a la perdición. Cuando una oveja conoce a su Pastor, puede hacer del Salmo 23 su recordatorio de la fidelidad de quien la pastorea: reconoce que nada le falta, que no teme ante la sombra del valle de muerte, porque su Pastor está ahí para darle aliento y bendecirla con el bien y la misericordia, y la gran esperanza eterna de tener una morada con Él.
Pero si las ovejas no conocen al Pastor, entonces serán como los niños que describe Efesios 4:14: «…sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error». Eso era lo que le pasaba a los judíos, y nos puede suceder a nosotras si dejamos de escuchar Su voz: viviremos temerosas e inseguras.
Una sola grey, un solo Pastor
Jesús también le aclara a los judíos que le escuchaban que Él tiene ovejas de otro redil. Él rompe toda barrera, confrontando nuevamente a quienes se creían herederos del cielo por ser descendientes de Abraham, e incluye a otros pueblos y naciones, ¡y ahí estamos nosotras! Por la misericordia de Dios hemos sido aceptadas por el buen Pastor para entrar a Su redil.
Si Cristo lo ha hecho así, tenemos un llamado a valorar la unidad de la iglesia y a amar a otras hermanas aunque de diferentes contextos e iglesias, pero con quienes estamos unidas por la misma fe gracias al hermoso sacrificio del Cordero perfecto.
¡Qué asombroso es ver que tenemos una seguridad tan grande que no puede moverse! Cristo dijo: «Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y me siguen.Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano».
Amada, qué más seguridad podremos recibir que la promesa de nuestro Salvador que nos dice: «No hay nada ni nadie que pueda quitarte de Mi mano fuerte». Qué descanso al alma trae saber que no dependemos de nuestra fuerza para mantenernos y permanecer en la Vid, sino de Su fidelidad, porque lo que Él promete, siempre se cumple.
Esto me recuerda al pasaje de Romanos 8:38-39, en el que Pablo también se expresa con tal seguridad: «Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro».
Para meditar:
- ¿Conoces realmente a ese buen Pastor?
- ¿Identificas Su voz y la sigues?
- ¿Eres de esas ovejas que ya han sido rescatadas por el sacrificio de Cristo?
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