Día 111 | Juan 11
En el Evangelio de Juan, el apóstol describe a partir de este capítulo cómo Jesús prácticamente ya estaba terminando Su ministerio público y ahora comienza a alejarse de las masas. Israel ya había tenido su oportunidad. Él deseaba tener un tiempo más íntimo para ministrar a Sus propios discípulos y a quienes lo amaban, mientras se preparaba para emprender Su camino a la muerte. No sería fácil para Su grupo pequeño de amigos y seguidores, pero Cristo, con Su corazón compasivo, deseaba irlos preparando para enfrentar el momento en el que serían separados de su Maestro mientras Él iba al Calvario.
Y aquí inicia acercándose a los Suyos, porque Lázaro, Su amigo, a quien Él amaba, estaba enfermo.
Jesús ama profundamente… y espera para cumplir Sus propósitos
La historia que se nos relata en este capítulo pudiera darnos a entender que, aparentemente, al inicio Jesús no tomó …
En el Evangelio de Juan, el apóstol describe a partir de este capítulo cómo Jesús prácticamente ya estaba terminando Su ministerio público y ahora comienza a alejarse de las masas. Israel ya había tenido su oportunidad. Él deseaba tener un tiempo más íntimo para ministrar a Sus propios discípulos y a quienes lo amaban, mientras se preparaba para emprender Su camino a la muerte. No sería fácil para Su grupo pequeño de amigos y seguidores, pero Cristo, con Su corazón compasivo, deseaba irlos preparando para enfrentar el momento en el que serían separados de su Maestro mientras Él iba al Calvario.
Y aquí inicia acercándose a los Suyos, porque Lázaro, Su amigo, a quien Él amaba, estaba enfermo.
Jesús ama profundamente… y espera para cumplir Sus propósitos
La historia que se nos relata en este capítulo pudiera darnos a entender que, aparentemente, al inicio Jesús no tomó con tanta urgencia el llamado para ver a Su amigo enfermo; sin embargo, la verdad es que el retraso de Jesús no fue por indiferencia, sino por propósito. Él les dice a Sus discípulos: «Lázaro ha muerto; y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean; pero vamos a donde está él».
Aunque nosotras normalmente tendemos a buscar respuestas rápidas a nuestras circunstancias, el Señor, quien todo lo ve, no actúa de la misma manera, Su propósito final será siempre que Su nombre sea glorificado de la mayor manera posible. Pero este propósito no es solo gloria abstracta; en este capítulo podemos ver que Jesús deseaba:
- Revelar quién es Él.
- Fortalecer la fe de los discípulos.
- Señalar hacia Su propia muerte y resurrección.
Él entendía y sabía que la muerte de Lázaro representaría un gran sufrimiento para María y Marta, para el resto de la familia, para los amigos que lo amaban, pero Su mente estaba en el glorioso milagro de la resurrección que estaba a punto de suceder por el poder de Su palabra, que, además, apuntaba al bien mayor: a Su propia resurrección. Él quería enseñarles que tiene autoridad sobre la muerte.
Marta declara fe, pero también límites humanos
Cuando Jesús y Sus discípulos llegan, se encuentran con la escena esperada: muchos judíos habían venido a consolar a Marta y María. Marta escucha que ya había llegado y sale a recibirlo. Esta mujer no lo recibe con queja; más bien, expresa con fe que conocía el poder de Jesús, y hubiera sido de tanto beneficio si hubiera llegado antes. Y que, al ser evidente su relación especial con Dios, sus oraciones traerían un bien en ese momento de tanto dolor. Otra de las evidencias de su fe fue que ella le dijo al Señor que sabía que un día su hermano resucitaría, en el día final; pero Jesús la lleva a mover su fe del futuro al presente haciendo una declaración más de quién es Él: «Yo soy la resurrección y la vida».
Acompáñame a leer los versículos nuevamente:
«“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.Ella le dijo: “Sí, Señor; yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o sea, el que viene al mundo».
¡Esta es una de las afirmaciones más gloriosas de la identidad de Cristo: Él es la resurrección y la vida! Nuestra fe se fundamenta en esto: ¡Cristo venció la muerte! ¡El pecado no tuvo victoria sobre Él! Y así como Él resucitó, ¡nosotros un día resucitaremos con Él para vida eterna!
Jesús se conmueve y llora
Llega María y detrás de ella entran más personas en escena, exponiendo un corazón incrédulo. Ellos habían conocido Sus milagros; el que tenían más fresco en su mente era el del ciego que había sanado, pero en lugar de tener fe, había queja, reclamo, incredulidad. Y Jesús se conmovió, como dice MacArthur: «Por la condición de un mundo caído e inmerso en el pecado, la causa real de tanta desolación y muerte».
Cristo no es indiferente a nuestro dolor; Él era un «Varón de dolores y experimentado en aflicción», como dice Isaías 53:3. Así que no se aleja ante nuestro dolor, desesperanza e incredulidad, sino que entra en el sufrimiento con nosotras con un corazón compasivo. Su compasión no es debilidad, sino una hermosa manifestación de Su humanidad redentora.
Así que quiero recordarte que, si tú hoy sientes que el Señor está lejos de tu sufrimiento, no tardes en aferrarte al carácter de Cristo; sostente en pie sobre quien Él dice ser: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá». Esa es tu esperanza segura; tu sufrimiento tiene el propósito de apuntar a Aquel que venció los estragos del pecado en la cruz, y que nos ha prometido una vida segura en Él por la eternidad.
Lázaro, sal fuera
El milagro ocurrió. Jesús oró con gratitud al Padre, a quien había dado testimonio de Él, y entonces, el poder de Su palabra dio vida al que estaba muerto. Lázaro fue desatado de sus vendas. Oh, glorioso ha sido el día en el que nosotras también fuimos liberadas por el llamado eficaz de Cristo, y con tanta expectación esperamos el día en que resucitaremos para estar por toda la eternidad con Él.
¿Has sido resucitada de tu muerte espiritual por el pecado? Si en tu corazón sigue habiendo duda, te animo a no ser como los judíos incrédulos, que a pesar de haber visto este séptimo y más grande milagro, fueron a tramar cómo darle muerte a Jesús; los líderes acordaron: «…es más conveniente que un hombre muera por el pueblo». Inclusive, como veremos en la lectura del día de mañana, los principales sacerdotes también querían matar a Lázaro.
Ven a Cristo, cree en Él. No busques respuestas en tu propia sabiduría, ni en la aprobación humana; responde con fe ante la verdad que hoy tienes la oportunidad de ver en Su Palabra.
Pero si ya has creído, y aún te das cuenta de áreas de tu vida que están muertas, reconoces que estás en un desierto espiritual, si te encuentras en medio del dolor o de la espera, la invitación es la misma: Ven a Cristo y cree en que Él puede traer un avivamiento a tu corazón y el consuelo de saber que Él ha vencido, y porque resucitó, tenemos la esperanza gloriosa de un día comenzar una vida a Su lado para siempre.
Para meditar:
- ¿Cómo estás respondiendo a los «retrasos de Jesús en tu vida»?
- ¿Confías en que Su aparente demora tiene un propósito mayor para darle gloria?
- ¿Crees verdaderamente que Jesús es la resurrección y la vida?
- En medio de tu sufrimiento, ¿te acercas a Cristo o te quedas en la incredulidad?
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