Día 118 | Juan 16
Todavía es de noche. El grupo ha salido del aposento alto y va caminando hacia Getsemaní, como lo vimos en Juan 14:31. La conversación no se ha detenido. Jesús sigue hablando, mientras la sombra de la cruz se acerca. Ya les ha hablado del consuelo del Espíritu, de la urgencia de permanecer en Él, del mandamiento de amar como Él… y ahora, como un buen Pastor, les advierte con ternura y firmeza lo que viene: rechazo, dolor, persecución.
Pero esta no es una despedida fría ni derrotista. Todo lo contrario. Cristo no les promete una vida fácil, pero sí una vida con propósito, con paz y con una compañía: el Espíritu Santo. Esta conversación, íntima y urgente, se convierte en un bálsamo para cualquier corazón que camina con temor por un mundo que no ama la verdad.
Este es otro de los capítulos que no empieza muy …
Todavía es de noche. El grupo ha salido del aposento alto y va caminando hacia Getsemaní, como lo vimos en Juan 14:31. La conversación no se ha detenido. Jesús sigue hablando, mientras la sombra de la cruz se acerca. Ya les ha hablado del consuelo del Espíritu, de la urgencia de permanecer en Él, del mandamiento de amar como Él… y ahora, como un buen Pastor, les advierte con ternura y firmeza lo que viene: rechazo, dolor, persecución.
Pero esta no es una despedida fría ni derrotista. Todo lo contrario. Cristo no les promete una vida fácil, pero sí una vida con propósito, con paz y con una compañía: el Espíritu Santo. Esta conversación, íntima y urgente, se convierte en un bálsamo para cualquier corazón que camina con temor por un mundo que no ama la verdad.
Este es otro de los capítulos que no empieza muy lindo y puede lucir hasta pesimista en los círculos seculares; es la clase de discurso que hace que alguien quiera salir corriendo en lugar de gozosamente quedarse ahí, pero es que cuando tenemos la perspectiva correcta y la visión completa, todo cae en su justo lugar. Este capítulo es la continuación directa de la conversación íntima de los capítulos 13–15. Jesús sabe que Su hora se acerca y está preparando a Sus discípulos para vivir sin Su presencia física. Él nunca nos mandará a hacer algo sin antes prepararnos de antemano.
Jesús advierte que los van a expulsar de las sinagogas e incluso los matarán “pensando que hacen un servicio a Dios”. Pero no se los dice para desanimarlos, sino para que no tropiecen (v. 1). La palabra griega aquí (skandalizō) implica caer o apartarse de la fe. Nuevamente vemos a Jesús: no promete ausencia de sufrimiento, sino su compañía en medio del mismo, amadas; ser cristiano es nadar contracorriente, por lo que debemos tener una teología del sufrimiento firme para no derrumbarnos. Jesús no minimiza el dolor, pero lo interpreta a la luz de la eternidad.
El Espíritu Santo
En los 3 últimos capítulos, Cristo ha sido enfático en hablarles del rol que tendrá el Espíritu Santo; les está dando las herramientas para que, cuando llegue el momento, las usen; las mismas herramientas que tú y yo tenemos a nuestra disposición.
- Convence al mundo de pecado, justicia y juicio.
- Guía a los creyentes a toda verdad.
- No habla por su propia cuenta, sino que glorifica a Cristo.
Carson señala que esta obra del Espíritu se da en y a través de la proclamación del evangelio.
El Espíritu no vino a darnos protagonismo, sino a exaltar a Cristo. Su obra es clara: no busca llamar la atención sobre Sí mismo. El Espíritu no atrae la atención sobre Sí mismo, sino que es un reflector que apunta a Cristo. ¡Cuánto tenemos que aprender del Espíritu Santo! Nuestra naturaleza busca siempre que el reflector apunte a nosotras, y se nos olvida quién es el Personaje principal de la historia. El Pastor Sugel Michelén dice: «La señal de una iglesia llena del Espíritu no es el ruido emocional, sino una vida centrada en Cristo. Tú y yo somos puros extras en esta historia de la redención; dejemos de buscar relevancia y busquemos más dependencia y obediencia».
Jesús les dice: «Un poco más, y no me verán; y de nuevo un poco, y me verán». Esto apunta a la inminente cruz y resurrección. Pero el dolor no es la última palabra. Jesús no los deja sin esperanza. Él les muestra que, aunque el luto será real, no será eterno. Viene una transformación: la tristeza se convertirá en gozo (como el parto de una mujer). Este es un principio de esperanza escatológica. El sufrimiento no tiene la última palabra para los creyentes. La muerte no tiene poder.
Y aquí viene un nuevo cambio de relación, ya no con Cristo, sino con el Padre: «En ese día pedirán en mi nombre». Ya no les hablará en parábolas, sino claramente. El amor del Padre ahora se manifiesta directamente: «Porque ustedes me han amado». Él apunta a lo que la cruz iba a otorgarnos a nosotros; la obra de Cristo abre un nuevo camino de intimidad con Dios. La oración en Su nombre no es una fórmula mágica, sino un acceso a una comunicación directa con el Padre por los méritos de Cristo. Si eso no te llena de gozo y esperanza, no sé qué lo puede hacer.
Entonces llegamos a un cambio de tono en esta conversación; vemos nuevamente a los discípulos hablar; lo han hecho poco, pero aquí le dicen: «Ahora hablas con claridad. Creemos que Tú viniste de Dios». ¿En serio?
Pensaríamos que aquí Jesús les va a decir algo alentador; pues no, les revela lo que hay en su corazón y lo que harán en los próximos minutos. Jesús les dice que esa misma noche lo dejarán solo, pero que no está solo, porque el Padre está con Él. Y concluye con estas palabras: «Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen aflicción; pero confíen, Yo he vencido al mundo».
Yo no sé lo que pensaron Sus discípulos en ese momento; la Biblia no lo dice, y creo que es porque aquí hay una verdad que es más importante que cualquier otra cosa. Cristo les recuerda que el mundo está vencido, aunque todavía se mueva; les anticipa la victoria de la cruz. Y es la introducción a uno de los capítulos más hermosos que vamos a encontrar en las Escrituras, que es la oración de Jesús, donde tú y yo estamos incluidas.
«¡Yo he vencido al mundo!». Que esta verdad nos sustente hoy: no caminamos hacia la derrota, sino desde la victoria. Aun en medio de la aflicción, ¡Cristo ya ha vencido!
Para meditar:
- ¿Estoy viviendo mi día a día como alguien que tiene acceso directo al Padre por medio de Jesús?
- ¿Confío en que el Espíritu Santo está obrando en mí, incluso cuando no lo entiendo todo?
- ¿Cómo puedo arraigarme en la verdad de que Cristo ha vencido al mundo, especialmente cuando me siento vencida por él?
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