Día 12 | Mateo 8
En Mateo 8, comenzamos a ver a Jesús en acción después de haber tomado tiempo para enseñar el Sermón del Monte. Este capítulo inicia una sección donde Mateo agrupa varios milagros, no tanto en orden cronológico, sino con el propósito de mostrarnos algo muy claro: Jesús tiene autoridad sobre todo lo creado.
En cuanto a ubicación geográfica, podemos ver en Mateo 8:1 que Jesús baja del monte, probablemente de la región montañosa cerca de Capernaúm. La mayoría de los eventos de Mateo 8 se desarrollan en la región de Galilea, alrededor del Mar de Galilea, lo que también conecta con Su ministerio entre judíos y gentiles.
La intención de Mateo es mostrar una idea de la identidad de Jesús; quiere enseñarnos y convencernos de quién es Él, por lo tanto, nos está dando detalles acerca de su vida, lo que hizo, las palabras que usaba al responder a …
En Mateo 8, comenzamos a ver a Jesús en acción después de haber tomado tiempo para enseñar el Sermón del Monte. Este capítulo inicia una sección donde Mateo agrupa varios milagros, no tanto en orden cronológico, sino con el propósito de mostrarnos algo muy claro: Jesús tiene autoridad sobre todo lo creado.
En cuanto a ubicación geográfica, podemos ver en Mateo 8:1 que Jesús baja del monte, probablemente de la región montañosa cerca de Capernaúm. La mayoría de los eventos de Mateo 8 se desarrollan en la región de Galilea, alrededor del Mar de Galilea, lo que también conecta con Su ministerio entre judíos y gentiles.
La intención de Mateo es mostrar una idea de la identidad de Jesús; quiere enseñarnos y convencernos de quién es Él, por lo tanto, nos está dando detalles acerca de su vida, lo que hizo, las palabras que usaba al responder a otros, los lugares que concurría, etc. Aunque pareciera que estos milagros suceden uno detrás del otro, Mateo probablemente los está organizado temáticamente.
Quisiera que notemos 2 cosas en particular:
1. Las personas que buscan o se relacionan de alguna manera con Jesús
- Un leproso (Mateo 8:2)
- Un centurión (Mateo 8:5)
- Endemoniados y enfermos (Mateo 8:16)
- Un escriba (Mateo 8:19)
- Más endemoniados (Mateo 8:28)
¿Notas el tipo de personas que le buscan? Vemos que en su mayoría son enfermos, endemoniados, y bueno… gentiles. Es importante notar el tipo de personas que le buscaron porque vemos que no le seguían necesariamente personas importantes o de renombre, sino aquellos que se dieron cuenta de que tenían una necesidad, y Jesús podía ayudarlos.
2. La autoridad de Jesús
Te invito a tener tu Biblia abierta y revisar las siguientes citas.
- Jesús tiene autoridad sobre la enfermedad: Mateo 8:3; 8:13, 8:15.
- Jesús tiene autoridad sobre la naturaleza: Mateo 8:26.
- Jesús tiene autoridad sobre potestades y aun ellos reconocen su autoridad: Mateo 8:29, 8:32.
Reconocer la autoridad de Jesús es algo sumamente importante. Cuando entendemos y conocemos Su poder y autoridad, realmente nuestra forma de vivir el día a día es transformada. Ya no vivimos en nuestras fuerzas queriendo controlar cada detalle, pues sabemos que Dios reina y que todo cuanto Él quiere lo hace.
Curación de un leproso
Después de que Cristo terminó de enseñar el Sermón del Monte, mucha gente comenzó a seguirlo; Mateo nos dice que eran «grandes multitudes». Entre ellos vino un leproso que, seguramente habiendo escuchado y creído en Cristo como el Hijo de Dios, vino a Él, y postrándose, declaró su petición: «Señor…», reconociendo así, quién Él era, «… si quieres, puedes limpiarme», afirmando que era Cristo quien tenía el poder y libertad de sanarlo o no.
Mateo, al relatar la respuesta de Jesús ante la petición del leproso, se asegura de no pasar por alto la acción de Jesús, que extendió la mano y lo tocó. ¿Por qué esto era trascendente? Recordemos lo que decía la ley de Moisés:
Levítico 13:45–46 nos dice:
«En cuanto al leproso que tenga la infección, sus vestidos estarán rasgados, el cabello de su cabeza estará descubierto, se cubrirá el bozo y gritará: “¡Inmundo, inmundo!”. Permanecerá inmundo todos los días que tenga la infección; es inmundo. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento».
El hecho de que un leproso tocara a alguien «limpio», hacía inmundo al limpio. El leproso lo sabía, por ello, al encontrarse con Cristo, no lo tocó, solo se postró delante de Él y expresó su petición. En cambio, Cristo, el santo y limpio unigénito Hijo de Dios, sabía que tenía autoridad sobre toda enfermedad, y que Él no podía ser manchado por la impureza del leproso, antes bien, podía hacerlo tan limpio como Él. Entonces, «extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero; sé limpio”».
¡Qué cuadro tan maravilloso, qué gracia tan grande! Hermana, nuestra impureza no debe ser un obstáculo para venir y postrarnos delante del Dios todopoderoso. Ciertamente, el enemigo que acecha nuestras almas querrá apuntar a tu pecado y poner en tu corazón la idea de que no eres digna ni siquiera de acercarte ante el trono de la gracia. Pero recuerda, Dios ha dispuesto camino hacia Él a través del sacrificio de Su Hijo Jesucristo en la cruz. No esperes más, ven a Cristo cualquiera que sea tu condición. El Ungido de Dios tiene poder y autoridad para sanar y redimir tu vida.
Una fe como la del centurión
Esta historia nos relata cómo un oficial del ejército romano (un centurión) oyó hablar de Jesús y creyó en Él:
- El centurión no conocía a Cristo, solo «oyó» hablar de Él.
- Lo que el centurión «oyó» le hizo entender que él no era digno de presentarse delante de Cristo.
- Al ver la fe que este centurión tenía y como él reconocía quién era, Cristo se maravilló y sanó al siervo del centurión.
El Señor nos ayude a tener una fe genuina, que al oír quién es Él, nazca en nosotros un deseo de no solo saber sino de creer y desear conocerle. Digo esto porque en la actualidad muchos quieren ver pruebas y señales de quién es Dios, más Él ya se ha revelado en Su Palabra.
Lo que demanda el discipulado
Mientras el ministerio de Jesús crecía y se divulgaba por las ciudades, hubo algunos que quisieron unirse a sus seguidores. Antes de que lo hicieran, Jesús quería dejar claro, a dos de ellos, que ser sus discípulos conllevaba demandas.
Uno de ellos se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas», a lo que Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza».
Jesús es el Hijo de Dios, por ello, Él tenía todo el derecho a los beneficios del Reino; sin embargo, «no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:6–8). No buscaba lujos ni para el lugar en el cual iba a dormir, y dejaba esto claro para quienes lo querían seguir.
¿Has escuchado de personas que vienen a Cristo creyendo que su vida va a mejorar en todos los aspectos (familiar, económica, emocionalmente, etc.), pero sin buscar una transformación personal? Sin duda, muchos se han acercado a la iglesia cristiana evangélica creyendo que sus problemas serán resueltos y sus deudas económicas saldadas. Tristemente, luego se dan cuenta de que su vida no está mejorando como ellos esperaban, creen que la iglesia es un fracaso, al punto de pensar que seguir a Cristo no vale la pena. Su concepto sobre el evangelio es errado.
Estas no eran las expectativas con las que los discípulos de Cristo debían seguirle y Él quería dejar eso en claro aun antes de que le siguieran. Tan alto era el llamado, que a otro de ellos le dijo: «Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre», Jesús le respondió: «Ven tras Mí, y deja que los muertos entierren a sus muertos» (ver también Lc. 14:26-33). El Señor nos ayude y el Espíritu Santo nos impulse a tomar nuestra cruz y seguirle como respuesta al amor que Él ha manifestado para con nosotras.
Jesús calma la tempestad
Imagínate la escena… Te subes a una barca, no a un sofisticado crucero, sino a una barca, y mientras estás tratando de pasar al otro lado del mar, se desata una tormenta. No es una lluvia ligera, es una tormenta tal que las olas cubren la barca. ¿Y ahora qué? Qué haces en estos momentos, ¿te lanzas al mar o te quedas ahí? ¿Qué es mejor?
Los discípulos de Jesús pasaron por esto, lo reconfortante en su caso es que ellos tenían a Jesús en su barca. Aun así, su reacción no fue la mejor. Resulta que mientras toda esta tormenta ocurría, Jesús estaba durmiendo. Así que cuando los discípulos se dan cuenta de que Jesús duerme, van a despertarlo y lo primero que Jesús escuchó de ellos fue: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Jesús, entonces, se levanta y les dice: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?», seguido de eso se levantó y ordenó al viento y al mar que se calmaran. Ante este acontecimiento, ellos se decían entre sí: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar le obedecen?».
Y con esta pregunta final que se hacen los discípulos podemos destacar el punto de este pasaje; ellos habían compartido mucho tiempo con Jesús, habían visto milagros, le seguían y participaban de sus padecimientos, pero aún no lo conocían; ellos siguen sorprendiéndose y preguntándose: ¿Quién es Éste?
Hermana, a nosotras en este tiempo se nos ha dado la revelación completa de la Palabra de Dios y, por ello, sabemos y tenemos testimonio de quién es Jesús y cómo Él cuando fue crucificado y muerto, resucitó al tercer día. También la Palabra nos enseña que a todo aquel que ha confesado que Cristo es su Señor, tiene como promesa el sello de Su Espíritu Santo. Si has experimentado esto como verdad en tu vida, puedes estar confiada de que en medio de cualquier tormenta que atravieses, aunque tu Maestro parezca estar dormido, no lo está y ciertamente le importan tus circunstancias. Puedes confiar en que Él está bajo control.
Para reflexionar:
- ¿Qué estás deseando hoy de Jesús? ¿Sanidad física o espiritual? Recuerda lo que meditamos en Mateo 6:33: «Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas».
- Los ejemplos de las personas que vimos hoy buscaban a Jesús porque reconocían quién era Él. ¿Reconoces tú quién es Jesús? ¿Reconoces quién eres tú delante de Él?
- ¿Qué te está llamando el Señor a dejar con tal de pagar el costo de ser Su hijo?
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