Día 126 | Hechos 1
Me encanta el libro de los Hechos porque nos permite ver la obra sobrenatural del Espíritu Santo en los inicios de la iglesia. Es asombroso contemplar cómo Dios usó a un pequeño grupo de hombres, transformados por el evangelio y llenos de Su poder, para dar inicio al movimiento más grande de la historia humana, una obra que sigue avanzando hasta hoy, conforme al plan soberano de Dios.
Hechos nos recuerda que la iglesia no nació de la fuerza humana ni de estrategias bien pensadas, sino de la acción directa de Dios en corazones rendidos. Lo que comenzó con discípulos frágiles y temerosos, se convirtió, por la gracia de Dios, en un testimonio poderoso que alcanzaría a Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra.
Lucas es el autor de este libro, que es como una continuación del evangelio que él mismo escribió. Abarca un período …
Me encanta el libro de los Hechos porque nos permite ver la obra sobrenatural del Espíritu Santo en los inicios de la iglesia. Es asombroso contemplar cómo Dios usó a un pequeño grupo de hombres, transformados por el evangelio y llenos de Su poder, para dar inicio al movimiento más grande de la historia humana, una obra que sigue avanzando hasta hoy, conforme al plan soberano de Dios.
Hechos nos recuerda que la iglesia no nació de la fuerza humana ni de estrategias bien pensadas, sino de la acción directa de Dios en corazones rendidos. Lo que comenzó con discípulos frágiles y temerosos, se convirtió, por la gracia de Dios, en un testimonio poderoso que alcanzaría a Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra.
Lucas es el autor de este libro, que es como una continuación del evangelio que él mismo escribió. Abarca un período de unos treinta años y es una especie de «bisagra» entre los evangelios y las epístolas. Lucas retoma la historia con un recuento histórico de los acontecimientos ocurridos: la encomienda de Jesús a Sus discípulos de ser testigos, el derramamiento del Espíritu en Pentecostés y la persecución que todo esto suscita, lo cual, lejos de obstaculizar, acelera el avance del evangelio en Jerusalén, Judea, Samaria y las naciones gentiles. En la lectura de hoy vemos cómo Pedro (¡el que había negado a Jesús tres veces!), asume un rol prominente en los inicios de la iglesia.
Elección de Matías
Los apóstoles eran aquellos que habían caminado con Jesús a partir del bautismo de Juan y hasta Su resurrección y la ascensión. Judas había traicionado a Jesús, se había quitado la vida, y ahora necesitaban a otro que lo sustituyera. Por alguna razón que desconocemos, Jesús había escogido a doce hombres y ellos deseaban mantener ese número.
Bajo el liderazgo de Pedro, el grupo reunido eligió a Matías para sustituir a Judas. Presentaron a dos candidatos, oraron para que Dios dirigiera el proceso y entonces echaron suertes, que cayeron sobre Matías. En el Antiguo Testamento leemos cómo se echaban suertes para determinar la voluntad de Dios.
«La suerte se echa en el regazo, pero del Señor viene toda decisión». —Prov. 16:33
Al leer este pasaje, surge una pregunta: conociendo la naturaleza humana, y viendo cómo más adelante en la historia, Dios soberanamente elige al apóstol Pablo («uno nacido fuera de tiempo, el más insignificante de los apóstoles», como él mismo se describe en 1 Corintios 15:8-9), podríamos preguntarnos si los discípulos actuaron movidos por su propia prudencia humana, apresurándose para elegir a Matías. Eso solamente Dios lo sabe…
La Escritura no nos da una respuesta explícita a esta inquietud. Pero sí nos muestra algo con claridad: aun antes del derramamiento del Espíritu en Pentecostés, los discípulos buscaron la dirección de Dios en oración y confiaron en Su soberanía. El avance de la iglesia no descansaría en decisiones humanas perfectas, sino en la fidelidad de Dios para cumplir Su propósito.
La Iglesia avanza por la obra del Espíritu Santo
La obra de Dios es sobrenatural de principio a fin. Al considerar la encarnación de Cristo, Su vida, muerte y resurrección, entendemos que no se trata de algo humanamente explicable.
«Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». —Hechos 1:8
El Espíritu Santo causa convicción y arrepentimiento, llena al creyente, lo bautiza, lo capacita, lo habilita, lo equipa para testificar, le comunica la voluntad del Padre, lo anima, lo instruye, lo dirige, lo advierte, lo constriñe y le da asignaciones al creyente y también guía la iglesia.
Es a través del poder del Espíritu Santo que podemos ser testigos efectivos, tanto a nivel personal como corporativo en la iglesia. Este poder capacita e impulsa al creyente a dar testimonio de Jesucristo.
«Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu». —Efesios 5:18
Y finalmente, una esperanza que arde en nuestros corazones: ¡Jesús volverá!
Jesús ascendió entre las nubes a la vista de los apóstoles, y una nube lo ocultó de sus ojos. Mientras ellos contemplaban este momento, dos hombres vestidos de blanco les recordaron una verdad llena de esperanza: aquel mismo Jesús, que había sido tomado al cielo, volvería de la misma manera.
La ascensión no marcó el fin de la obra de Cristo, sino el inicio de una nueva etapa. Jesús reina exaltado, y desde allí continúa obrando por medio de Su Espíritu en Su iglesia.
Esta promesa sostiene nuestros corazones hoy: Su regreso.
«Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre». —1 Tesalonicenses 4:16-17
La certeza del regreso de Cristo nos anima a perseverar, a dar testimonio fiel y a vivir hoy a la luz de la eternidad.
Para meditar:
- Al leer cómo Dios inicia y sostiene la obra de la iglesia, ¿en qué áreas de mi vida tiendo a confiar más en mis capacidades que en el poder de Dios?
- Los discípulos aprendieron a esperar, orar y obedecer antes de actuar. ¿Cómo respondo yo a los tiempos de espera de Dios? ¿Con ansiedad, control… o dependencia confiada?
- Jesús prometió poder, no para comodidad personal, sino para ser Sus testigos. ¿Cómo se refleja hoy ese llamado en mi manera de vivir y hablar de Cristo?
- Vivimos entre la ascensión de Jesús y Su regreso prometido. ¿De qué manera esta esperanza futura moldea mis prioridades, decisiones y fidelidad diaria?
- Al recordar que Cristo reina y volverá, ¿qué me anima el Señor a rendir, a confiar o a obedecer con mayor gozo hoy?
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