Día 133 | Hechos 6
Cristo cuida de Su iglesia y hace crecer Su palabra
Desde el Antiguo Testamento vemos con claridad que Dios se preocupa por los más vulnerables. Él es defensor del huérfano, de la viuda y del extranjero. Al llegar a Hechos 6, encontramos que esta misma preocupación se manifiesta en la iglesia del primer siglo. Dios no solo ve a las viudas; Él cuida de Su pueblo preservando la unidad, el testimonio y el crecimiento de la Iglesia aun en medio del conflicto.
El capítulo comienza mostrando una tensión real. A medida que la iglesia crecía, surgieron murmuraciones entre los creyentes. Las viudas de los judíos helenistas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria. Este no era un problema menor. Si no se atendía con sabiduría, podía fracturar la comunión y desviar la misión de la Iglesia.
Aquí vemos algo importante: el crecimiento no elimina los problemas, pero …
Cristo cuida de Su iglesia y hace crecer Su palabra
Desde el Antiguo Testamento vemos con claridad que Dios se preocupa por los más vulnerables. Él es defensor del huérfano, de la viuda y del extranjero. Al llegar a Hechos 6, encontramos que esta misma preocupación se manifiesta en la iglesia del primer siglo. Dios no solo ve a las viudas; Él cuida de Su pueblo preservando la unidad, el testimonio y el crecimiento de la Iglesia aun en medio del conflicto.
El capítulo comienza mostrando una tensión real. A medida que la iglesia crecía, surgieron murmuraciones entre los creyentes. Las viudas de los judíos helenistas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria. Este no era un problema menor. Si no se atendía con sabiduría, podía fracturar la comunión y desviar la misión de la Iglesia.
Aquí vemos algo importante: el crecimiento no elimina los problemas, pero Dios usa incluso las dificultades para guiar a Su Iglesia conforme a Su propósito.
Dios se ocupa de las viudas
El texto nos recuerda que las viudas no son invisibles para Dios. Él se interesa por ellas y se asegura de que sean cuidadas dentro de Su pueblo. La respuesta de los apóstoles no minimiza la necesidad, ni la ignora; tampoco descuida la prioridad que Dios les había asignado. En lugar de elegir entre la Palabra y el servicio, buscan una solución que honre ambas cosas.
¿Eres viuda? Este pasaje nos recuerda que no estás sola. Dios ve, cuida y provee. Y si conoces a alguna viuda, este texto nos anima a reflejar el corazón de Dios con compasión y atención, recordando que servir a otros nunca es insignificante delante del Señor. Te animo a llamarla o visitarla para traerle aliento y ayudarla en lo que puedas. Dios te recompensará.
Elección de servidores: una iglesia ordenada
Dios es un Dios de orden. Desde los inicios de la Iglesia, los apóstoles reconocen que su llamado principal es dedicarse a la oración y a la predicación de la Palabra, de manera que hacían falta otros servidores para llenar otras necesidades. Vemos que la obra de ministerio no solo recae sobre los pastores, sino que es llevada a cabo por muchas personas; no porque el servicio práctico sea menos importante, sino porque Dios había establecido funciones distintas dentro del cuerpo. Para que ninguna área fuera descuidada, era necesario que otros hombres llenos del Espíritu asumieran la responsabilidad del servicio.
Estos servidores, a quienes más adelante la Iglesia reconocerá como diáconos, no gobernaban la iglesia, pero cumplían un papel vital. Algo interesante que vemos hoy son los requisitos necesarios para estos servidores. Aunque estas personas no estaban encargadas de la enseñanza, debían:
- Tener buena reputación
- Estar llenos del Espíritu Santo y de sabiduría
- Ser confiables
Esto nos enseña que, para Dios, no existen ministerios pequeños, ni triviales. Todo servicio realizado en Su nombre requiere carácter espiritual y dependencia del Espíritu.
Nancy suele decir que nada nos hace lucir más como Jesús que cuando servimos. El mismo Señor lo dijo: «Sin embargo, entre ustedes Yo soy como el que sirve» (Lc. 22:27b).
Cuando estamos llenas del Espíritu, no hay servicio demasiado pequeño. Veamos cada ministerio, por más insignificante que parezca, como una oportunidad para ser útil en Sus manos.
«Muchos de nosotros estamos dispuestos a hacer grandes cosas para el Señor, pero pocos están dispuestos a hacer cosas pequeñas». —D. L. Moody
Un patrón para el funcionamiento de la Iglesia
Otro detalle importante del pasaje es la participación de la congregación. Más adelante en la historia de la Iglesia vemos este mismo patrón que vimos en Hechos 6. La iglesia del primer siglo debía cumplir con una serie de requisitos a la hora de establecer diáconos (ver 1 Timoteo 3:8-13). Esto llama mi atención a la luz de lo que vemos hoy en muchas iglesias, donde no se piden muchos requisitos para poner a alguien a servir.
Movidos por un deseo bien intencionado de involucrar a los visitantes, se pasa por alto la sabiduría de Dios y se ponen de lado los requisitos mínimos para el servicio. Pero en la narrativa de hoy, leemos que la llenura del Espíritu Santo y la sabiduría eran necesarias aun para servir mesas.
Otra cosa que observamos es que la congregación estuvo involucrada en el proceso de escoger a estos hombres.
Los apóstoles pudieron haber designado a estas personas ellos mismos, pero pidieron a la congregación nominar un grupo de hombres que llenaran estas cualidades. La congregación eligió siete y los presentó a los apóstoles. Ellos a su vez oraron para buscar la confirmación del Señor para encomendarles la obra.
Qué maravilloso ver cómo Dios bendice la Iglesia cuando hacemos las cosas a Su manera. Esta iglesia crecía continuamente, incluso atrayendo a sacerdotes judíos.
El resultado: la Palabra crecía
El pasaje culmina con una de las declaraciones más alentadoras del libro de Hechos: la Palabra de Dios crecía, el número de discípulos se multiplicaba y aun muchos sacerdotes obedecían a la fe.
Este es el énfasis central del capítulo. Cuando la iglesia responde a los desafíos conforme a la sabiduría de Dios, Cristo mismo cuida de Su pueblo, preserva la unidad y hace avanzar Su obra. Ni el conflicto interno ni las limitaciones humanas pueden detener aquello que Él está edificando.
Para meditar
- ¿Estamos confiando en que Él gobierna Su Iglesia con sabiduría perfecta?
- ¿Estamos dispuestas a servir donde Él nos coloque, sabiendo que nada hecho para Su gloria es pequeño?
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