Día 134 | Hechos 7
Esteban: testigo fiel del Dios que no puede ser contenido
En la lectura de hoy nos encontramos ante uno de los momentos más solemnes y decisivos de la historia de la iglesia primitiva. Hechos 7 nos presenta al primer mártir de la Iglesia, Esteban, y al mismo tiempo introduce un nuevo personaje, a un joven llamado Saulo, quien observa y consiente la muerte de este siervo de Dios. Nada de esto ocurre al margen del plan divino. Aun en medio de la persecución, Dios está avanzando Su propósito redentor.
Esteban, lleno del Espíritu
Esteban era uno de los siete hombres escogidos para servir mesas como vimos el día de ayer. La Escritura lo describe como un hombre «lleno de fe y del Espíritu Santo». Sin embargo, su ministerio no se limitó al servicio práctico. Dios lo usó con poder, sabiduría y gracia, de tal manera …
Esteban: testigo fiel del Dios que no puede ser contenido
En la lectura de hoy nos encontramos ante uno de los momentos más solemnes y decisivos de la historia de la iglesia primitiva. Hechos 7 nos presenta al primer mártir de la Iglesia, Esteban, y al mismo tiempo introduce un nuevo personaje, a un joven llamado Saulo, quien observa y consiente la muerte de este siervo de Dios. Nada de esto ocurre al margen del plan divino. Aun en medio de la persecución, Dios está avanzando Su propósito redentor.
Esteban, lleno del Espíritu
Esteban era uno de los siete hombres escogidos para servir mesas como vimos el día de ayer. La Escritura lo describe como un hombre «lleno de fe y del Espíritu Santo». Sin embargo, su ministerio no se limitó al servicio práctico. Dios lo usó con poder, sabiduría y gracia, de tal manera que nadie podía resistir la sabiduría y el Espíritu con el que hablaba.
Esto despertó el celo y la oposición de algunos grupos religiosos. Incapaces de refutar sus palabras, recurrieron a calumnias y falsas acusaciones, levantando al pueblo, a los ancianos y a los escribas contra él. Esteban fue acusado de blasfemia y llevado ante el concilio, tratado de la misma manera que había sido tratado Jesús.
Cuando el sumo sacerdote le da la palabra, Esteban no se defiende a sí mismo. En lugar de eso, se convierte en portavoz de la historia redentora de Dios. Su discurso, el más largo del libro de Hechos, recorre la historia de Israel desde Abraham hasta Cristo.
Esteban muestra que Dios siempre ha estado obrando antes del templo, fuera del templo y más allá del templo. Dios se reveló a Abraham en Mesopotamia, acompañó a José en Egipto, habló a Moisés en el desierto y habitó con Su pueblo aun cuando no había un lugar fijo. A lo largo de la historia, Dios nunca estuvo limitado por estructuras humanas.
El problema no era la historia de Israel, sino el corazón del pueblo. Una y otra vez, rechazaron a los enviados de Dios. Persiguieron a los profetas y resistieron Su voz. Quedó claro que este pueblo, al igual que habían hecho sus padres en el Antiguo Testamento, estaba resistiendo el Espíritu Santo. Ahora, habían llevado ese rechazo a su punto más alto: habían entregado y asesinado al Mesías prometido.
Un corazón que resiste al Espíritu
Con valentía, Esteban confronta a los líderes religiosos llamándolos «tercos e incircuncisos de corazón y de oídos». Ellos creían honrar a Dios, pero en realidad estaban resistiendo al Espíritu Santo, aferrándose a tradiciones, estructuras y formas externas, mientras rechazaban la obra viva de Dios delante de sus ojos.
Esta denuncia no nace del enojo humano, sino de una fidelidad profunda a la verdad. Esteban no está defendiendo su vida; está dando testimonio del Dios fiel que ha sido rechazado generación tras generación, y que ahora ha sido revelado plenamente en Cristo.
Como era de esperar, la reacción del concilio es inmediata: furia, rechazo y violencia. Pero en medio de la ira de los hombres, Esteban fija sus ojos en el cielo. Lleno del Espíritu Santo, ve la gloria de Dios y a Jesús, el Hijo del Hombre, de pie a la diestra de Dios. Aquel a quien habían crucificado está vivo, exaltado y reinando.
Mientras es apedreado, Esteban ora. Ora como su Señor. Encomienda su espíritu a Dios y clama por el perdón de sus enemigos. En su muerte, Esteban se identifica con Cristo, padeciendo como Él y confiando plenamente en Él (Filipenses 3:10).
Allí, entre los que presencian su muerte, está Saulo. El perseguidor aún no lo sabe, pero el Dios que Esteban proclamó y vio glorificado, también transformará su vida.
Hechos 7 nos recuerda que Dios no puede ser confinado a templos, tradiciones o estructuras humanas. Él gobierna la historia, habla por Su Espíritu y revela Su gloria en Cristo.
Esteban fue un testigo fiel, un instrumento del Espíritu y un portavoz de la historia redentora, aun cuando eso le costó la vida. Su aparente derrota fue, en realidad, una victoria eterna.
Para meditar
- ¿Estamos dispuestas a dar testimonio de Cristo con fidelidad, aun cuando sea costoso?
- ¿Descansamos en la certeza de que Jesús reina, aun cuando el mundo parezca resistir Su verdad?
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