Día 139 | Hechos 10
El Espíritu continuaba guiando a la Iglesia de manera sobrenatural. Cornelio, un centurión romano, ya era un hombre temeroso de Dios. Aunque era un hombre generoso y piadoso, necesitaba conocer la salvación que solo se obtiene a través de Cristo y no por las obras. En una visión, un mensajero de Dios le indicó que enviara a buscar a Pedro, porque el Señor quería que escuchara un mensaje que transformaría su vida.
Hasta aquí, podríamos pensar que el centro del capítulo es Cornelio. Pero Hechos 10 nos muestra algo más profundo: Dios no solo estaba preparando a un gentil para oír el evangelio, también estaba preparando a Pedro y, con él, a la iglesia para comprender que el plan de Dios siempre había sido bendecir a las naciones por medio de Cristo.
Pedro jamás hubiese ido a la casa de un gentil si Dios no le hubiera hablado …
El Espíritu continuaba guiando a la Iglesia de manera sobrenatural. Cornelio, un centurión romano, ya era un hombre temeroso de Dios. Aunque era un hombre generoso y piadoso, necesitaba conocer la salvación que solo se obtiene a través de Cristo y no por las obras. En una visión, un mensajero de Dios le indicó que enviara a buscar a Pedro, porque el Señor quería que escuchara un mensaje que transformaría su vida.
Hasta aquí, podríamos pensar que el centro del capítulo es Cornelio. Pero Hechos 10 nos muestra algo más profundo: Dios no solo estaba preparando a un gentil para oír el evangelio, también estaba preparando a Pedro y, con él, a la iglesia para comprender que el plan de Dios siempre había sido bendecir a las naciones por medio de Cristo.
Pedro jamás hubiese ido a la casa de un gentil si Dios no le hubiera hablado de manera tan sobrenatural. Su resistencia no era un simple capricho personal; estaba arraigada en categorías de pureza ceremonial y separación cultural que por siglos habían marcado la identidad judía. Por eso Dios lo confrontó con una visión repetida y contundente: un lienzo descendía con animales considerados «inmundos», y una voz le ordenaba comer. Pedro se resistió, pero el mensaje fue claro: lo que Dios ha limpiado no debe ser llamado impuro.
Esta visión no era principalmente acerca de la comida. Era una corrección teológica. Dios estaba rompiendo barreras profundamente arraigadas y enseñando que la pureza ya no se definiría por la tradición ceremonial, sino por la obra de Cristo. El Señor estaba formando en Pedro una obediencia que no nace solo de la información, sino de la rendición.
En el obrar de Dios no hay «coincidencias», se trata de la providencia divina en acción. No fue «coincidencia» que los criados de Cornelio dieran con la casa donde estaba Pedro hospedado y que Pedro estuviera listo para recibirles. Todo fue divinamente orquestado por Dios. Mientras Pedro trataba de entender la visión, los enviados de Cornelio llegaron a la puerta. Dios estaba uniendo las piezas con precisión perfecta: un gentil preparado para escuchar, y un apóstol siendo preparado para ir.
Cuando Pedro llegó a casa de Cornelio, encontró algo increíble: Cornelio había reunido a familiares y amigos para escuchar el mensaje. Dios prepara los corazones de aquellos a quienes se les va a revelar. Cuando Pedro llegó a casa de Cornelio, ya él y todos sus invitados estaban listos para recibir el mensaje de parte del Señor. Cornelio entendía que lo que estaba a punto de oír no era un discurso más, sino una palabra de vida.
Entonces Pedro abrió su boca y confesó una verdad que marcaría un antes y un después en la historia de la Iglesia: Dios no hace acepción de personas. En otras palabras, el evangelio no estaba limitado por etnia, cultura o tradición. El evangelio no tiene acepción de personas. Es para ser predicado a toda tribu, lengua y nación, y es poder de Dios para salvación: «...todo el que cree en Él, recibe el perdón de los pecados», dice el versículo 43. Pedro proclamó a Cristo: Su vida, Su muerte, Su resurrección y Su señorío, presentándolo como el único Salvador y Juez, y ofreciendo perdón a todo aquel que cree.
Mientras Pedro aún hablaba, el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles. Este momento es crucial: no se trata de un «segundo Pentecostés emocional», sino de una confirmación de parte de Dios. Dios estaba dando una señal visible para que Pedro y los creyentes judíos que lo acompañaban entendieran, sin lugar a dudas, que los gentiles eran incluidos plenamente en el pueblo de Dios sin necesidad de circuncisión ni de adoptar las marcas ceremoniales del judaísmo. Lucas repite este patrón (como en Pentecostés) porque la iglesia necesitaba evidencia clara, pública e innegable de que Dios mismo estaba abriendo la puerta.
Lo que el Espíritu hizo allí no solo transformó a Cornelio; transformó la comprensión de la iglesia. El Señor estaba mostrando que Su evangelio no era una reforma dentro de Israel, sino el cumplimiento de las promesas para todas las naciones en Cristo.
Por medio de Su sangre, Cristo rompió la pared que dividía a los judíos y los gentiles. Veamos lo que dice Efesios 2:11-13: «Por tanto, recuerden que en otro tiempo, ustedes los gentiles en la carne, que son llamados “Incircuncisión” por la tal llamada “Circuncisión”, hecha en la carne por manos humanas,recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo».
Este capítulo nos deja con una imagen preciosa: Dios preparando corazones, corrigiendo prejuicios, enviando a Sus mensajeros y confirmando con poder que Cristo salva a todo aquel que cree, sin distinción.
Para meditar:
- ¿Cómo ha alentado tu fe leer acerca de la obra del Espíritu Santo en estos primeros años de la Iglesia?
- Cornelio pudo reconocer la importancia de este mensaje, y reunió en su hogar a más personas para escuchar el mensaje más importante de sus vidas. ¿Qué tan dispuestas estamos para abrir nuestro hogar de tal manera que muchos puedan exponerse al mensaje de salvación a través de algún estudio bíblico o grupo de la iglesia?
- Abre tu hogar. Estos encuentros pueden ser marco de citas divinas con Dios.
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