Día 140 | Hechos 11
Hoy continuamos leyendo sobre las obras maravillosas del Espíritu Santo en la iglesia primitiva. La obra del Espíritu Santo continuaba avanzando con poder en la iglesia; sin embargo, no todos recibieron con facilidad lo que Dios estaba haciendo. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, algunos creyentes judíos no podían creer que hubiera entrado en «casa de incircuncisos» y lo reprochaban. A sus ojos, aquello parecía una transgresión grave. Es asombroso cómo, cuando Dios hace algo que no podemos entender o que no encaja con nuestro entendimiento o presuposiciones, dudamos que sea de Dios.
Este pasaje nos recuerda que el Espíritu no solo guía a la iglesia hacia afuera, sino que también la confronta y la corrige por dentro.
Pedro respondió dando un recuento ordenado de lo que Dios había hecho: la visión, la dirección clara del Espíritu y el derramamiento del Espíritu Santo sobre los gentiles. Frente a este …
Hoy continuamos leyendo sobre las obras maravillosas del Espíritu Santo en la iglesia primitiva. La obra del Espíritu Santo continuaba avanzando con poder en la iglesia; sin embargo, no todos recibieron con facilidad lo que Dios estaba haciendo. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, algunos creyentes judíos no podían creer que hubiera entrado en «casa de incircuncisos» y lo reprochaban. A sus ojos, aquello parecía una transgresión grave. Es asombroso cómo, cuando Dios hace algo que no podemos entender o que no encaja con nuestro entendimiento o presuposiciones, dudamos que sea de Dios.
Este pasaje nos recuerda que el Espíritu no solo guía a la iglesia hacia afuera, sino que también la confronta y la corrige por dentro.
Pedro respondió dando un recuento ordenado de lo que Dios había hecho: la visión, la dirección clara del Espíritu y el derramamiento del Espíritu Santo sobre los gentiles. Frente a este testimonio, los creyentes comprendieron algo que jamás hubieran considerado por sí mismos: Dios le había dado «arrepentimiento que conduce a la vida» también a los gentiles. Al oírlo, glorificaron a Dios, reconociendo que la salvación no estaba limitada por etnia ni tradición.
Este discernimiento comunitario es importante. La iglesia no apagó la obra del Espíritu, sino que la examinó a la luz de lo que Dios estaba haciendo. Bien nos advierte el apóstol Pablo en su primera carta a los tesalonicenses: «No apaguen el Espíritu. No desprecien las profecías. Antes bien, examínenlo todo cuidadosamente, retengan lo bueno» (5:19-21).
Nosotros no debemos obstaculizar o limitar la obra de Dios con nuestras presuposiciones, dudas y temores: «Si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder impedírselo a Dios?», dice el versículo 17.
Mientras tanto, el evangelio seguía avanzando. La persecución fue la que llevó a judíos a Fenicia, Chipre y Antioquía,una región mucho más al norte de donde todo comenzó, a unas 7,400 millas (11,900 km) de Jerusalén. ¿Has visto cuando se lanza una pequeña piedra al agua cómo las ondas se van formando y acelerando alrededor del lugar donde cayó la piedra? El impacto de la pequeña piedra se extiende rápidamente lejos de aquel lugar inicial.
Lo que parecía un retroceso se convirtió en el medio que Dios usó para extender Su reino. Poco a poco comenzó a formarse allí una iglesia, y por primera vez muchos gentiles escuchaban y respondían al mensaje de Jesucristo.
Volvamos a leer el versículo 21 de nuestro capítulo de hoy: «La mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor».
Al enterarse de lo que Dios estaba haciendo en Antioquía, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé, «hijo de consolación», para acompañar y afirmar la obra. La actitud de Bernabé es profundamente desafiante porque «cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe».
Bernabé no llegó a controlar ni a corregir con dureza, sino a reconocer la gracia de Dios y a animar a los creyentes a perseverar.
Su actitud me invita a regocijarme de lo que Dios hace a mi alrededor y a animar a los demás a correr fielmente la carrera de la fe. Me llamó la atención lo que motivaba esa actitud: estaba lleno del Espíritu Santo y de fe. ¡Oh, cuánto necesitamos esa llenura y esa fe en nuestros días!
Bernabé entendió que la obra era grande y buscó a Saulo para ayudar en la enseñanza. Así, Dios estaba formando un equipo y preparando el terreno para una expansión aún mayor del evangelio. Desde Antioquía, el mensaje comenzaría a extenderse con fuerza hacia el mundo gentil, mostrando que el plan de Dios siempre había sido global.
«Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca». -Hebreos 10:23-24
Su obra continúa
Los sucesos alrededor de la vida, muerte y resurrección de Cristo, y la persecución que le siguió, ocurrieron en el área de Judea y Samaria, y de allí impactaron a todo el mundo hasta hoy. Los hombres y las mujeres estaban llenos del Espíritu Santo y eran testigos fieles de Jesucristo. Es el Espíritu Santo el que nos capacita para tener un testimonio efectivo, el que nos da valentía, sabiduría y poder. Es el Espíritu el que nos equipa para participar en la obra que Dios planeó de antemano para cada una de nosotras.
Señor, derrama tu Espíritu en cada una de nosotras y en nuestras iglesias y familias. Fortalécenos con Tu poder. Ayúdanos a ser Tus testigos dispuestos, fieles y perseverantes en toda circunstancia y dondequiera que Tu providencia nos envíe. ¡En Tu poderoso nombre oramos, amén!
Para meditar
- ¿Controlas y corriges con dureza o reconoces la gracia de Dios y animas a los creyentes a perseverar?
- ¿Confías en la obra del Espíritu Santo para capacitarte al ser testigo fiel de Cristo?
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