Día 146 | Hechos 15
Hechos 15 marca un punto de inflexión decisivo en la historia de la iglesia primitiva. Aquí no solo se resuelve un conflicto práctico, sino que se define con claridad la naturaleza misma del evangelio: ¿somos salvos por la gracia de Cristo solamente, o por la gracia más algo que debemos añadir?
Muchos judíos se habían convertido con el mensaje del evangelio, pero supongo que no debió ser fácil para ellos desprenderse de tantos rituales y obras a las que estaban acostumbrados. Muchos querían imponer algunas cosas, tales como la circuncisión conforme a la Ley de Moisés, y esto ocasionó un debate en la iglesia primitiva. ¿Debían estos nuevos creyentes adoptar las doctrinas del judaísmo? Este conflicto no era menor. Estaba en juego si la salvación era verdaderamente por fe solamente o si debía completarse con obras de la ley.
Me vienen a la mente las palabras de …
Hechos 15 marca un punto de inflexión decisivo en la historia de la iglesia primitiva. Aquí no solo se resuelve un conflicto práctico, sino que se define con claridad la naturaleza misma del evangelio: ¿somos salvos por la gracia de Cristo solamente, o por la gracia más algo que debemos añadir?
Muchos judíos se habían convertido con el mensaje del evangelio, pero supongo que no debió ser fácil para ellos desprenderse de tantos rituales y obras a las que estaban acostumbrados. Muchos querían imponer algunas cosas, tales como la circuncisión conforme a la Ley de Moisés, y esto ocasionó un debate en la iglesia primitiva. ¿Debían estos nuevos creyentes adoptar las doctrinas del judaísmo? Este conflicto no era menor. Estaba en juego si la salvación era verdaderamente por fe solamente o si debía completarse con obras de la ley.
Me vienen a la mente las palabras de Jesús:
«Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odresviejos, porque entonceslos odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan». —Mateo 9:16-17
Dios estaba haciendo algo nuevo. Los judíos debían abandonar todos esos rituales y no debían integrarlos a este nuevo pacto de gracia que se había instaurado, pero puedo reconocer que debe haber sido algo difícil para los fariseos acostumbrados a todas sus tradiciones. ¡Muchas cosas habían cambiado muy rápidamente!
Me maravilla la forma como los apóstoles resolvieron este conflicto por medio del concilio de Jerusalén, juntándose allí con los ancianos y las iglesias para considerar las implicaciones de la obra de Jesús y cómo debían moverse de ahora en adelante con los gentiles. No fue una reacción impulsiva ni autoritaria, sino un discernimiento comunitario bajo la dirección del Espíritu Santo.
Las conclusiones de este concilio eran de vital importancia para el futuro del cristianismo porque implicaban la naturaleza misma de la salvación por la fe solamente. Decidieron no ponerles yugos difíciles de llevar a estos hermanos y determinaron solo pedirles algunas cosas esenciales para no ofender a los judíos (la ley del amor puesta en práctica). Ellos confiaron en la dirección del Espíritu Santo para llegar a esta determinación.
Este acuerdo no negaba la libertad cristiana, sino que la encauzaba por amor, para preservar la unidad del cuerpo.
Aunque hoy no imponemos circuncisión ni ninguno de estos rituales, muchas veces queremos imponer en otros cosas que la Palabra de Dios no manda, sin darnos cuenta de que ponemos cargas en otros que no están conformes al evangelio de gracia que hemos recibido. Algunas (¡entre muchas!) de estas cosas pudieran ser:
- Mandar el uso de una vestimenta específica para las mujeres. Aunque la motivación es buena (la modestia), no podemos legislar donde la Biblia no legisla, restando a la libertad cristiana que tenemos como creyentes.
- Prohibir el maquillaje o las joyas en las mujeres, basados en que la conducta exterior no es la que debe preocuparnos, sino la interior.
- Legislar en cuanto a qué tipo de escuela deben ir nuestros hijos.
- Legislar acerca de las comidas que consumimos.
- Legislar en cuanto a los lugares que se visitan, música que se escucha o preferencias, etc.
Al conocer la decisión del concilio, los hermanos se regocijaron cuando lo escucharon por «el consuelo que les impartía». Qué consuelo da saber que no tenemos que someternos al yugo de la esclavitud. ¡En Cristo somos libres! Esta libertad no es licencia para el egoísmo, sino espacio para amar.
Aquí Lucas introduce un episodio relacional que muestra que incluso los líderes maduros siguen siendo instrumentos frágiles en las manos de Dios.
Pablo y Bernabé laboraron juntos hasta el momento en que Bernabé quiere incluir a Juan Marcos en el próximo viaje misionero. Pablo se sentía defraudado por Marcos, ya que los había abandonado antes. Esto provocó un desacuerdo grande entre Bernabé y Pablo, y cada uno siguió por su lado haciendo la obra de Dios, aunque es posible que más adelante se hayan reconciliado. Es válido diferir en criterio con otras personas, con respeto y amor y sin albergar resentimientos, para que cada uno cumpla el plan de Dios fiel y libremente.
¡De nuevo Dios nos recuerda que Él hace Su obra a través de instrumentos débiles!
El amor está por encima de nuestra libertad en Cristo
Este capítulo también nos introduce a un principio clave que será desarrollado más adelante en las epístolas, pero que hoy empezamos a ver un poco cómo se aplica: el amor gobierna el uso de nuestra libertad en Cristo.
Transmitir el evangelio era tan importante para ellos que era preferible circuncidarse (sin realmente tener que hacerlo) para que nada fuera a ser obstáculo para que los judíos escucharan el mensaje de boca de ellos. Pablo es un ejemplo para nosotras a la hora de no hacer uso de su libertad cristiana para lograr un fin mayor: «A los judíos me hice como judío, para poder ganar a los judíos...» (1 Cor. 9:20a).
Hoy vivimos en tiempos confusos. Es muy común hoy defender «mis derechos», «mi libertad cristiana», sin tomar en cuenta la conciencia débil de los demás con ciertos temas. Pero en las Escrituras aprendemos que la vida cristiana no se vive egoístamente; somos parte de un cuerpo y siempre debemos tomar en cuenta a los demás, honrarlos por encima de nosotras mismas. En ocasiones estamos llamadas a amar al hermano(a) aun a costa de nuestra libertad si el ejercicio de esa libertad sería causa de tropiezo para ese hermano.
«Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo». —Romanos 14:7
«Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo murió». —Romanos 14:15
«Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros». —Romanos 12:10
Para meditar
- ¿Entiendes y vives y proclamas la libertad que Cristo ganó por ti en la cruz?
- ¿El amor gobierna tu uso de tu libertad en Cristo?
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