Día 149 | Hechos 18
Hechos 18 nos muestra cómo Dios sigue edificando Su iglesia a través de personas comunes, relaciones fieles y corazones enseñables. En medio de viajes, oposición y cansancio, el Señor afirma a Sus siervos y fortalece la obra que Él mismo inició.
Pablo continúa su ministerio con perseverancia
Pablo continúa en su segundo viaje misionero acompañado de Silas y Timoteo. Viajan a Corinto, Siria, Éfeso y Jerusalén. Desde allí vuelve a salir en su tercer viaje para fortalecer a las iglesias (puedes revisar el mapa) y, de acuerdo con la dirección del Espíritu Santo, permanecer en las diferentes ciudades días, semanas o hasta años.
Pablo y sus acompañantes continúan predicando y persuadiendo a judíos en las sinagogas y a los griegos. Pocos judíos creían y muchos continuaban oponiéndose al mensaje, y Pablo volvía a proponerse ir a los gentiles. Aun así, el Señor anima a Pablo a no …
Hechos 18 nos muestra cómo Dios sigue edificando Su iglesia a través de personas comunes, relaciones fieles y corazones enseñables. En medio de viajes, oposición y cansancio, el Señor afirma a Sus siervos y fortalece la obra que Él mismo inició.
Pablo continúa su ministerio con perseverancia
Pablo continúa en su segundo viaje misionero acompañado de Silas y Timoteo. Viajan a Corinto, Siria, Éfeso y Jerusalén. Desde allí vuelve a salir en su tercer viaje para fortalecer a las iglesias (puedes revisar el mapa) y, de acuerdo con la dirección del Espíritu Santo, permanecer en las diferentes ciudades días, semanas o hasta años.
Pablo y sus acompañantes continúan predicando y persuadiendo a judíos en las sinagogas y a los griegos. Pocos judíos creían y muchos continuaban oponiéndose al mensaje, y Pablo volvía a proponerse ir a los gentiles. Aun así, el Señor anima a Pablo a no callar y a permanecer en Corinto, recordándole que Él tiene mucho pueblo en esa ciudad. El avance del evangelio no depende de la respuesta inmediata, sino de la fidelidad sostenida.
Priscila, Aquila y Apolos: un modelo de discipulado humilde
Priscila y Aquila eran un matrimonio de origen judío y acababan de mudarse a Corinto. Venían de Roma, de donde fueron echados por el emperador Claudio. Al igual que Pablo, confeccionaban tiendas de campaña para sustentarse y ofrecieron hospitalidad a Pablo en su hogar mientras estuvieron en Corinto.
Era una pareja consagrada al Señor que se convirtió en colaboradora del evangelio junto a Pablo. No solo compartían oficio, sino visión, misión y amor por la obra de Dios.
Ellos habían entendido el mensaje de salvación a través del sacrificio de Cristo y, con humildad, verdad y amor, apartan a Apolos, un judío proveniente de Egipto, para explicarle y aclararle el camino de Dios. Apolos era un erudito de las Escrituras, posiblemente del Antiguo Testamento; era un hombre elocuente y sabio que enseñaba con precisión lo que sabía de Jesús.
A pesar de su preparación y elocuencia, Apolos se dejó enseñar por esta pareja, lo cual lo ayudó a ser aún más efectivo en su ministerio después. Este pasaje nos recuerda que el crecimiento espiritual requiere un corazón humilde y dispuesto a aprender.
¡Oremos que Dios nos dé un corazón enseñable sin importar cuán preparadas o capacitadas nos consideremos! ¡Oremos que cada día crezcamos más en el conocimiento de Dios para tener un espíritu sobrio y de discernimiento!
Hospitalidad y matrimonio al servicio del evangelio
¿Qué tan dispuesta estarías a hospedar indefinidamente en tu casa a un hermano desconocido? La hospitalidad era algo muy valorado en las Escrituras. Priscila y Aquila no solo hospedan a Pablo, sino que también los vemos abrir su hogar para los hermanos cuando regresan a Roma (Ro. 16:3–5).
Siempre que leo este tipo de relatos, siento la convicción de desear privacidad y comodidad, y me reta a mostrar más amor sacrificial siendo hospitalaria. ¿Te pasa igual a ti? ¿Estás casada con un creyente? Al igual que Priscila y Aquila, ¿cómo puedes usar tu matrimonio para contribuir con la expansión del evangelio?
¿Dos tipos de bautismo?
De acuerdo a la narración de Aquila, Priscila y Apolos, y la pregunta que le hiciera Pablo a los discípulos de Éfeso, parecería que hay dos tipos de bautismo. Aquí es importante leer el texto con cuidado para no confundir categorías. De acuerdo a la narración de Aquila, Priscila y Apolos en el versículo 25:
- El bautismo con agua (es el que hacía Juan el Bautista para arrepentimiento)
- El bautismo del Espíritu Santo
En el caso de Apolos, parecía ser muy instruido en las Escrituras y era un maestro fervoroso, pero tenía áreas de conocimiento incompleto. Su enseñanza estaba centrada en lo que conocía hasta ese momento del ministerio de Juan el Bautista.
En el caso de los discípulos de Éfeso, aparentemente habían «creído», pero ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo. Quizás desconocían acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús y sus implicaciones. ¿Quiere esto decir que uno puede arrepentirse, creer y ser salvo sin recibir el Espíritu Santo?
Hay muchas posiciones e interpretaciones sobre este asunto y no pretendo adentrarme en ellas. Una cosa sabemos y es que el Espíritu Santo viene a morar en el creyente cuando este cree para salvación, y el bautismo es un único evento.
Por tanto, este pasaje no enseña una «segunda categoría» de cristianos, sino que refleja momentos de transición histórica, donde algunas personas aún no habían recibido toda la revelación del evangelio consumado en Cristo.
¿Cómo aplicar esto hoy?
Seguramente todas conocemos personas que dicen creer intelectualmente, saben que son pecadoras y creen en Cristo y en Su sacrificio; sin embargo, no vemos el poder del Espíritu Santo obrando en sus vidas, ni frutos que evidencien la salvación. Quizás estas personas no han nacido de nuevo y aún no son regeneradas.
A la luz de esta realidad, el llamado del apóstol Pablo sigue siendo pertinente: «Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos…». (2 Cor. 13:5a)
Si hay algo de lo que queremos estar seguras es de si realmente estamos en Cristo, si el Espíritu Santo está en nosotras y si viviremos eternamente con Él. Porque, como dice Romanos 8:16: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios».
Para meditar:
- ¿Aceptas todo lo que oyes como bueno y válido o vas a la Palabra de Dios para buscar Su opinión sobre el asunto?
- Cuando ves a alguna hermana en un error o débil en algún área doctrinal, ¿la criticas o te acercas humildemente a ella para ayudarla a entender lo que no comprende?
- Y si tú fueras esa hermana que no comprende, ¿qué tan abierta eres a ser enseñada?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación