Día 163 | Hechos 28
¡Qué veleidosos somos los seres humanos!
Cuando los habitantes de Malta acogieron a los náufragos con una hoguera y sucedió lo de la víbora, inmediatamente dudaron de Pablo y consideraron que quizás era un prófugo asesino y que ahora la «diosa Justicia» lo mataría, ya que había salido ileso del naufragio. Pero la Escritura dice que, al ver que nada le pasó, ¡inmediatamente cambiaron de parecer y ahora pensaban que Pablo era un dios!
Cuando no conocemos al Dios verdadero, interpretamos la realidad desde la superstición, el miedo o nuestras propias ideas. Pasamos fácilmente de condenar… a exaltar… sin entender la verdad.
Obviamente, estos habitantes no conocían al Dios vivo, pero durante los tres meses que Pablo estuvo entre ellos, sanando y muy probablemente proclamando el evangelio, fue un instrumento en las manos de Dios.
¡Dios no desperdicia nuestros desvíos cuando estamos atentos y disponibles!
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¡Qué veleidosos somos los seres humanos!
Cuando los habitantes de Malta acogieron a los náufragos con una hoguera y sucedió lo de la víbora, inmediatamente dudaron de Pablo y consideraron que quizás era un prófugo asesino y que ahora la «diosa Justicia» lo mataría, ya que había salido ileso del naufragio. Pero la Escritura dice que, al ver que nada le pasó, ¡inmediatamente cambiaron de parecer y ahora pensaban que Pablo era un dios!
Cuando no conocemos al Dios verdadero, interpretamos la realidad desde la superstición, el miedo o nuestras propias ideas. Pasamos fácilmente de condenar… a exaltar… sin entender la verdad.
Obviamente, estos habitantes no conocían al Dios vivo, pero durante los tres meses que Pablo estuvo entre ellos, sanando y muy probablemente proclamando el evangelio, fue un instrumento en las manos de Dios.
¡Dios no desperdicia nuestros desvíos cuando estamos atentos y disponibles!
Lo que parecía un desvío en el camino, en realidad era parte del propósito de Dios para seguir extendiendo Su obra.
Dios es soberano en la salvación
Los judíos en Roma también eran sordos y ciegos. Sus corazones estaban endurecidos y no podían ver ni entender lo que Dios estaba haciendo. Se enojaron al ver que los gentiles compartían la esperanza de Israel. Esto no detuvo a Pablo, quien siguió predicando sin estorbo, y Dios trajo la salvación a cuantos Él quiso.
A nosotros nos toca compartir el mensaje. A Dios le corresponde salvar.
¡Su obra continúa!
Dios sigue llevando Su mensaje de salvación hoy a través de la Iglesia, por el poder del Espíritu Santo. Todos los que hemos sido salvos debemos estar dispuestos a vivir para proclamar el evangelio y aun estar dispuestas (como aquellos primeros apóstoles y discípulos) a morir por Cristo.
Tenemos el mismo poder del Espíritu a nuestro favor. Lo hacemos bajo Su autoridad y con Su ayuda. ¿Qué nos detiene?
«Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». –Mateo 28:18-20
Y así termina el libro de los Hechos… pero no como esperaríamos.
No hay una conclusión formal. No hay un «fin».
Hay un hombre en arresto domiciliario, predicando el reino de Dios, enseñando acerca del Señor Jesucristo con toda libertad y sin impedimento.
Porque esta historia… no se trata de Pablo.
- Se trata de Cristo.
- Se trata de Su reino avanzando.
- Se trata de un evangelio que no puede ser encadenado.
Roma tenía a Pablo preso, pero no podía detener la Palabra. Y hoy sigue siendo igual.
- El mismo evangelio sigue avanzando.
- El mismo Espíritu sigue obrando.
- La misma misión sigue vigente.
El libro de los Hechos no termina… porque la historia de la Iglesia continúa.
Y aquí es donde la pregunta cambia, no es solo lo que hizo Pablo, sino...¿qué estamos haciendo nosotras? Porque ahora somos parte de esta historia. Y el llamado sigue siendo el mismo:
- Vivir para Cristo.
- Proclamar Su verdad.
- Y confiar en que, aunque nuestras circunstancias parezcan limitadas… la Palabra de Dios sigue corriendo libre.
Para meditar
- Evalúa tu propia vida. ¿De qué formas has visto el cuidado, la protección y la dirección de Dios? ¿Cómo has visto a Dios cumplir Sus propósitos a través de Sus tratos contigo?
- ¿Qué tan atenta estás a traer una palabra de aliento o una oración a alguien que está en necesidad?
- ¿Qué tan dispuesta estás para ver las necesidades a tu alrededor y servir a otros en todo momento, independientemente de tus circunstancias?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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