Después de explicar cómo el amor debe prevalecer por encima de todos los dones, Pablo se dedica en esta parte de su carta a exhortar a los corintios sobre el uso del don de profecía y del don de hablar en lenguas.
Lo que estaba sucediendo en la iglesia es que los corintios estaban anhelando y persiguiendo los dones más llamativos como el de hablar en lenguas. ¿Por qué? Bueno, influenciados por su vida pasada pagana, creían que las evidencias de ese don estaban relacionadas con una experiencia espiritual personal que les permitía lucirse e impresionar, y no como Pablo les había ya enseñado, como un don que debe bendecir a toda la iglesia.
El apóstol, entonces, los anima a ejercer el don de profecía. Este don que edifica a toda la iglesia, con orden y comprensión; porque el don de lenguas habla directamente a Dios porque son …
Después de explicar cómo el amor debe prevalecer por encima de todos los dones, Pablo se dedica en esta parte de su carta a exhortar a los corintios sobre el uso del don de profecía y del don de hablar en lenguas.
Lo que estaba sucediendo en la iglesia es que los corintios estaban anhelando y persiguiendo los dones más llamativos como el de hablar en lenguas. ¿Por qué? Bueno, influenciados por su vida pasada pagana, creían que las evidencias de ese don estaban relacionadas con una experiencia espiritual personal que les permitía lucirse e impresionar, y no como Pablo les había ya enseñado, como un don que debe bendecir a toda la iglesia.
El apóstol, entonces, los anima a ejercer el don de profecía. Este don que edifica a toda la iglesia, con orden y comprensión; porque el don de lenguas habla directamente a Dios porque son «misterios» en el Espíritu que los hombres no pueden entender y necesitan interpretación, de otra manera, a los de alrededor de nada les beneficiaría; por el contrario, el don de profecía habla a los hombres, los puede edificar, exhortar y consolar por medio de la Palabra.
El don de lenguas se edifica a sí mismo a través de la oración en el espíritu; debe orar para poder hacerlo y ser interpretado. Mientras que el don de profecía es más deseable porque otros son edificados y el entendimiento de la congregación está involucrado en el culto a Dios; los creyentes en la iglesia son instruidos por medio de él y pueden decir «amén».
Las lenguas son una señal para los incrédulos porque ven el poder de Dios haciendo a personas hablar en lenguas desconocidas; sin embargo, este don debe estar sujeto a la voluntad, no es algo que ocurre descontroladamente. Por el contrario, el don de profecía es una señal para los creyentes, pues revela los secretos del corazón. Cuando alguien profetiza en la iglesia, debe hacerlo para edificación y, por turno, para que todos puedan escuchar, aprender y ser exhortados. Los espíritus de los profetas están sujetos, no operan desconectados de la voluntad del creyente.
Y hay algo aquí muy importante que debemos resaltar: aunque el don de lenguas podía ser señal para los incrédulos, también provocaba que sintieran repulsión por el desorden que tenían; pero la profecía, además de edificar a los creyentes, evangeliza a los incrédulos en lugar de repelerlos.
Y como Pablo les enseñaba: la gloria de Dios y el amor por el hermano era lo más importante, por eso debían procurar la profecía que honraría a Dios y sería bendición para los hermanos porque se proclamaba la Palabra. Y esta proclamación se daba a través de los varones, pues Pablo reafirma el principio del orden y de la autoridad espiritual dentro de la congregación, estableciendo límites específicos para el ministerio público de las mujeres en la iglesia. Y esta restricción no se basa en nuestro valor como personas, es más bien un asunto de orden.
Mis hermanas: Dios no es un Dios de confusión. Como dice MacArthur: «Nuestra adoración de Dios debiera reflejar el carácter y la naturaleza de Dios. Él es el Dios de paz y de armonía, no de conflictos y confusión. Dios no puede ser honrado donde hay desarmonía y confusión, competición y frenesí, egoísmo e intereses personales. Nuestro deseo debiera ser que cada culto, cada actividad, todo lo que decimos o hacemos en el nombre del Señor lleve a las personas a decir: “Verdaderamente Dios está entre ustedes”».
Así cierra Pablo la sección de esta carta: «Por tanto, hermanos míos, anhelen el profetizar, y no prohíban hablar en lenguas. Pero que todo se haga decentemente y con orden».
Todo lo que hagamos en la iglesia debe glorificar a Dios y no a los hombres, debe bendecir y edificar a los santos y traer convicción a los pecadores. Las personas que observan nuestro servicio y nuestra participación en la iglesia deben salir convencidas de que Dios está obrando a través de Su Espíritu y para Su gloria, y no impresionadas por nuestro aparente desempeño.
Y para que esto ocurra, Cristo debe ser el centro de nuestras vidas y de nuestra iglesia.
Cristo está sobre todo y todos. Todo está sujeto a Cristo y Cristo está sujeto a Dios.
Para meditar:
- ¿Buscas la edificación de otros por encima de tu propia exaltación al poner a trabajar tus dones en la iglesia?
- ¿Contribuyes a que cada actividad, ministerio y dones con los que sirves dentro de la congregación refleje el carácter de Dios?
- ¿Mantienes a Cristo como el centro de tu servicio y de tu vida o todo lo que haces apunta a ti misma?
MacArthur, J. (2015). 1 y 2 Corintios (D. A. Díaz Pachón, Trans.; Vol. 1, p. 445). Editorial Portavoz.
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