Hoy leímos versículos citados en muchas bodas y conocidos por muchos. Pero en la lectura de esta carta, hemos podido ver el contexto en el cual Pablo los escribe. Él definió el amor a una congregación que se había vuelto arrogante por su conocimiento y dones, y ahora él les muestra que ellos estaban fallando en lo más importante.
El amor supera el conocimiento, los dones, los talentos y los oficios. No es sentimental o que provenga de palabras lindas; no es un concepto abstracto, como muchos lo definen; sino acción, práctica y sacrificial, que no se toma en cuenta a sí mismo y que crucifica las pasiones y deseos de la carne.
¿Y quién en este mundo ha podido vivir el amor de esta manera? ¡Es un estándar muy alto! Así es, solo Cristo Jesús, nuestro Salvador. ¿Viene a tu mente algún versículo que hable del amor …
Hoy leímos versículos citados en muchas bodas y conocidos por muchos. Pero en la lectura de esta carta, hemos podido ver el contexto en el cual Pablo los escribe. Él definió el amor a una congregación que se había vuelto arrogante por su conocimiento y dones, y ahora él les muestra que ellos estaban fallando en lo más importante.
El amor supera el conocimiento, los dones, los talentos y los oficios. No es sentimental o que provenga de palabras lindas; no es un concepto abstracto, como muchos lo definen; sino acción, práctica y sacrificial, que no se toma en cuenta a sí mismo y que crucifica las pasiones y deseos de la carne.
¿Y quién en este mundo ha podido vivir el amor de esta manera? ¡Es un estándar muy alto! Así es, solo Cristo Jesús, nuestro Salvador. ¿Viene a tu mente algún versículo que hable del amor de Cristo? Quisiera mencionarte algunos:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna». -Juan 3:16
«Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos». -Juan 15:13
«Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». -Romanos 5:8
«En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados». -1 Juan 4:9-10
Así es, mi hermana, esta es la definición del verdadero amor. Es entrega sin esperar nada a cambio, es sacrificio a pesar de no ser retribuido, es darse con iniciativa aunque la respuesta no sea de gratitud. Y solo por la gracia de Cristo es que nosotras también lo podemos ejercer, no a perfección, pero sí en cumplimiento del llamado que tenemos como hijas de Dios de seguir Sus pisadas. Como dice 1 Pedro 2:20-22: «Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios. Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos».
Así, pues, a través de esta sección de la carta, Pablo aclara una verdad: los dones ejercidos sin amor no significan nada. El apóstol dice que no había conocimiento, elocuencia ni don por excelencia que sin amor pudiera ser de bendición; al contrario, sería como un sonido horrible al oído. Tampoco hay sacrificio personal alguno que pudiera aprovechar, si la intención genuina del corazón no fuera un verdadero amor.
El amor, dice Pablo, puede definirse en un sentido positivo y negativo también; así los enlista y explica MacArthur:
El amor…
- Es paciente. Sabe soportar. Tiene la habilidad de ser molestado y no estar ofendido o enojado, aunque, inclusive, pudiera tener la oportunidad de tomar represalias. Contrario a lo que este mundo enseña, de tener un amor propio por encima del amor a otros, el amor que viene de Dios no piensa en sí mismo; su principal preocupación es el bienestar del otro.
- Es bondadoso. Una persona bondadosa da todo por los demás, incluso sus enemigos, y busca las maneras de ser útil, servicial, dar con generosidad, estando alerta de los lugares donde Dios la ha puesto, comenzando desde el hogar, lugar de trabajo o estudio, la iglesia, el vecindario… abandonando toda actitud egoísta o celosa.
- No tiene envidia. Los celos causan esta actitud; la reacción de la carne es desear inclusive el mal para otra persona. Pero cuando el amor ve que otra persona prospera, tiene un talento o don, naturalmente podrá compartir el gozo y no la envidia o los celos.
- No es jactancioso. La jactancia hace que el cristiano olvide que todo lo que tiene lo ha recibido del Padre y que no hay nada que sea fruto de sus propios esfuerzos. Siempre se pondrá en primer lugar y buscará que otros le sirvan. Pero el amor no actúa con presunción y no hace alarde de sus logros.
- No es arrogante. De la mano de la jactancia viene la arrogancia. Cuando los discípulos de Juan el Bautista le preguntaron sobre la creciente popularidad de Jesús, después de que él había estado siendo un referente de un mensaje nuevo y contracultural en sus tiempos, su respuesta es el lema de vida que todo creyente debe tener: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Jn. 3:30).
- No se porta indecorosamente. El amor no hace nada indebido, no se porta de forma grosera, ni dominante ni descuidada. Estamos llamadas a reflejar a Cristo, y no a alejar a las personas de una oportunidad de ver y escuchar el mensaje del evangelio por causa de nuestro comportamiento. Un creyente refleja la mansedumbre y humildad de Cristo.
- No busca lo suyo. Cristo es el mejor ejemplo de darse por los demás. En un mundo egoísta en extremo, poner la vista en nuestro modelo perfecto nos llevará a desplegar Su carácter.
- No se irrita. Hay una indignación que es correcta y santa, cuando el nombre de Cristo es difamado, y cuando el vulnerable e indefenso es maltratado. Pero cuando se trata de algo que nos han hecho personalmente, el amor nos protege de ser reactivas con un enojo o irritación que busca represalias.
- No toma en cuenta el mal recibido. El amor nos ayuda a no mantener el recuerdo latente de las cosas que han hecho en contra de nosotras. El amor no conserva listas ni registros, y eso le ayuda a no dar lugar al resentimiento y rencor.
- No se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. En el mundo de hoy, parece muy difícil muchas veces no dejarse llevar por la corriente y la presión de gozarse de las cosas que son injustas y pecaminosas. Pero cuánto cuidado debemos tener con esto, no ofender ni deshonrar la santidad de Dios; por el contrario, busquemos y defendamos todo lo que es verdad, y gocémonos en ella.
- Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor todo lo sufre para proteger a otros, mas no proteger el pecado. En lugar de prestarse al chisme, protege a la persona no participando; busca también corregir y exhortar de manera adecuada y privada para no exponer a las personas delante de otros. El amor todo lo cree porque no es desconfiado, y siempre busca darle el beneficio de la duda a la otra persona. El amor todo lo espera, porque entiende que cuando todo puede acabar, hay una esperanza por medio de la fe a la que se puede aferrar. Y el amor todo lo soporta porque se mantiene firme ante la oposición, no se da por vencido, nunca deja de amar.
- Nunca deja de ser. El amor permanece, y se nos ha demostrado que durará por toda la eternidad porque nos guiará más allá de la muerte.
¡Los corintios estaban haciendo todo lo contrario! Estaban siendo impacientes unos con otros, envidiando, jactándose, siendo arrogantes, portándose de manera indecorosa, buscando cada uno lo suyo (egoísmo) y en litigios unos contra otros. Estaban llenos de amor por sí mismos. Ellos tenían mucho conocimiento, pero habían fracasado en lo más importante: en amar como Cristo los había amado a ellos.
¿Amamos a los demás de esta forma? ¡Dios nos ayude, hermanas! Oremos que Él derrame cada vez más de Su amor en nosotras y que podamos amar sacrificial e incondicionalmente a aquellos que Él pone en nuestras vidas.
Pablo, entonces, les explica que los dones van a cesar cuando estemos en la eternidad con Cristo («cuando venga lo perfecto»), pero el amor nunca terminará a lo largo de la eternidad, porque el amor es el don más grande de Dios, que está por encima de todos los demás. Los dones serán como «cosas de niño» cuando estemos en gloria con el Salvador. El conocimiento que tenemos ahora es parcial, no es completo, pero cuando lo veamos cara a cara, lo conoceremos exactamente como Él es. Mientras tanto, cultivemos la fe, la esperanza y, sobre todo, el AMOR.
«En esto conocerán todos que son mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros».
–Juan 13:35
Para meditar:
- ¿Amas a otros como Cristo te ha amado?
- ¿Tu servicio, conocimiento, ministerio o dones están siendo impulsados por amor genuino o por el deseo de reconocimiento?
- ¿Cómo puedes poner en práctica el amor bíblico de manera intencional en tu hogar, tu iglesia, tu trabajo?
- Si las personas que te conocen describieran tu vida hoy, ¿te identificarían principalmente por tus capacidades y conocimientos, o por el amor de Cristo reflejado en tus acciones?
MacArthur, J. (2015). 1 y 2 Corintios (D. A. Díaz Pachón, Trans.; Vol. 1, p. 445). Editorial Portavoz.
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