Como hemos venido leyendo, la congregación de Corinto se caracterizaba por la inmadurez espiritual en los creyentes, y eso los llevaba a la falta de discernimiento. Y en esta sección de la carta de Pablo, él quiere esclarecer y corregir todo lo relacionado con los dones espirituales.
¿Cuál fue el error de los corintios en cuanto a este tema? Ellos todavía arrastraban prácticas paganas de su vida antes de Cristo, y el problema era que, por la falta de discernimiento «si una práctica del ocultismo parecía tener efecto sobrenatural, daban por supuesto que era de Dios. Si un sacerdote o adivino realizaba un milagro, daban por supuesto que era por el poder de Dios», explica MacArthur. Entonces, ahí estaba el error. Por eso Pablo les dice que nada que viene del Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; al contrario, solo puede reconocer que es el Señor.
Mira …
Como hemos venido leyendo, la congregación de Corinto se caracterizaba por la inmadurez espiritual en los creyentes, y eso los llevaba a la falta de discernimiento. Y en esta sección de la carta de Pablo, él quiere esclarecer y corregir todo lo relacionado con los dones espirituales.
¿Cuál fue el error de los corintios en cuanto a este tema? Ellos todavía arrastraban prácticas paganas de su vida antes de Cristo, y el problema era que, por la falta de discernimiento «si una práctica del ocultismo parecía tener efecto sobrenatural, daban por supuesto que era de Dios. Si un sacerdote o adivino realizaba un milagro, daban por supuesto que era por el poder de Dios», explica MacArthur. Entonces, ahí estaba el error. Por eso Pablo les dice que nada que viene del Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; al contrario, solo puede reconocer que es el Señor.
Mira lo que dice 1 Juan 4:1-3:«Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto ustedes conocen el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios. Y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios».
Este es un excelente filtro para los engaños de este siglo, solo quien confiesa que Jesús es el Señor tiene al Espíritu de Dios. Y confesar esto no es simplemente repetir una declaración, sino que va respaldada por una evidencia de someter su voluntad al control de Cristo.
Ahora bien, así como los corintios abusaban de la Cena del Señor, también habían caído en el abuso del uso de los dones dentro de la iglesia. Los corintios debían entender que Dios, a través de Su Espíritu, es quien define la verdad, y particularmente la verdad de los dones que Él ha dado a Su Iglesia para el bien de todos.
Todos los dones son dados por el Espíritu Santo según Su voluntad, por tanto, nadie puede jactarse por tenerlos ni deben estos causar divisiones, pues no son para beneficio personal o de algunos cuantos. Además, existe una gran variedad de dones y ministerios, todos diferentes, pero todos iniciados por un mismo Espíritu. Y la iglesia solo puede funcionar correctamente como el cuerpo de Cristo y ser edificada si estos se reconocen como un regalo de Dios, y si se practican con fidelidad y para Su gloria, pues todos sirven a un mismo Dios.
Porque lejos de que la iglesia sea un lugar de reunión con una comunidad que se reúne un día a la semana, se trata de los miembros del cuerpo de Cristo que están en unión con Él, y que se necesitan y bendicen mutuamente a través de los dones. Entonces, nadie puede decir que no tiene nada que pueda bendecir al Cuerpo, y nadie puede decirle a otro miembro que no lo necesita.
Con una hermosa ilustración, Pabló mostró que es indispensable no solo la unidad, sino la diversidad también, y con un corazón agradecido cada miembro debía ejercer los dones aunque no consideraran que fueran «espectaculares», pues por más poco visibles o «pequeños» que parecieran, así como el ojo es pequeño, tiene una función no pequeña en el cuerpo. Lo cierto es que, aunque algunas partes del cuerpo parezcan ser las más débiles y de menos importancia, son, en realidad, indispensables. Todo don debe ser respetado y apreciado, ya que cada persona es parte de los propósitos y planes de Dios. Los mejores dones no los tienen necesariamente aquellos con posiciones más altas, sino los que más beneficien al cuerpo.
Entonces, no puede haber división, sino una armonía que lleve a los miembros a preocuparse los unos por los otros.«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él». Porque todos los que hemos recibido al Espíritu de Dios a través del arrepentimiento y la fe en Cristo, hoy podemos gozar de una unidad en Él, pues hemos sido bautizados en Su cuerpo.
Así, cada persona que ha nacido del Espíritu, no solamente es miembro del Cuerpo, sino que ha recibido dones y talentos. Dios ha designado oficios: a unos apóstoles, a otros profetas y maestros, y también dones: milagros, dones de sanidad, misericordia o ayuda, administración, lenguas, etc. No todos han tenido los mismos oficios y dones, y esto es así por diseño divino. Dios nos ha equipado a todos de manera diferente para que trabajemos en colaboración, en una misma dirección, guiados por el Espíritu y para un mismo Señor.
Hoy quiero invitarte, hermana, a reflexionar en lo que el Señor nos ha enseñado hoy. Te invito a participar en el Cuerpo de Cristo con la libertad que has recibido en Él y en la iglesia donde te ha colocado. No pienses que no eres suficiente para bendecir al Cuerpo y participar en la obra del evangelio, pero tampoco busques el protagonismo, queriendo ejercer dones que quizá no tienes, o bien desear que los que sí tienes sean visibles ante la comunidad de tu iglesia.
Cristo dio Su vida en sacrificio por Su Novia, para que en armonía pueda crecer en madurez, santidad, piedad y edificación mutua entre sus miembros. Los dones nunca fueron dados para medir la espiritualidad de una persona, sino para servir a otros. Así que, no hay espacio para los celos, no hay espacio para la comparación, ni para menospreciar a nadie por quien nuestro Señor dio su vida, y de Su bondad le ha permitido servirle con sus dones.
¿Servirás a la iglesia con fidelidad a través de los dones que has recibido? ¿Buscarás la armonía entre los miembros del Cuerpo de Cristo?
Para meditar:
- ¿Qué don espiritual te ha concedido el Espíritu? ¿Lo has puesto al servicio del cuerpo de Cristo con fidelidad?
- ¿Huyes continuamente de la tentación de la comparación, la competencia y el deseo de protagonismo?
- ¿Honras y aprecias los dones de otros creyentes, incluso aquellos que parecen menos visibles?
MacArthur, J. (2015). 1 y 2 Corintios (D. A. Díaz Pachón, Trans.; Vol. 1, p. 330). Editorial Portavoz.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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