¡Nuestro Dios es muy digno de ser alabado! El salmo 111 inicia con un grito de alegría y con acción de gracias al Señor en medio de la congregación. En los primeros versículos vemos la razón de este gozo: «Grandes son las obras del Señor, buscadas por todos los que se deleitan en ellas». El salmista no solo afirma que las obras de Dios son grandes, sino que invita a contemplarlas, meditarlas y celebrarlas. Quienes encuentran su deleite en el Señor no pasan por alto lo que Él ha hecho; se detienen a meditar en Sus obras porque saben que allí conocen mejor Su carácter.
¿Puedes decir que tu adoración a Dios está marcada por atención, gratitud y reverencia al contemplar quién es Él y lo que ha hecho? ¿O, con el paso del tiempo, se ha convertido en algo automático, una simple «práctica cristiana»? En salmos anteriores hemos …
¡Nuestro Dios es muy digno de ser alabado! El salmo 111 inicia con un grito de alegría y con acción de gracias al Señor en medio de la congregación. En los primeros versículos vemos la razón de este gozo: «Grandes son las obras del Señor, buscadas por todos los que se deleitan en ellas». El salmista no solo afirma que las obras de Dios son grandes, sino que invita a contemplarlas, meditarlas y celebrarlas. Quienes encuentran su deleite en el Señor no pasan por alto lo que Él ha hecho; se detienen a meditar en Sus obras porque saben que allí conocen mejor Su carácter.
¿Puedes decir que tu adoración a Dios está marcada por atención, gratitud y reverencia al contemplar quién es Él y lo que ha hecho? ¿O, con el paso del tiempo, se ha convertido en algo automático, una simple «práctica cristiana»? En salmos anteriores hemos visto cómo recordar las obras de nuestro Dios en el pasado constituye el fundamento para adorarle con todo el corazón. Esa adoración involucra todo nuestro ser: mente, cuerpo y alma.
Cuando dejamos de recordar las obras del Señor, nuestra mirada se fija únicamente en las circunstancias presentes. Entonces el dolor, la incertidumbre o aquello que no comprendemos comienzan a ocupar el lugar que solo le corresponde a Dios. Pero este salmo nos recuerda que la memoria espiritual fortalece nuestra fe. Al volver la mirada a las obras del Señor, nuestro corazón encuentra nuevas razones para confiar, adorar y perseverar.
En los versículos 5 al 9, el salmista continúa mostrándonos que las obras del Señor revelan Su fidelidad al pacto. Todo lo que Dios hace por Su pueblo: Su provisión, Su justicia, Su redención y la heredad que les concede, no son actos aislados de bondad, sino expresiones de un Dios que cumple fielmente lo que ha prometido. Esto pone de manifiesto que nuestro Dios siempre actúa conforme a Su Palabra. Él no olvida Su pacto ni deja incompletas Sus promesas.
El último versículo de este salmo declara una verdad fundamental para el cristiano: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor…». Pero ese temor no significa vivir aterradas de Dios, sino vivir con reverencia, adoración, obediencia y con una conciencia constante de Su santidad.
Muchas veces pensamos que conocer a Dios consiste únicamente en adquirir más información bíblica o aprender más acerca de Él. Sin embargo, este salmo nos recuerda que el verdadero conocimiento de Dios transforma nuestra manera de vivir y que la sabiduría comienza cuando respondemos con temor reverente al Dios que hemos contemplado y recordado.
Mira lo que dice la última parte del versículo 10: «Buen entendimiento tienen todos los que practican Sus mandamientos; Su alabanza permanece para siempre». Temer a Dios implica recordar lo que Él ha hecho y quién es Él. Como resultado, la verdadera sabiduría se hace visible en una vida que obedece a Dios, no para ganar Su favor, sino porque hemos llegado a conocer Su carácter y a responder en adoración.
Y es aquí donde contemplamos la obra más grande del Señor: Jesucristo. En Él vemos la fidelidad perfecta de Dios al pacto, la redención definitiva para Su pueblo y la manifestación de Su justicia y Su misericordia. Cristo es la sabiduría de Dios hecha visible, y por medio de Su obra conocemos plenamente el carácter del Padre. Al contemplar lo que Dios ha hecho en Jesús, nuestra adoración deja de ser superficial, nuestro temor se vuelve reverente y nuestra vida es transformada para caminar en obediencia. Por eso, cuanto más contemplamos a Cristo y recordamos lo que Dios ha hecho por medio de Él, más razones encontramos para alabarle con todo el corazón, vivir con temor reverente y caminar en la verdadera sabiduría.
Para meditar:
¿Qué obras de Dios en tu vida necesitas recordar hoy para fortalecer tu fe y renovar tu adoración a Él?
¿Se refleja el temor reverente al Señor en tus decisiones y en tu obediencia diaria, o el conocimiento que tienes de Dios se ha quedado solo en información?
Al contemplar la fidelidad de Dios revelada plenamente en Cristo, ¿de qué manera estás respondiendo con una vida de adoración, confianza y obediencia?
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