Hace unos años, recuerdo con mucho gozo el testimonio de uno de mis pastores hacia la vida de mi esposo por su servicio en la iglesia. Él dijo: «El evangelio ha producido en ti generosidad. El evangelio te ha hecho generoso». Esa afirmación quedó grabada en mi corazón tanto por ser testigo de esa afirmación, como por la forma tan distorsionada en la que se nos ha enseñado la razón de la generosidad.
Lo cierto es que, como bien dice Pablo en el versículo 1, la gracia de Cristo es la que transforma un corazón egoísta en un corazón generoso, dispuesto a darse primero al Señor y luego a los demás. Porque la generosidad cristiana no nace de la abundancia material, sino de la gracia de Dios recibida en Cristo, quien se dio primero por nosotras. Así que en este capítulo Pablo anima a los corintios a completar la …
Hace unos años, recuerdo con mucho gozo el testimonio de uno de mis pastores hacia la vida de mi esposo por su servicio en la iglesia. Él dijo: «El evangelio ha producido en ti generosidad. El evangelio te ha hecho generoso». Esa afirmación quedó grabada en mi corazón tanto por ser testigo de esa afirmación, como por la forma tan distorsionada en la que se nos ha enseñado la razón de la generosidad.
Lo cierto es que, como bien dice Pablo en el versículo 1, la gracia de Cristo es la que transforma un corazón egoísta en un corazón generoso, dispuesto a darse primero al Señor y luego a los demás. Porque la generosidad cristiana no nace de la abundancia material, sino de la gracia de Dios recibida en Cristo, quien se dio primero por nosotras. Así que en este capítulo Pablo anima a los corintios a completar la colecta para los creyentes necesitados en Jerusalén, sin utilizar métodos de manipulación, para responder a la gracia de Dios con una generosidad voluntaria, sacrificial y ordenada.
La gracia de Dios produce generosidad sacrificial
Luego de hablar de la santidad y el arrepentimiento, Pablo nos muestra que la generosidad es una gracia de Dios en el corazón de los creyentes, y para ello, Pablo toma el ejemplo de las iglesias de Macedonia. Pablo elogia a los macedonios y ellos nos retan con su ejemplo:
- Estaban pasando por una profunda aflicción.
- Dieron «desde su profunda pobreza».
- Dieron más allá de sus posibilidades con gozo.
- Dieron voluntariamente, más allá de sus fuerzas.
- Rogaron por el privilegio de dar para sostener a los santos. ¡Lejos de justificarse para no dar, ellos oraban por oportunidades para dar!
- Primero se dieron al Señor y luego a los demás. No podemos dar a nadie algo si no hemos rendido nuestra vida y todo lo que somos primero a Dios.
La generosidad, que es una gracia de Dios, no es obligada, no es para ser vistos y aplaudidos, no es dada desde la abundancia y no busca recibir el doble de lo ofrendado. Los macedonios vieron su ofrenda ante todo como un acto de adoración al Señor (puedes ver Flp. 4:18). Por eso, la generosidad cristiana no se mide solo por la cantidad, sino por el corazón rendido a Dios.
La generosidad es una obra de gracia
Por si hay alguna duda, Pablo informa a los corintios que envió a Tito para animarlos a completar la colecta. Y dado que la generosidad no es un acto meramente externo, el argumento que usa Pablo es recordarles la abundancia espiritual que tienen: en fe, palabra, conocimiento y amor para abundar en esta gracia de generosidad. Si conocen la Palabra, si han nacido de nuevo por la fe en Jesús y aman a Dios y a sus hermanos, entonces el fruto es generosidad.
Dar y darse a otros pareciera que debiese ser algo natural en un creyente, una obra de gracia que fluye… como cuando exhalamos e inhalamos. Sin embargo, en el proceso de santificación, despojarse tanto del pecado como de cosas materiales es confrontador. Necesitamos evaluar nuestro termómetro de amor por el Señor y por nuestros hermanos, especialmente aquellos que sabemos que están en necesidad y solo les ofrecemos una oración aunque tengamos para compartir (puedes ver Proverbios 3:27-28).
Pablo no está imponiendo una carga legalista, no está coaccionándolos, ni la ofrenda es para fines personales de Pablo, sino que los anima a voluntariamente dar a quienes están en necesidad, como una evidencia de vivir por gracia. Hoy todo te puede ser quitado o a alguna de tus hermanas, pero Cristo jamás, y si lo tenemos a Él, tenemos abundancia de todo lo que necesitamos para atravesar pruebas y escasez.
Cristo es el modelo supremo de generosidad
Y Pablo ahonda más en la razón del conocimiento de esa gracia y la coloca en la persona de Jesús. Él dice: «Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos».
Jesucristo es nuestro modelo de generosidad porque se dio a Sí mismo por amor, haciéndose pobre en Su humillación, encarnación y entrega para enriquecernos con salvación. La gracia de Dios a nosotras debe llevarnos a ser misericordiosos con los demás. Jesús, como el Hijo eterno de Dios, gozaba de la condición divina, pero Él enfrentó la humillación de la encarnación por nosotras.
Cristo sufrió y murió para la salvación de los pecadores, a quienes ha dado bendiciones espirituales, no meramente riqueza temporal. Dado todo lo que Cristo ha hecho en la salvación: reconciliación, vida eterna, identidad, seguridad, herencia celestial, no es esperar demasiado que los cristianos ayuden en sus necesidades a los demás como la gran familia que Él ha reunido. Porque cuando reciben por gracia, son generosos por gracia, así como lo hizo Cristo.
La prioridad de nuestro Señor para nuestra vida no es la comodidad material, es la santidad de nuestro corazón; por eso se dio a Sí mismo. Hermana, una vida desinteresada y desvinculada de las cosas materiales, de nuestra comodidad, de logros y éxitos para construir nuestro propio reino, nos llevará irremediablemente a la ansiedad y a vivir para nosotras mismas. El fin de que Cristo se haya hecho pobre en Su obra en nuestro lugar es para enriquecernos con bendiciones espirituales; es para que nuestro carácter sea formado al de Él y, entonces, ser generosos con nuestro tiempo, con nuestros recursos, con nuestra vida a otros. Al final, ya tenemos a Cristo y Él nos tiene a nosotras; siempre estaremos completas, bendecidas y enriquecidas.
Cumplir lo prometido con disposición
Pablo anima a la iglesia de Corinto a completar lo que habían comenzado hace un año; los exhorta a continuar lo que por voluntad propia iniciaron y que fue motivado por el Espíritu Santo. Es decir, que su promesa no se quede en palabras, sino que haya obediencia concreta de lo que dijeron que harían.
Ahora bien, Pablo no estipula una suma exacta ni se refiere a una cantidad, sino a la disposición de dar según sus capacidades. Cada persona debe dar según lo que tiene, no según lo que no tiene. El propósito no es empobrecer a unos para aliviar a otros, sino expresar cuidado mutuo dentro del cuerpo de Cristo. No estamos llamando a una redistribución forzada, sino a una provisión amorosa entre los hermanos de la fe.
Cuando Pablo se refiere a «igualdad», no lo hace según lo que hoy escuchamos en la cultura que es igualdad, puesto que en toda la Biblia leemos que algunos en el pueblo de Dios tuvieron mucha riqueza y otros no. Es Dios quien provee según Sus propósitos. Este capítulo no se trata de una transacción con Dios o con los hermanos para recibir más bendición, ni para cumplir, ni para que te aplaudan, sino que sea ejemplo una iglesia con la otra de ayudarse cuando lo necesiten.
Pablo cita Éxodo 16:18, cuando el pueblo murmuraba porque no tenía alimento y deseaba regresar a Egipto, para recordarles que, así como Dios les suplió maná cuando estaban en el desierto, así Él suple las necesidades de cada hijo. El maná no era lo que deseaban, pero era lo que necesitaban. Así que cada persona tiene lo que Dios le provee y de ello comparte con otros porque, por gracia: ama a Dios y ama a sus hermanos.
Integridad en el manejo de los recursos
Pablo procura que la ofrenda sea administrada con transparencia, no solo delante de Dios, sino también delante de los hombres. El cuidado que ellos tenían con el dinero que recibían y les preocupaba es honrado ante los ojos del Señor y también ante los ojos de los hombres. Tito es el ejemplo de lo que previamente les ha dicho, ya que él aceptó cumplir voluntariamente su promesa de continuar con esta colecta.
El ministerio cristiano debe cuidar la integridad; la generosidad debe ir acompañada de buena administración, porque la transparencia protege el testimonio del evangelio, como Pablo menciona sobre este hermano de quien no tenemos su nombre, pero los corintios sí sabían. El fin último de toda ofrenda es la gloria de Dios.
Pablo tiene personas confiables y diligentes para manejar la ofrenda, y lo hace saber a la congregación porque él vive en integridad. No hay nada que esconder cuando el dinero no le pertenece a nadie; solo es un medio que Dios provee para ayudar a otros. Es el resultado de la obra de Dios en los corazones de Sus hijos.
Por cualquier sospecha de los hermanos que manejan el dinero o del recordatorio de Pablo a continuar con la colecta, él ha sido honesto en cómo se manejan las finanzas, la razón y las personas encargadas. Con los asuntos monetarios parece que siempre hay rencillas, descontentos y malentendidos, y hay una razón de ser, porque bien lo dijo Pablo a Timoteo en el 1 Timoteo 6:10: «La raíz de todos los males es el amor al dinero». Si hay transparencia, hay confianza. Y cuando se falle, la misma gracia por la que se ha dado es la misma gracia que se utiliza para restaurar al hermano.
Me encanta que Pablo no tema hablar de dinero, de ofrendas, de ayuda a otros, sino que lo hable con claridad y basado en la idea central de nuestro devocional de hoy: la generosidad es una obra de gracia del Señor que fluye de corazones redimidos, humillados por la gracia recibida para darse al Señor y a otros para la gloria de Dios.
Oro que en el pueblo del Señor seamos cada vez más generosos, que el evangelio produzca en nosotras amar, servir y ayudar a otros, descansando en que cuando nosotros lo necesitemos, también lo recibiremos porque la gracia de Dios opera en los corazones de Su pueblo.
Para meditar:
- ¿Cómo la entrega de Cristo a nosotras debe motivar a seguir Sus pasos para servir a otros?
- ¿Qué lugar tiene el dinero en tu corazón?
- ¿Cómo la gracia del Señor te ha transformado para tener un corazón generoso?
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