En el capítulo de hoy leemos la defensa de Pablo acerca de su apostolado como no la leemos en ninguna otra de sus cartas. Y por lo que conocemos de Pablo, sabemos que no es una defensa que apela a su orgullo o a un deseo por contar todo lo que ha vivido por Cristo; es porque ama a la iglesia, por el evangelio, y porque temía que se desviaran de la sencillez del evangelio. Más bien, la idea central de este capítulo es dirigir nuestra mirada hacia lapureza de la devoción a Cristo frente a todo evangelio falso y toda gloria humana.
El problema no era solo que algunos maestros atacaban a Pablo; el peligro mayor era que estaban predicando otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio. Y si para resolverlo, Pablo debía defender su apostolado, pues así sería. Lo que necesitamos resaltar es que Cristo es el …
En el capítulo de hoy leemos la defensa de Pablo acerca de su apostolado como no la leemos en ninguna otra de sus cartas. Y por lo que conocemos de Pablo, sabemos que no es una defensa que apela a su orgullo o a un deseo por contar todo lo que ha vivido por Cristo; es porque ama a la iglesia, por el evangelio, y porque temía que se desviaran de la sencillez del evangelio. Más bien, la idea central de este capítulo es dirigir nuestra mirada hacia lapureza de la devoción a Cristo frente a todo evangelio falso y toda gloria humana.
El problema no era solo que algunos maestros atacaban a Pablo; el peligro mayor era que estaban predicando otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio. Y si para resolverlo, Pablo debía defender su apostolado, pues así sería. Lo que necesitamos resaltar es que Cristo es el centro de toda enseñanza, de todo pastor y servidor, en lo externo y en lo interno, y si alguna enseñanza nos desvía de Él, debe ser discernida y rechazada.
Celo santo por la devoción a Cristo
Pablo tiene un corazón verdaderamente preocupado por la condición espiritual de los corintios; él dice en el versículo 3 que temía que sus mentes fueran desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo.
El corazón pastoral de Pablo hacia los corintios va más allá que un celo de apropiación. Como leímos en el devocional de Primera a los Corintios, capítulo 1, sobre la división que causaba cada líder al tener su reino propio con sus ovejas. La palabra «celoso» viene del griego zélos, que significa «celos, como un esposo, figuradamente de Dios», y el uso de «celo», aunque es la misma palabra en griego, su significado aquí es «estar caliente o tener un fervor apasionado».
Por eso, Pablo usa la imagen de una novia prometida a un solo esposo: Cristo. El celo que nuestro Dios tuvo por el pueblo de Israel no fue un celo que lastimó, fue un celo que reclamaba pertenencia a Él. Lo mismo vemos con Pablo, no porque le pertenecieran a él como su salvador, sino como aquel que los llevó a Cristo, el esposo. Su preocupación arde fervorosamente por sus almas. Arde en celos de que los corintios sean seducidos y desviados, como Eva fue engañada por la serpiente.
Satanás empieza lento, pero seguro. Empieza plantando dudas sobre Dios, sobre tu propósito, sobre tu diseño, un día a la vez. Cuanto más oído das a estas enseñanzas que tienen el distintivo de alimentar tu yo, más te alejas de la devoción que solo le pertenece a Cristo. Él es el esposo al que la iglesia le pertenece.
El peligro de otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio
Lamentablemente, muchos de los corintios ya estaban tolerando a los falsos maestros que predicaban un evangelio muy distinto al de Jesucristo. Los falsos maestros predicaban mentiras sobre Jesús y Su obra; ese era el celo ardiente de Pablo, él no está exagerando.
Y aunque sabemos por la carta a los Romanos que Pablo estaba lleno de conocimiento teológico profundo y, como dijo en su primera carta, que Dios no usa al más articulado, al que reboza de carisma o elocuencia, ni al que es reconocido por apariencia, sino que Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar lo que es fuerte… o lo que se cree ser fuerte.
Los superapóstoles o falsos maestros se quejaban de que Pablo no era un buen orador al estilo de los griegos, pues Pablo rechazó usar las artimañas manipuladoras de algunos de ellos, pero enseñó el verdadero conocimiento que es Cristo. El estándar no eran ellos para predicar la Palabra; era Cristo y Su evangelio.
Debemos guardarnos de aquellos mensajes que se enfocan en nosotras o en un bienestar que podemos recibir sin Cristo y la obediencia a Su Palabra; sin Cristo y la gracia de sostenerse de Su obra de vida, muerte y resurrección.
Minimizamos el peligro de las falsas enseñanzas, las cuales no siempre llegan como rechazo abierto a Cristo. A veces llegan como una versión distorsionada de Cristo, —un Cristo más amable, más compasivo— y de un evangelio diferente o una espiritualidad que parece atractiva, pero aparta el corazón de la verdad.
Los falsos obreros se disfrazan como siervos de luz
Como las artimañas de Satanás, los falsos maestros no siempre parecen falsos a la primera, o por simple apariencia o por escuchar algo que contiene una verdad. Pablo dice que Satanás se disfraza como ángel de luz, y sus siervos también pueden presentarse como ministros de justicia, como obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo, cuyo fin será conforme a sus obras.
No todo lo que parece espiritual viene de Dios, no todo mensaje que menciona a Cristo predica el verdadero evangelio, y no todo personaje que dice haber estudiado mucho realmente presenta a Cristo y Su obra como suficientes para vivir piadosamente y con devoción a Él. Pablo vuelve a reiterar que él no está detrás de ofrendas ni dinero para él, sino de hacerlos generosos como testimonio del evangelio hacia otros. Por eso, él no recibió apoyo financiero para callar la boca de los servidores de Satanás.
El carácter y sutileza de los falsos maestros deberían mantener a los cristianos vigilantes y ejerciendo discernimiento. La mejor manera de identificar las falsas enseñanzas es estar convencidas y conocer las verdades del evangelio. Es decir, necesitamos estar equipadas con la verdad de la Palabra, tanto porque la leemos y meditamos, como porque somos parte de una iglesia local a la que servimos y de la que recibimos instrucción.
Reconocer las falsas enseñanzas no es obra estrictamente nuestra. El Espíritu Santo nos inquieta cuando algo no «suena bien», y cuando así sea, debemos detenernos para orar, para ir a las Escrituras y preguntar a nuestras hermanas maduras y pastores qué piensan de esa enseñanza. Cuando amamos a Dios, amamos Su verdad; amamos lo que dice y también en nosotras crece un celo por Él y Su verdad, para ver nuestro propio corazón y luego discernir lo que otros están enseñando.
La necedad de gloriarse
No desconectemos estos primeros cuatro versículos del final del capítulo 10. Pablo explica por qué se gloriaba. Segunda a los Corintios 10:17 dice: «Pero el que se gloría, que se gloríe en el Señor», y dijimos que se gloríe en conocerlo. Es una locura para los falsos maestros que Pablo no reciba dinero, que no enseñe elocuentemente y que viva humildemente en sencillez.
Pablo es conocido por utilizar retórica e ironía en sus cartas. Y esta no es la excepción. Él no quiere vanagloriarse como los falsos maestros, pero usa ese lenguaje para exponer lo absurdo de los estándares humanos de los corintios frente a la verdad que conocían. Los corintios estaban impresionados por lo externo: autoridad aparente, fuerza, elocuencia, dominio y autopromoción. Pero Pablo les muestra que ese no es el camino de Cristo.
Si sus oponentes conseguían hacerlo con aparente éxito, entonces debían conceder a Pablo el mismo privilegio. ¡Qué ironía recibir a quienes los esclaviza y rechazar el amor del apóstol! Se supone que ellos eran sabios, ¿cómo es que toleran a quien los devora, a quienes se aprovechan de ellos y a quienes se exaltan a sí mismos?
Pablo revela su celosa preocupación como un pastor piadoso por el rebaño de Cristo. Él no veía su desacuerdo con los apóstoles como mera diferencia de opiniones o debates académicos que solo engordan el ego humano. La pureza del evangelio estaba en peligro, lo que significa que su forma de vivir como creyentes que representan a Cristo estaba en peligro, pues Cristo es aquel cuya gloria debe pesar más que toda apariencia humana.
El pastor MacArthur al respecto del versículo 20 dice: «Es posible que los falsos apóstoles hayan sometido a algunos corintios a maltrato físico, pero es más probable que la frase se emplee en sentido metafórico para hablar de la humillación de los corintios por parte de los falsos maestros. Golpear a alguien en la cara era una señal irrespetuosa de menosprecio».1 Por esto es que el sarcasmo de Pablo era necesario. Pero él no era así, no podría maltratarlos así porque los amaba.
Las marcas de un siervo verdadero
Pablo regresa al tema con el que inició esta carta: las aflicciones. En los versículos 23 al 33, Pablo entrega su tercera y más completa lista de sufrimientos por causa de Cristo. Realmente es una locura para el mundo que los creyentes se gloríen en los sufrimientos, lo cual no es una especie de ascetismo o de masoquismo; es que los creyentes tenemos a Cristo como nuestra esperanza, nuestra fortaleza, nuestro consuelo y nuestra sabiduría para transitar en esta dura vida.
Nota que Pablo no enumeró sus sufrimientos por causa de su nombre o para luego ser aplaudido como un mártir. Su carga claramente ha sido porque el evangelio sea predicado y vivido, y Cristo sea glorificado. El sufrimiento en sí no salva; él no estaba enseñando esto. Pero sí mostraba que su ministerio estaba marcado por la cruz, no por la autopromoción.
Todo esto lo diferencia de aquellos falsos maestros, que no estaban dispuestos a vivir ninguna de estas cosas por la causa de Cristo. Ellos vivían para su propia gloria; no podían vivir para glorificar a Dios. Todas estas cosas que Pablo experimentó en su ministerio son las credenciales de ser un verdadero apóstol .
Pablo era hebreo, israelita, descendiente de Abraham igual que ellos. ¿Son ellos ministros de Cristo? Ya Pablo había dicho que no lo eran, pero Pablo estaba realizando su caso en que no es la visibilidad el fruto de que Cristo está con ellos, sino la debilidad que magnifica el poder de Dios que obraba en él. Y además, no pone como testigo a otro ser humano, sino a «El Dios y Padre del Señor Jesús, el cual es bendito para siempre».
La realidad es, hermana, que los creyentes no nacimos en cuna de oro, como se dice, ni nacimos de nuevo para estar en una cuna de oro terrenal. Debido a que es natural que los seres humanos huyan del dolor, del sufrimiento, de la escasez, de la injuria, de las injusticias, de las situaciones difíciles, leer todo lo que Pablo pasó nos parece ajeno a nuestros días. Es decir, ¿quién quiere pasar por todo eso? Pues solo la persona que atesora más a Cristo que a sí misma. El que sabe que tiene todo lo que necesita para atravesar este mundo oscuro y las circunstancias difíciles que no siempre están para aplastarnos; Dios siempre las usa para que Su evangelio brille y nosotras crezcamos a Su semejanza.
Frente a los falsos maestros que existieron en aquel tiempo y que aún existen hoy y seguirán existiendo, nuestra vida, que sufre con propósito, que sufre con gozo y que permanece fiel a Cristo como Su máxima autoridad y ejemplo a seguir, es apremiante. No corramos con el espíritu de la época de fama, reconocimiento y dones; esa no es la meta ni es sinónimo de ser de Cristo. Lo que la Biblia atestigua de los siervos de Dios siempre conlleva muerte al yo y a amar la verdad de la Palabra.
El ejemplo de Pablo nos apunta al mayor ejemplo de sufrimiento: a Cristo. Y si nuestro Señor y Salvador sufrió, nosotras también y lo haremos con gozo, sostenidas de Él, alejándonos de los falsos obreros que nos desvían de madurar y de ser engañadas. Muchas veces es nuestro propio corazón el que, siguiendo nuestros deseos, nos aleja de la verdad. Seamos prontas a discernir lo que sale de nuestra boca y actitudes, llevemos nuestras cargas al Señor, caminemos con otros y cultivemos vidas devotas a Cristo.
Para meditar:
- ¿Cómo puedes estar vigilante y celoso para proteger tu devoción exclusiva a Cristo?
- ¿Qué significa para ti estar totalmente entregada a Cristo?
- El llamado del Señor para nosotras hoy es: «Permanece fiel a Cristo y a Su evangelio».
1 Biblia de Estudio MacArthur. Grupo Nelson, 2011. 1631.
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