Pablo continúa contrastando su ministerio con el de los falsos maestros. Ellos se gloriaban en apariencias, experiencias y fortalezas humanas; Pablo, en cambio, se gloría en sus debilidades, en las aflicciones, porque allí se manifiesta el poder de Cristo. El centro de este capítulo es contemplar la suficiencia de la gracia de Cristo frente a nuestra necia autosuficiencia, al reconocer nuestra necesidad de Él.
Mientras lees este devocional y el pasaje, quizá una y otra vez, te hagas la pregunta: «¿Estoy aprendiendo a depender de Cristo en mi debilidad?».
Pablo no se gloría en experiencias espirituales
Desde el capítulo 10, Pablo empezó a hablar del tema de gloriarse. Quiero darte un pequeño resumen de las veces que Pablo habla de gloriarse porque es una palabra que conlleva un significado relevante para la defensa del ministerio de Pablo y para el alma de los corintios.
- Gloriarse …
Pablo continúa contrastando su ministerio con el de los falsos maestros. Ellos se gloriaban en apariencias, experiencias y fortalezas humanas; Pablo, en cambio, se gloría en sus debilidades, en las aflicciones, porque allí se manifiesta el poder de Cristo. El centro de este capítulo es contemplar la suficiencia de la gracia de Cristo frente a nuestra necia autosuficiencia, al reconocer nuestra necesidad de Él.
Mientras lees este devocional y el pasaje, quizá una y otra vez, te hagas la pregunta: «¿Estoy aprendiendo a depender de Cristo en mi debilidad?».
Pablo no se gloría en experiencias espirituales
Desde el capítulo 10, Pablo empezó a hablar del tema de gloriarse. Quiero darte un pequeño resumen de las veces que Pablo habla de gloriarse porque es una palabra que conlleva un significado relevante para la defensa del ministerio de Pablo y para el alma de los corintios.
- Gloriarse en el testimonio y el progreso de la iglesia (2 Cor. 1:14; 7:4, 14).
- Gloriarse únicamente en el Señor y en los límites divinos (2 Cor. 10:13, 15, 17). No se gloriaba desmedidamente, sino en la obra del Señor.
- La insensatez de gloriarse frente a los falsos maestros (2 Cor. 11:16, 18, 30).
- Gloriarse en las debilidades y la gracia de Cristo (2 Cor. 12:5, 9).
Con esto podemos decir que Pablo se gloriaba en el Señor y los falsos apóstoles se gloriaban en la carne, es decir, en ellos mismos y lo que hacían. No solo se trata de orgullo versus humildad; se trata del carácter de un siervo del Señor que apunta a otros a Cristo, no a sí mismo. Por eso, vemos que Pablo narra sobre sus visiones y revelaciones en tercera persona. A diferencia de los falsos maestros, él no usa sus experiencias espirituales para exaltarse.
Las experiencias extraordinarias no son la medida de la madurez espiritual. Pablo había recibido grandes revelaciones, pero no quería que los corintios lo evaluaran por eso, sino por la verdad de su vida y ministerio en medio de las aflicciones.
Cuando estamos en Cristo y tenemos una comunión íntima con Él a través de Su Palabra, y vamos siendo expuestos a ella, lejos de sentirnos más fuertes, cada día nos damos más y más cuenta de lo pecadoras, indignas y débiles que somos. Cuando estás delante de una persona que se considera buena, moral, sabia y autosuficiente, estás delante de una persona que no ha entendido su verdadera condición y está cegada por su orgullo y su amor por sí misma. Quizá el evangelio aún no le ha resplandecido o quizá está creciendo en santificación. Sin embargo, esto es lo que estaba sucediendo con estos falsos maestros.
Dios usa la debilidad para guardar el corazón del orgullo
Pablo deja de hablar en tercera persona para referirse de sí mismo, diciendo: «Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca». Es increíble este cambio porque en el versículo 7, el apóstol Pablo nos dice que Dios lo santificaría contra el orgullo por amor a su alma, «para que no se enalteciera». Como dice Sal. 138:6, Dios mira al orgulloso de lejos; no hay comunión con Él.
Nota que el aguijón le fue dado; no es castigo, sino una herramienta de santificación para que el resultado o el fruto sea humildad, quebrantamiento, dependencia, que es lo que caracteriza a Pablo. No sabemos con certeza qué fue este aguijón, y si Dios lo hubiese querido dejar claro, lo tendríamos escrito en la Palabra, pero el foco de atención no es cuál fue el aguijón (quizá nuestra tendencia humana de curiosear o evitar el aguijón nos lleva hacia querer averiguar qué fue), pero lo que realmente importa es el propósito: Dios lo usó para humillar, guardar y sostener a Pablo.
Sin embargo, aunque fue doloroso y lo es para nosotras cuando Dios usa un aguijón para guardarnos del orgullo que hay en todas nosotras, todo lo que acontece está cubierto de la soberanía de Dios y Su buen propósito de hacernos a la semejanza de Cristo.
Dios conoce nuestra debilidad y nuestra propensión a autoexaltarnos. Muchas veces Dios permite debilidades porque sabe que estamos tentadas a confiar en nosotras mismas. Él permite que luchemos con estas cosas para que descansemos en Su gracia y en Su fortaleza. Cuando aceptamos y abrazamos nuestra debilidad, podemos descansar en la gracia de Dios, pero cuando luchamos contra ella queriendo superarla en nuestras fuerzas, estas se convierten en cargas pesadas para nosotras.
Con una mano, Dios da aguijones, pero con la otra Él da la gracia suficiente para vivir con gozo. Cualquiera que sea la aflicción o la prueba que estés soportando en el presente, amada hermana, asegúrate de que reconoces también la suficiente gracia que Dios provee para tu bien y Su gloria.
La gracia de Cristo es suficiente
Pablo ha rogado tres veces a Cristo para que le quitara el aguijón. Y es increíble que esta repetición nos recuerda a nuestro Jesús en el Getsemaní en Mateo 26:39-42, cuando Él oró diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa… Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba». Porque Jesús tomó esa copa de la ira de Dios, Él puede decirle a Pablo: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». A Pablo le debe bastar la gracia que Cristo le da… y lo mismo es para nosotras.
Cristo es Aquel cuyo poder se perfecciona en la debilidad; es el Señor que te sostiene aun cuando no quita la aflicción. Pablo pidió liberación, pero recibió gracia suficiente para pasarla, porque Dios no siempre quita la aflicción, pero siempre sostiene a los Suyos. Nuestra debilidad no impide que Cristo obre; es en ella que Él lo hace. Pablo no ama el sufrimiento; más bien, se goza en lo que Cristo muestra a través de él.
El tiempo en presente de «Te basta Mi gracia» nos enseña que Su gracia divina está disponible en todo tiempo. Dios nunca dejará de suplir gracia en medio de nuestra debilidad. Recuerdo que cuando leí por primera vez los versículos 9 y 10, quedé destrozada y humillada. Por muchos años pensé como los falsos apóstoles, que el sufrimiento era una señal de castigo de Dios o falta de fe de mi parte. Es decir, el dolor que recibía era punitivo, no correctivo, de parte de Dios. Bajo este pensamiento, olvidé que la salvación no es por obras, que he sido justificada por la fe y que estoy siendo santificada por Su gracia.
Al leer una y otra vez estos versículos, me quedaba claro que, para complacerme en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias, necesitaba algo más que una buena y optimista actitud, o seguir pasos o esforzarme más o incluso correr a culparme para quedar sepultada por la vergüenza y la culpa.
Me tomó un tiempo entender que la gracia no es una palabra «bonita» nada más, es poder de Dios para transformarnos. Pues, es por gracia que somos salvas, es por gracia que Dios nos perdona y es por la gracia de Dios que somos entrenadas para vivir en santidad. Por eso Jesús nos dice: que te baste Mi gracia porque tú eres débil. Y es bueno que lo seas para que Mi poder sea visto y la gloria sea para Mí. El sufrimiento no se trata de nosotras, no es para gloriarnos en cuánto sufrimos, sino en que nosotras viviremos bajo ese poder que nos sostiene, nos consuela y nos lleva a vivir el evangelio en medio de él.
Tampoco se trata de pensar que, a medida que más sufres, recibirás más de Dios, porque no es por mérito, ni es para ser aprobada, porque ya lo fuiste en Cristo. Pablo dice que su razón no es porque es una persona «aguantadora», es por amor a Cristo. Y eso hace toda la diferencia. Todas pasamos y pasaremos por sufrimiento sin duda; la pregunta es: ¿cómo lo atravesaremos? A medida que crecemos en amar más a Cristo, el sufrimiento no se verá como algo a conquistar ni a huir, sino como el lugar donde nuestra unión con Cristo será desplegada de manera gloriosa.
La falsa enseñanza de que somos fuertes en nosotras mismas contradice esta hermosa enseñanza. Pablo dice: «Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte». La debilidad no es apetecible para esta cultura ni para esta generación; sin embargo, tampoco es la señal de un verdadero apóstol, sino que también es la señal de que Dios está obrando en nosotras para transformarnos a Él.
Las señales de un verdadero apóstol
Nuevamente, Pablo apela al uso de la ironía para referirse a la diferencia que radica entre él y los falsos apóstoles. Pablo no se está comparando para exaltarse a él mismo; su preocupación no ha sido él ni su ministerio, sino la gloria de Cristo y el mensaje del evangelio en la vida de los corintios.
Pablo no era inferior a los falsos apóstoles. Su ministerio fue confirmado por señales, prodigios y milagros, pero aun así él no puso su confianza en esas cosas. Cristo era el centro de su ministerio y debe ser el centro de todo ministerio que se llame cristiano.
Carácter y obrar de los falsos apóstoles
El origen del éxito de los falsos apóstoles era el mérito propio, elocuencia y carisma humano. Además de cobros de honorarios y cartas externas, también veían el sufrimiento como una señal de poca fe o maldición, y por ello, era evitado. Promoción elitista, énfasis en las experiencias de visiones y apariciones exclusivas de ellos para coaccionar a otros a seguirlos y ofrendarles. Al considerar el sufrimiento como inválido para ser siervo del Señor, se consideraban fuertes por sus propias capacidades y estatus.
Hermana, antes de pensar en alguien más, por favor, examina tu corazón como he examinado el mío. Pregúntate: ¿por qué hago lo que hago? ¿Qué siento cuando me felicitan por mi servicio? Cuando Dios me revela algo, ¿a quién se lo comento y cómo?
Carácter y obrar de Pablo
El origen del éxito, entre comillas, de Pablo, es la pura gracia de Dios en Cristo Jesús y el poder del Espíritu Santo. La evidencia de su autoridad era la vida de los creyentes; esas eran sus cartas vivas. Pablo consideraba el sufrimiento y la aflicción como el escenario donde se manifiesta el poder de Dios. Y predicaba el evangelio de Jesucristo porque era esclavo de Él. Su gracia lo capacitaba para hacer todo lo que hacía y gloriarse en sus debilidades. Ahora pregúntate: ¿Todo lo que hago está descansando en que Cristo vivió una vida perfecta, murió por mis pecados en una cruz y resucitó al tercer día para darme esperanza segura de vida eterna?
Amor pastoral que busca edificar
Pablo no deseaba ser una carga para los corintios, no buscaba algo de ellos; Pablo los buscaba a ellos. Y esto hace toda la diferencia entre un ministro de Dios y uno que vive para sí mismo. El ministerio verdadero no usa a las personas, las ama y busca su edificación. En los últimos versículos de este capítulo tan enriquecedor, Pablo nos deja ver su preocupación pastoral: teme encontrar pecado no arrepentido, divisiones, celos, chismes, arrogancia e inmoralidad. Su amor no es permisivo; desea ver una iglesia restaurada y obediente a Cristo.
Pablo dice que estaba listo para ir por tercera vez de la misma manera en que los ha visitado porque los ama. Pablo dice que soporta las aflicciones por amor de Cristo y ese amor tan profundo es el que siente por los corintios. Su gran preocupación no es defender su reputación o hacerse ver como mejor que los falsos apóstoles, sino la edificación de la iglesia para que al visitarla se encontrará con una iglesia fiel, santificada y humilde.
¡Cuánto se duele Pablo por la falta de arrepentimiento! Él sabe que es la herramienta que Dios usa para quebrantar y rendirse a Él. Pablo temía llorar por muchos que habían pecado anteriormente y no se habían arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad, pues, como Él dice: «Todo este tiempo ustedes han estado pensando que nos defendíamos ante ustedes. En realidad, es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo; y todo esto, amados, es para su edificación».
¿Nos dolemos ante la necedad y el pecado de otros lo suficiente para exhortarlos a volverse a Cristo? ¿Defendemos a nuestros pastores que han cuidado de nuestras almas o los desafiamos al buscar otros pastores «más populares» que ellos? Hermana, somos llamadas al arrepentimiento continuo y a ver a Cristo en todo momento. El sufrimiento tiene la capacidad de sacar lo más feo de nosotras, y eso es bueno, pero es eficaz cuando lo llevamos a Dios para que Él transforme nuestra debilidad para Su gloria.
Para meditar:
- ¿Cuál sería esa «espina en la carne» en tu propia vida? ¡Dale gracias a Dios por ella!
- Cuando somos acusadas o tratadas con injusticia, ¿nos defendemos para nuestro propio beneficio o para la gloria de Cristo?
- ¿Qué significa gloriarte en tu debilidad para que se pueda ver el poder de Cristo?
- ¿Cómo descansar en el evangelio se ve en tu vida en medio de la aflicción?
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