Hemos llegado al final de 2 Corintios, y, honestamente, leerla tan detenidamente ha sido de gran ánimo a mi alma; deseo que a tu alma, también. Pablo concluye la carta llamando a los corintios a examinarse sinceramente, a arrepentirse y vivir como una iglesia restaurada bajo la gracia de Cristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Su exhortación pastoral no se basa en buenos deseos, sino en advertencias y un llamado a la acción para vivir como creyentes que han recibido el evangelio de Jesucristo.
Una advertencia seria antes de la visita de Pablo
Pablo, por segunda vez, anuncia su tercera visita a Corinto. Si has estado escuchando toda la serie de esta carta, sabes que Pablo no ha dejado de insistir en el arrepentimiento de los corintios por amor a Cristo y a ellos. Pablo dedica más tiempo a argumentar la razón por …
Hemos llegado al final de 2 Corintios, y, honestamente, leerla tan detenidamente ha sido de gran ánimo a mi alma; deseo que a tu alma, también. Pablo concluye la carta llamando a los corintios a examinarse sinceramente, a arrepentirse y vivir como una iglesia restaurada bajo la gracia de Cristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo. Su exhortación pastoral no se basa en buenos deseos, sino en advertencias y un llamado a la acción para vivir como creyentes que han recibido el evangelio de Jesucristo.
Una advertencia seria antes de la visita de Pablo
Pablo, por segunda vez, anuncia su tercera visita a Corinto. Si has estado escuchando toda la serie de esta carta, sabes que Pablo no ha dejado de insistir en el arrepentimiento de los corintios por amor a Cristo y a ellos. Pablo dedica más tiempo a argumentar la razón por la que ellos necesitan regresar a las verdades sencillas pero poderosas que él les ha enseñado sobre Cristo y Su obra.
Él ha contrastado su ministerio y el de sus colaboradores, amparado por el poder de Cristo, con las enseñanzas de los falsos apóstoles. Y les ha dicho una y otra vez: es la debilidad de un corazón necesitado de Cristo lo que identifica a un creyente, no la pomposidad externa.
Además, en el versículo 1, Pablo conecta el tema de la disciplina espiritual que hemos leído en Mateo 18:16; el apóstol dice: «Por el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos». Pablo no insiste en su advertencia por crueldad o por simple necedad, ni lo hizo arbitrariamente o a escondidas; él ama a los corintios como Cristo los ama y tiene celo por sus almas. Más bien, esta constante es una expresión de amor por la santidad de la iglesia.
Cristo fue crucificado en debilidad, es decir, en un cuerpo humano, y vive por el poder de Dios, y por ello Él es poderoso en nosotras cuando reconocemos que somos débiles para vivir por el poder de Dios en Cristo obrando en nosotras. Él advierte que no será indulgente con el pecado no arrepentido, y esto es por amor a sus almas. Así mismo, Dios nos disciplina y nos llama al arrepentimiento porque nos ama, como bien dice el autor de la carta a los hebreos: «Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Él [Dios] nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad. Al presente, ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia» (Heb. 12:5-6, 10b-11).
En nuestro caminar cristiano, muchas veces sabemos qué es lo que Dios quiere de nosotras, pero nos negamos a rendir nuestro corazón. Sabemos que debemos perdonar, pero retenemos el perdón; o sabemos que debemos pedir perdón, pero lo justificamos o atrasamos porque realmente no ha habido quebrantamiento en el corazón. No dilates tu obediencia cuando eres confrontada, no pospongas hacer lo que Dios ya te ha mostrado; las consecuencias son más dolorosas… corre pronto a arrepentirte, corre a la cruz.
Examínense para ver si están en la fe
Ahora bien, Pablo no solo les advierte y les dice qué hacer como si arrepentirse solo fuese algo externo o de comportamiento. Más bien, les dice cómo proceder en sus corazones: examínense a sí mismos. Lo cierto es que una fe verdadera debe ser examinada, probada y manifestada en una vida transformada por Cristo. Es decir, Cristo debe habitar en nosotras para examinarnos.
Pablo dice que si ellos no reconocen que Cristo está en ellos, entonces Cristo no está en ellos. Así de sencillo. No se trata de pasarse una prueba conductual o externa basada en lo que nosotras creemos de nosotras mismas; se trata de examinar cómo está tu corazón respondiendo al evangelio de Cristo. No es una introspección obsesiva contigo misma ni basada en métodos seculares; el propósito no es saber si te ganas una estrellita en la frente o no, es discernir si Cristo verdaderamente está obrando en ti.
El examen de nuestra vida no es desde la culpa, sino desde la humildad de reconocer que realmente somos débiles ante el pecado y necesitamos de la gracia de Dios para lidiar con él. Aunque el evangelio nos libra de la condenación y de una continua introspección malsana, cuando estamos frías o cuando somos inconstantes o no estamos dando fruto, es importante que nos examinemos.
La evidencia de fe en nosotras no es una vida sin pecado, sino una vida que muestra arrepentimiento, perseverancia, obediencia y dependencia de Cristo en toda situación. Si Pablo ha llamado al arrepentimiento, es porque hay pecado. La evidencia de fe es arrepentirse, despojarse del pecado, renovar la mente en el Señor y caminar como Cristo caminó. No solo se trata de abstenerte de hacer algo, sino de hacer lo contrario de aquello que hacías y reconoces que es pecado contra Dios porque lo dice en Su Palabra. La evidencia de una vida donde el Espíritu Santo está obrando es que ahora ves tu pecado, sabes que lo puedes entregar a Dios por la fe en Cristo y, porque lo amas más que a ti misma, vives según Su Palabra.
Hermana, este es un ejercicio cotidiano. Puedes sentarte por las noches con el Señor, y pregúntate: ¿cómo le he hablado hoy a mi esposo, a mis hijos, a mis padres, a otras hermanas? ¿Amo la mentira aún o amo la verdad? ¿Amo vivir en secreto con mis pecados bajo cualquier excusa en vez de buscar ayuda? ¿Busco identidad en relaciones, en el mundo del cuidado personal, en una fachada de quién soy en redes sociales o en una profesión? Quien está en Cristo, aun en medio de sus luchas e imperfecciones, sabe que puede y desea cambiar porque Cristo le ha dado la suficiente gracia para hacerlo.
La autoridad apostólica busca edificación, no destrucción
La gran preocupación de Pablo es su madurez espiritual. La verdad es que nada madura sin un proceso y nada madura en sí mismo. Incluso las plantas necesitan externamente agua, sol y poda… nosotras también. La fuente de gracia para una vida restaurada es Cristo. ¡Eso es lo que Pablo les ha dicho de principio a fin! Pablo defendió su ministerio y su fe; así como él lo hizo, ellos también lo deben hacer. Su autoridad no es impositiva ni es para demostrar que él tiene la razón. Su autoridad no fue ejercida para aplastar, sino para edificar a sus hermanos que ama.
El ministerio verdadero no se sirve a sí mismo, sino que busca la restauración del pueblo de Dios y, particularmente, que los corintios reconocieran que Pablo y compañía no estaban reprobados por Cristo. Así también quienes sirven a otras, no lo hacen para ellas mismas, sino para avanzar el reino de Dios y, ciertamente, para su propia santificación. Y si los hombres reprueban a Pablo, pero los corintios se vuelven de su pecado, a él no le importa aparecer como reprobado para otros. Eso sí, no admite culpabilidad porque cada quien es responsable de responder al evangelio.
Pablo reitera el propósito de escribirles mientras estaba ausente y ruega a Dios que no hagan nada malo… y he aquí su razón: «porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solo a favor de la verdad». Sobre esto, MacArthur dice: «Pablo no transgredió la verdad del evangelio. Si él los encontraba viviendo conforme a la verdad, no emprendería acción alguna porque eso implicaría que los corintios eran fuertes en su vida espiritual».
En todo, el carácter de Pablo es pastoral y aun como un padre que desea ver que sus hijos caminan en la verdad, como dice 3 Juan 3:4, y en ello él desea regocijarse. A él no le importa él mismo, sino la vida de ellos.
Amiga, ¿es así como ves tu servicio al Señor? ¿Estás llena de Cristo de tal manera que las demás hermanas realmente son más importantes que tú para servirles con celo por sus almas?
Exhortaciones finales para una iglesia restaurada
En los versículos 11 al 13 no encontramos mandatos aislados; esto es fruto que es iniciado y sostenido por el poder de Dios. Este es el fruto esperado de una iglesia que ha recibido la gracia de Dios y está siendo restaurada por Cristo un día a la vez. Lo cierto es que Cristo es el centro de la bendición de ellos y de nosotras todos los días.
Porque ustedes han recibido a Cristo por la fe en sus corazones, entonces:
- regocíjense
- sean perfectos
- confórtense
- sean de un mismo sentir
- vivan en paz
- salúdense los unos a los otros con beso santo.
Estos versículos me recuerdan a Filipenses. Notemos que es lo mismo que Pablo pidió a los de Filipos en los capítulos 2 al 4. Quiere decir que este ruego que Pablo hizo por ellos también es por todos los creyentes. ¿Te imaginas una iglesia que caminara en regocijo sin importar sus circunstancias, que dé fruto de ser perfeccionados, que se confortan, que caminan en un mismo sentir de unidad, que viven en paz porque resuelven sus conflictos y ven al otro como más importante, que se saludan con afecto visible y que se consideran unidos por la fe con todo el resto de las iglesias en todo el mundo?
Pues no lo imaginemos, empecemos nosotras. No empecemos por el comportamiento; empecemos examinando nuestros corazones, rindiéndonos a Cristo, reconociendo nuestra debilidad para ser fuertes en Él. Ciertamente, esta es la voluntad de Dios para Su iglesia.
Un cierre trinitario lleno de gracia
Pablo termina con una bendición tan hermosa y teológica: «La gracia del Señor Jesucristo [el Hijo], el amor de Dios [el Padre] y la comunión del Espíritu Santo [el Consolador] sean con todos ustedes». ¡Nuestro Dios trino!
Todas las bendiciones espirituales que recibes vienen por el amor de Dios Padre, quien planeó la salvación antes de la fundación del mundo, que vienen a través de la gracia de Jesucristo el Mediador, quien murió para comprar la redención y resucitó para aplicarla a Su pueblo. Y todas las bendiciones son compartidas dentro de la iglesia para la santificación individual y congregacional a través del Espíritu Santo.
Nuestra vida cristiana continúa y termina sostenida por nuestro Dios trino. Realmente es un descanso recordar esta verdad: que es por la gracia de Cristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu que podemos dar fruto, que podemos ser transformadas y que podemos convivir con otros hermanos para crecer juntos en el evangelio.
Pablo empezó su carta recordándoles la gracia y la paz que recibimos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y así también termina su carta porque así mismo es nuestra vida. Todo inicia con Dios y termina con Dios. El problema con el que lidiamos es reconocer que aún pecamos y que aun siendo salvas podemos ser engañadas para vivir una falsa piedad que nada tiene que ver con el evangelio. Ambas realidades son verdades que necesitan ser lidiadas con la gracia que provee Cristo, y solamente Cristo.
Querida hermana, al terminar esta carta, no te quedes solo con el mensaje de ¿y ahora qué hago para cambiar mi conducta? Más bien, quédate con el llamado amoroso que te hago de meditar en cómo vives para Cristo y cómo lo haces en tu iglesia local. Medita si has vivido en la gracia de Cristo o en tus obras, y discierne si lo que has escuchado es el verdadero evangelio o uno que te aleja de la simplicidad y profundidad del evangelio de Cristo. La gracia y el amor de Dios es el motivo por el cual no solo puedes arrepentirte cada día y ser transformada, sino que también es el llamado para hacerlo y acompañar a otras mujeres que lo necesitan.
Para meditar:
- ¿Es la obra de Cristo suficiente para tu santificación?
- ¿Cómo respondes a la disciplina del Señor?
- Así como estás interesada en ayudar a otras cuando pecan, ¿examinas tu propio corazón?
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