¡Llegamos a la carta a los Gálatas! Muchos consideran que esta es una de las cartas más intensas y enérgicas del apóstol Pablo. Y no es para menos; aquí no está defendiendo un asunto secundario, sino el corazón mismo del evangelio. A lo largo de esta carta veremos temas fundamentales como la gracia, la justificación, la fe y la libertad que tenemos en Cristo.
La región de Galacia, según nos dice el versículo 2, parecía tener varias iglesias. Históricamente, trescientos años antes de Cristo, grupos galos y celtas llegaron a regiones cercanas a Grecia, y con el tiempo, Roma llamó a esta zona «la provincia de Galacia». Por eso el término puede referirse tanto al origen étnico de sus habitantes como al nombre de la provincia misma.
Probablemente, Pablo escribió esta carta a los creyentes convertidos durante los acontecimientos narrados en Hechos 13 y 14. Muchos de ellos …
¡Llegamos a la carta a los Gálatas! Muchos consideran que esta es una de las cartas más intensas y enérgicas del apóstol Pablo. Y no es para menos; aquí no está defendiendo un asunto secundario, sino el corazón mismo del evangelio. A lo largo de esta carta veremos temas fundamentales como la gracia, la justificación, la fe y la libertad que tenemos en Cristo.
La región de Galacia, según nos dice el versículo 2, parecía tener varias iglesias. Históricamente, trescientos años antes de Cristo, grupos galos y celtas llegaron a regiones cercanas a Grecia, y con el tiempo, Roma llamó a esta zona «la provincia de Galacia». Por eso el término puede referirse tanto al origen étnico de sus habitantes como al nombre de la provincia misma.
Probablemente, Pablo escribió esta carta a los creyentes convertidos durante los acontecimientos narrados en Hechos 13 y 14. Muchos de ellos eran gentiles, personas ajenas a las costumbres judías y a la ley mosaica. Esto nos ayuda a entender el conflicto que comenzaba a crecer dentro de la iglesia; algunos creyentes de origen judío insistían en que los nuevos conversos gentiles debían circuncidarse y obedecer las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento para ser verdaderos cristianos.
Ese fue precisamente el tema tratado en Hechos 15, en el concilio de Jerusalén. La pregunta era: ¿La salvación en Cristo es suficiente o es necesario añadir obras, reglas y rituales para ser aceptados por Dios?
Sin embargo, el asunto ya había sido aclarado por Dios mismo. En Hechos 10:16-28 vemos cómo el Señor mostró que los gentiles también eran recibidos por gracia. Aun así, los llamados judaizantes seguían insistiendo en imponer la ley mosaica a todos los creyentes.
Y aquí encontramos el gran problema: seguir reglas no es el evangelio. El evangelio es una Persona: Jesucristo, quien vivió la vida perfecta que nunca podríamos vivir y murió en nuestro lugar para reconciliarnos con Dios. Todo lo que pretenda añadir algo a Su obra termina distorsionando las buenas noticias.
Pablo escribe esta carta con urgencia porque lo que estaba ocurriendo no era una pequeña diferencia doctrinal; estaban abandonando el verdadero evangelio. Por eso escribe: «Me maravillo de que tan pronto ustedes hayan abandonado a Aquel que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente» (Gal. 1:6).
Observa que Pablo no dice simplemente que estaban confundidos doctrinalmente; dice que estaban abandonando a Aquel que los llamó por la gracia de Cristo. No era solamente un cambio de ideas; era alejarse del Dios que los había salvado por pura gracia. Porque cuando añadimos requisitos humanos a la obra de Cristo, dejamos de descansar en la gracia y comenzamos a confiar en nuestros propios méritos.
Y desde los primeros versículos, Pablo dirige nuestra mirada hacia el centro del evangelio:
«Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo, que Él mismo se dio por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén». —Gálatas 1:3-5
Qué hermoso recordatorio. El evangelio no es principalmente una lista de reglas ni un sistema religioso. El evangelio es Cristo entregándose por pecadores para rescatarlos. Jesús no vino a complementar nuestros esfuerzos; vino a hacer lo que jamás podríamos lograr por nosotras mismas. Él pagó completamente nuestra deuda en la cruz y Su obra fue suficiente y perfecta.
Ese es el peligro de «otro evangelio»: no necesariamente niega a Cristo por completo, pero sí intenta añadir algo más a Su obra. Y cualquier cosa que añadamos (reglas, desempeño espiritual, reputación, servicio, disciplina externa o comparación con otras personas) termina robándole gloria a Cristo y poniendo nuestra confianza en nosotras mismas. Cuando Cristo deja de ser suficiente para nuestra aceptación delante de Dios, ya no estamos creyendo el evangelio bíblico.
Y si somos honestas, nosotras no somos tan diferentes a los gálatas. También podemos ser fácilmente desviadas. Podemos comenzar descansando en la gracia y terminar confiando en nuestro desempeño espiritual. Podemos olvidar que la aceptación delante de Dios no depende de cuánto hacemos, sino de lo que Cristo ya hizo.
Por eso necesitamos vivir constantemente en la Palabra de Dios y recordarnos diariamente el evangelio. Nuestro corazón tiende a apartarse de Cristo con mucha facilidad. Qué necesario es volver una y otra vez a la verdad de que somos salvadas únicamente por gracia.
Pablo también habla de algo muy relevante en el versículo 10: «Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo».
Pablo entendía que seguir a Cristo no es buscar popularidad, aprobación o reconocimiento. Su interés no era construir una plataforma personal, sino ser fiel al Señor que lo llamó. Qué contraste con mucho de lo que vemos hoy, incluso dentro del cristianismo. Es triste cuando el deseo de ser vistas, admiradas o aplaudidas ocupa el lugar que solo Cristo debe tener.
Pablo deja claro que toda su vida cambió no para exaltarse a sí mismo, sino para proclamar a Cristo. Y ese debe ser también nuestro deseo, que Dios sea visto y no nosotras; que nuestras vidas reflejen Su gloria y no la nuestra.
Incluso la autoridad de Pablo estaba conectada con este mensaje. Él aclara que no recibió su apostolado de hombres ni por medio de hombres, sino de Jesucristo mismo. ¿Por qué es importante? ¿Por qué era tan importante que Pablo defendiera su apostolado? Porque si Cristo mismo lo había llamado y enviado, entonces el evangelio que anunciaba no provenía de opiniones humanas ni podía modificarse para agradar a las personas. Rechazar el mensaje de Pablo era rechazar la autoridad de Aquel que lo había enviado.
Gálatas 1 nos confronta con una pregunta importante: ¿estamos descansando verdaderamente en Cristo, o estamos intentando completar con nuestros esfuerzos lo que Él ya consumó?
Gálatas 1 nos recuerda que el evangelio nunca necesita ser mejorado. Cristo ya hizo todo lo necesario para nuestra salvación cuando se entregó por nuestros pecados. Nuestra tarea no es completar Su obra, sino descansar en ella por la fe. Que el Señor nos guarde de confiar en nuestros méritos y nos conceda vivir proclamando únicamente la suficiencia de Cristo, para que toda la gloria sea siempre para Él.
Para meditar:
- ¿En qué cosas estoy confiando además de Cristo para sentirme aceptada delante de Dios?
- ¿Estoy descansando en la gracia o viviendo bajo el peso del desempeño?
- ¿Hay voces que están distorsionando el evangelio en mi vida?
- Pídele al Señor que revele cualquier área donde has dejado de descansar en la suficiencia de Cristo y que renueve tu asombro por el evangelio de la gracia.
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