Seguimos con los salmos que son parte del Hallel Pascual, cantado en el contexto de la Pascua, cuando Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto. Con estas palabras, el salmista recuerda una aflicción cercana a la muerte y celebra que Dios escuchó su voz. Por esta razón, escribe unas palabras tan profundas; una respuesta de amor, gratitud y adoración de alguien que fue librado por Dios.
El salmista comienza diciendo: «Amo al Señor, porque oye mi voz y mis súplicas». Él se encontró en circunstancias de temor, dificultades y dolor; tuvo acechanzas de muerte también, pero clamó a quien podía librarlo; invocó el nombre del Señor rogando salvación. Y el Señor le respondió. Por eso, el salmista ama a Dios, pero no lo hace de forma abstracta, sino porque ha experimentado Su misericordia. Él ama a su Dios que se había revelado a él de manera maravillosa. …
Seguimos con los salmos que son parte del Hallel Pascual, cantado en el contexto de la Pascua, cuando Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto. Con estas palabras, el salmista recuerda una aflicción cercana a la muerte y celebra que Dios escuchó su voz. Por esta razón, escribe unas palabras tan profundas; una respuesta de amor, gratitud y adoración de alguien que fue librado por Dios.
El salmista comienza diciendo: «Amo al Señor, porque oye mi voz y mis súplicas». Él se encontró en circunstancias de temor, dificultades y dolor; tuvo acechanzas de muerte también, pero clamó a quien podía librarlo; invocó el nombre del Señor rogando salvación. Y el Señor le respondió. Por eso, el salmista ama a Dios, pero no lo hace de forma abstracta, sino porque ha experimentado Su misericordia. Él ama a su Dios que se había revelado a él de manera maravillosa. En el Señor encontró misericordia y justicia; recibió compasión, pues fue socorrido en su humillación. Todo esto venía de Su gran bondad.
Ese, mi hermana, es nuestro lugar de refugio: el carácter de Dios. Cuando nuestra alma está inquieta, necesitamos hablarle como el salmista: «Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el Señor te ha colmado de bienes».
Uno de los testimonios más grandes del salmista es que Dios le había librado de la muerte, de las lágrimas y de la caída. No había manera en la que en su corazón no pudiera presentarse delante del Señor para caminar en obediencia; había visto Su mano liberadora, entonces Él respondía en amor.
Estoy segura que tú y yo podemos voltear atrás en nuestro caminar y recordar las incontables ocasiones en las que el Señor nos ha librado con mano poderosa, muchas veces no como nosotras hubiéramos esperado o deseado, pero sí conforme a la perfecta voluntad del Señor, que es buena y agradable. Ese mismo testimonio que el salmista tenía, y el que tú y yo tenemos de ser colmadas de bienes, nos recuerda una y otra vez que es Dios quien sostiene, rescata y preserva a los Suyos conforme a Su voluntad.
¿Qué daremos a cambio al Señor si no hay nada que pueda volver Su favor hacia nosotras sino Su pura misericordia? No podemos pagarle a Dios; Su gracia no se compra. Pero sí podemos vivir en obediencia, alabanza, gratitud y adoración. Meditando en esto, recordé lo que dice Miqueas 6:8: «Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con tu Dios?».
Mi hermana, ¿tu vida es un testimonio de la gracia de Dios derramada en ti? ¿Te has dado cuenta, como dice el salmista, que el buen Dios cuida de Sus hijos y los libra? Aun pasar por el valle de sombra y de muerte no pasa desapercibido delante de Sus ojos, porque tanto la vida como la muerte son valiosas para Él.
Cristo mismo entró en la angustia más profunda, bebió la copa del juicio y venció la muerte para que nosotras pudiéramos tomar la copa de salvación. Y eso agradó al Padre. Por eso podemos vivir en gran consolación y esperanza, porque en Cristo, a Dios le ha placido escuchar nuestro clamor más profundo y librarnos de la muerte eterna.
Por eso, podemos rendirnos en servicio al Señor; somos siervas de Él por amor. Por la libertad que ha sido ganada para nosotras, para nuestra redención y salvación eterna, por la liberación de nuestros enemigos, por la derrota del dominio del pecado en nosotras, hoy podemos ser ese sacrificio vivo, santo y agradable a nuestro Libertador.
Hermana, ¡alábale! Da testimonio a tu alrededor de quién es tu Dios; en dondequiera que te encuentres, el nombre de tu Señor es digno de ser reverenciado y honrado. ¡Que todos conozcan quién es nuestro Salvador! Porque cuando vivimos en asombro por la gracia recibida en privado, entonces inevitablemente nuestra vida se convierte en adoración pública.
Puesto que el Señor escucha tu clamor y ha rescatado tu vida, ¿respondes amándole, invocándole y viviendo delante de Él con gratitud?
Para meditar:
- ¿Por qué no tomas un tiempo hoy para recordar y agradecer a Dios por todas esas ocasiones en las que Él ha sido fiel a tu vida?
- ¿Respondes a la gracia de Dios con una vida de obediencia?
- ¿Das testimonio de lo que Dios ha hecho en tu vida y vives en adoración al recordar la obra de Cristo?
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación