El camino del evangelio: humillación seguida de exaltación
Nuestro capítulo de hoy comienza con una palabra de transición: «Por tanto». Con ella, Pablo señala que lo que está por decir es el resultado lógico de lo que ha venido desarrollando hasta este punto de la carta.
Pero antes de darles este «resultado lógico», él escribe: «si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión». Estas cosas, mi hermana, son realidades que caracterizan a todo aquel que ha creído en Cristo: haber recibido Su estímulo, Su consuelo, la comunión del Espíritu y Su compasión.
Pablo está construyendo su argumento y dice: «Si tienen todas estas cosas», que se supone que debemos tener si estamos en Cristo, entonces… «Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a …
El camino del evangelio: humillación seguida de exaltación
Nuestro capítulo de hoy comienza con una palabra de transición: «Por tanto». Con ella, Pablo señala que lo que está por decir es el resultado lógico de lo que ha venido desarrollando hasta este punto de la carta.
Pero antes de darles este «resultado lógico», él escribe: «si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión». Estas cosas, mi hermana, son realidades que caracterizan a todo aquel que ha creído en Cristo: haber recibido Su estímulo, Su consuelo, la comunión del Espíritu y Su compasión.
Pablo está construyendo su argumento y dice: «Si tienen todas estas cosas», que se supone que debemos tener si estamos en Cristo, entonces… «Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito».
El «resultado lógico» que mencionaba hace un momento se hace evidente al Pablo usar la palabra «mismo» 3 veces en un solo versículo: el mismo sentir, el mismo amor y un mismo propósito.
Estos dos versículos iniciales me recuerdan Hechos 4:32
«La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común».
Como creyentes, somos llamados a ser de un mismo espíritu como aquellos creyentes en el libro de Hechos. Y la unidad no nace al esforzarnos por llevarnos bien, sino porque compartimos la misma vida en Cristo. Pablo no comenzó con un mandato, sino recordándonos todo lo que ya hemos recibido en Cristo; por lo tanto, la unidad cristiana no se produce por afinidad de personalidad, sino porque compartimos el mismo Salvador y el mismo Espíritu.
Sin embargo, aún tenemos nuestra humanidad caída, y seguimos pecando y buscando nuestro bien personal antes que el del prójimo; ese «mismo sentir» es lo último en lo que pensamos. Es aquí cuando vemos el mejor ejemplo que Pablo nos puede dar, a Jesús mismo, quien no solo vino a mostrarnos cómo vivir, sino que vino a hacer por nosotros lo que jamás habríamos podido hacer. Solo porque ahora pertenecemos a Él podemos crecer en esa misma actitud de humildad. Mira cómo lo dice Pablo:
«Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». –Filipenses 2:5-11
- Cristo se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo. Y es bueno mencionar que cuando leemos en este pasaje la palabra «despojó», no se refiere a que dejó de ser Dios ni renunció a Sus atributos divinos. Él se despojó tomando forma de siervo: añadió a Su naturaleza divina una verdadera naturaleza humana y se sometió a la humillación necesaria para llevar a cabo nuestra redención.
- Cristo descendió voluntariamente. No fue obligado a hacerlo, ni se le impuso tomar forma de hombre y habitar entre nosotros; Él lo hizo voluntariamente.
- Fue obediente hasta la muerte. Su sumisión al Padre hasta el final es incomparable. Él, siendo el Hijo de Dios, fue obediente a la voluntad de Su Padre no solo hasta Su muerte, sino muerte de cruz, una de las formas de ejecución más crueles en la historia.
- ¡El Padre lo exaltó, hasta lo sumo, sobre todo nombre! Su obediencia incondicional a la voluntad del Padre trajo como consecuencia Su exaltación. No hay nadie más por encima de Cristo; Él lo es todo en todo.
Pablo no solamente presenta un ejemplo moral de humildad, sino el camino del evangelio: humillación seguida de exaltación.
Hermana, Cristo se hizo siervo y vivió la vida perfecta que nosotros no podíamos. Ahora, Él nos ha dado Su vida. Colosenses 3:4 dice que Él es «nuestra vida». ¡Ya no vivimos nosotras! Por la vida de Cristo en nosotras, podemos estar en un mismo sentir.
Ocúpate de tu salvación con temor y temblor
Estos versículos nos muestran cómo hay un equilibrio precioso entre la responsabilidad humana y la obra soberana de Dios. Pablo hace el llamado a cuidar la salvación con temor y temblor porque es Dios quien produce el querer como el hacer, por Su buena voluntad.
¿Y con qué actitud lo deben hacer? Deben hacerlo con reverencia y una conciencia seria de que están delante de Dios mientras descansan en que Él mismo produce en ellos tanto el querer como el hacer para cumplir Su buena voluntad. La obediencia cristiana, amada, no depende únicamente de nuestro esfuerzo. Dios mismo produce en Sus hijos tanto el querer como el hacer.
También conviene destacar que «ocúpense» está en plural. El llamado continúa dentro del tema comunitario del capítulo: toda la iglesia debe vivir las implicaciones del evangelio en unidad y obediencia.
¿Eres luminar para otros?
Después de exhortarlos a cuidar su salvación con temor y temblor, Pablo los llama a hacer todas las cosas «sin murmuración ni discusión». La murmuración se define como una queja o descontento persistente, el cual se expresa generalmente en voz baja o compartiéndolo con otros.
La exhortación sugiere que la queja, la discusión y los intereses personales podían amenazar la unidad de la congregación. Parece que esto era un punto débil de los hermanos en Filipos y por ello Pablo los llamaba tanto a vivir en unidad y armonía; incluso más adelante, Pablo exhortaría particularmente a Evodia y Síntique a vivir en armonía en el Señor. Sus palabras también recuerdan las murmuraciones de Israel en el desierto, en contraste con el pueblo irreprochable que Dios llama a brillar en medio de una generación torcida y perversa.
El aliento a vivir sin murmuración ni discusión es igualmente necesario para nosotras hoy. ¿Estás murmurando en tu corazón últimamente? Es fácil caer en la queja y el descontento, es fácil vivir pensando solo en nosotras mismas y no en quienes Dios ha puesto a nuestro alrededor. El primer instinto no es tener «el mismo sentir que Jesús». Al ensimismarnos, dejamos de reflejar la luz que Jesús nos dio al entregarnos salvación. El Señor nos ayude a vivir tan plenas en Él que podamos mostrar a otros Su salvación, que Él brille tanto en nosotras que otros lo vean.
Timoteo y Epafrodito como ejemplo
El capítulo cierra con el ejemplo de Timoteo y Epafrodito, quienes no vivían para sí mismos; eran ejemplos vivos de lo que Pablo acaba de enseñar. Pablo nos presenta a dos personas que tenían esa misma actitud de la que les ha estado hablando. Timoteo se interesaba por los filipenses y Epafrodito estuvo a punto de perder su vida por servir a Pablo; ellos fueron hombres que sirvieron sin buscar su propio interés.
Para meditar:
- ¿En qué relación o situación estás procurando tus propios intereses antes que el bien de los demás?
- ¿Cómo se ve de manera práctica ocuparte en tu salvación con temor y temblor, confiando al mismo tiempo en que Dios produce en ti tanto el querer como el hacer?
- ¿Qué verdad de la Palabra necesitas recordar para responder sin murmuración a la circunstancia que hoy te produce descontento?
- ¿Qué aspecto del servicio de Pablo, Timoteo o Epafrodito te anima a reflejar con mayor claridad la actitud de Cristo?
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