Se ha dicho de los cristianos que muchos (si no es que todos) padecemos de amnesia espiritual, y parece que Pablo lo sabía, pues vemos que el capítulo 3 abre diciendo: «…regocíjense en el Señor. A mí no me es molesto escribirles otra vez lo mismo, y para ustedes es motivo de seguridad». Lo que Pablo les escribió, el llamado a la unidad y el que se regocijaran en el Señor, era algo que ya les había dicho anteriormente, y no le era molesto repetirlo; lo hacía por el bien de ellos.
¿Qué verdad de la Palabra de Dios debes recordarle a tu alma? Quizá tu plenitud en Él, tu seguridad de salvación, la realidad de que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, la verdad de que aquellos que son de Cristo nadie los puede arrebatar de Su mano. ¿En cuál verdad necesitas meditar hoy?
…Se ha dicho de los cristianos que muchos (si no es que todos) padecemos de amnesia espiritual, y parece que Pablo lo sabía, pues vemos que el capítulo 3 abre diciendo: «…regocíjense en el Señor. A mí no me es molesto escribirles otra vez lo mismo, y para ustedes es motivo de seguridad». Lo que Pablo les escribió, el llamado a la unidad y el que se regocijaran en el Señor, era algo que ya les había dicho anteriormente, y no le era molesto repetirlo; lo hacía por el bien de ellos.
¿Qué verdad de la Palabra de Dios debes recordarle a tu alma? Quizá tu plenitud en Él, tu seguridad de salvación, la realidad de que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, la verdad de que aquellos que son de Cristo nadie los puede arrebatar de Su mano. ¿En cuál verdad necesitas meditar hoy?
La falsa confianza en la carne
Después de este primer versículo, Pablo presenta sus credenciales, y aunque tenía mucho de qué jactarse en la carne, no lo hace para hablar de sí mismo; lo hace porque está advirtiendo contra los judaizantes, quienes no eran personas que simplemente valoraban la circuncisión, sino maestros que pretendían añadir requisitos de la ley como fundamento de aceptación delante de Dios.
Les muestra que si se tratara de jactarse de las obras de la carne, él tenía esto como respaldo:
- … circuncidado a los ocho días de nacer
- … del linaje de Israel
- … de la tribu de Benjamín
- … hebreo de hebreos
- … en cuanto a la ley, fariseo
- … en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia
- … en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible.
Y él cierra su presentación diciendo: «Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo». ¡Guau! Él había entendido que este impecable currículum no valía nada. Pablo entendió que todas aquellas ventajas religiosas, familiares y morales en las que antes depositaba su confianza no podían justificarlo delante de Dios. Las consideró pérdida frente al valor incomparable de ganar a Cristo.
¿Qué atesoras en tu corazón? ¿Cuáles son tus credenciales? ¿Tu exitosa carrera, tu ejemplar familia, tus hijos que han tomado buenas decisiones (y, por lo tanto, les va bien), posesiones, valores morales? Cualquier cosa pudiera volverse nuestra credencial, nuestra carta de presentación, pero, amada, todas estas cosas perecen. No hay nada en este mundo que se compare al «valor de conocer a Cristo Jesús».
La justicia de Cristo
En los versículos 8 al 11 encontramos el corazón doctrinal del capítulo 3. Pablo no solo se queda en: «todo es basura, lo estimo todo como pérdida», sino que nos da la razón; él dice:
«Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe».
Pablo sabía que nada de lo que él había hecho en sus fuerzas lo hacía justo delante de Dios; su justicia se encontraba en su fe en Cristo y nada más; todo lo demás era basura, él quería ser hallado en Cristo.
Y aunque, como vimos en el capítulo de ayer, Dios obra el querer como el hacer, no son nuestras obras, ni nuestras credenciales las que nos salvan, sino la fe en Cristo y la justicia que procede de Dios. ¡Qué esperanza para nosotras hoy! No te agobies tratando de encontrar aceptación en Dios; Él ya te ha dado todo en Cristo, corre a Él.
El versículo 10 continúa diciendo: «… y conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte». No solo deseaba ser hallado en Él, sino conocer Su persona, el poder de Su resurrección, la comunión de Sus padecimientos y ser conformado a Su muerte.
Sigue avanzando hasta alcanzar a Cristo
Estos versículos son probablemente los más conocidos de esta carta:
«No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».
El apóstol que tenía las credenciales para jactarse de su reputación dijo: «No es que ya lo haya alcanzado… yo mismo no considero haberlo alcanzado… prosigo hacia la meta». Mientras estemos en esta carrera de la vida, seguimos corriendo, seguimos adelante, olvidándonos del pasado; si hemos rendido nuestra vida al señorío de Cristo, ya no hay por qué volver a pecados del pasado; olvidamos aquello que Cristo ha perdonado y proseguimos hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento. Pablo nos muestra que la vida cristiana no consiste en vivir del pasado, sino en seguir avanzando hacia Cristo.
Nuestra ciudadanía está en los cielos
Pablo cierra el capítulo con advertencias y exhortaciones. En este caso, la advertencia era cuidarse de aquellos que eran «enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales». Me llamó mucho la atención el dios de estos enemigos de la cruz: su apetito.
Matthew Henry en su comentario de este pasaje dice:
«¡Qué ídolo tan miserable es este! Es una vergüenza para cualquiera, pero especialmente para los cristianos, sacrificar el favor de Dios, la paz de la conciencia y la felicidad eterna por satisfacerlo.
Los glotones y los borrachos hacen de su vientre un dios; toda su preocupación consiste en complacerlo y proveer para él. La misma devoción que las personas piadosas rinden a Dios, los amantes de los placeres la rinden a sus propios apetitos. De ellos dice Pablo: “Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos”. (Ro. 16:18)».
¿Eres de las que disfruta y saborea la comida? Yo sí, y aunque este pasaje no hace referencia a los cristianos, igualmente nos confronta. ¿Has hecho de tus apetitos de la carne un dios? Hoy puedes rendir esta área de tu vida a Cristo. Y de hecho la conclusión de nuestro pasaje hoy trae mucha esperanza para nosotras como hijas de Dios:
«… nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de Su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a Él mismo».
Hay algo mucho más grande que puedes desear que la comida o cualquier cosa que te esté trayendo placer temporal; hay algo incomparablemente mejor que puedes añorar y perseguir, esto es tu ciudadanía celestial junto a tu amado Salvador, quien transformará todo de ti y transformará tu estado de humillación en conformidad al cuerpo de Su gloria. ¿No es hermoso? No habrá más competencia en nuestra carne, y lo mejor es que lo tendremos a Él por siempre.
Para meditar:
- ¿Qué «credencial personal» el Señor te está llamando a rendir para que te jactes solamente de Él?
- Podemos expresar el deseo de ser halladas en Cristo como lo hizo Pablo, es algo que se escucha muy bonito, pero ¿realmente estamos siendo intencionales en buscar «conocerlo a Él»? Te invito a pensar en esto.
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