Hoy estamos en Colosenses, capítulo 2. En este pasaje, Pablo confronta directamente las falsas enseñanzas que amenazaban a la iglesia de Colosas.
Dentro de estas enseñanzas se encontraban aquellos que practicaban la filosofía humana, es decir, cualquier sistema de pensamiento que sustituya la verdad revelada por Dios. Estaban también los judaizantes, quienes insistían en que los creyentes debían observar ciertas prácticas de la ley para alcanzar mayor espiritualidad. También estaban aquellos que rendían culto a los ángeles. Así como los ascetistas, que promovían que, al castigar el cuerpo, se llegaba a la purificación del espíritu. Todas estas falsas enseñanzas terminaban atacando la suficiencia de Cristo para la salvación y la vida cristiana.
El corazón pastoral de Pablo
Por el primer versículo de este capítulo, podemos deducir que Pablo no conocía a la mayoría de los de la iglesia en Colosas; sin embargo, su amor por ellos y …
Hoy estamos en Colosenses, capítulo 2. En este pasaje, Pablo confronta directamente las falsas enseñanzas que amenazaban a la iglesia de Colosas.
Dentro de estas enseñanzas se encontraban aquellos que practicaban la filosofía humana, es decir, cualquier sistema de pensamiento que sustituya la verdad revelada por Dios. Estaban también los judaizantes, quienes insistían en que los creyentes debían observar ciertas prácticas de la ley para alcanzar mayor espiritualidad. También estaban aquellos que rendían culto a los ángeles. Así como los ascetistas, que promovían que, al castigar el cuerpo, se llegaba a la purificación del espíritu. Todas estas falsas enseñanzas terminaban atacando la suficiencia de Cristo para la salvación y la vida cristiana.
El corazón pastoral de Pablo
Por el primer versículo de este capítulo, podemos deducir que Pablo no conocía a la mayoría de los de la iglesia en Colosas; sin embargo, su amor por ellos y por los de Laodicea era profundo.
Él deseaba que sus corazones fueran alentados y que, al permanecer unidos en amor, alcanzaran todas las riquezas que vienen de una plena seguridad de comprender quién es Dios; y como resultado, obtuvieran el verdadero conocimiento del misterio de Cristo. ¿Recuerdas cuál era ese misterio? «Cristo en ustedes, la esperanza de gloria».
Procede a decirles: «Nadie los engañe con razonamientos persuasivos». Los alertaba contra las palabras de otros que pudieran hacerlos llegar a creer que algo falso era verdad. Ya les había recordado la maravillosa obra de Cristo a su favor anteriormente, y ahora, aunque no podía estar físicamente con ellos para decirles todas estas cosas, a la distancia él se regocijaba al ver su buena disciplina y la estabilidad de su fe en Cristo.
Tal como a los colosenses, a nosotras nos es bueno recordar que la verdadera madurez cristiana no consiste en descubrir conocimientos secretos, sino en conocer cada vez más a Cristo, en quien están escondidos «todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento».
Permanezcan firmes en Cristo
Así como comenzaron la vida cristiana confiando únicamente en Cristo, también debían continuar cada día dependiendo de Él. Estando «…firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en su fe, tal como fueron instruidos, rebosando de gratitud».
Pablo utilizó las imágenes de un árbol no solo arraigado, sino bien arraigado, y la imagen de un edificio firme para mostrar que la estabilidad espiritual proviene de permanecer unidos a Cristo. Y esto debía hacerse rebosando de gratitud.
La vida cristiana, hermana, no comienza por gracia para luego sostenerse por esfuerzo humano; toda la vida del creyente depende solamente de Cristo: «…en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch. 17:28). Y esta vida que Él nos da, debe vivirse no con resignación de que al final el Señor hace lo que quiere, sino rebosando de gozo porque Él hace lo que quiere.
Cristo es suficiente
Los versículos 8 al 15 son el corazón de este pasaje. Pablo nuevamente ataca falsas enseñanzas, en este caso las de los judaizantes, quienes insisten en que los gentiles que venían a Cristo debían cumplir con una lista de requisitos para ser parte del pueblo escogido. Entre estos requisitos se encontraba la circuncisión.
Ante ello, Pablo les recuerda que en Cristo habita toda la plenitud de la Deidad, toda la plenitud de Dios, y en Él están completos. No necesitan Cristo + circuncisión, ni Cristo + una serie de ritos que siguen tradiciones. Gracias a la vida, muerte y resurrección de Cristo, la deuda fue cancelada y los poderes espirituales fueron derrotados. No existe nada que pueda añadirse a la obra perfecta de Cristo.
Creo que el versículo 13 es clave para nosotras afirmar también esto en nuestros corazones, porque nos recuerda que antes de Cristo estábamos muertas en nuestros delitos. ¿Qué puede hacer un muerto por sí mismo? ¡Absolutamente nada! Esa era nuestra condición, sin esperanza alguna; y estando en esa condición, Dios nos ha dado vida con Cristo, perdonando todos nuestros delitos, quitando la deuda que teníamos delante de Dios y despojando a los poderes y autoridades, triunfando sobre ellos. ¡Qué buena noticia!
No vuelvan al legalismo ni al misticismo
En base a todo lo anteriormente dicho, habiéndoles recordado nuevamente el evangelio que los ha salvado, Pablo les dice: «…que nadie se constituya en juez de ustedes con respecto a comida o bebida, o en cuanto a día de fiesta, o luna nueva, o día de reposo». Todas estas cosas eran sombras que apuntaban a Cristo; ahora que Él ha venido, la realidad está en Él.
Las reglas externas podían parecer espirituales y producir una apariencia de sabiduría o devoción, pero al final no tenían ni tienen poder para transformar el corazón. Ellos debían ser recordados de esto y nosotras también. La santidad no nace de seguir reglas humanas, sino de permanecer unidas a Cristo.
Para meditar:
- ¿En qué áreas de tu vida estás buscando seguridad, aceptación o crecimiento espiritual en algo además de Cristo?
- ¿Qué significa para ti vivir cada día arraigada y edificada en Cristo, descansando únicamente en Su obra perfecta?
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