En los capítulos 1 y 2 del libro de Colosenses, Pablo se ha dedicado a enseñarles y recordarles a sus lectores que Cristo es suficiente; ahora, en los capítulos 3 y 4, les va a mostrar cómo esa verdad transforma su vida diaria. Porque el creyente que ha muerto y resucitado con Cristo está llamado a vivir conforme a su nueva identidad, dejando atrás el viejo hombre y revistiéndose del carácter de Cristo. La verdadera santidad nace de una vida centrada en Él y se refleja en nuestras relaciones.
Busquen las cosas de arriba
Este capítulo comienza con un llamado de Pablo a la iglesia de Colosas a vivir a la luz de su unión con Cristo. Por las palabras que usa, me suena como si les dijera: «Si es verdad que ustedes estaban muertos en sus delitos y pecados y ahora han resucitado con Cristo, “busquen las …
En los capítulos 1 y 2 del libro de Colosenses, Pablo se ha dedicado a enseñarles y recordarles a sus lectores que Cristo es suficiente; ahora, en los capítulos 3 y 4, les va a mostrar cómo esa verdad transforma su vida diaria. Porque el creyente que ha muerto y resucitado con Cristo está llamado a vivir conforme a su nueva identidad, dejando atrás el viejo hombre y revistiéndose del carácter de Cristo. La verdadera santidad nace de una vida centrada en Él y se refleja en nuestras relaciones.
Busquen las cosas de arriba
Este capítulo comienza con un llamado de Pablo a la iglesia de Colosas a vivir a la luz de su unión con Cristo. Por las palabras que usa, me suena como si les dijera: «Si es verdad que ustedes estaban muertos en sus delitos y pecados y ahora han resucitado con Cristo, “busquen las cosas de arriba… pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”». ¿La razón? Su viejo «yo» había muerto y ahora su vida está escondida con Cristo en Dios.
¿Has rendido tu vida a Cristo? ¿Has muerto a tu viejo yo para vivir ahora la vida de Cristo en ti? Si hemos resucitado con Él, nuestros afectos, prioridades y perspectiva deben estar puestos donde Cristo está, sentado a la diestra de Dios. La que ahora es nuestra verdadera vida está escondida con Cristo, y nuestra esperanza futura está asegurada en Él. La vida cristiana comienza con una nueva identidad. El comportamiento cambia porque primero ha cambiado quiénes somos en Cristo. Buscar las cosas de arriba no significa desentendernos de nuestras responsabilidades terrenales, sino vivir cada aspecto de nuestra vida desde la perspectiva del reino de Cristo.
Despojándose del viejo hombre
Él continúa en su escrito y sigue usando palabras que hacen referencia a su vida vieja vs. su vida nueva. Y ahora les señala aspectos a los cuales deben considerarse muertos, muertos a la:
- Fornicación
- Impureza
- Pasiones
- Malos deseos
- Avaricia
Y les señala que estas cosas son idolatría. ¿Hay alguna forma en que la avaricia o los deseos desordenados estén compitiendo con Cristo por el primer lugar en tu corazón? Creo que todas entramos en al menos una de estas categorías; el llamado de Pablo para todo aquel que ha resucitado con Cristo es morir a esto. Él continúa y los llama también a desechar:
- Ira
- Enojo
- Malicia
- Insultos
- Lenguaje ofensivo de su boca
- La mentira
Si no encontraste cuál era tu falla en la primera lista, sin lugar a dudas podemos caer en más de una falta de esta segunda lista. Pablo nos llama a hacer morir todo aquello que pertenecía a la vieja naturaleza; estas actitudes ya no corresponden a quienes han sido renovados por Cristo.
MacArthur destaca que «hacer morir» el pecado implica una decisión continua e intencional de rechazar aquello que ofende a Dios. No es pasividad, sino una lucha activa contra el pecado, sostenida por el poder del Espíritu. La santificación, amada, implica abandonar deliberadamente los patrones de la vieja vida porque ya no definen nuestra identidad. ¿Estás intencionalmente haciendo morir estas cosas? ¿Estás buscando la santidad?
Revístanse del nuevo hombre
Habiendo hablado de aquellas cosas que debemos abandonar, Pablo muestra lo que debe caracterizar al creyente. Si eres escogida, si eres santa y amada por quien te ha salvado, entonces el llamado es a revestirse de:
- Compasión
- Bondad
- Humildad
- Mansedumbre
- Paciencia
- Perdón
- Y, sobre todo, amor, el cual une todas estas virtudes en perfecta armonía.
MacArthur señala que estas virtudes no son simplemente cualidades humanas admirables, sino el carácter mismo de Cristo reproduciéndose en Su pueblo.
Aparte de estas características, Pablo señala que la paz de Cristo debe reinar en nuestro corazón; no se trata solo de «sentir paz», como muchos dicen, sino que la paz de Cristo gobierne y, por lo tanto, dirija nuestros corazones como comunidad. De igual manera, la Palabra de Cristo debe habitar abundantemente en cada uno individualmente para que todo el cuerpo de Cristo se beneficie de ello al enseñarnos y amonestarnos los unos a los otros. Y todas estas características se viven dando acción de gracias.
Hermanas, la vida cristiana no consiste solamente en dejar de pecar; Dios también nos llama a vestirnos activamente del carácter de Cristo, y para lograr esto, la Palabra de Dios debe ocupar un lugar central en tu vida. ¿Lo tiene?
Cristo transforma nuestras relaciones
El capítulo de hoy cierra con instrucciones de Pablo que no buscan establecer jerarquías, sino reflejar el carácter de Cristo mismo en todas nuestras relaciones mediante la humildad, el amor, el servicio y la obediencia al Señor.
- «Mujeres, estén sujetas a sus maridos…».
- «Maridos, amen a sus mujeres y no sean ásperos con ellas…».
- «Hijos, sean obedientes a sus padres en todo…».
- «Padres, no exasperen a sus hijos…».
- «Siervos, obedezcan en todo a sus amos…».
Pablo aplica estas características de Cristo (sujeción, amor, obediencia) a las relaciones más cercanas: esposas y esposos, hijos y padres, siervos y amos. La vida transformada por Cristo se hace evidente primero en el hogar, en la manera en que tratamos a quienes nos rodean. Observa que, una y otra vez, Pablo dirige la mirada hacia el Señor. La motivación para obedecer, amar, servir y perdonar no es principalmente la otra persona, sino Cristo mismo.
Y debes saber, mi hermana, que la transformación de esas relaciones que te rodean comienza en el corazón. Cuando tu corazón se alimenta de la Palabra de Dios, entonces se verá reflejado en cada esfera de tu vida. Mientras más contemplemos a Cristo, más Su carácter se formará en nosotros.
La espiritualidad genuina siempre se verá manifestada en las relaciones cotidianas.
Para meditar:
- ¿Mis prioridades reflejan que mi vida está escondida con Cristo?
- ¿Qué actitudes, mi viejo hombre, aún necesita mortificar?
- ¿Qué virtud de Cristo necesito cultivar de manera intencional?
- ¿Está la Palabra de Cristo habitando abundantemente en mi corazón o solo ocupa un lugar ocasional en mi vida?
- ¿Cómo se refleja mi fe dentro de mi hogar y en mis relaciones más cercanas?
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