¡Hoy terminamos la carta a los colosenses! Después de mostrarnos la supremacía de Cristo y la nueva vida que tenemos en Él, Pablo concluye la carta mostrando cómo esa transformación se refleja en la oración, el testimonio y el servicio dentro de la Iglesia.
Sirvan al Señor en todas sus relaciones
Antes de continuar con las exhortaciones sobre la oración, Pablo concluye en el versículo 1 el tema que inició a finales del capítulo anterior, recordando que toda autoridad humana está sometida a la autoridad de Cristo. Los amos deben tratar a sus siervos con justicia y equidad, sabiendo que ellos también tienen un Señor en los cielos.
MacArthur señala que el principio trasciende el contexto de la esclavitud del primer siglo y establece un modelo para toda relación donde exista autoridad: quienes lideran deben hacerlo con justicia, humildad y conscientes de que rendirán cuentas a Cristo. …
¡Hoy terminamos la carta a los colosenses! Después de mostrarnos la supremacía de Cristo y la nueva vida que tenemos en Él, Pablo concluye la carta mostrando cómo esa transformación se refleja en la oración, el testimonio y el servicio dentro de la Iglesia.
Sirvan al Señor en todas sus relaciones
Antes de continuar con las exhortaciones sobre la oración, Pablo concluye en el versículo 1 el tema que inició a finales del capítulo anterior, recordando que toda autoridad humana está sometida a la autoridad de Cristo. Los amos deben tratar a sus siervos con justicia y equidad, sabiendo que ellos también tienen un Señor en los cielos.
MacArthur señala que el principio trasciende el contexto de la esclavitud del primer siglo y establece un modelo para toda relación donde exista autoridad: quienes lideran deben hacerlo con justicia, humildad y conscientes de que rendirán cuentas a Cristo. El evangelio no solo transforma la manera de servir, sino también la manera de ejercer autoridad.
Perseveren en la oración
En los versículos 2 al 4, Pablo exhorta a la iglesia a perseverar en la oración; los llama a velar en ella con acción de gracias. La palabra «velando/velar» tiene la connotación de cuidar, vigilar; y para hacer eso tienes que estar pendiente y cuidadoso de aquello que estás velando. Esa es la actitud que los llama a tener en la oración, los llama a cuidar, a estar pendientes de la oración; y la actitud que deben tener al orar es una de agradecimiento, actitud de acción de gracias.
Pablo después procede a hacerles una petición de oración, y es interesante que, estando preso, no pide que oren por su libertad, sino para que Dios abra puertas para anunciar fielmente el misterio de Cristo. Aun en medio de las dificultades, su prioridad seguía siendo el avance del evangelio. Hermana, hagamos del avance del evangelio un lugar central en nuestras oraciones.
Caminen con sabiduría delante del mundo
Pablo después anima a los creyentes a aprovechar bien cada oportunidad con los que aún no conocen a Cristo, al andar sabiamente en sus relaciones con ellos. Los guía apuntando específicamente a sus palabras, las cuales deben estar llenas de gracia, sazonadas con sal, de manera que sepan cómo responder a cada persona. Esto quiere decir que nuestras palabras sean agradables, sabias y útiles.
No insípidas.
No dañinas.
La sal preserva y da sabor. De la misma manera, nuestras palabras deben comunicar la verdad de una forma que edifique y refleje el carácter de Cristo.
Como hija de Dios, no solo representas a Cristo viviendo correctamente, sino también al responder con sabiduría y gracia a quienes te rodean. Damos testimonio de Cristo no solo con el ejemplo, sino con la manera en la que nos relacionamos verbalmente con otras personas.
Una iglesia que sirve unida
Pablo concluye su carta haciendo mención de varios colaboradores que participaron en la obra del evangelio: Tíquico, Onésimo, Aristarco, Marcos, Justo, Epafras, Lucas, Demas y otros hermanos. Cada uno desempeñó un papel distinto, pero todos servían al mismo Señor.
Entre las personas que Pablo menciona, él destaca la fidelidad, el consuelo, el esfuerzo en oración y el servicio de estos creyentes. Hermanas, la expansión del evangelio nunca fue el trabajo de una sola persona, sino de una comunidad comprometida con Cristo.
¿Estás comprometida con la obra de Cristo en tu iglesia local? Recuerda, somos parte de un cuerpo, nos pertenecemos los unos a los otros y juntos caminamos en el avance del evangelio. No importa si ocupas un rol visible de servicio constante o un rol silencioso en el que puedas pasar desapercibida; lo que es necesario es ser siervas fieles, que cumplamos nuestro trabajo con excelencia en donde sea que Dios nos coloque.
Colosenses termina recordándonos que una vida transformada por Cristo no permanece encerrada en el corazón. Después de mostrarnos quién es Cristo y quiénes somos en Él, Pablo concluye invitándonos a vivir cada aspecto de nuestra vida bajo Su señorío. Cuando Cristo ocupa el primer lugar, nuestras relaciones, nuestras palabras, nuestro servicio y nuestra misión comienzan a reflejar Su gloria.
Para meditar:
- ¿Cómo es tu vida de oración? ¿Estás cuidando de ella, estás velando en oración? ¿Perseveras en ella con gratitud o solo buscas a Dios en momentos de necesidad?
- ¿Estás aprovechando las oportunidades que Dios te da para hablar de Cristo?
- ¿Tus palabras reflejan gracia, sabiduría y el carácter de Jesús?
- ¿Sirves con fidelidad dentro de tu iglesia local, aunque tu labor no sea visible?
- ¿Estás dispuesta a ocupar el lugar que Dios te ha asignado para el avance del evangelio?
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