Hoy iniciamos la carta a los Tesalonicenses. Aunque 1 Tesalonicenses no siempre recibe la misma atención que otras cartas de Pablo, contiene verdades esenciales sobre la fe, la santificación, la perseverancia y la esperanza en el regreso de Cristo.
Esta es una de las cartas más pastorales y personales de Pablo porque la escribe como un padre espiritual que ama profundamente a esta iglesia joven por la que está lleno de gratitud, y le produce ternura y ánimo. Así que estoy segura de que en estos días que leamos esta carta, seremos grandemente edificadas por las verdades de Dios y enternecidas por el corazón pastoral de Pablo que apunta al corazón pastoral del Pastor de pastores, Jesús.
Como toda carta paulina, Pablo inicia con su saludo identificándose como autor, y como en otras cartas suyas, también menciona a quienes están con él y de acuerdo con lo que …
Hoy iniciamos la carta a los Tesalonicenses. Aunque 1 Tesalonicenses no siempre recibe la misma atención que otras cartas de Pablo, contiene verdades esenciales sobre la fe, la santificación, la perseverancia y la esperanza en el regreso de Cristo.
Esta es una de las cartas más pastorales y personales de Pablo porque la escribe como un padre espiritual que ama profundamente a esta iglesia joven por la que está lleno de gratitud, y le produce ternura y ánimo. Así que estoy segura de que en estos días que leamos esta carta, seremos grandemente edificadas por las verdades de Dios y enternecidas por el corazón pastoral de Pablo que apunta al corazón pastoral del Pastor de pastores, Jesús.
Como toda carta paulina, Pablo inicia con su saludo identificándose como autor, y como en otras cartas suyas, también menciona a quienes están con él y de acuerdo con lo que está escribiendo. Pablo menciona a Silvano y Timoteo. El contexto de esta carta lo puedes leer en Hechos 17:1-10. Y lo que puede llamar tu atención es el cambio de nombre en Hechos y en esta carta de Silas a Silvano. En Hechos, Lucas usa el nombre griego Silas; Pablo, en cambio, prefiere la forma latinizada Silvano, algo común en la época.
Tesalónica era una ciudad cosmopolita, poblada de griegos y romanos y con una sinagoga judía, que se enfureció luego de escuchar a Pablo afirmar que: «Era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: “Este Jesús, a quien yo les anuncio, es el Cristo”» (Hch. 17:3). La respuesta de estos judíos fue organizar una turba alborotando la ciudad, que llega hasta las autoridades, hasta el César. Ya que los creyentes proclamaban a Jesús como su Rey.
Es en este escenario que algunos tesalonicenses creyeron y otros se convirtieron por el testimonio de esos mismos tesalonicenses. Debido a la persecución a los nuevos creyentes y a Pablo y Silas, él salió hacia Berea y luego Atenas. Y mientras estaba allí, Pablo envió a Timoteo a Tesalónica para inspeccionar el estado de la iglesia y para fortalecerlos y alentarlos en la fe frente a las aflicciones, como lo veremos en el capítulo 3. Así que las cartas a los Tesalonicenses son la respuesta de Pablo al informe positivo de Timoteo.
Agradecimiento por la fe y ejemplo de los tesalonicenses
Ahora bien, el reporte de Timoteo es muy bueno, por lo que Pablo expresa su gratitud por ellos y que siempre lo hace en sus oraciones. Sabemos que Pablo es un hombre de oración, y que también ora junto a otros por las iglesias plantadas. Y nota que no ora agradeciendo por el tamaño de un templo, por cuántas ofrendas reciben o por eventos evangelísticos de éxito. Pablo afirma la obra de fe, el trabajo de amor y la firmeza de la esperanza en el Señor Jesucristo en la vida de los tesalonicenses. Y además está convencido de que estos son frutos espirituales de la elección de Dios.
Estas tres virtudes no pueden ser fabricadas por el ser humano, ni sostenidas en medio de persecución y rechazo; son frutos del nuevo nacimiento que, a través del Espíritu Santo, se viven por fe. La fe produce obras, el amor estimula el trabajo y la esperanza enseña constancia. Al Dios escogerlos en Cristo, les provee la gracia para creer y entonces ellos responden con vidas que glorifican a Dios. Pablo reconoce la elección de Dios al observar cómo el evangelio llegó a ellos con poder, por el Espíritu Santo, y produjo una fe activa, un amor sacrificial y una esperanza perseverante.
Siempre que leo el versículo 2, pienso sobre qué será lo que perciben de mí aquellos que oran por mí. ¿Estaré cultivando una vida de fe que produce obras para la gloria de Dios o para mi gloria? ¿Estaré trabajando motivada por el amor a Dios y a otros? ¿Estaré viviendo con la esperanza de que Cristo regresa para no desanimarme en el día a día? Estas obras son fruto de la obra de Cristo, no son meros buenos comportamientos, son testimonio de lo que el Espíritu Santo hace en quienes Dios ha escogido.
No solo los de Tesalónica eran creyentes genuinos, sino que estaban viviendo su fe en un contexto hostil. Muchas de nosotras no vivimos en contextos así de hostiles, pero, como ellos, estamos creciendo en santificación cada día por el poder del evangelio. El enfoque de Pablo no es el desempeño de estos creyentes, es afirmar que el evangelio vive verdaderamente en los corazones de ellos.
La divulgación de la fe por parte de los tesalonicenses
Imitación y testimonio verdadero; este es el resultado de la obra de trabajo y vida de estos creyentes. Imitar lo aprendido en medio de la persecución y el sufrimiento no es fácil. Sin embargo, es el escenario donde el resultado es de muchas conversiones. Uno de mis pastores, enseñando sobre las misiones, dijo: «La mayor cosecha de almas no es en momentos de alegría y abundancia, sino en los momentos de persecución; eso es lo que la historia de la iglesia ha mostrado».
Ellos recibieron la Palabra en medio de mucha tribulación, y la recibieron con gozo del Espíritu Santo. Su crecimiento espiritual era conocido por toda Macedonia y Acaya, y más allá. Esto es verdaderamente ser luz en medio de las tinieblas. ¿Por qué la recibieron con gozo? Porque el evangelio les dio esperanza. Todo lo que estaban sufriendo cesará definitivamente; y no solo eso, sino que vivirían con el Salvador y Señor resucitado que hoy les estaba dando vida nueva.
Los de Tesalónica tenían una fe consistente y sólida, de manera que su reputación corrió por todas partes. Y no sería de extrañar; cuando algo contra la lógica humana está sucediendo, siempre llama la atención. Imagina una ciudad donde se encuentran personas que, siendo amenazadas por su fe, no están amedrentadas, sino gozosas, esparciendo el evangelio y viviéndolo por amor y con fe en Jesús. Y sobre todo, si esas personas antes eran fieles seguidores de ídolos.
Esta ciudad estaba llena de ídolos, como sucede en nuestros días. Ídolos, que aunque ya no son como estatuas o figuras, representaban lo mismo que hoy se idolatra: dinero, sexo, fertilidad, prosperidad. Por la gracia de Dios reconocieron al Dios vivo y verdadero para esperar no solo a un rey, sino al Hijo que resucitó de entre los muertos que los libra, no del sufrimiento, sino de la ira venidera de un Dios santo.
Hermanas, el juicio de Dios vendrá irremediablemente. Mientras tanto, ¿en quién nos estamos convirtiendo? ¿A quién estamos imitando? Nuestra esperanza tiene los ojos puestos arriba, como una medida para despojarnos de la idolatría que nos acecha. Nosotras no tememos a la muerte porque el juicio que merecíamos ya lo pasó Cristo por nosotras. Y nota algo más: no solo se trata de ya no adorar a un ídolo o dejarse gobernar por él, sino de dejarlo y tornarse al Dios vivo y verdadero para servirlo.
Dios no solo es el único Dios; Él está vivo. Y por Su elección, Su salvación y Su santificación en nuestras vidas, esperamos de los cielos a Su Hijo Jesús. Él es el Señor que sostiene a Su iglesia y a cada una de nosotras en medio de la aflicción; Él es quien completó la obra poderosa que nos salvó, y Él es el fundamento de verdad en el cual descansamos y vivimos. Jesús es quien intercede por nosotras, al mismo tiempo que por Su Espíritu obra en nuestros corazones, fe, amor y esperanza para vivir activamente esa nueva identidad frente a un mundo que urgentemente necesita a Jesús.
Para meditar
- ¿Cómo está transformando la esperanza del regreso de Cristo tu manera de enfrentar las pruebas presentes?
- ¿Es tu vida un reflejo piadoso de la obra de Cristo en ti?
- ¿Qué revela tu manera de vivir acerca del evangelio que dices creer?
- ¿Qué ídolos aún gobiernan tu vida y quitan a Dios del trono en tu corazón?
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