El capítulo 3 continúa directamente la idea con la que Pablo terminó el capítulo anterior: «Pues ustedes son nuestra gloria y nuestro gozo», manifestando el deseo de querer verlos. Por eso Pablo envía a Timoteo para fortalecerlos y alentarlos respecto a la fe por la que los tesalonicenses son conocidos.
La preocupación pastoral de Pablo
Pablo prefiere quedarse solo en Atenas antes que quedarse allí sin saber cómo estaba esta amada iglesia. El propósito de enviarles a Timoteo es recordarles que las aflicciones forman parte del llamado cristiano que él mismo les advirtió que acontecería. Pablo temía que el tentador hubiera probado la fe de los tesalonicenses y que, como resultado, su trabajo entre ellos hubiera sido en vano.
Pablo nos muestra su amor pastoral hacia los tesalonicenses en la preocupación por su santificación y por su fe frente al sufrimiento, pero también nos da ejemplo de …
El capítulo 3 continúa directamente la idea con la que Pablo terminó el capítulo anterior: «Pues ustedes son nuestra gloria y nuestro gozo», manifestando el deseo de querer verlos. Por eso Pablo envía a Timoteo para fortalecerlos y alentarlos respecto a la fe por la que los tesalonicenses son conocidos.
La preocupación pastoral de Pablo
Pablo prefiere quedarse solo en Atenas antes que quedarse allí sin saber cómo estaba esta amada iglesia. El propósito de enviarles a Timoteo es recordarles que las aflicciones forman parte del llamado cristiano que él mismo les advirtió que acontecería. Pablo temía que el tentador hubiera probado la fe de los tesalonicenses y que, como resultado, su trabajo entre ellos hubiera sido en vano.
Pablo nos muestra su amor pastoral hacia los tesalonicenses en la preocupación por su santificación y por su fe frente al sufrimiento, pero también nos da ejemplo de cómo un padre espiritual se refiere a un ministro soltero y joven en el ministerio. Pablo dice sobre Timoteo: «nuestro hermano y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo». Nuestros jóvenes necesitan ser discipulados por hombres fieles, y nuestras jovencitas necesitan ser discipuladas por mujeres maduras, piadosas, pues todos son colaboradores en la obra del Señor.
El sufrimiento nos lleva por dos caminos: o nos alejamos de Dios o corremos a Él. Las aflicciones en nuestras vidas son permitidas por Dios para que tengamos parte en los sufrimientos de Cristo, como dice Colosenses 1:24, para que nos refugiemos en Él. Su propósito es que nuestra fe crezca en dependencia de Cristo y Su obra. Y ahora Pablo dice dos veces que él no soportaba no saber cómo estaba la vida espiritual de los tesalonicenses. Si Pablo tenía ese interés intenso por ellos, ¡cuánto más podemos descansar en el cuidado perfecto de Dios, quien conoce plenamente nuestras pruebas y sostiene nuestra fe!
Pablo no se guardó las advertencias de que sufrirían, y Dios tampoco se las ha guardado al mostrarnos de muchas maneras que el sufrimiento es parte de nuestra vida en este mundo y que Él lo usa para santificarnos. Creo que todas podemos afirmar que las lecciones de vida y la convicción de verdades de Dios han sido afirmadas en medio de tribulación, y por ello, así como el apóstol, podemos dar gracias de que el fruto es una fe viva y cercanía con Dios y Su pueblo.
El gozo al conocer la fidelidad de la iglesia
El informe de Timoteo llena de alegría a Pablo. No solo permanecían firmes en la fe, sino que también conservaban su amor y su afecto hacia él. Pablo estalla en gratitud y convierte esa noticia en una oración por el crecimiento continuo de la iglesia.
Como señala John MacArthur, este capítulo revela cuánto valoraba Pablo la estabilidad espiritual de los creyentes. Su mayor preocupación no era su comodidad ni su propia situación, sino que los nuevos creyentes permanecieran firmes frente a la persecución. Carson y Moo destacan que Pablo entiende las pruebas como parte normal de la vida cristiana, no como una señal de que Dios ha abandonado a Su pueblo.
Y Pablo expresa una de las frases más conmovedoras de la carta: «Porque ahora sí que vivimos, si ustedes están firmes en el Señor». Su gozo está ligado al crecimiento espiritual de aquellos a quienes discipuló. Pablo verdaderamente es un pastor. ¿Puedes imaginarte el gozo de nuestro Padre celestial al ver nuestro crecimiento espiritual gracias a la obra de Cristo?
El amor entre pastores y ovejas, entre hermanos, como la gran familia de la fe reunida en una iglesia local, no tiene comparación. Las aflicciones tienen la particularidad de sacar de nosotras lo que aún necesita afirmarse en las verdades de Dios, pero también nos engañan con que solo nosotras estamos ante situaciones dolorosas.
Como bien dijo el apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 5, versículo 9: «Pero resístanlo firmes en la fe [hablando de las artimañas de Satanás], sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo». Por eso, el mejor lugar para refugiarnos es en la presencia de Dios y en compañía de nuestros hermanos en la fe.
Puedo pensar en el regocijo que le da a un pastor que sus ovejas perseveren en su fe; lo mismo pienso de padres que ven a sus hijos crecer en su fe. Su gozo es más por este fruto espiritual que por la fama de su fe en todos los lugares. Nosotras no nos regocijemos en que haya sufrimiento, sino en que nosotras y nuestras hermanas vivamos por fe en Cristo en medio del dolor y la aflicción. Pues mientras estemos en este mundo, pasaremos tribulación, y nuestra fe no es estática; sigue siendo avivada mientras mira a Su Señor y se hace acompañar de otros hermanos.
Una oración por el crecimiento espiritual
Aunque los tesalonicenses muestran una fe genuina, Pablo ora para que su amor siga creciendo y para que sean fortalecidos en santidad. Imagina cuánto ama Pablo a estos hermanos que, en su necesidad y aflicción, su consuelo es saber que sus hermanos estaban fortalecidos en su fe. Lo cierto es que la madurez cristiana nunca es presentada como una meta alcanzada, sino como un proceso continuo hasta la venida de Cristo.
Nunca llegamos a decir: «Ya lo sé todo», «Ya estoy perfecta en santidad», porque eso será hasta que regrese Cristo y estemos con Él por toda la eternidad con cuerpos glorificados. Así que la oración de Pablo por los tesalonicenses es también para nosotras, de abundar más y más en amor unos por otros y en afirmar nuestros corazones irreprensibles en santidad porque la obra de Dios es continua en nuestras vidas.
Pablo nunca mide el éxito del ministerio por números, influencia o reconocimiento. Su mayor alegría consiste en ver creyentes perseverando en la fe y creciendo en santidad. Estoy segura de que escuchar historias y testimonios de mujeres que han pasado por terribles situaciones sostenidas por su fe siempre es de gran aliento para ti. Y cada una de esas aflicciones es sostenida por la fe, pero también por el entendimiento de que un día el sufrimiento terminará para siempre. El pueblo de Dios espera con ansias, con anhelo, con gozo y con esperanza el regreso de Cristo.
Cristo es quien sostiene a Su iglesia en medio de la prueba, fortalece la fe de los creyentes y los preserva hasta el fin. La oración de Pablo culmina mirando nuevamente hacia la venida del Señor Jesucristo, recordando que el propósito final de Dios es presentar a Su pueblo santo e irreprensible delante de Él. La esperanza futura impulsa la santidad presente y da sentido a la perseverancia del creyente. Trae a tu mente la promesa segura que Cristo regresa y consuélate en esa hermosa verdad. Ningún sufrimiento se compara con la gloria venidera. ¡Amén!
Para meditar
- ¿Estás creciendo en amor hacia los hermanos y hermanas que Dios ha puesto en tu comunidad de fe?
- En medio de la tribulación, corre a ver a Cristo, corre a recordar Su Palabra antes de querer resolverlo por tus medios. No es más santo el que sufre más; es más santo el que responde al sufrimiento con fe, reconociendo que Dios lo sostiene.
- Memoriza el versículo 13, de manera que cada vez que te encuentres en medio de una aflicción, traigas la perspectiva del cielo a tu corazón.
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