Después de hablar sobre la oración y la conducta de hombres y mujeres en la adoración, Pablo explica por qué ha dado todas estas instrucciones: porque la iglesia es la casa de Dios. Y entonces pasa a describir las cualificaciones de quienes sirven como líderes, pues sigue estableciendo el orden en la iglesia. Y al leer este pasaje, podemos darnos cuenta de que, más allá de crear una lista de requisitos administrativos, quienes pastorean y sirven son llamados a reflejar el carácter de Cristo, nuestro Buen Pastor.
Así que, a medida que meditas en este pasaje, recuerda que el liderazgo espiritual para los varones en la iglesia, o cualquier otro llamado que tengamos los hijos de Dios, dentro o fuera de la iglesia, no comienza con las habilidades, sino con el carácter; un carácter probado como el del Varón Perfecto.
Las cualificaciones de los ancianos
«Palabra …
Después de hablar sobre la oración y la conducta de hombres y mujeres en la adoración, Pablo explica por qué ha dado todas estas instrucciones: porque la iglesia es la casa de Dios. Y entonces pasa a describir las cualificaciones de quienes sirven como líderes, pues sigue estableciendo el orden en la iglesia. Y al leer este pasaje, podemos darnos cuenta de que, más allá de crear una lista de requisitos administrativos, quienes pastorean y sirven son llamados a reflejar el carácter de Cristo, nuestro Buen Pastor.
Así que, a medida que meditas en este pasaje, recuerda que el liderazgo espiritual para los varones en la iglesia, o cualquier otro llamado que tengamos los hijos de Dios, dentro o fuera de la iglesia, no comienza con las habilidades, sino con el carácter; un carácter probado como el del Varón Perfecto.
Las cualificaciones de los ancianos
«Palabra fiel es esta: si alguien aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer».
Así es como comienza este capítulo, describiendo que, cuando un varón desea el ministerio pastoral que nace del anhelo de servir a Cristo y a Su iglesia, y no de buscar reconocimiento o autoridad, es verdaderamente una aspiración noble.
Sin embargo, este deseo no debe ser opacado por el autoritarismo, la manipulación o los intereses personales, sino debe dar testimonio de un carácter que está siendo formado por la obra del Espíritu, que lo lleva a pastorear y liderar con fidelidad al pueblo de Dios. Entonces, el apóstol hace una lista de estas cualidades esenciales.
Entre otras cosas, como lo veíamos en el capítulo anterior cuando se refería a las manos santas, aquí también menciona que un pastor debe ser irreprochable, que nadie tenga nada que señalarle. Sin duda alguna, al estar de este lado de la gloria, todos seguimos pecando, y los pastores también; sin embargo, no debe tener un patrón de conducta pecaminoso que la iglesia o los no creyentes le puedan señalar. Además de esto, debe ser evidente su fidelidad en el hogar, tanto en su matrimonio como en el cuidado y liderazgo de su familia como primer ministerio; ahí es donde se evidencia el liderazgo espiritual porque quien no cuida de su familia difícilmente podrá cuidar de la iglesia de Dios.
Por otro lado, también debe caracterizarse por tener dominio propio y prudencia; por eso explica también que no debe ser un recién convertido, pues la madurez espiritual requiere tiempo, y el orgullo siempre representa un peligro para quienes ejercen liderazgo. Y algo muy importante es que tenga la capacidad de comprender, manejar y enseñar fielmente la Palabra de Dios, que realmente pueda tener tiempos de meditación y profundización en las Escrituras para que no sean sus palabras, sino las del Señor las que sean predicadas a la iglesia.
Las cualificaciones de los diáconos
Esta sección comienza diciendo: «De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos…».
Así es, aunque la función de los diáconos es diferente a la de los ancianos, el énfasis sigue siendo el mismo: un carácter piadoso. No es un ministerio menor en importancia o valor delante del Señor, y tampoco debiera ser delante de la iglesia; como lo mencionaba anteriormente, para cualquier cosa en la que servimos, no importa qué sea, el Señor demanda vidas piadosas en la labor del Reino.
Entonces, a los diáconos, que en su palabra original en griego se refiere a servidores, se les pide integridad, honestidad, dominio propio y fidelidad y compromiso en sus hogares. Y de la misma manera que los ancianos, debían ser sometidos a prueba para que la iglesia pudiera confirmar su servicio íntegro.
Luego habla de las mujeres, quienes pudieran ser las esposas de los diáconos o mujeres que servían en algún ministerio en la iglesia (hay diferentes interpretaciones sobre a quién Pablo se refiere), pero, en cualquiera de los casos, el énfasis vuelve a estar en un carácter digno, prudente y fiel.
La iglesia: columna y sostén de la verdad
Parece que el versículo 14 corta tajantemente lo que viene diciendo el apóstol, pero no es así, como dice MacArthur: «Estos versículos marcan un punto de transición entre la instrucción positiva de los tres primeros capítulos y las advertencias de los últimos tres. Revelan el corazón mismo de la misión y el mensaje de la iglesia».
Antes de comenzar con las advertencias, Pablo quiere recordarle a Timoteo por qué está dando todas estas instrucciones: porque la iglesia es «la casa de Dios», «la iglesia del Dios vivo» y «columna y sostén de la verdad».
Dios mismo instituyó la iglesia como el principal lugar de adoración y de comunión entre la familia en la fe; un lugar donde se predica y se da evidencia del Dios al que servimos, un Dios cercano, un Dios que sigue obrando en medio de Su pueblo y de Su creación; un lugar que tiene la responsabilidad de sostener, preservar y proclamar fielmente la verdad al mundo. Es lamentable ver cómo hay muchas iglesias que han fallado a esta fidelidad creando una verdad diferente o modificándola para intereses propios.
Por eso es necesario meditar en la confesión que hace el apóstol sobre Cristo en los últimos versículos de este capítulo (una confesión que probablemente se trata de un himno o confesión de fe de la iglesia primitiva, pero que sigue siendo esencial en la fe hoy en día), porque si hay algo que nos puede mantener firmes en la Verdad es creer, meditar y proclamar con nuestra boca y nuestra vida la obra de Cristo.
Pablo lo resume de esta manera:
Cristo fue:
- Manifestado en carne.
- Vindicado por el Espíritu.
- Contemplado por los ángeles.
- Proclamado entre las naciones.
- Creído en el mundo.
- Recibido arriba en gloria.
¡Qué glorioso evangelio hemos recibido y nos ha rescatado de la condenación eterna a través de nuestro precioso Salvador!
Este cierre del apóstol nos recuerda que toda la organización de la iglesia existe para exaltar la persona y la obra de Cristo, ¡y nada más!
Mi hermana, yo te animo hoy a que medites en lo que acabamos de leer. A pesar de que pareciera que la mayor parte de la enseñanza de este capítulo no tiene nada que ver con nosotras, no es así. Dios se interesa profundamente por el carácter de quienes sirven. Más allá de los esfuerzos personales, las habilidades que podamos desarrollar o el carisma, el Señor nos ha dado dones a cada miembro de la iglesia para ponerlos a Su servicio, que debe partir de una vida íntegra delante de Él y delante de Su iglesia a la que servimos. No olvidemos que, al ser parte del cuerpo de Cristo, cada una de nosotras contribuye al testimonio de la iglesia delante de los perdidos que tiene como responsabilidad preservar fielmente el evangelio. Así que nuestro servicio siempre debe apuntar a la gloria de Cristo y no a nuestra exaltación, siempre en dependencia de la Cabeza, que es Él mismo, nuestro Señor Jesucristo.
Él es el centro del mensaje que la iglesia sostiene y proclama. Toda estructura, todo liderazgo y todo ministerio encuentran su propósito en anunciar a Aquel que fue manifestado en carne, murió por los pecadores, resucitó victorioso y hoy reina en gloria.
Para meditar:
- ¿Estás cultivando un carácter que refleje a Cristo en cada área de tu vida?
- ¿Estás sirviendo en la iglesia con humildad, fidelidad y un corazón dispuesto a glorificar a Cristo?
- ¿Estás contribuyendo a que la iglesia preserve y proclame fielmente la verdad del evangelio por medio de tus palabras, tu servicio y tu testimonio?
MacArthur, J. (1997). Biblia de Estudio MacArthur (1 Ti 3:14–16). Thomas Nelson.
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