Tal vez, al terminar el capítulo uno, si esta carta hubiera sido escrita para ti, te preguntarías: ¿Y cómo debo transmitir el evangelio fielmente a la siguiente generación? Bueno, recordemos que la carta no fue escrita por capítulos (aunque así la leamos ahora), así que en esta sección del capítulo dos podemos continuar con la instrucción de Pablo.
Los apóstoles estaban siendo martirizados y pronto no quedaría ninguno de ellos; ¿cómo, entonces, continuaría el evangelio? El apóstol no solo hacía énfasis en preservar la verdad, sino también en multiplicarla por medio de discípulos fieles: creyentes que enseñan a otros, que perseveran en medio del sufrimiento y que manejan correctamente la Palabra de Dios.
Transmite el evangelio a hombres fieles
Pablo no le dice a Timoteo que busque a los más elocuentes o impresionantes, sino a hombres fieles, capaces de enseñar también a otros. Se trata de hombres …
Tal vez, al terminar el capítulo uno, si esta carta hubiera sido escrita para ti, te preguntarías: ¿Y cómo debo transmitir el evangelio fielmente a la siguiente generación? Bueno, recordemos que la carta no fue escrita por capítulos (aunque así la leamos ahora), así que en esta sección del capítulo dos podemos continuar con la instrucción de Pablo.
Los apóstoles estaban siendo martirizados y pronto no quedaría ninguno de ellos; ¿cómo, entonces, continuaría el evangelio? El apóstol no solo hacía énfasis en preservar la verdad, sino también en multiplicarla por medio de discípulos fieles: creyentes que enseñan a otros, que perseveran en medio del sufrimiento y que manejan correctamente la Palabra de Dios.
Transmite el evangelio a hombres fieles
Pablo no le dice a Timoteo que busque a los más elocuentes o impresionantes, sino a hombres fieles, capaces de enseñar también a otros. Se trata de hombres cuya fortaleza se fundamenta en la gracia de Cristo, que han recibido y guardado fielmente la verdad del evangelio y están dispuestos a enseñarla y transmitirla fielmente a la siguiente generación.
Era evidente que Pablo quería mostrarle a Timoteo el principio de la multiplicación espiritual. El evangelio no podía quedarse en una sola generación; debía ser transmitido fielmente a otros que, a su vez, enseñarán a otros más, y así, el Reino se siguiera extendiendo.
Estos siervos fieles de Cristo debían vivir de una manera muy específica; y para esto, Pablo utiliza tres ilustraciones muy conocidas:
- El soldado. Un hombre que se distingue por la entrega y el compromiso, por tener la vista enfocada en el objetivo y no se entretiene en otros asuntos que desvían su mirada; considerando el sufrimiento como parte de las consecuencias del llamado que ha recibido.
- El atleta. Un hombre que obedece las reglas establecidas con constancia y determinación. Que no cede ante la tentación de cualquier cosa que mine el progreso de la preparación que ha comenzado para alcanzar el objetivo.
- El agricultor. Un hombre que vive en perseverancia y paciencia, que es constante y diligente, sin descuidar su ardua labor, aun antes de ver el fruto de su trabajo.
Sufrir por el evangelio vale la pena
Teniendo el ejemplo del Salvador, resucitado de entre los muertos por el pecado de Sus enemigos, pero dentro de la soberanía de Dios, Pablo descansaba en medio de sus prisiones, pues había aprendido a sostener su fe y su ministerio en Cristo. Él podía soportar las cadenas porque Dios lo fortalecía, porque sabía que la Palabra de Dios no estaba presa y porque amaba a los escogidos por Dios quienes escucharían el mensaje de salvación por medio de los siervos fieles que trabajarían para extender las buenas nuevas de salvación en Jesús.
El extendimiento del Reino no se detiene; aunque el enemigo encarcele a los mensajeros de Dios, la Palabra sigue siendo escuchada con más fuerza por el testimonio de los siervos fieles que ponen sus vidas en riesgo para que el evangelio siga avanzando, porque la fidelidad a Cristo requiere perseverancia, aun cuando implique sufrimiento.
Entonces, los versículos del 11 al 13 expresan hermosas verdades en las que no hay lugar a duda; y en las que, como hijas de Dios, podemos descansar:
- Hay esperanza para quienes perseveran con Cristo, porque aunque la muerte física llega irremediablemente, la esperanza eterna no puede sernos arrebatada.
- Hay una advertencia seria para quienes lo niegan, pues será evidencia de que no han reconocido al Salvador de sus almas, y en el día final serán negados por el Rey y Dueño de todo.
- La fidelidad de Dios permanece inalterable porque Él no puede negarse a Sí mismo. Aunque la infidelidad del hombre sea una de sus principales distinciones debido a su pecado y rebeldía, eso no cambia el carácter del Creador, que es santo, justo y fiel.
Un obrero aprobado
Vuelve a hablar Pablo de manera clara a Timoteo para que enseñe a otros también cómo debe ser un buen obrero de Dios. El apóstol menciona a Himeneo y Fileto como ejemplo del daño que produce la falsa enseñanza: se habían desviado de la verdad al afirmar que la resurrección ya había ocurrido, lo cual trastornó la fe de algunos. Pero si pudiéramos hacer una lista de un buen obrero aprobado, según lo que Pablo venía instruyendo a Timoteo, sería:
- No pelea por palabras ni se involucra en discusiones inútiles con falsos maestros que, lejos de edificar, son de tropiezo para quienes oyen y están aprendiendo. Esto pone en duda la verdad de la Palabra y termina desviando de la verdadera fe en Jesús.
- Se esfuerza por obtener la aprobación de Dios al predicar correctamente la Palabra y el mensaje del evangelio. Más allá de estudiar mucho las Escrituras, busca interpretar y enseñar con precisión y reverencia lo que estas dicen, para no desviar al pueblo de Dios.
- Entiende que preservar el evangelio requiere manejar correctamente la Palabra de Dios, y no enseñar sabiduría humana.
- Evita las discusiones inútiles que reflejan más las conductas mundanas que las espirituales, pues ponen en duda la verdad de la Palabra y terminan desviando de la verdadera fe en Jesús.
- Se aparta de la maldad, sabiendo que, habiendo sido conocido por Dios, Él demanda una vida de santidad, pues Dios busca obreros cuyo carácter respalde su enseñanza.
- Busca ser un instrumento útil y santo para el Señor, dispuesto a poner los dones que ha recibido a Su servicio.
- Huye de las pasiones juveniles que buscan los deseos carnales, el orgullo espiritual, los celos, las riquezas y todo aquello que lo aleja de la verdad de Dios.
- Sigue la justicia, la fe, el amor y la paz.
- Disfruta de la comunión con los santos, quienes siguen al Señor con un corazón puro.
- Busca ser bondadoso con todos, capacitarse para enseñar y ser paciente con las personas difíciles.
- Instruye con ternura a quienes se oponen a la verdad, confiando en la obra transformadora y soberana de Dios, para que sean librados de los lazos del maligno. No respondiendo con agresividad, sino con mansedumbre, paciencia y humildad, confiando en que Dios puede concederles arrepentimiento, porque la corrección bíblica siempre debe ir acompañada de humildad y amor.
¡Guau! Una lista larga y contundente. Nunca olvidemos, hermanas, que la santidad personal y la fidelidad doctrinal siempre caminan juntas.
Pero esta santidad y fidelidad solo pueden alcanzarse al tener a Cristo en el centro del ministerio cristiano. Él es el Señor resucitado que sostiene a Sus siervos en medio del sufrimiento y cuyo evangelio jamás puede ser encadenado. Él también es el modelo perfecto del Siervo fiel, que perseveró hasta la cruz para cumplir la voluntad del Padre y ahora continúa edificando Su iglesia mediante hombres y mujeres que permanecen fieles a Su Palabra.
Hermana, aunque Pablo está instruyendo específicamente a Timoteo sobre cómo formar hombres fieles capaces de enseñar a otros, el principio de transmitir fielmente la verdad también se aplica a nuestra vida. Las mujeres tenemos múltiples oportunidades de discipular a otras mujeres, de enseñar a nuestros hijos cuando Dios nos los ha dado, de servir a niños y jóvenes en la iglesia y de hablar fielmente de Cristo a quienes el Señor coloca a nuestro alrededor. Loida y Eunice son un hermoso ejemplo de una fe que dejó huella en la siguiente generación.
Para meditar:
- ¿Estás perseverando en la fidelidad a Cristo aun cuando seguirle implique sufrimiento, sacrificio o la renuncia a aquello que me distrae de Su llamado?
- ¿Tu vida refleja la santidad y la fidelidad a la Palabra que Dios demanda de una sierva útil, mostrando a Cristo tanto en lo que enseñas como en la manera en que vives?
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