Hoy llegamos al Salmo 126, el séptimo de los Cánticos de ascenso gradual. En este salmo, el pueblo recuerda la gran liberación que Dios obró a su favor y cómo aquella obra llenó sus corazones de gozo y sus bocas de alabanza. Caminemos juntas por este breve salmo y descubramos las riquezas que contiene.
Recordar la restauración del Señor produce gozo
El salmista inicia recordando cómo Dios intervino de manera extraordinaria a favor de Su pueblo. Aquella restauración había sido tan maravillosa que les parecía estar soñando: «Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, éramos como los que sueñan». Lo que Dios había hecho era tan asombroso que parecía irreal, ¡pero era cierto!
El pueblo no se quedó simplemente en el asombro. El versículo 2 dice que sus bocas se llenaron de risa y sus lenguas de gritos de alegría. Lo que Dios había …
Hoy llegamos al Salmo 126, el séptimo de los Cánticos de ascenso gradual. En este salmo, el pueblo recuerda la gran liberación que Dios obró a su favor y cómo aquella obra llenó sus corazones de gozo y sus bocas de alabanza. Caminemos juntas por este breve salmo y descubramos las riquezas que contiene.
Recordar la restauración del Señor produce gozo
El salmista inicia recordando cómo Dios intervino de manera extraordinaria a favor de Su pueblo. Aquella restauración había sido tan maravillosa que les parecía estar soñando: «Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, éramos como los que sueñan». Lo que Dios había hecho era tan asombroso que parecía irreal, ¡pero era cierto!
El pueblo no se quedó simplemente en el asombro. El versículo 2 dice que sus bocas se llenaron de risa y sus lenguas de gritos de alegría. Lo que Dios había hecho a favor de Su pueblo era tan evidente que incluso las naciones tuvieron que reconocerlo: «Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos». La restauración de Israel se convirtió así en un testimonio de la grandeza y el poder de su Dios.
Y no termina allí. El pueblo mismo afirmó: «Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros». Estas palabras eran un firme recordatorio de la fidelidad de Dios. Amada hermana, recordar las obras que Dios ha hecho a nuestro favor renueva nuestro gozo y afirma nuestra confianza en Su fidelidad.
La restauración aún no ha terminado
En el versículo 4 el tono del salmo cambia: «Haz volver, Señor, a nuestros cautivos, como las corrientes en el sur». El pueblo reconocía que, aunque Dios ya había obrado a su favor, Su obra de restauración aún no había terminado. Las corrientes del sur mencionadas en este versículo se refieren a la región desértica del Neguev, cuyos cauces permanecían secos durante gran parte del año. Sin embargo, cuando llegaban las lluvias, estos se llenaban rápidamente de agua, transformando el paisaje árido en uno lleno de vida.
Esta es una hermosa imagen del poder restaurador de nuestro Dios. De la misma manera en la que el pueblo confiaba en que el Señor podía traer vida donde parecía haber sequedad y esterilidad, nosotras también podemos clamar a Él en medio de aquello que todavía anhelamos ver restaurado. Las obras que Dios ha hecho en el pasado nos recuerdan que podemos confiar en Su fidelidad aun cuando en el presente todavía estemos esperando.
Sembrar con lágrimas y cosechar con gozo
Mientras esperamos la restauración que aún no vemos, estamos llamadas a permanecer expectantes, pero no pasivas. El salmista nos presenta la imagen de un sembrador que, aun entre lágrimas, continúa sembrando. No sabe cuándo llegará la cosecha, pero persevera con la esperanza de que vendrá el tiempo de recoger el fruto. Esto nos recuerda que nuestras lágrimas no contradicen la fe; muchas veces forman parte del camino de la obediencia.
¡Sabemos en Quién hemos creído! Lo que Dios ha prometido, lo cumplirá. Tenemos la certeza de que ninguna lágrima derramada mientras caminamos en obediencia pasa inadvertida ante Él. Por eso podemos seguir sembrando, aun cuando todavía no veamos el fruto, confiando en que Dios llevará a cabo Sus buenos propósitos en Su tiempo y conforme a Su voluntad.
Amada hermana, todavía esperamos la restauración definitiva de todas las cosas en Cristo. Tenemos la firme esperanza de que Él volverá, hará nuevas todas las cosas y viviremos para siempre con Él en la nueva creación. Allí no habrá más muerte, dolor ni lágrimas. El gozo que ahora experimentamos en medio de la espera será entonces completo.
A la luz de toda la historia de la redención, sabemos hacia dónde apunta finalmente esa esperanza. En Cristo, las lágrimas del pueblo de Dios no tendrán la última palabra. Esperamos el día en que Él hará nuevas todas las cosas y nuestro gozo será completo en Su presencia.
Para meditar:
- ¿Qué obra de Dios en tu vida necesitas recordar hoy para renovar tu gozo y fortalecer tu esperanza?
- ¿Estás perseverando en obediencia aun cuando todavía no ves el fruto de lo que estás sembrando?
- ¿De qué manera la esperanza de una restauración completa en Cristo transforma la forma en que enfrentas las lágrimas presentes?
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