En el capítulo 2 tenemos esa famosa porción de la que se ha escrito y comentado mucho. Dios nos hizo seres relacionales. Él no quiere que vivamos vidas aisladas, individualistas, sino que nos relacionemos dentro de la familia de la fe. Él nos salva de manera individual y nos inserta en una iglesia local que es nuestra comunidad.
Pablo comienza este capítulo con una instrucción directa a Tito: «Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina».
Esta frase nos conecta de inmediato con el capítulo anterior. Allí Pablo había hablado de personas que profesaban conocer a Dios, pero que con sus hechos lo negaban. Ahora mostrará cómo luce lo contrario: una vida que confirma con sus acciones la verdad que profesa creer.
Pablo le dice a Tito que debe predicar la sana enseñanza de la Palabra de Dios y …
En el capítulo 2 tenemos esa famosa porción de la que se ha escrito y comentado mucho. Dios nos hizo seres relacionales. Él no quiere que vivamos vidas aisladas, individualistas, sino que nos relacionemos dentro de la familia de la fe. Él nos salva de manera individual y nos inserta en una iglesia local que es nuestra comunidad.
Pablo comienza este capítulo con una instrucción directa a Tito: «Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina».
Esta frase nos conecta de inmediato con el capítulo anterior. Allí Pablo había hablado de personas que profesaban conocer a Dios, pero que con sus hechos lo negaban. Ahora mostrará cómo luce lo contrario: una vida que confirma con sus acciones la verdad que profesa creer.
Pablo le dice a Tito que debe predicar la sana enseñanza de la Palabra de Dios y luego los hombres: mayores y jóvenes, las mujeres: mayores y jóvenes, los esclavos y los amos, todos los integrantes de la iglesia, debían poder relacionarse entre sí y vivir esa enseñanza en su vida diaria.
En este capítulo, Pablo se dirige a distintos grupos dentro de la congregación, mostrando que lasana doctrina debe alcanzar a cada edad, cada etapa y cada relación de la vida.
A los hombres mayores les pide que sean sobrios, dignos, prudentes y sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia. La madurez espiritual debía hacerse visible en una vida estable, templada y perseverante.
A las mujeres mayores las llama a vivir de manera reverente, sin ser calumniadoras ni esclavas de mucho vino, sino maestras de lo bueno. Su madurez debía convertirse en una bendición para la siguiente generación.
A las mujeres jóvenes se les enseña a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, bondadosas y sujetas a sus maridos, de manera que la Palabra de Dios no sea desacreditada.
A los hombres jóvenes, Pablo les hace un llamado especial: ser prudentes. Y Tito mismo debía convertirse delante de ellos en un ejemplo de buenas obras, mostrando integridad, dignidad y una enseñanza sana que no pudiera ser condenada.
Finalmente, Pablo se dirige a los siervos, llamándolos a vivir con fidelidad, respeto y honestidad incluso en las tareas más ordinarias.
El cuadro es amplio: hombres y mujeres, mayores y jóvenes, líderes y siervos. Nadie queda fuera del llamado a vivir de manera coherente con la verdad que ha recibido.
Y hay algo hermoso en esto: la iglesia necesita a todas las generaciones. Los mayores no deben retirarse de la vida espiritual de los más jóvenes, y los jóvenes no deben vivir desconectados de quienes han caminado más tiempo con el Señor. Dios ha diseñado Su iglesia como una familia en la que cada generación puede fortalecer a la siguiente.
Mujeres formando a otras mujeres
Estas relaciones, tanto en aquella época como hoy en día, deben dar lugar a lo que se conoce como el discipulado: invertir nuestras vidas en las de los demás. No se trata necesariamente de un programa formal, sino de un estilo de vida que promueve el amor, el crecimiento y, muy importante, pasar el legado de la fe de una generación a otra.
Dentro de ese cuadro más amplio, Pablo se detiene de una manera particular en la relación entre mujeres mayores y mujeres jóvenes, y establece un patrón hermoso de discipulado entre generaciones. Las mujeres mayores debían vivir de manera reverente y ser «maestras de lo bueno»; desde esa vida podían enseñar a las más jóvenes.
Hay algo importante en este orden: antes de decirles qué debían enseñar, Pablo habla de cómo debían vivir.
El discipulado bíblico no consiste solamente en transmitir información. Una mujer también enseña con su carácter, sus decisiones, sus reacciones, sus palabras y la manera en que vive delante de Dios.
Esta necesidad es tan imperante en la iglesia de hoy como lo fue en las iglesias de Creta.
Toda mujer llega a Cristo con ideas, hábitos y valores aprendidos de la cultura, por el feminismo, que necesitan ser examinados y renovados por la Palabra de Dios. Por eso necesitamos mujeres piadosas que conozcan la verdad y cuya vida pueda ayudarnos a ver cómo esa verdad se vive en circunstancias ordinarias.
La práctica
Todas nosotras, TODAS, somos retratadas con ese texto. Los versículos del 3 al 5 están dirigidos específicamente a nosotras, las mujeres.
Y es interesante el currículo de lo que debía enseñarse para que la iglesia se ordenara con relación a las mujeres. No se trata de listas, oraciones, ayunos, estudios bíblicos ni consejería… aunque no hay nada de malo en todo eso y también deben ser parte de nuestras vidas. Se trata de mi vida como mujer en los diferentes roles y etapas del hogar y de la familia.
Podríamos bosquejar de esta forma:
- Una enseñanza específica: lo que es bueno.
- Una vida práctica: amar a tu marido y a tus hijos y cuidar el hogar.
- El carácter: prudentes, puras, bondadosas.
- A través de una relación: las mujeres mayores enseñando a las jóvenes.
Los dos grupos debían anhelar todas estas cualidades; unas las iban a enseñar y las otras debían desear aprender y llegar a ser las ancianas que modelaran estas cualidades para pasarlas a una nueva generación.
Pero este principio de inversión de una generación en otra no está desconectado del resto del capítulo. Los hombres mayores también debían modelar madurez; Tito debía ser ejemplo para los jóvenes; y cada miembro de la congregación debía vivir de manera que fortaleciera, y no contradijera, la enseñanza recibida.
La iglesia madura cuando sus miembros no piensan únicamente en su propio crecimiento espiritual, sino también en lo que están modelando y transmitiendo a quienes vienen detrás.
Una vida prudente
Además, hay una palabra que atraviesa las instrucciones a los distintos grupos: la idea de ser prudentes, sensatos, con dominio propio. El término griego sōphrōn comunica sensatez, buen juicio y dominio propio.
Los hombres mayores deben ser prudentes. Las mujeres jóvenes deben ser prudentes. A los hombres jóvenes, Pablo prácticamente resume su exhortación diciéndoles que sean prudentes. Y la gracia de Dios, al final del capítulo, nos enseña a vivir «sobria, justa y piadosamente».
No es una cualidad secundaria. La sana doctrina debe producir personas cuya mente, deseos, palabras y reacciones estén sometidas al gobierno de Cristo.
Proverbios 25:28 compara a quien no domina su espíritu con una ciudad derribada y sin murallas. El dominio propio protege nuestras relaciones, nuestras familias, nuestras iglesias y nuestro testimonio.
Adornar la doctrina con nuestras vidas
Hay, además, una frase que atraviesa todo el capítulo y nos ayuda a entender por qué importa tanto nuestra conducta. Tres veces Pablo relaciona directamente la manera de vivir de los creyentes con el testimonio de la verdad.
- En el versículo 5, las mujeres deben vivir de cierta manera «para que la palabra de Dios no sea blasfemada».
- En el versículo 8, Tito debe mostrar integridad y dignidad en su enseñanza para que el adversario quede avergonzado, al no tener nada malo que decir de nosotros.
- Y en el versículo 10, Pablo dice que los siervos deben vivir fielmente «para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respecto».
¡Qué imagen tan hermosa! Adornar la doctrina.
No significa que podamos añadir belleza a un evangelio al que le falte algo. La verdad de Dios ya es perfecta y gloriosa. Significa que nuestra manera de vivir puede hacer visible ante otros la hermosura de aquello que decimos creer.
También puede ocurrir lo contrario. Podemos afirmar la verdad con nuestras palabras y desmentirla con nuestra conducta. Y observa que Pablo aplica este principio en ámbitos muy diferentes: el hogar, la enseñanza, las relaciones entre generaciones y hasta el trabajo cotidiano de un siervo. No hay una parte de nuestra vida demasiado ordinaria para reflejar la verdad de Dios.
Por eso el discipulado entre mujeres no puede reducirse a transmitir buenos consejos o información bíblica. Queremos ayudar a otras mujeres a vivir de tal manera que sus vidas hagan visible la belleza de Cristo.
La gracia que salva y enseña
Pero ¿cómo podemos vivir así? Si el capítulo terminar en el versículo 10, podríamos salir con una larga lista de responsabilidades: ser prudentes, amar, enseñar, servir, dominar nuestras palabras, cuidar nuestras relaciones y hacer buenas obras.
Pero Pablo continúa: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres».
Ese «porque» es fundamental. Todo lo que Pablo ha enseñado acerca de nuestra conducta descansa en esta verdad: la gracia de Dios se ha manifestado.
No vivimos de esta manera para conseguir Su favor. Vivimos de esta manera porque Su gracia nos ha alcanzado. Y la gracia que salva también enseña. Nos instruye a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos y a vivir en este mundo de manera prudente, justa y piadosa.
La gracia no solo perdona nuestro pasado; también forma nuestra vida presente.
Por eso ninguno de los grupos mencionados en Tito 2 puede cumplir estas instrucciones simplemente mediante esfuerzo humano. Hombres y mujeres, mayores y jóvenes, líderes y siervos necesitan la misma gracia que salva y transforma.
Nuestro gran Dios y Salvador
Y mientras la gracia nos enseña a vivir en el presente, nuestros ojos están puestos en el futuro. Esperamos «la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús».
Cristo no solamente es nuestro ejemplo; Él es nuestro gran Dios y Salvador. Pablo nos recuerda que «Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras».
Así encontramos el fundamento de todo Tito 2:
Cristo se dio por nosotros.
Su gracia nos enseña en el presente.
Esperamos Su regreso en gloria.
Y mientras esperamos, vivimos como un pueblo que le pertenece.
Por eso necesitamos relaciones de discipulado en la iglesia. Por eso, los mayores modelan la madurez. Por eso las mujeres mayores enseñan a las jóvenes. Por eso Tito debe ser ejemplo para los hombres jóvenes. Por eso incluso las responsabilidades más ordinarias deben realizarse con fidelidad.
No para ganar la salvación, sino porque hemos sido redimidas por nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
La sana doctrina no pertenece solamente al púlpito ni al salón de estudio. Se hace visible en hombres y mujeres, mayores y jóvenes, que, por la gracia de Dios, aprenden a vivir de una manera que adorna la doctrina de Dios, nuestro Salvador.
Para meditar
- ¿Hay alguna área de mi vida en la que mis acciones están contradiciendo la verdad que digo creer?
- ¿Estoy cultivando relaciones dentro de mi iglesia en las que pueda aprender de mujeres piadosas y, a la vez, invertir en otras lo que Dios me ha enseñado?
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