Hoy comenzamos a leer la carta a Tito, la cual probablemente se escribió al mismo tiempo que 1 Timoteo, entre el primer encarcelamiento de Pablo en Roma y su encarcelamiento y ejecución antes de escribir 2 Timoteo.
Pablo escribe a Tito, a quien llama «verdadero hijo en la común fe». Tito era uno de sus colaboradores cercanos y había sido dejado en Creta con una tarea específica: poner en orden lo que todavía faltaba en las iglesias y establecer ancianos en cada ciudad.
Él tenía que designar ancianos en cada ciudad y así terminar el trabajo en cada iglesia establecida en la isla. Debido a las falsas enseñanzas y falsos maestros que imperaban, Pablo le pide a Tito que ordene la iglesia y persevere en enseñar la sana doctrina, dejándonos hoy un modelo para nuestras iglesias locales.
Pero antes de hablar de los ancianos o de los …
Hoy comenzamos a leer la carta a Tito, la cual probablemente se escribió al mismo tiempo que 1 Timoteo, entre el primer encarcelamiento de Pablo en Roma y su encarcelamiento y ejecución antes de escribir 2 Timoteo.
Pablo escribe a Tito, a quien llama «verdadero hijo en la común fe». Tito era uno de sus colaboradores cercanos y había sido dejado en Creta con una tarea específica: poner en orden lo que todavía faltaba en las iglesias y establecer ancianos en cada ciudad.
Él tenía que designar ancianos en cada ciudad y así terminar el trabajo en cada iglesia establecida en la isla. Debido a las falsas enseñanzas y falsos maestros que imperaban, Pablo le pide a Tito que ordene la iglesia y persevere en enseñar la sana doctrina, dejándonos hoy un modelo para nuestras iglesias locales.
Pero antes de hablar de los ancianos o de los problemas que Tito debía enfrentar, Pablo comienza recordando las verdades que sostienen toda la carta. En los primeros cuatro versículos encontramos una hermosa progresión: la fe de los escogidos de Dios conduce al conocimiento de la verdad, esa verdad es conforme a la piedad, y todo esto descansa en la esperanza de la vida eterna que Dios prometió desde la eternidad.
No estamos ante una verdad que simplemente aumenta nuestro conocimiento. La verdad de Dios transforma la vida. Por eso, Pablo, desde el primer versículo une lo que creemos con la manera en que vivimos.
Y esa esperanza es completamente segura porque descansa en el carácter de Dios, que no miente. Esto tendrá un significado especial unos versículos después, cuando Pablo describa una cultura caracterizada por la mentira. Los hombres pueden engañar y faltar a su palabra; nuestro Dios jamás lo hará.
También encontramos aquí un título que se repetirá a lo largo de toda la carta: Salvador. Pablo habla primero de «Dios nuestro Salvador» y enseguida de «Cristo Jesús nuestro Salvador». Tito nos recordará una y otra vez que la transformación que Dios demanda de Su pueblo comienza con lo que Él mismo ha hecho para salvarlo.
El énfasis que vemos en esta carta es en cómo la enseñanza de la verdad a través del pastor o anciano tiene efectos en las vidas de los miembros de la iglesia y las familias.
Ese es uno de los grandes hilos de Tito: la sana doctrina debe hacerse visible en una vida piadosa.
Líderes que vivan y defiendan la verdad
Pablo comienza el orden en la iglesia, recordando a Tito su identidad y el evangelio, para luego recordarle los requisitos para los líderes. La autoridad en cada iglesia se establecía al nombrar ancianos o pastores.
Estos hombres debían tener ciertas cualidades tanto en su carácter como en su vida familiar, en sus finanzas y en su testimonio en general. «El anciano debe llevar una vida intachable», en su hogar y en la iglesia.
¿Esto quiere decir que los ancianos tienen o deben llevar una vida perfecta? De ninguna manera, porque, de acuerdo con el contexto de toda la Escritura, sabemos que esto es imposible, pues aún son pecadores, como los demás miembros de la iglesia, pero sí deben llevar una vida coherente con lo que enseñan y con su llamado, y una vida que crece progresivamente en santidad.
Sin embargo, Pablo no se detiene en el carácter del anciano. Hay otro requisito indispensable: debe mantenerse firme en «la palabra fiel» que ha recibido.
¿Por qué? Porque tiene una doble responsabilidad: exhortar con sana doctrina y refutar a quienes la contradicen.
Un anciano no puede sostenerse únicamente en su personalidad, su capacidad de liderazgo o su buen testimonio. Debe conocer la verdad, creerla, vivir conforme a ella y ser capaz de defenderla. La iglesia necesita líderes cuyo carácter respalde lo que enseñan y cuya enseñanza esté firmemente anclada en la Palabra de Dios.
Un contraste
No era fácil la tarea de este joven pastor porque la descripción de Pablo de la sociedad cretense es muy gráfica:
«Pues hay muchos rebeldes que participan en conversaciones inútiles y engañan a otros… Todos los cretenses son mentirosos, animales crueles y glotones perezosos». –1:10, 12
Pablo utiliza palabras fuertes porque Tito estaba ministrando en medio de una cultura marcada por el engaño, los excesos y la ociosidad. Pero el problema no estaba solamente en la sociedad que rodeaba a las iglesias. El engaño también había penetrado en el entorno de la iglesia.
Pablo habla de «rebeldes, habladores vanos y engañadores», especialmente de algunos relacionados con la circuncisión. Estos hombres estaban trastornando familias enteras, por ganancias deshonestas enseñaban lo que no debían, y promovían mitos judíos y mandamientos de hombres que apartaban a las personas de la verdad.
Por eso, Tito debía confrontarlos. No podía permitir que el error avanzara sin oposición. Pero aun la reprensión tenía un propósito espiritual: Pablo dice que debían ser reprendidos «para que sean sanos en la fe». La meta no era ganar una discusión, sino proteger la verdad y procurar la salud espiritual de la iglesia.
Aquí encontramos entonces un contraste más profundo que el de simplemente entre creyentes e incrédulos. Pablo coloca frente a frente líderes irreprensibles y maestros corruptos; la sana doctrina y el engaño religioso; una profesión de fe respaldada por la vida y una profesión que las obras desmienten.
Algunos afirman que conocen a Dios, pero lo niegan con su manera de vivir. Son detestables y desobedientes; no sirven para hacer nada bueno.
Ese es uno de los diagnósticos más serios del capítulo. Estas personas no decían: «No conocemos a Dios». Todo lo contrario: profesaban conocerlo. El problema era que sus obras contradecían sus palabras.
Pero los que verdaderamente habían llegado al conocimiento de Cristo y habían abrazado la enseñanza de la verdad debían vivir vidas muy distintas.
Y con esto regresamos al punto con el que Pablo comenzó la carta: el conocimiento de la verdad es conforme a la piedad. No somos salvos porque logremos llevar una vida suficientemente buena; somos salvados por Dios por medio de Cristo. Pero la verdad del evangelio, cuando realmente ha sido abrazada, comienza a hacerse visible en la manera en que vivimos.
En una cultura donde abundaban la mentira y el engaño, la iglesia debía mostrar la verdad. Frente a maestros que profesaban conocer a Dios, pero lo negaban con sus obras, los creyentes debían adornar con sus vidas la doctrina que habían recibido. Y para ello necesitaban líderes que no solo enseñaran la verdad, sino que también la vivieran y estuvieran preparados para defenderla.
Para meditar:
- El orden en la iglesia refleja el orden de Dios y nos enseña quién es Él; Su carácter nunca cambia. ¿Cómo se refleja este orden en tu vida?
- ¿Cómo vives con fe en este mundo el modelo de Dios para la Iglesia y el hogar? ¿Qué dificultades encuentras? Llévalas al Señor y ora por la Iglesia del Señor en todo el mundo.
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