Llegamos al final de la segunda carta de Pablo a Timoteo, y más allá de cerrar una serie de enseñanzas e instrucciones para su discípulo, el apóstol se despide concluyendo su ministerio terrenal. Pablo sabe que su muerte está cerca, pero no escribe con tristeza ni con temor. Al contrario, termina su vida con la certeza de haber permanecido fiel al llamado que recibió de Cristo.
Después de exhortar a Timoteo a guardar el evangelio, transmitirlo fielmente y permanecer en las Escrituras, Pablo ahora responde a la pregunta final de la carta: ¿cómo termina bien un siervo de Cristo? Su respuesta es sencilla y poderosa: permanece fiel a la Palabra hasta el final.
Si ya leíste este capítulo, no sé si tuviste las mismas emociones que yo. Pablo se despide y mi corazón se hace chiquito. Un hombre usado grandemente por el Señor, que sufrió mucho por defender …
Llegamos al final de la segunda carta de Pablo a Timoteo, y más allá de cerrar una serie de enseñanzas e instrucciones para su discípulo, el apóstol se despide concluyendo su ministerio terrenal. Pablo sabe que su muerte está cerca, pero no escribe con tristeza ni con temor. Al contrario, termina su vida con la certeza de haber permanecido fiel al llamado que recibió de Cristo.
Después de exhortar a Timoteo a guardar el evangelio, transmitirlo fielmente y permanecer en las Escrituras, Pablo ahora responde a la pregunta final de la carta: ¿cómo termina bien un siervo de Cristo? Su respuesta es sencilla y poderosa: permanece fiel a la Palabra hasta el final.
Si ya leíste este capítulo, no sé si tuviste las mismas emociones que yo. Pablo se despide y mi corazón se hace chiquito. Un hombre usado grandemente por el Señor, que sufrió mucho por defender el evangelio, pero que no se quedó en una actitud de autoconmiseración, sino que fue fiel hasta el final y vivió para enseñar con valentía a otros en medio de mucha oposición y abandono.
Pero al mismo tiempo, mi corazón agradece a este hombre que no sucumbió al temor ni al dolor, y que fue usado grandemente por el Señor para hoy poder conocer Su verdad por medio de las cartas que escribió dentro y fuera de prisión. Anhelo imitar a Pablo como él imitaba a Cristo, pues la fidelidad al Dios bueno y al Salvador Jesucristo era su meta.
Predica la Palabra
Esta última sección de la carta la comienza Pablo colocando a Timoteo delante de una realidad solemne: habla en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, quien juzgará a los vivos y a los muertos. Estas palabras muestran la enorme responsabilidad del ministerio. La predicación no es una tarea opcional ni depende de las preferencias culturales; es un encargo recibido del Señor que se lleva a cabo delante de Él; así que, por encima de la aprobación humana, debe procurar ser fiel a Aquel ante quien rendirá cuentas
Frente a todos los desafíos mencionados en la carta, Pablo da una corta pero gran respuesta en el versículo 2: «Predica la Palabra». Porque cuando la Iglesia enfrenta falsas doctrinas, apostasía o confusión, la solución sigue siendo anunciar fielmente las Escrituras en todo momento.
Después menciona: «Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción». ¡Este es un verdadero balance! No es agarrar a los hermanos a Bibliazos desde un peldaño de perfección para que entiendan y se alejen de su pecado, sino exhortar, reprender y animar, siempre con paciencia y buena enseñanza.
Aunque llegue el tiempo en que muchas personas no soportarán la sana doctrina y buscarán maestros que les digan lo que desean escuchar, la verdad de la Palabra de Dios debe seguirse predicando sin ser adulterada. Y, bueno, entendemos que ese tiempo es parte de la sociedad en la que vivimos hoy, inclusive dentro de la Iglesia, donde muchas veces se prefiere un mensaje cómodo antes que la verdad del evangelio, y por eso, poco a poco, se apartan de la verdad y se vuelven a enseñanzas falsas. Por eso, la predicación fiel de la Palabra sigue siendo la necesidad más urgente de la iglesia.
Para Timoteo y todos a quienes les ha sido dado el llamado de enseñar, Pablo los anima a permanecer sobrios, soportar las aflicciones, hacer obra de evangelistas y cumplir plenamente su ministerio; tal cual el Señor lo había hecho con él, fortaleciéndolo en su ministerio.
Pablo termina la carrera con fidelidad
El apóstol entonces comienza a despedirse de Timoteo; no sabe si lo volverá a ver, aunque es su deseo, y le dice que el momento de su partida está por llegar. MacArthur dice que «Pablo veía su muerte próxima como su ofrenda final a Dios luego de toda una vida que ya había estado llena de sacrificios al Señor».
Por eso, el apóstol contempla su muerte con esperanza, no con desesperación. Y resume su vida en tres hermosas declaraciones:
- «He peleado la buena batalla».
- «He acabado la carrera».
- «He guardado la fe».
¡Guau! Qué firmeza había en su corazón, de la fidelidad que había guardado delante de su Señor, no de sus propios esfuerzos, sino por la gracia de Dios que lo sostuvo durante toda su vida y ministerio. Él sabía que le esperaba una corona de justicia, no como una recompensa basada en sus méritos humanos, sino como el galardón de la culminación de la esperanza de todos los que aman la venida de Cristo. Un galardón que él sabía que un día arrojaría a los pies del Salvador.
Mi hermana, ¿vives hoy con la misma perspectiva eterna con la que vivía este siervo de Dios? Si hoy piensas que tu carrera en la fe inició muy tarde, si piensas que no comenzaste bien, o que comenzaste bien pero vivías con una apariencia de piedad y hoy el Espíritu Santo está trayendo convicción a tu vida, recuerda que el objetivo de la vida cristiana no es simplemente comenzar bien, sino perseverar hasta el final. Una vez que el precioso evangelio de Cristo te ha quebrantado y te ha llevado a crecer en piedad, no flaquees, sino aférrate a la fidelidad del Señor, como Pablo escribió en 1 Tesalonicenses 5:24: «Fiel es Aquel que los llama, el cual también lo hará».
Instrucciones personales y ejemplos de fidelidad
En esta sección de la parte final de su carta, Pablo habla de diferentes personas y su ejemplo de fidelidad o de abandono para él y el ministerio.
Primero está Demas, quien abandonó a Pablo «habiendo amado este mundo presente». El contraste con los versículos anteriores es solemne: mientras Pablo esperaba la corona reservada para quienes aman la venida de Cristo, Demas había puesto su afecto en el mundo presente. Por eso le pide con urgencia a Timoteo que vaya a verlo en prisión; también menciona a Alejandro el calderero, quien se había opuesto a la enseñanza de Pablo y le había hecho mucho daño. Así lo experimentó el apóstol: permanecer fiel muchas veces implicará oposición y sufrimiento.
Sin embargo, había otros hermanos que habían apoyado su ministerio y la extensión del evangelio. Pablo menciona a Lucas, que permaneció fiel; a Marcos, que fue restaurado después de haberlo abandonado y había sido útil para el servicio nuevamente; y a Tíquico, que fue un instrumento fiel al llevar cartas y estaba comprometido a continuar la obra del ministerio.
Estos ejemplos muestran que las personas responden de manera distinta al llamado de Cristo. Algunos perseveran, otros abandonan, pero el Señor continúa edificando Su iglesia. Y aunque, en ese entonces, muchos dejaron solo a Pablo, él afirma una de las declaraciones más hermosas del capítulo: «Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció», no para que él simplemente se sintiera mejor, sino para que «se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran».
Amada hermana, la fidelidad de Dios nunca depende de la fidelidad de los hombres, tan frágiles y que pende de un hilo. Aun cuando otros fallen, Cristo permanece al lado de los Suyos y nos lleva hasta cruzar la meta final, porque la meta del creyente no es el éxito visible, sino la fidelidad a Cristo. Dios sostiene a Sus hijos aun cuando otros los abandonen, y vale la pena vivir con la mirada puesta en la recompensa eterna y no en el reconocimiento presente.
Mira lo que dice Salmos 48:14: «Porque Este es Dios, nuestro Dios para siempre; Él nos guiará hasta la muerte». Y Pablo estaba convencido de eso, por eso afirmó: «El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén».
¿Tienes hoy la misma confianza y certeza para vivir tu vida en fidelidad a quien te guiará hasta la morada celestial?
La despedida final
Pablo concluye la carta con saludos personales que reflejan el profundo afecto que tenía por las iglesias y por sus colaboradores. Lejos de ser un cierre meramente formal, estos versículos nos recuerdan que el evangelio siempre avanza por medio de personas reales que sirven juntas para la gloria de Dios y para el extendimiento del evangelio de Cristo.
Porque Él es el Juez justo delante de quien todos compareceremos, pero también el Señor que fortalece y sostiene a los Suyos hasta el final. Así como estuvo con Pablo en la prisión y lo capacitó para terminar fielmente la carrera, también permanece con Su iglesia hoy. Cristo es quien preserva el evangelio, sostiene a Sus siervos y asegura que Su misión continuará hasta el día de Su regreso.
Para meditar:
- ¿Estás viviendo hoy con la mirada puesta en Cristo y en la eternidad, perseverando fielmente aunque el camino implique oposición, sufrimiento o abandono?
- ¿Estás procurando ser fiel a la Palabra de Dios, aun cuando sea más fácil escuchar o compartir aquello que resulta cómodo para ti y para los demás?
- Si hoy estuvieras al final de tu carrera, ¿podrías decir con confianza: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe»?
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