«Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente». – Tito 2:11-12
Con estas palabras del capítulo anterior todavía resonando, Pablo continúa mostrando cómo luce en la práctica una vida que ha sido alcanzada por la gracia. Si en Tito 2 vimos esta transformación dentro del hogar y de las relaciones en la iglesia, ahora la mirada se extiende hacia nuestra manera de vivir en medio de la sociedad.
Pablo le pide a Tito que les recuerde a los creyentes que deben sujetarse a los gobernantes y autoridades, ser obedientes y estar preparados para toda buena obra. También debían cuidar la manera en que trataban a los demás: no hablar mal de nadie, evitar la contienda, ser amables y mostrar toda consideración para con todos los …
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente». – Tito 2:11-12
Con estas palabras del capítulo anterior todavía resonando, Pablo continúa mostrando cómo luce en la práctica una vida que ha sido alcanzada por la gracia. Si en Tito 2 vimos esta transformación dentro del hogar y de las relaciones en la iglesia, ahora la mirada se extiende hacia nuestra manera de vivir en medio de la sociedad.
Pablo le pide a Tito que les recuerde a los creyentes que deben sujetarse a los gobernantes y autoridades, ser obedientes y estar preparados para toda buena obra. También debían cuidar la manera en que trataban a los demás: no hablar mal de nadie, evitar la contienda, ser amables y mostrar toda consideración para con todos los hombres.
Esto debió de ser especialmente desafiante en una cultura como la que Pablo había descrito en el primer capítulo. Sin embargo, el llamado del creyente no cambia según lo piadoso o impío que sea el mundo que lo rodea; una vida transformada por el evangelio debe hacerse visible también en la manera en que tratamos a quienes están fuera de la iglesia.
¿Y cómo podemos mostrar mansedumbre y consideración hacia quienes viven de una manera contraria a Dios? Pablo nos da una razón que nos coloca inmediatamente en una posición de humildad:
«Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros» (énfasis añadido).
Qué importante es recordar ese «nosotros también». Pablo no permite que el creyente mire el pecado de quienes lo rodean desde una posición de superioridad moral. Nosotras también estuvimos extraviadas. Nosotras también fuimos desobedientes. Nosotras también estuvimos esclavizadas por nuestros propios deseos.
La diferencia entre lo que éramos y lo que ahora somos no radica en que nosotras fuéramos mejores, sino en que la misericordia de Dios nos alcanzó.
Por eso nuestra respuesta hacia quienes todavía viven lejos de Dios no debe ser de orgullo, desprecio o contienda, sino de humildad y compasión. Podemos recordar quiénes éramos y, sobre todo, recordar quién fue el que intervino para rescatarnos.
Pero Dios nos salvó
Y entonces aparece uno de esos grandes peros del evangelio: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad…» (v. 4).
Nosotros éramos así, pero Dios mostró Su bondad y Su amor.
La gracia de Dios que nos salva debe producir un tipo de vida distinta, un aborrecimiento por la vida pasada y un anhelo por hacer buenas obras. Cristo Jesús había pagado el precio por esa vida tan disoluta que habían vivido, y ahora, aunque los llamaba a conducirse de cierta manera y a hacer buenas obras, está claro a través de toda la carta y de toda la Escritura, que buenas obras no salvan, sino que evidencian la salvación; adornan la salvación.
Pablo quiere asegurarse de que no haya ninguna confusión sobre este punto. Después de llamar a los creyentes a estar preparados para toda buena obra, declara claramente que esas obras jamás fueron la causa de su salvación.
«Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna». –3:4-7
¡Qué resumen tan hermoso de nuestra salvación!
Él nos salvó.
No fueron nuestras obras de justicia. No fue nuestro esfuerzo por cambiar. No fue porque hubiéramos logrado convertirnos en mejores personas. Fue conforme a Su misericordia.
Dios nos dio nueva vida por medio de la regeneración y renovación del Espíritu Santo, derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo. Nos justificó por Su gracia y nos hizo herederas conforme a la esperanza de la vida eterna.
Y nuevamente encontramos los títulos que Pablo ha repetido a lo largo de toda la carta: «Dios nuestro Salvador» y «Jesucristo nuestro Salvador». La salvación pertenece completamente a Dios y nos llega por medio de Cristo.
No por buenas obras, sino para buenas obras.
Aquí encontramos un contraste que atraviesa todo el capítulo.
- En el versículo 1, los creyentes deben estar «preparados para toda buena obra».
- En el versículo 5, Pablo afirma que Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho».
- En el versículo 8, Tito debe insistir en estas verdades para que quienes han creído en Dios procuren «ocuparse en buenas obras».
- Y casi al terminar la carta, Pablo vuelve a decir: «Que los nuestros aprendan a ocuparse en buenas obras».
El orden es esencial: No somos salvos por nuestras buenas obras; somos salvados por la misericordia de Dios para vivir una vida que produce buenas obras.
Las obras nunca son la raíz de nuestra salvación; son su fruto.
Por eso Pablo le dice a Tito que insista en las verdades del evangelio. Cuanto mejor entendemos la gracia que nos salvó, más debería esa gracia hacerse visible en nuestra manera de vivir.
Ocupados en lo que es bueno
Pero, así como Tito debía insistir en lo que era bueno y provechoso, había otras cosas que debía evitar.
Pablo menciona controversias necias, genealogías, contiendas y discusiones acerca de la ley, y las describe como inútiles y sin provecho. También advierte acerca de la persona que insiste en producir división aun después de haber sido amonestada.
Este contraste también es importante. Hay personas ocupadas en buenasobras y otras en discusiones que no producen fruto alguno.
No toda conversación teológica edifica. No toda controversia merece nuestra atención. Podemos invertir mucho tiempo intentando ganar discusiones, y muy poco tiempo haciendo aquello que Dios llama bueno y provechoso.
Pablo termina la carta llevando nuevamente a los creyentes hacia una vida fructífera:
«Que los nuestros aprendan también a ocuparse en buenas obras , atendiendo a las necesidades apremiantes, para que no estén sin fruto».
Ese llamado resume gran parte de lo que hemos visto a lo largo de Tito. La sana doctrina produce una vida diferente. No porque las buenas obras puedan salvarnos, sino porque el Dios que nos salvó por Su misericordia nos ha dado una nueva vida que ahora comienza a producir fruto.
Éramos necias, desobedientes y esclavas del pecado.
Pero Dios mostró Su bondad y Su amor.
Él nos salvó, no por nuestras obras, sino por Su misericordia.
Nos dio nueva vida por Su Espíritu.
Nos justificó por Su gracia mediante Jesucristo, nuestro Salvador.
Y ahora nos llama a vivir haciendo aquello que es bueno y provechoso.
La gracia que nos salvó es también la gracia que transforma nuestra manera de vivir.
Para meditar
- ¿Y qué de nosotras? ¿Reflejan nuestras vidas la enseñanza que hemos abrazado?
- ¿Han sido nuestras vidas transformadas y son coherentes con lo que decimos creer?
- ¿Estamos escuchando la sana enseñanza de la Palabra o estamos escuchando otras cosas?
- ¿Hemos creído en Cristo para salvación?
- ¿Somos parte de la iglesia y tenemos pastores que velan por nosotros y nos enseñan?
- ¿Recordar quién eras antes de que la misericordia de Dios te alcanzara está produciendo en ti humildad, mansedumbre y compasión hacia quienes todavía viven lejos de Él?
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