Continuamos con la explicación magistral del autor de Hebreos sobre la superioridad de Cristo. Recordemos una vez más que esta carta no estaba originalmente dividida en capítulos, así que, desde nuestro capítulo anterior, vimos que, después de presentar a Cristo como nuestro Precursor y Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, el autor ahora explica por qué este sacerdocio es superior al sacerdocio levítico y puede acercarnos verdaderamente a Dios.
¿Quién era Melquisedec?
Si ustedes recuerdan, Melquisedec es mencionado en Génesis 14:18-20 como «rey de Salem» y «sacerdote del Dios Altísimo». Su nombre se interpreta en Hebreos como «rey de justicia», y su título, «rey de Salem», como «rey de paz».
Frecuentemente se identifica Salem con la antigua Jerusalén, pero Hebreos utiliza principalmente el significado de su nombre para establecer la relación entre justicia y paz. El texto no afirma necesariamente que Melquisedec no tuviera …
Continuamos con la explicación magistral del autor de Hebreos sobre la superioridad de Cristo. Recordemos una vez más que esta carta no estaba originalmente dividida en capítulos, así que, desde nuestro capítulo anterior, vimos que, después de presentar a Cristo como nuestro Precursor y Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec, el autor ahora explica por qué este sacerdocio es superior al sacerdocio levítico y puede acercarnos verdaderamente a Dios.
¿Quién era Melquisedec?
Si ustedes recuerdan, Melquisedec es mencionado en Génesis 14:18-20 como «rey de Salem» y «sacerdote del Dios Altísimo». Su nombre se interpreta en Hebreos como «rey de justicia», y su título, «rey de Salem», como «rey de paz».
Frecuentemente se identifica Salem con la antigua Jerusalén, pero Hebreos utiliza principalmente el significado de su nombre para establecer la relación entre justicia y paz. El texto no afirma necesariamente que Melquisedec no tuviera padres, que nunca hubiera nacido o que no hubiera muerto. El punto es que Génesis no registra su genealogía, su nacimiento ni su muerte. Aparece en el relato sin una genealogía que explique su derecho al sacerdocio.
Esto contrasta con los sacerdotes levíticos, cuya legitimidad dependía de demostrar su descendencia de Leví y Aarón. La ausencia de esos datos permite que Melquisedec apunte a Cristo, cuyo sacerdocio no depende de una línea genealógica humana.
Por eso, el autor de Hebreos dice que Melquisedec fue «hecho semejante al Hijo de Dios»; por lo tanto, es presentado como semejante a Cristo. El pastor Miguel Núñez considera posible que Melquisedec fuera una aparición preencarnada de Cristo, aunque reconoce que no puede afirmarse dogmáticamente. MacArthur y muchos otros intérpretes lo consideran un personaje histórico cuya presentación en Génesis fue diseñada por Dios para prefigurar al Hijo.
Sin embargo, a lo que queremos enfocarnos es que Melquisedec es un tipo que apunta a Cristo, lo cual veremos a continuación.
Melquisedec era superior a Abraham y a Leví
La grandeza de Melquisedec se evidencia en la respuesta de Abraham. El patriarca le entregó la décima parte de lo mejor del botín y recibió su bendición. En el mundo antiguo, quien entregaba el diezmo reconocía la superioridad de quien lo recibía. De este modo, Abraham reconoció su superioridad, pues quien bendice es mayor que quien recibe la bendición. Incluso Leví, de quien descendieron los sacerdotes de Israel, se encontraba representativamente en Abraham cuando este entregó los diezmos.
Los sacerdotes levíticos también recibían diezmos, pero lo hacían por mandato de la ley y de sus hermanos israelitas. Melquisedec, sin pertenecer a la descendencia de Leví, recibió diezmos de Abraham y también lo bendijo. Por tanto, puede decirse que Leví también pagó diezmos a Melquisedec por medio de Abraham.
Entonces, si Melquisedec era superior a Abraham, y Abraham era el antepasado de Leví, el orden sacerdotal representado por Melquisedec era superior al sacerdocio levítico.
El sacerdocio levítico no podía perfeccionar
Así, el sacerdocio de Cristo está por encima de lo que la ley mosaica y el sistema levítico habían establecido. Si el sacerdocio levítico hubiera podido llevar al ser humano a la perfección, es decir, a la madurez espiritual —es decir, limpiar definitivamente su culpa y proporcionarle acceso pleno a Dios—, no habría sido necesario anunciar otro sacerdote según el orden de Melquisedec. Los sacerdotes y los sacrificios levíticos no podían limpiar definitivamente la conciencia ni proporcionar acceso permanente a Dios1; su repetición demostraba que su obra no era definitiva.
El Salmo 110:4, escrito muchos años después de la institución del sacerdocio levítico, anunciaba la llegada de otro Sacerdote. Dice así: «El Señor ha jurado y no se retractará: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”». Ese anuncio demostraba que el sacerdocio de Aarón era provisional y que Dios ya había revelado Su propósito de establecer uno superior.
De hecho, Jesús pertenecía a la tribu de Judá, no a la tribu sacerdotal de Leví. Moisés no había asignado funciones sacerdotales a la tribu de Judá. Por tanto, la aparición de un Sacerdote procedente de Judá implica un cambio en el orden sacerdotal y en la ley que lo regulaba.
El poder de una vida indestructible y una mejor esperanza
Así pues, Cristo no fue constituido Sacerdote sobre la base de un requisito genealógico, sino «según el poder de una vida indestructible». Los sacerdotes levíticos ejercían temporalmente porque la muerte les impedía continuar, pero nuestro Salvador resucitó y vive para siempre; ¡por eso Su sacerdocio no puede terminar ni pasar a otro!
El mandamiento anterior fue, entonces, revocado debido a su debilidad e inutilidad para perfeccionar al pecador. Esto no significa que la ley de Dios fuera mala o que hubiera fracasado en el propósito para el cual fue dada. La ley revelaba el pecado, mostraba la santidad de Dios y señalaba la necesidad de expiación; pero no podía justificar, no podía transformar al pecador ni proporcionar acceso definitivo a Dios. En su lugar, Cristo introdujo «una mejor esperanza» porque, por medio de Él, podemos acercarnos verdaderamente a Dios.
La finalidad del sacerdocio de Cristo no es solamente concedernos algunos beneficios; ¡es reconciliarnos con Dios y llevarnos hasta Su presencia!
Jesús, garantía de un mejor pacto
Ya que los sacerdotes levíticos asumían su función sin que Dios pronunciara un juramento individual sobre cada uno, se requería de un Sacerdote que fuera constituido mediante el juramento irrevocable de Dios, tal como lo afirma el salmo que leímos previamente: «El Señor ha jurado y no se retractará: “Tú eres sacerdote para siempre”».
Y esta es una esperanza para el creyente porque Dios no cambiará de parecer respecto al sacerdocio de Su Hijo. Debido a este juramento, Jesús ha venido a ser «garantía de un mejor pacto». Como garantía, Jesús asegura que todas las promesas del nuevo pacto se cumplirán.
Por eso, una vez más, la esperanza y seguridad en el cumplimiento de la promesa y del pacto no descansan en nuestra capacidad para sostenerlo, sino en Cristo, quien garantiza su cumplimiento mediante Su persona y Su obra.
Un Sacerdote permanente que intercede por nosotros
Como hemos mencionado, hubo muchos sacerdotes levíticos porque ninguno podía permanecer para siempre. La muerte interrumpía inevitablemente su ministerio y exigía que otro ocupara su lugar.
Pero nuestro Salvador vive para siempre y posee un sacerdocio inmutable o permanente. Su sacerdocio nunca será transferido a un sucesor; no existe otro sacerdote, mediador o camino hacia el Padre. Cristo vive perpetuamente para interceder por quienes se acercan a Dios por medio de Él. Por eso puede salvar; no salva de manera parcial, temporal o provisional; Él puede llevar Su obra salvadora hasta su consumación porque Su vida y Su ministerio sacerdotal nunca terminan.
¡Él salva «para siempre»!
Y Su intercesión no significa que el Hijo deba persuadir continuamente a un Padre renuente a salvarnos. El Padre mismo designó al Hijo y entregó a Su pueblo en Sus manos. La presencia permanente de Cristo delante del Padre y la suficiencia de Su sacrificio constituyen una intercesión continua a favor de los Suyos. Jesús no vuelve a ofrecerse cada vez que pecamos. Su sacrificio ya fue consumado, pero Él continúa representándonos delante del Padre.
Santo, inocente y exaltado sobre los cielos
Este era precisamente el Sumo Sacerdote que necesitábamos: «santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos».
La ley constituía sacerdotes débiles y temporales que debían ofrecer sacrificios primero por sus propios pecados y después por los del pueblo; pero el juramento de Dios constituyó al Hijo como nuestro Sumo Sacerdote perfecto para siempre. Cristo nunca pecó y no necesitaba expiación para Sí mismo. Él se ofreció una vez y para siempre como el sacrificio perfecto que los pecadores necesitábamos.
Cristo es simultáneamente el Sacerdote que presenta la ofrenda y el sacrificio perfecto que fue ofrecido, y Su ofrenda no se repetirá porque fue plenamente suficiente para satisfacer la justicia de Dios y expiar nuestros pecados.
¡Él completó plenamente Su misión redentora y quedó eternamente establecido como nuestro Sumo Sacerdote! ¡No necesitamos buscar otro mediador ni añadir nada a la obra de Cristo!
Querida hermana, esta verdad transforma nuestra manera de enfrentar el pecado, la culpa y la debilidad. Nuestra seguridad no descansa en nuestra capacidad para llevar una vida sin tropiezos, sino en la suficiencia de Cristo. Esto no nos da libertad para permanecer en el pecado, sino confianza para arrepentirnos y regresar a Dios cuando caemos. No existe pecado que Su sacrificio sea incapaz de expiar, debilidad que interrumpa Su sacerdocio ni acusación que anule Su intercesión. El mismo Salvador que se ofreció por nosotras vive eternamente para interceder a nuestro favor.
Nuestro Sacerdote vive, reina y nos representa permanentemente delante del Padre.
Para meditar:
- ¿Estás descansando verdaderamente en Cristo como tu único y suficiente Mediador, o sigues intentando encontrar seguridad en tus propias obras, esfuerzos o méritos?
- Cuando pecas, ¿corres hacia Cristo con arrepentimiento y confianza, sabiendo que Él vive eternamente para interceder por ti, o permites que la culpa te aleje de la presencia de Dios?
- ¿Estás viviendo con la confianza de que Cristo ha completado perfectamente la obra necesaria para tu salvación, o estás intentando añadir algo de ti misma a una obra que Él ya consumó?
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