Día 42 | Marcos 2
Introducción
En Marcos 2 vemos que Jesús ya ha comenzado Su ministerio público en Galilea, y Su fama comienza a difundirse, pues cuando «se oyó que estaba en casa… se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta».
El capítulo de hoy nos relata los conflictos tempranos que se comenzaban a dar con los líderes religiosos, mostrando cómo la autoridad divina de Jesús no solo los asombraba, sino que confrontaba las estructuras religiosas establecidas. Podrás observar que la autoridad de Jesús que vimos destacada en el capítulo 1, es afirmada en nuestro capítulo de hoy.
El versículo 2 nos dice que: «Él les explicaba la palabra». Jesús era intencional en enseñar a las multitudes y en las sinagogas. Encontraremos, mientras seguimos leyendo, que Él hacía esto constantemente. Que esto sea un ánimo para ti en tu lectura diaria. Cuando no puedas entender …
Introducción
En Marcos 2 vemos que Jesús ya ha comenzado Su ministerio público en Galilea, y Su fama comienza a difundirse, pues cuando «se oyó que estaba en casa… se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta».
El capítulo de hoy nos relata los conflictos tempranos que se comenzaban a dar con los líderes religiosos, mostrando cómo la autoridad divina de Jesús no solo los asombraba, sino que confrontaba las estructuras religiosas establecidas. Podrás observar que la autoridad de Jesús que vimos destacada en el capítulo 1, es afirmada en nuestro capítulo de hoy.
El versículo 2 nos dice que: «Él les explicaba la palabra». Jesús era intencional en enseñar a las multitudes y en las sinagogas. Encontraremos, mientras seguimos leyendo, que Él hacía esto constantemente. Que esto sea un ánimo para ti en tu lectura diaria. Cuando no puedas entender algo o sea confuso para ti, pide al Señor que te explique Su Palabra, que abra tus ojos para que veas las maravillas de Su ley, como dice Salmos 119:18.
Jesús tiene autoridad para perdonar pecados
Cuando los amigos del paralítico trajeron al hombre frente a Jesús por el techo, Jesús se asombró tanto de la fe que ellos tenían (estaban haciendo hasta lo imposible por llevar a su amigo delante de Jesús). Lo primero que Jesús dijo fue: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Con esta declaración manifestó públicamente que era Dios, pues solo Dios podía perdonar pecados. Lo cual escandalizó a los fariseos.
Ellos sabían esto, y por supuesto comenzaron a hablar, aunque en esta ocasión lo hicieron en sus corazones. Jesús sabía lo que murmuraban en sus corazones, y al confrontarlos, se asegura de mencionarles que Él lo sabía, pues les dice: «¿Por qué piensan estas cosas en sus corazones?». Esto me hace recordar el Salmo 139:1–4 que dice:
«Oh Señor, Tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aun antes de que haya palabra en mi boca, oh Señor, Tú ya la sabes toda».
Amada, Jesús conocía la mayor necesidad del paralítico, y esta era que necesitaba ser perdonado de sus pecados. Nosotras también tenemos esa necesidad. El hecho de que el Señor conozca aun tus más íntimos pensamientos debe traer paz a tu corazón. Si hay algo que debas presentar delante del Señor, hazlo ahora, sin temor, con un corazón humillado delante del Dios lleno de misericordia y amor. Dios, que conoce tu más íntimo pensamiento, también conoce tu más profunda necesidad, y tiene el poder de perdonarte, restaurarte y darte vida eterna.
Era más fácil hacer el milagro, dijo Jesús, pero salvar el alma de un hombre es tarea que solo Dios mismo puede hacer. El Hijo del Hombre le dice al paralítico que se levante, y así mismo lo hizo. Cuando Dios habla, las cosas suceden. Los milagros solo eran señales para que creyeran en Cristo, más no eran medios de salvación. Nosotras hemos recibido la gracia de la salvación por el poder de Cristo al recibir el evangelio, las buenas nuevas que nos enseñan lo necesitadas que estamos de Él.
Jesús tiene autoridad para llamar a pecadores
Entre los judíos, los recaudadores de impuestos no eran muy queridos por el pueblo, se les consideraba traicioneros por «trabajar para el enemigo» (los romanos), y también eran odiados por tomar ventaja de su puesto y sacar dinero para sí mismos, afectando de esta manera a su propia gente.
Teniendo esto como base, al ver a Jesús comiendo con Leví y sus amigos, hablaban de Él. Al escuchar Jesús lo que decían, les respondió: «los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
Leví estaba enfermo espiritualmente, y entendió por el poder del Espíritu Santo que Jesús podía sanarlo y llamarlo Suyo. Los fariseos sin duda también estaban enfermos, también necesitaban a Jesús; sin embargo, ellos se consideraban sanos y justos delante de Dios.
El Señor nos ayude a entender cuánto lo necesitamos, que podamos ver cuán enfermas estamos cuando tratamos de vivir en nuestras fuerzas y cuánto bien nos hace reconocer que solo Cristo salva y nos restaura para vivir en esta tierra como a Él le agrada.
Jesús tiene autoridad para interpretar el día sábado
Nuevamente los líderes religiosos muestran incomodidad ante Jesús y Sus discípulos, esta vez por estar recogiendo espigas en el día de reposo mientras se abren paso en el camino. Jesús, incómodo por su religiosidad, les recuerda que el día de reposo había sido establecido para el disfrute de ellos, y no para ellos servir al día de reposo. El legalismo humano lo convirtió en una carga en vez de una oportunidad de gozo espiritual en Dios. El día de reposo era un día de servicio a otros, pero aun las leyes ceremoniales se podían suspender cuando una persona tenía necesidad, así como lo fue en el ejemplo que Jesús dio sobre David.
Cristo llama a pecadores, come gozosamente con ellos, no para justificar sus pecados o forma de vivir, sino para llamarlos al arrepentimiento y vida eterna. Las buenas nuevas de Jesucristo son incompatibles con el legalismo humano que no hace acepción de personas para llamarlas a la salvación. Al final, nadie puede salvarse por Sí mismo, necesita que Cristo lo levante de su muerte espiritual. ¡Demos gracias a Dios porque Él ha venido a salvarnos a pesar de nosotras!
Hijo de Hombre
Tomemos un momento para meditar en el nombre de Jesús que encontramos dos veces en este capítulo: Hijo del Hombre. Jesús se refiere a Sí mismo bajo este nombre que tiene profundas raíces en Daniel 7:9–18. Este título comunica tanto Su humanidad como Su autoridad escatológica. El Hijo del Hombre apunta a Sus sufrimientos, a Su humillación, y a Su pasión. Nos habla de la humanidad de Jesús. Habla de Su humildad, de Su humillación, de Sus sufrimientos, pero también nos habla de Su deidad, Su autoridad y Su exaltación.
Marcos nos está presentando a Jesús como Aquel que tiene autoridad divina en todos los ámbitos: espiritual, moral, relacional y religioso. Cada escena del capítulo 2 confronta la incredulidad y el legalismo con esta verdad central: Jesús es el Hijo del Hombre con poder sobre todo.
Para meditar:
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¿Te consideras justa, como los fariseos, o has entendido que necesitas a un Salvador como lo entendió Leví?
- El Señor, en Su gracia, nos ha favorecido con muchas bendiciones, comida, sueño, naturaleza para recrearnos, familia, amigos… ¿cómo estás administrando estas bendiciones? ¿Sirven ellos para tu disfrute o tú te sirves de ellos? Recuerda: el día de reposo no es para que tú descanses, es para recordar que, debido a que Cristo ya cumplió toda la ley y Su obra de expiación, nosotras podemos descansar de nuestras obras de lunes a sábado para dedicar el Día del Señor a nuestro Dios a través de servir y compartir con nuestros hermanos.
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