Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Hijo del Hombre

Carmen Espaillat: ¿Te pareces a tu papá? Cuando conoces a Jesús, comienzas a parecerte cada día más a Él.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Se supone que debe haber un parentesco o una semejanza familiar entre nosotras y nuestro Padre celestial, y es Cristo que hace que eso ocurra en nosotras.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Durante estas semanas hemos estado anticipando nuestra próxima conferencia Mujer Verdadera para Latinoamérica, que se llevará a cabo a finales de este mes.

Ahora queremos compartir contigo lo que dos radioescuchas, Ana y Elvira, nos cuentan acerca de sus experiencias en la conferencia Mujer Verdadera que se llevó a cabo el año pasado en Indianápolis.

Ana Ogalde: Mi nombre es Ana Ogalde, y vivo en Virginia, originalmente soy de Ecuador. 

Elvira: Mi nombre es  Elvira, soy originaria de México pero vivo en Virginia hace 15 años.  

Ana: Bueno yo estoy escuchando Aviva Nuestros Corazones ya hace 4 o 5 años atrás, y bueno he querido compartir eso que he aprendido con otras hermanas en el ministerio en nuestra iglesia, en el ministerio hispano.  

Elvira: Conocí este ministerio  por esta amiga Anita, que es la que me comento del radio y de la página de internet.  

Ana: Hemos hecho estudio de los libros  de Nancy y ha sido de gran bendición. 

Carmen: Ellas nos cuentan acerca de las áreas en las que el Señor ha estado trabajando en sus vidas.

Ana: Sobre todo obediencia, obediencia,  sumisión, conocer este concepto y aplicarlo en la vida diaria que es todo un reto.  También como mamá, ósea me ha ministrado mucho porque ahora hemos tomado el reto de educar en casa a nuestras hijas, eso fue algo que también el Señor puso en mi corazón y lo estamos haciendo, va a ser este nuestro segundo año, pero si a depender de Él más que todo, ósea dejar el control, he aprendido un poco de eso, estoy aprendiendo todavía, a dejar eso de querer controlarlo todo y a dejar que el Señor lo haga.

Carmen: Ellas nos cuentan acerca de las áreas en las que Dios ha estado trabajando en sus vidas,

Elvira:  Wow, me ha traído convicción a mi corazón sobre buscar el propósito para mi vida, para el que Él me creó como mujer y mis roles como esposa, como mami y envuelta en el ministerio en nuestra iglesia.

Ana: bueno,  el Señor me ha confrontado con varias cosas, y como madre, puedo ser muy nice, muy buena fuera de la casa, pero como soy en el hogar,  sea vivirlo, también, ser de testimonio para mis hijas pequeñas y para mi esposo.

Carmen: Ellas se despiden con unas palabras para ti,

Ana: Llegué a esta conferencia sintiendo que lo que estoy haciendo en casa no vale y  que es como que es visto como poca cosa y en eso ha sido muy claro el Señor a mi corazón, más bien quiero animar ahora a otras mujeres, a que dediquen tiempo a otras mujeres, el que enseñen la palabra de Dios desde corta edad, que ese tiempo que estas allí con tus hijos en el hogar, limpiando, y haciendo todas estas cosas, cuenta, vale, vale la pena y no sabemos, las consecuencias buenas que esto va a traer pero tenemos que confiar en el Señor.

Elvira: Que es una bendición del Señor y que si el Señor pone en tu corazón o trae a tu atención una conferencia como estas, ponlo en oración, pídele que te bendiga  porque el provee, nosotras no teníamos medios para venir y el Señor proveyó cada centavo y  es una gran bendición. Que lo pongan en oración porque el Señor sabe tu necesidad y te va a bendecir si está en su propósito el edificarte en esta forma.

Carmen: Espero que te animes a asistir a nuestra próxima conferencia Mujer Verdadera para Latinoamérica 2017, este mes de marzo. Para enterarte de todos los detalles visita MujerVerdadera17.com.

Bien, la semana pasada comenzamos una nueva serie en la que estaremos estudiando diferentes nombres de Jesús titulada, “La maravilla de Su Nombre”. Con nosotras Nancy para enseñarnos acerca de otro nombre de Jesús,

Nancy: En estos días estamos viendo en estos días “La Maravilla de Su Nombre: 32 nombres de Jesús que cambiarán tu vida”. Estoy tan emocionada con este estudio. Espero que lo estés siguiendo junto a nosotras. Si te pierdes un día, puedes ir a la página de www.avivanuestroscorazones.com. Puedes escuchar el audio o descargarlo y leer la transcripción. Espero que estés sacando provecho de esta oportunidad en esta época, en esta fecha específica y que estés preparando tu corazón para buscar al Señor, y que nos lleva a meditar más profundamente en quién es Jesús y la grandeza de Su nombre—lo que sus nombres significan para nosotros y cómo pueden cambiar nuestras vidas.

 Ahora, mi nombre favorito para Jesús es cualquiera que yo esté estudiando y enseñando en ese momento. Estoy aprendiendo a amar cada uno de los nombres al hacer este estudio. Pero, ¿Alguna vez has considerado ¿cuál es el nombre o el título preferido de Jesús para el mismo? ¿Tienes alguna idea de cuál podría ser? Bueno, déjame decirte, porque las Escrituras nos dan una buena idea. Creo que el título favorito de Jesús, al menos durante su ministerio terrenal, es del que vamos a hablar hoy, que es el Hijo del Hombre—El Hijo del Hombre.

Vemos este título ochenta y siete veces en el Nuevo Testamento y de esas ochenta y siete, ochenta y cuatro veces de esas en los cuatro evangelios, y dentro de los evangelios  treinta y dos veces en el evangelio de Mateo solamente. Jesús ocasionalmente se refirió a Él mismo como el Hijo de Dios, pero mucho más frecuentemente se refirió a Él como el Hijo del Hombre, y ese título nos dice mucho sobre Jesús.

En primer lugar nos habla de su humanidad—El Hijo del Hombre. El fue hecho semejante a los hombres. Eso quiere decir que Él tuvo un cuerpo físico. Tenía necesidades y características humanas. Él sabía lo que era tener hambre, tener sed, estar físicamente cansado, necesitar una siesta. Sabía lo que era ser tentado, llorar y tener dolor. En todos estos aspectos humanos, Jesús se identificó con nosotros.

No habríamos podido ser redimidas si Jesús no se hubiera hecho hombre. Dios tenía que hacerse carne, tomar nuestra humanidad y nuestras limitaciones físicas. Jesús hizo eso cuando vino a la tierra como el Hijo de Dios encarnado y se convirtió en el Hijo del Hombre. Y como hombre, Él obedeció a Dios. Sirvió a Dios. Resistió la tentación. Si quieres meditar más en esto, ve a Hebreos capítulo 2, comenzando en el verso 14, y verás porqué es tan importante que Jesús se hiciera humano para poder redimirnos.

Asi que el nombre nos habla de Su humanidad, pero también nos habla de Su humildad. Me encanta citar a mi amigo, Charles Spurgeon, él dice algo muy hermoso sobre esto. Él escribió:

"Si hubiese querido, Jesús siempre habría hablado de sí mismo como el Hijo de Dios, el Padre Eterno, el Maravilloso, el Consejero, el Príncipe de Paz; pero he aquí la humildad de Cristo! Él prefiere llamarse a sí mismo el Hijo del Hombre. Aprendamos una lección de humildad de nuestro Salvador; y que nunca busquemos grandes títulos”

Pero qué diferentes somos de Jesús. Cualquiera que sea el mejor y más grande título que tengamos, ése es el que queremos que la gente sepa, ¿no es así? Nuestros logros, lo que hemos hecho, dónde hemos estado, las personas que conocemos. Pero vemos la humildad de Jesús en llamarse a sí mismo una y otra vez el Hijo del Hombre.

Leemos sobre esa humildad en Mateo 8, donde Jesús dice,

Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza (v. 20)

Me parece que esa es una referencia al hecho de que Jesús renunció a su gloria y a los privilegios de Su morada eterna para venir a esta tierra. Esa es una imagen de cómo se humilló a Sí mismo para convertirse en humano.

El Hijo del Hombre nos habla de las razones para que Jesús viniera a esta tierra. Leemos en Lucas capítulo 19, “El Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido” (v. 10). En Marcos 10, verso 45, “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” El Hijo del Hombre nos habla de por qué Jesús vino—para buscar, salvar, servir, para dar su vida en sustitución por el hombre pecador.

El título el Hijo del Hombre nos habla de los sufrimientos y de la pasión de Jesús. Al leer los evangelios, fíjate cuántas veces el término “Hijo del Hombre” se asocia a  los sufrimientos de Jesús,

Leemos, por ejemplo, en Lucas 9, verso 22,

"El Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día."

El Hijo del Hombre apunta a Sus sufrimientos, a Su humillación, y a Su pasión. Este título, El Hijo del Hombre, nos habla de la humanidad de Jesús.  Habla de su humildad, de su humillación, de Sus sufrimientos, pero también nos habla de Su deidad, Su autoridad y Su exaltación.

Nos habla de Su deidad y Su preexistencia, el hecho de que Él siempre fue Dios. Juan 3 nos dice, “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo.” (v. 13). Jesús dijo esto de sí mismo. Él estuvo aquí en la tierra y ascendería otra vez al cielo, pero dejaría saber claramente que inicialmente estaba en el cielo, Él descendió, pero siempre estuvo en el cielo. Él pre-existía como Dios, descendió del cielo como el Hijo del Hombre. Esto nos habla de su deidad.

También aprendemos sobre Su autoridad cuando Él dice, “Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo” (Mateo 12:8), y “el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (Mateo 9:6)

Y luego el uso más frecuente de “el Hijo del Hombre” en el Nuevo Testamento es para hablar sobre Su exaltación y su gloria futura. Ahora, recuerdas que la primera vez que Jesús vino a la tierra, vino en humildad, como el Siervo Sufriente. Pero en su segunda venida, cuando Él regrese a la tierra, Él vendrá con poder y gran gloria—esta vez, ya  no para salvar, sino para juzgar a los malvados y a reinar para siempre. Y podemos ver esto en los evangelios—Mateo 16, verso 27, nos dice,

"Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta."

Lucas 22, versículo  69,

Pero de ahora en adelante, el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios.

Su exaltación. Ahora, estos versículos y otros como ellos que hablan de la exaltación futura del Hijo del Hombre están atados a una referencia muy importante sobre el Hijo del Hombre del Antiguo Testamento. Una referencia que se encuentra en el libro de Daniel capítulo 7. Déjame darte el contexto antes de leer los versículos 13 y 14 de Daniel 7.

El contexto en el principio de Daniel 7 es la aparición de 4 grandes bestias, representando poderes mundiales. Y luego vemos en el verso 7 que la cuarta de esas bestias, el cuarto de esos poderes globales es “terrible, espantoso y en gran manera fuerte”.

Y luego, en ese contexto, el Anciano de Días, el mismo Dios Padre, toma Su lugar en el trono celestial. Fuego desciende desde el trono. Miríadas de ángeles lo rodean. Él es el juez. Ejerce juicio. En ese contexto, esa cuarta bestia espantosa es destruida. Es quemada en el fuego. Todo esto viene a ser como el telón de fondo.

Y luego venimos a esta gran profecía mesiánica en Daniel capítulo 7, versos 13 y 14. Daniel dice,

"Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante Él.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, 
y su reino uno que no será destruido."

Ahora, recuerda que todos esos otros reinos terrenales han sido destruidos, pero este es un reino del Hijo del Hombre que nunca será destruido.

Vamos hacia adelante a Mateo capítulo 26, durante el juicio de Jesús, cuando Jesús estaba de pie frente a Caifás el Sumo Sacerdote, Jesús le dice a Caifás, que el día viene cuando las mesas serán volteadas y Jesús juzgará a Caifás y a todos los demás seres humanos. Él regresará a ejecutar el  juicio final. Los judíos vieron esto como una blasfemia.

Mateo capítulo 26, versículos  63 y 64,

". Y el sumo sacerdote le dijo: ‘Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios’. Jesús le dijo: ‘Tú mismo lo has dicho; sin embargo, os digo que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo’."

¿Recuerdas que escuchaste esa frase hace solo unos momentos en Daniel capítulo 7? “Y he aquí, con las nubes del cielo
 venía uno como un Hijo de Hombre”? El Sumo sacerdote, el consejo, el Sanedrín sabían que Jesús estaba haciendo referencia a Daniel capítulo 7, que Él estaba diciendo ser el gobernante poderoso de la visión de Daniel.

Seguimos leyendo en Mateo capítulo 26 donde el Sumo sacerdote y el consejo dijeron, “Ha dicho blasfemia. Merece la muerte”. Porque ellos sabían que estaba proclamando ser el Mesías, el Cristo, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios.

Lo vemos como el Hijo del Hombre en la visión de Juan en el Apocalipsis,  en el Apocalipsis 1 donde Juan vió “y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro.” (v. 13). Esa es la exaltación, la gloria del Hijo del Hombre.

Vemos que el Hijo del Hombre vino del cielo a la tierra para servir, para buscar y para salvar aquellos que estaban perdidos. El Hijo del Hombre dio, puso Su vida. Él fue levantado de los muertos. Ascendió al cielo. Intercede por nosotros hoy. Y un día regresará a la tierra para juzgarla y para tomar dominio, para establecer su reino eterno. Él reinará por siempre y siempre. Él es el Hijo de Dios y es el Hijo del Hombre.

Como hemos estado considerando hoy y en la sesión anterior lo que significa que Él sea el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, déjame animarte a considerar algunas enseñanzas para nuestras vidas.

Primero, y creo que esto es tan increíble, no es un pensamiento nuevo, pero tal vez no lo has pensado recientemente: El Hijo de Dios se hizo el Hijo del Hombre para que los hijos de los hombres pudieran convertirse en hijos de Dios. ¿No es eso increíble?

Gálatas 4 lo dice de la siguiente manera,

"Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre!" (vv. 4-6)

No podíamos llamar a Dios nuestro Padre hasta que el Hijo de Dios se hiciera el Hijo del Hombre para que los hijos de los hombres se convirtieran en hijos de Dios. Así que Gálatas 4 dice, “Por tanto, ya no eres siervo sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (v. 7)

No todo el mundo es hijo de Dios. Debemos recibirlo por quien Él es. Debemos poner nuestra fe en el Hijo de Dios que se hizo el Hijo del Hombre. Y no todo el mundo hace eso. La mayoría rehúsa creer en el Hijo de Dios que se hizo Hijo del Hombre. Eso es lo que leemos en Juan capítulo 1,

“A los suyos vino (los que Él había creado), y los suyos (ni siquiera la nación de Israel, su propio pueblo) y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” (vv. 11-12)

En su primera epístola, 1 Juan capítulo 3, el dice, “Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos.” (v. 1)

¿Has considerado esto últimamente? Deja que eso embargue tu alma. Permite que eso te asombre de una forma fresca. Pero espera…hay más. El propósito último de Dios para nosotras es que compartamos su gloria eterna.

Hebreos capítulo 2 nos dice,

"Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos. Porque tanto el que santifica (ese es Jesús) como los que son santificados (nosotros), son todos de un Padre. "(vv. 10-11)

¿Cuál es ese Padre? Dios el Padre. Él es el unigénito y eterno Hijo de Dios. Nosotras somos hijas de Dios por adopción. Tenemos un Padre. ¿y no es esto  grandioso?

Y hay más. Espera “por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos" [un Salmo del Antiguo Testamento de la profecía del Mesías] (v. 11)

¡Increíble! Jesús es el unigénito y eterno Hijo de Dios, y por medio de la fe en Su Nombre, nosotros también podemos convertirnos en hijas, hijas de Dios. Podemos llegar a tener una relación eterna con Dios como nuestro Padre así como Él es Padre de Jesús y tener a Cristo como nuestro querido, precioso, amado y eterno hermano. Podemos hablar de una nueva línea familiar; la tenemos en Jesús porque Él es el Hijo de Dios que se hizo el Hijo del Hombre.

Pero espera…hay más. Como hijas de Dios—acabamos de leer esto en Hebreos 2, estamos siendo santificadas. ¿Con que fin? Para que seamos  como nuestro hermano Cristo y nos parezcamos a Él. Se supone que como familia nos parezcamos a nuestro Padre celestial, y es Cristo el que está haciendo eso posible en nosotras.

¿Qué quiere decir eso? Bueno significa que nuestras vidas estarán marcadas por características similares a las que Jesús tenía, el Hijo del Hombre—marcadas por humildad, por un corazón para servir, una disposición para sufrir en lugar de otros, de ser necesario, como Él sufrió por nosotras. Wow! wow! wow! El Hijo de Dios se hizo el Hijo del Hombre para que los hijos de los hombres pudieran convertirse en hijos de Dios, hermanos de Jesús, transformados, santificados,  como Él.

Y quiero cerrar con este pensamiento, y por favor, por favor, si has estado medio desconectada o escuchando como si esto fuera sonido de fondo mientras haces algo más, quiero pedirte que te detengas un momento y escuches, que escuches con atención. Escucha con tus oídos. Pero también escucha con tu corazón porque quiero que esta verdad se apodere de ti: Tu destino eterno estará determinado por tu respuesta al Hijo.

Estas no son sencillamente un conjunto de enseñanzas teológicas. No es algo que se lee en un libro, y uno dice., “Sí, eso es bonito, Sí, yo se que Jesús fue el Hijo de Dios, Hijo del Hombre, cantamos sobre eso. Sí, sí, sí…Como quieras!

No, no como quieras. El destino eterno de tu cuerpo, alma y espíritu está determinado por cómo respondas al Hijo, 

Quiero llevarte en estos últimos momentos a un salmo del Antiguo Testamento, es un salmo mesiánico, y déjame comenzar leyendo los últimos versos de Salmos capítulo 2 (versión Reina Valera antigua), el versículo 12: “Besad al hijo” ahora, sé que suena un poco extraño, pero voy a explicarlo en un momento.

"Besad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. ¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian!"

Ahora, ese Hijo en el verso 12 se identifica anteriormente en el Salmo como el Hijo de Dios. Vemos eso en el versículo 7 del Salmo 2. Y es identificado como el Rey, el Mesías que Dios preparó para reinar sobre las naciones del mundo—el Hijo, el Rey—la misma persona en este salmo mesiánico—hablando proféticamente de Jesucristo.

Así que al cerrar este salmo, Él dice, “Besad al hijo”, si estás usando la traducción de la Biblia de las Américas dice, “Honrad al Hijo”. Creo que eso explica bastante bien el significado de “Besar al Hijo”.

Has visto o has leído sobre eso, estoy segura de que en el oriente antiguo, la forma en que uno mostraba respeto a alguien de un rango superior podía ser a través de un beso. Era una forma de expresar honra o afiliación a un rey. Se podía besar la mano, los  pies, o aun la vestidura. Eso todavía se hace en ciertas culturas.

Así que “besar al Hijo” es una muestra, un símbolo de sujeción. Quiere decir que le das a Él tu honra sincera y de corazón, tu lealtad completa, tu respeto, tu sumisión. Eso es lo que significa “besar al Hijo”.

Pero es más que tu sumisión. “Besar al Hijo” es también una muestra de amistad. Significa acercarse al Hijo, ser reconciliado con Él, entregarle la adoración de tu corazón, tu  amor, tus afectos. Quiere decir abrazarlo como Salvador, como Rey, como el Hijo de Dios, como el Hijo del Hombre.

Anteriormente dijimos que Jesús vino a la tierra la primera vez como el Hijo del Hombre, en humildad, humildad. Él vino a buscar y a salvar los perdidos, a traer misericordia y salvación, a traer un llamado al  arrepentimiento y ser salvos. Pero cuando Jesús vuelva por  segunda vez—y Él lo hará—no habrá más oportunidad para la misericordia, no más oportunidad para la salvación. Esta vez el vendrá como el instrumento del juicio de Dios, la ira justa y fiera de un Dios santo contra el pecado de la raza humana y será ejecutada por el  Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, vengador.

Y toda persona y toda nación que haya rehusado “besar al Hijo”, que rehusó doblar sus rodillas delante de Él en honor y sumisión y amor, toda persona y toda nación que rehusó “besar al Hijo” será consumida por la ira de Dios, de  el Padre y Dios el Hijo. Perecerán eternamente.

Así que si tú nunca has rendido tu corazón ante Jesús y no has besado al Hijo, eso debe causarte gran preocupación a medida que piensas en el regreso de Jesucristo. Ríndete a Él hoy. “Besa al Hijo” y no presumas de qué podrás hacerlo en otro momento. Puede que no tengas más tiempo. Reconoce que mereces la ira de Dios por tus pecados, y que Él es tu única esperanza para el perdón de pecados, la única forma para evitar el juicio y la ira de Dios. Arrepiéntete de tus pecados, y recibe su Salvación, y escapa, huye  de la ira venidera.

Besad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. PERO y me encanta esta frase de Salmo 2: ¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian! (v. 12)

Refúgiate en El! Pon tu confianza en Él. Mientras lo haces, debes saber que eres perdonada, que serás librada de la ira de Dios, y que puedes anticipar su venida con gran gozo. Puedes tener la expectativa de ser parte de su nueva creación y  de estar por siempre con El Señor en su santa presencia.

Y no sólo “beses al Hijo” tú sola, sino también haz lo que puedas para decirle a otros que ellos necesitan “besar al Hijo”, que ellos pueden escapar de la ira de Dios creyendo en el Hijo.

Si puedes, inclínate conmigo en oración, y quisiera invitarte, si nunca has dado tu honra y tu sumisión, tu amor a Jesús, quisiera invitarte a  hacer eso ahora mismo “Besar al Hijo”. Pon tu confianza en Él. Arrepiéntete de tu pecado, y refúgiate  en Él.

¡Hermoso Salvador! ¡Creador de todo!

¡Hijo de Dios, te doy loor!

A ti solo honrare, te reverenciare,

De mi alma vida, sol y amor.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado enseñando acerca de un nombre muy importante de Jesús—“El Hijo del Hombre”. Ella te ha invitado a someter tu vida a Él.

Tu vida no es un accidente—un mero producto de la casualidad. Conoce más acerca de esto y de la historia de la redención, al visitar nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com. Allí, en la transcripción del programa de hoy, tendremos disponible para ti el recurso titulado: “La historia del evangelio”. Búscalo hoy y conoce más acerca del plan redentor de Dios.

En nuestro programa de mañana, continuando con la serie “La maravilla de Su Nombre”, veremos que Jesús recibió uno de sus nombres 700 años antes de nacer, mientras la nación de Israel estaba siendo amenazada por ejércitos enemigos. ¿Sabes cuál nombre es? Sintoniza Aviva Nuestros Corazones mañana. ¡Te esperamos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

Dawn Wilson, Lindsay Swartz, y Darla Wilkinson proveyeron una investigación de mucha ayuda para esta serie.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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