Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Hijo de Dios

Carmen Espaillat: Ver una familia quebrantada tras otra es desalentador. Pareciera que puedes encontrar padres ausentes o hijos rebeldes por todas partes, pero Nancy DeMoss de Wolgemuth nos muestra que podemos encontrar un ejemplo de una relación ideal de familia.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Vemos la relación perfecta de Padre e Hijo entre Jesús y Su Padre.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

La semana pasada Nancy comenzó esta serie llamada, “La maravilla de Su Nombre”—en la que estaremos conociendo a Jesús al estudiar 32 de Sus Nombres. Si te perdiste alguno de los programas, puedes escucharlos, o descargarlos o leer las transcripciones en nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy continuamos esta serie estudiando el nombre, “Hijo de Dios”.

Aquí está Nancy.

Nancy: He tenido la inmensa alegría y el privilegio de caminar con el Señor por más de 50 años, y estoy tan agradecida por estas grandes verdades de la Palabra de Dios. Pero sabes, uno de los peligros que he experimentado a través de los años, -y quizás te ha pasado a ti también- es que oímos estas verdades impresionantes de la Palabra de Dios, y  las escuchamos una y otra y otra vez, y pueden volverse tan familiares que perdemos la sensación de asombro. Estas verdades familiares para nosotras se convierten en algo común, y tristemente, hasta insignificantes en algunas de nuestras vidas. 

Yo espero que cuando abras la Palabra de Dios, y mientras escuchas a Aviva Nuestros Corazones, y mientras estudias por tí misma la Palabra de Dios, que tu oración sea, “Señor, no permitas que pierda el asombro. Ayúdame a ver esto y a leerlo y oírlo como si nunca antes lo hubiera escuchado antes.”

Esta es una de las cosas que le estamos pidiendo a Dios que haga en esta serie sobre “La Maravilla de Su Nombre: 32 nombres de Jesús que cambian la vida.” Estos no son nombres nuevos para la mayoría de nosotras, pero estamos tratando de indagar más profundamente en ellos, de manera que podamos estar expuestas a la maravilla de Su nombre y ver a Jesús con ojos frescos, llenos de amor y de adoración. 

Una de las promesas más significativas y preciosas en la Palabra de Dios es una que creo que hemos oído tan a menudo, que puede que muchas de nosotras hayamos perdido el sentido de lo maravillosa que es. Está en el  versículo en el capítulo 9 de Isaías, el versículo 6 que dice, “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado”---nos ha nacido un niño, un Hijo nos ha dado. Claro, tú sabes que esta es una profecía de Jesús, el Mesías, que fue dada 700 años antes de Su nacimiento—un Hijo nos ha sido dado.

Jesús, como hijo  es un tema muy importante en las Escrituras. Vemos a través de las Escrituras muchos títulos diferentes de la Filiación de Jesús, y cada uno de estos títulos revela algún aspecto diferente de Su persona y Su obra. 

Por ejemplo, en Marcos capítulo 6 leemos, “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” (v.3) Esto nos dice que Jesús nació de una mujer. Es el origen de Su humanidad—y hablaremos más sobre esto en algunos de los nombres que siguen.

Y luego leemos en Juan capítulo 1 y capítulo 6 que Jesús es llamado el Hijo de José—José  fue el padre legal de Jesús por adopción.

Y después llegamos a Mateo capítulo 1, versículo 1, y leemos este versículo tan importante, el primer versículo del Nuevo Testamento, “El libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.”  El Hijo de Abraham—eso nos habla de la procedencia judía de Jesús. El Hijo de María habla de Su humanidad. El Hijo de Abraham habla de Su procedencia judía.

Mateo escribe para comprobarles a los judíos escépticos que Jesús era ciertamente el Mesías prometido. Ese Mesías tenía que ser judío, y era importante que Jesús siguiera todas las obligaciones de ser judío. Encontrarás eso enfatizado especialmente en el Evangelio de Mateo. Jesús cumplió con todas las bendiciones y las promesas hechas al pueblo judío en el Pacto de Abraham.

Por ejemplo, en Génesis capítulo 22, Dios le promete a Abraham que en su simiente iban a ser bendecidas todas las naciones de la tierra. Dice, “en tu simiente” (v.18). Bueno, ¿quién era esa simiente de Abraham? Isaac era su simiente. ¿Estaba Dios allí hablando de Isaac? Gálatas capítulo 3 nos da la respuesta y nos dice quién es esa simiente. Dice que esa simiente es Cristo. Cristo es la simiente de Abraham a través de quien todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Así que era muy importante que Jesús estuviera en la genealogía de Abraham, el Hijo de Abraham.

Luego vemos otra vez en Mateo 1:1 que Jesús es el Hijo de David—un nombre de Jesús realmente importante. Podríamos tomar un programa entero hablando de este nombre. Pero no lo haremos. Pero vemos en Mateo, Marcos, y Lucas que Jesús es llamado el Hijo de David diecisiete veces. La expectativa más común del Mesías era que Él fuese un descendiente del Rey David. Jesús cumplió esa profecía. Él era en efecto el Mesías prometido.

Era importante que los judíos supieran que Jesús vino de la línea de David. Así que nos enteramos en Mateo 1, si indagas un poco en esa genealogía, que Jesús fue un descendiente directo de David a través de José, quien fue Su padre legal. Y luego la genealogía en Lucas capítulo 3 nos habla del linaje de Jesús de parte de Su madre María, quien era descendiente de David también. De manera que Él era el Hijo de David por adopción por parte de José, y de sangre por parte de María---muy importante, si Él iba a ser el Mesías, era muy importante que el pueblo supiera que Él era el  Hijo de David.

Ese título también habla de Su realeza. Él era un descendiente del Rey David, y Jesús fue el hijo supremo de David, por lo tanto, el Rey supremo. Él cumpliría el pacto Davídico, se sentaría en el trono de David por los siglos de los siglos—El Rey Jesús. Sabemos que Él lo es porque Él es el Hijo del Rey David.

Luego muchas veces en las Escrituras Jesús es llamado el Hijo de David por personas que estaban buscando sanidad. Cuando esas personas clamaban a Él “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”, ellos estaban expresando su fe en Jesús, reconociendo que Él era el Mesías prometido. Ellos decían, “Creemos que Tú eres quien Tú dices ser—Tú eres el Hijo de David, el Mesías prometido.”

Ahora bien, quiero hablarles hoy y mañana acerca de otros títulos de la Filiación de Hijo de Jesús. Hoy queremos hablar de Jesús como el Hijo de Dios, y mañana vamos a hablar de Jesús como el Hijo del Hombre.

Primero, el Hijo de Dios—este término es usado de diferentes maneras en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, ciertos hombres y ciertamente seres celestiales, ángeles, fueron llamados “hijos de Dios.” En el libro de Génesis capítulo 6, en Job capítulo 1, leemos sobre ciertos hombres y ángeles que fueron llamados “hijos de Dios.”

Luego en Éxodo y en otra parte, los Hijos de Israel fueron llamados corporativamente el “hijo de Dios.” Dios le dijo al Faraón, “Deja ir a Mi pueblo. Este es Mi hijo, deja ir a Mi pueblo.” 

También hubo reyes y gobernantes, particularmente el Rey David, quienes fueron llamados “hijos de Dios.” Y David fue un tipo profético de Jesús, el Hijo de Dios.

El Hijo de Dios fue en realidad un título Mesiánico del Antiguo Testamento. Todos los otros “hijos de Dios” apuntaban al verdadero Hijo de Dios. Todos fueron cumplidos; todos estos tipos fueron realizados en Jesús, el Hijo, que reinaría en el trono mesiánico de David.

Así que estos fueron “hijos de Dios” en un sentido, pero Jesús en un sentido único es El Hijo de Dios.  Él es llamado el Hijo de Dios  cuarenta y siete veces en el Nuevo Testamento.  Cinco veces en las escrituras de Juan.  Dependiendo de la traducción que uses, puedes ver que Jesús es llamado el “Hijo unigénito.” ¿Cuál es el versículo más familiar que dice eso? Juan 3:16 en la RV.  Esa palabra significa “único—el único Hijo de Dios, el único en su clase, el Hijo supremo de Dios.

Ahora, hay otros nombres que están relacionados. Puedes ver que Jesús es llamado el Hijo del Bendito, el Hijo del Padre, el Hijo del Altísimo. Y luego tenemos la declaración famosa de Pedro, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Todos esos nombres hablan de Jesús como el único y verdadero Hijo de Dios.

Hay varios aspectos diferentes al hecho de Jesús ser llamado Hijo de Dios, que nos ayudan a conocerlo y a amarlo más. Sabemos que Jesús es el Hijo Eterno de Dios. A través de toda la eternidad pasada, desde antes de la creación del mundo, Jesús compartió una relación  Padre/Hijo con Dios. Jesús es miembro de la Trinidad. Él es co-igual, co-eterno con Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo.

Y sabemos que, como el Hijo eterno de Dios, Jesús tuvo una relación íntima con Su Padre Celestial. Jesús tuvo una relación íntima con el Padre. Leemos en Juan 1, verso 1, “En el principio era el Verbo…”—el logos, Jesús—“y el Verbo era con Dios.” Ese término “con Dios” en Griego transmite un sentido de estar “cara a cara con Dios”. Habla de intimidad. Habla de cercanía.

Jesús hace referencia  a esa intimidad en Juan 17 cuando Él está orando, y Él le dice a Su Padre, “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (v.24). Hay una relación de amor, una relación una intimidad que Jesús comparte con Su Padre. Porque Él es el Hijo eterno  de Dios.

Pero Él también es el Hijo de Dios encarnado. Dios envió a Su único y amado Hijo a la tierra a nacer en la raza humana. Antes de Su nacimiento, un ángel vino y le dijo a María que este Niño sería el Hijo Prometido de Dios, quien reinaría en el trono mesiánico de David. Debes recordar ese pasaje en Lucas capítulo 1, comenzando en el verso 31, donde el ángel le dice a María, 

Y he aquí, concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo, y le pondrás  por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (vv. 31-33)

Y recuerdas cómo María le dijo al ángel, “¿Cómo será esto, puesto que soy virgen?” En el Verso 35, el ángel le responde,

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo Niño que nacerá, será llamado---Hijo de Dios.

El nacimiento virginal de Jesús da testimonio de que Él es el Hijo de Dios. Y luego Sus poderosas obras mientras Él estuvo aquí en la tierra, Sus milagros, dan testimonio de que en efecto Él es el Hijo de Dios.

Él fue declarado por el Padre como el Hijo de Dios en Su bautismo y otra vez en la transfiguración. Dios dijo: Este es Mi Hijo amado, en quien me he complacido” (Mateo 17:5).

Los demonios reconocieron a Jesús como el Hijo del Dios Altísimo. Podemos leer esto en Marcos capítulo 5, versículo 7.

Jesús Mismo con frecuencia se refería a Dios como Su Padre. Y los judíos sabían que cuando Él decía esto, Él estaba alegando ser Dios Mismo. Juan capítulo 5, versículo 18 dice que Él “llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios.”

Ahora, como puedes recordar, si has leído los Evangelios, eso causó una gran controversia cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, porque si Él no era Dios, entonces el decir que Él lo era, era blasfemia. Pero no solo causó controversia cuando Jesús estuvo aquí en la tierra el que Él se hiciera a Sí mismo igual a Dios, que Él se llamara a Sí mismo el Hijo de Dios, esto ha causado controversia a través de la historia de la iglesia. Permítanme mencionar dos ejemplos.

Arrio fue un líder de la iglesia en Egipto en el siglo IV después de Cristo. Él enseñó que Jesús creó el mundo—lo cual es cierto—pero que Jesús fue creado por Dios, y por lo tanto, no era divino. Esto  resultó en una gran controversia.

Luego en el año 325 D.C. el Concilio de Nicea afirmó que Jesucristo no es solo es el Hijo de Dios, sino que Él también es Dios el Hijo. Él no es un ser creado. Él ha sido uno con Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo por toda la eternidad.

Luego la religión islámica también niega que Jesús sea el Hijo de Dios. Ellos creen que es blasfemia afirmar que Él lo es (el Hijo de Dios), porque la religión musulmana asume que esto significa que Dios tuvo una unión sexual con una diosa-esposa para crear a Jesús. Ahora, eso no es lo que se sugiere cuando llamamos a Jesús el Hijo de Dios. El cristianismo no enseña que Jesús es el hijo literal de Dios producido por algún acto físico.

El cristianismo sí enseña que Jesús es el Hijo de Dios y Dios el Hijo. Como el Hijo de Dios, Jesús porta toda la naturaleza divina. Él nos ha revelado la plenitud de la gloria de Dios. Puedes ver ese pasaje magnífico en Hebreos capítulo 1—y vamos a hacer referencia a este pasaje varias veces en esta serie. Me gustaría que pudiéramos hacer una serie entera—y quizás un día lo haremos—sólo sobre Hebreos capítulo 1—la increíble superioridad de Jesús.

Pero comienza diciendo, “. . . en estos últimos días, Dios nos ha hablado por su hijo…”—Jesús. Jesús “es el resplandor de su gloria y la expresión exacta”---o sea el duplicado---“de la naturaleza de Dios.” Jesús comparte igualmente cada atributo de Dios el Padre.

Ahora, mientras estudiaba Su nombre, hubo algo que realmente me llamó la atención. El Hijo de Dios eterno y encarnado, el Dios que siempre fue, y el Dios que se hizo carne (eso es lo que la palabra “encarnado” significa), ese Hijo de Dios fue enviado a la tierra por el Padre porque Dios amó tanto a este mundo. Él envió a Su Hijo para salvarnos. Pero ese Hijo que vino a la tierra, enviado por el Padre, fue rechazado por aquellos que Él vino a salvar.

Hay una parábola en Lucas capítulo 20, en la que Jesús habla de un hombre que plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se fue a otro país por un tiempo. Cuando llegó el momento de que la viña diera  frutos, él quería que le diesen la cosecha, los beneficios de su viña, así que envió un siervo a recibir del fruto. Los labradores golpearon al siervo—en la parábola—y lo enviaron al dueño de la viña con las manos vacías. Entonces el dueño envió a otro siervo y luego a un tercero, y cada uno fue tratado de igual manera.

Y luego leemos en Lucas 20, versículo 13, “Entonces el dueño de la viña dijo, ‘¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarán.’ Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: ‘Este es el heredero; matémosle para que la heredad sea nuestra.’ Y arrojándolo de la viña, lo mataron.”

Ahora, Jesús le contó esta parábola a los líderes religiosos de Sus días para decirles, en forma de historia, exactamente de lo que ellos eran culpables. El Padre había enviado a Su Hijo amado a esta tierra en una misión, a reclamar lo que era suyo por derecho. Pero Juan 1:11 nos dice, “A lo Suyo vino, y los Suyos no le recibieron.” Ellos le quitaron la vida al Hijo de Dios.  Es un mundo rebelde, un planeta pródigo y las personas que Dios había creado dijeron “No queremos que este hombre gobierne sobre nosotros.”  Entonces mataron al Hijo de Dios.

Pero este no es el final de la historia. El Padre que había enviado a Su Hijo, el dueño de la viña, tuvo la palabra final. Leemos en Romanos capítulo 1 (v. 4) que Jesús “fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.”  Él no permaneció muerto. Él fue declarado ser el eterno Hijo del Padre por Su resurrección de entre los muertos.

Cuarenta días más tarde, el Hijo de Dios ascendió al cielo. Hoy, ese mismo Hijo de Dios es exaltado en el cielo y está sentado a la diestra del Padre. Este es el Hijo de quien el Padre dice en Hebreos, “Tu trono, Oh Dios…” Dios llama a Jesús Dios. “Tu trono, Oh Dios, es por los siglos de los siglos…Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos [aquellos que mataron al hijo del dueño de la viña—hasta que ponga a Tus enemigos] por estrado de tus pies” (vv. 8, 13). ¿Quién tiene la última palabra? El Padre la tiene. El Hijo la tiene. No los enemigos no.

El Salmo 2 nos dice que en Su resurrección, al Hijo le fueron dados los reinos del mundo como Su herencia. Y por su vida de obediencia y por Su muerte en la cruz por todas las naciones, Jesús ganó el derecho a gobernar sobre las naciones. Él ganó el derecho a juzgar y a destruir aquellos que se rebelan contra Él. Y, gracias a Dios, Él también ganó, por Su vida de obediencia y Su muerte en la cruz, ganó el derecho a salvar aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen en Él.

Y así, mientras consideramos a Jesús como el Hijo de Dios— ¿y entonces qué? ¿Qué aprendemos de todo esto? Déjame darte dos o tres aplicaciones.

Ante todo, como el Hijo santo de Dios, Jesús perfectamente amó, honró, y confió en Su Padre. Él obedeció la voluntad de Su Padre. Vemos la relación perfecta Padre/Hijo entre Jesús y Su Padre, lo cual trae a mi mente esta pregunta:

¿Honramos y amamos y confiamos en nuestro Padre celestial como Jesús lo hizo? ¿Somos obedientes a la voluntad del Padre? Jesús nos enseñó lo que significa tener una relación con Dios el Padre, cómo luce eso. Significa amar, honrar, confiar, obedecer a nuestro Padre Celestial. 

Cuando el Padre envió a Jesús al mundo, Jesús vino al mundo. Cuando el Padre envió a Jesús a sufrir y a sacrificar Su vida por nuestros pecados, Jesús obedeció la voluntad de Su Padre. ¿Qué hacemos nosotros cuando nuestro Padre nos envía? ¿Qué hacemos cuando nuestro Padre nos dice que vayamos y hagamos esto o aquello? ¿Le obedecemos porque confiamos en Él como Jesús obedeció a Su Padre?

Y también  quisiera que contemples lo increíble que es que Dios nos diera a Su Hijo amado.  “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.”  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

¡Oh, que maravilloso es esto! La maravilla es que, por creer en Jesús como el Hijo de Dios encarnado, podemos tener vida eterna. Nosotras, que fuimos culpables de echar al Hijo fuera de la viña y matarlo, podemos tener vida porque Él tomó la muerte que merecemos por nuestros pecados.

Y así dice Juan en el capítulo 20 (v. 31) de su evangelio, “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre”.

Él hace énfasis en el Hijo una vez  más en su primera epístola, 1era de Juan capítulo 5,

Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Su Hijo.  El que tiene al Hijo tiene la vida, el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. (vv. 11-13).

Y luego este pensamiento: Jesús siempre ha sido el Hijo de Dios en Su esencia, Su identidad, Su naturaleza. Él era y es el eterno Hijo de Dios. Pero aquí hay algo increíble: por Su gracia, nosotras podemos convertirnos en hijas adoptivas de Dios.

Hablaremos más de esto en la próxima sesión, pero recuerda, Juan capítulo 1 dice, “A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir a los que creen en su nombre” (vv. 11-12).

Y no sólo tenemos vida eterna al creer en Su nombre, sino que también somos capacitadas para vivir esta vida “por fé en el Hijo de Dios,” como nos dice Gálatas 2:20, “el cual nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.”

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella nos ha estado ayudando a ver la maravilla de Jesús como el Hijo de Dios. Ella estará de regreso en breve.

El mensaje de hoy es parte de una serie llamada “La maravilla de Su Nombre: 32 Nombres de Jesús que cambian la vida.” Examinar treinta y dos nombres diferentes no es solamente un ejercicio intelectual, es una manera en que nosotras podemos llegar a conocer a Jesús mismo. Y nada es más importante que eso.

Hay un recurso en español que nuestro equipo ha preparado para ayudarte a recordar los nombres que estaremos estudiando, al tiempo que memorizas las Escrituras. Se trata de las tarjetas de memorización de las Escrituras que acompañan esta serie “La maravilla de Su Nombre”.

Por tu apoyo a Aviva Nuestros Corazones con una donación de cualquier monto, te enviaremos como agradecimiento este recurso. Pídelo cuando nos visites en línea en AvivaNuestrosCorazones.com.

Sabemos que Jesús es el Hijo de Dios—hoy escuchamos acerca de esto. Entonces, ¿por qué Él se refería a Sí mismo como el “Hijo del Hombre”? Nancy hablará acerca de esto en nuestro próximo programa. Por favor, regresa a tu programa Aviva Nuestros Corazones.

Aquí está Nancy para cerrar nuestra sesión de hoy en oración.

Nancy: Oh Dios, cuánto te agradezco por la maravilla del Hijo de Dios; que Tú enviaras a Tu único y amado Hijo a esta tierra a morir por nosotras, a vivir una vida perfecta, a sacrificar Su vida por nosotras. Amamos al Hijo, y te damos gracias porque el Hijo Te ama, y a través de Él hemos aprendido a amarte, a honrarte y a confiar en Ti.

Oro por una oyente ahora mismo quien nunca ha creído en el nombre del Hijo de Dios, que hoy sea un día de fe. Pon fe en su corazon. Pon arrepentimiento en su corazón y concédele vida eterna.

Y por aquellas de nosotras que hemos creído en el nombre del Hijo de Dios, que en el día de hoy encontremos vida por fe en el Hijo de Dios, quien nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotras.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Hijo de Dios, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

Dawn Wilson, Lindsay Swartz, y Darla Wilkinson contribuyeron de manera significativa con la investigación para esta serie

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.