Día 8 | Mateo 6
En nuestra lectura para hoy seguimos aprendiendo sobre la palabra que fue hablada directamente por Cristo, y que el Señor, a través de Su Espíritu Santo, preservó después de que Mateo la escribiera: el conocido Sermón del monte.
Este capítulo inicia con una advertencia: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos…». Jesús conoce nuestros corazones y pensamientos, Él sabe la palabra que hay en nuestra boca aun antes de que esta salga de nosotros. Él sabe que podemos tener la tendencia a ser justos por nuestros propios méritos o sobre la base de nuestro criterio, y jactarnos también de eso delante de los demás.
Nos habla entre el versículo 2 y el 18 sobre las ofrendas, la oración y el ayuno, y nos exhorta a no ser como los hipócritas. ¿Cómo define Jesús a una persona hipócrita en estas áreas? …
En nuestra lectura para hoy seguimos aprendiendo sobre la palabra que fue hablada directamente por Cristo, y que el Señor, a través de Su Espíritu Santo, preservó después de que Mateo la escribiera: el conocido Sermón del monte.
Este capítulo inicia con una advertencia: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos…». Jesús conoce nuestros corazones y pensamientos, Él sabe la palabra que hay en nuestra boca aun antes de que esta salga de nosotros. Él sabe que podemos tener la tendencia a ser justos por nuestros propios méritos o sobre la base de nuestro criterio, y jactarnos también de eso delante de los demás.
Nos habla entre el versículo 2 y el 18 sobre las ofrendas, la oración y el ayuno, y nos exhorta a no ser como los hipócritas. ¿Cómo define Jesús a una persona hipócrita en estas áreas? Él dice:
- Los hipócritas tocan la trompeta delante de ellos cuando están por hacer una ofrenda; se aseguran de llamar la atención para que otros vean que están por hacer una ofrenda, pero ellos «ya han recibido su recompensa».
- Los hipócritas se ponen de pie y oran en las sinagogas y en las esquinas de las calles para que otros los vean, hacen este acto público y se aseguran de que están llamando la atención, pero ellos «ya han recibido su recompensa».
- Los hipócritas desfiguran su rostro cuando están ayunando para que otros vean que están ayunando, pero ellos «ya han recibido su recompensa».
Pensar en estas características nos debe llevar a considerar, ¿estamos buscando justicia propia como los hipócritas que Jesús describe? ¿Estoy buscando el reconocimiento de los que me rodean? ¿Quiero que otros vean cuán «entregada» soy en determinada área de servicio dentro o fuera de la iglesia, y ser elogiada por ello? ¿Estoy buscando más el reconocimiento de los hombres o el de Dios?
Este pasaje me recuerda también a otro muy conocido por muchas, Efesios 2:4–5: «Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados)».
Cualquier cosa que nosotras podamos presentar delante del Señor, ya sea una ofrenda, una oración, un ayuno…debe ser respuesta a lo que ya hemos recibido de Él por gracia. Debe ser la respuesta de un corazón que ha sido transformado por el amor de Dios mostrado en Cristo. Porque debes notar que, cuando Jesús está hablando de las ofrendas, la oración y el ayuno, no dice: «Si lo haces, si llegas a orar o a ayunar»… no, antes bien dice: «Cuando des limosna… cuando oren… cuando ayunen». Sabemos entonces que las disciplinas espirituales son, sin duda, parte de la vida cristiana, pero estas deben fluir de una devoción sincera por lo que se ha recibido, no de una motivación de exhibirse y ser vista.
Amadas, recordemos estas palabras de Cristo: «Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos».
En esta porción también encontramos otra frase que se repite, Jesús menciona: «... y tu Padre que está en lo secreto, te recompensará».
Muchas veces nos sentimos orgullosas de lo bueno que hacemos. Podemos enaltecernos de las ofrendas que damos o de las oraciones estructuradas que oramos, y quizá hasta jactarnos delante de los hombres al momento de ayunar. Sin embargo, Jesús nos llama a hacer estas cosas en secreto, para que nuestro Padre que nos ve en lo secreto, nos recompense en público.
Y al final, mi hermana, cuando hacemos estas cosas, ni siquiera debemos pensar que las podemos llevar a cabo por méritos propios. Todo lo que tenemos y damos es porque el Señor antes nos lo ha dado; por lo tanto, estas cosas son de Él y para la gloria de Su nombre. Aunque ciertamente podemos dar testimonio de las mismas, no hay razón para enaltecerse, ni hacerlas buscando la recompensa según nuestros deseos. El punto es que Dios conoce nuestras motivaciones, y nosotras debemos discernirlas también para siempre apuntar a la gloria de Dios, no a la nuestra. El salmista dijo: «¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos» (Salmos 19:12). ¡Qué esta sea también nuestra oración!
En medio de todo este pasaje, nos encontramos con una oración que muchas nos sabemos de memoria; Jesús nos deja con una oración rica espiritualmente, el Padre Nuestro. Esta oración es importante al momento de dejar a un lado la justicia propia de la que Jesús viene hablando, pues nos recuerda que oramos a un buen Padre que está en los cielos, cuyo nombre debe ser santificado, y apunta nuestro corazón a la importancia de Su reino. No son «repeticiones sin sentido» como las que Jesús menciona en el versículo 7, antes bien, es un modelo que, al seguirlo, alinea el corazón de todo aquel que usa estas palabras con los propósitos de Dios.
Si pudiéramos tener una estructura de esta oración se podría ver de esta manera:
- Adoración (v. 9)
- Rendición (v. 10)
- Provisión (v. 11)
- Confesión (v. 12)
- Protección (v. 13a)
- Adoración (v. 13b)
Que al hacer esta oración podamos recordar la gracia tan grande que nos ha sido dada al tener acceso al Padre como Jesús lo tiene.
El dinero y nuestro afán
Me llama mucho la atención cómo inicia esta porción en Mateo 6:19, y cómo finaliza el capítulo. Si tuviera que resumirlo, lo pondría de esta manera:
1. No hagas tesoros en esta tierra sino en el cielo.
De esta porción es muy bueno poder destacar el v. 21: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». Este principio une los dos grandes temas de este capítulo que son: las motivaciones internas que tenemos para hacer lo que hacemos, es decir, por qué hacemos lo que hacemos (vv. 1–18) vs. las que deben ser nuestras prioridades espirituales (vv. 19–34), en otras palabras, ¿hago lo que hago con las motivaciones correctas? ¿Está mi corazón puesto en la gloria de Dios o en la mía?
2. No puedes tener como Señor a Dios y también al dinero.
La enseñanza es clara: servimos a Dios o al dinero; vivimos para Su gloria o para la nuestra. No hay un punto medio en nuestra rendición al Señor; confiamos en Él y le entregamos nuestra vida por completo o seguimos tratando de vivir en nuestras fuerzas. Así se ve la radicalidad del Reino al que hemos sido llamadas.
3. ¿Pensar en esta clase de rendición te preocupa? ¿Soltar las riendas al Señor te hace sentir inestable económicamente y crees que no tendrás para comer o vestir? No debe ser así, pues si tu Padre celestial provee para las plantas y los animales, ¿cómo no va a proveer para ti?
Dice Mateo 6:32 y 33: «Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas».
Ciertamente tenemos un apego particular a las cosas terrenales, de alguna manera tener posesiones nos hace sentir estables; sin embargo, querida hermana, tu esperanza, gozo y deleite deben estar solo en el Señor; Él es un buen Padre que tiene cuidado de los Suyos. Busquemos primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas nos serán añadidas.
Para reflexionar:
- Al ofrendar, al orar, al ayunar, al practicar las disciplinas espirituales, ¿está tu corazón buscando glorificar a Dios? Toma un momento para pensar en la última vez que ofrendaste, oraste, ayunaste. ¿Cuál era la intención de tu corazón?
- ¿Has estado afanada por el día de mañana, por qué has de comer, qué has de vestir, cómo la pasarán los tuyos? Preséntate delante del Señor en oración y pídele que te ayude a poder rendir esto delante de Sus pies en reconocimiento de que Él tiene en Su mano la vida de cada hombre. Vuelve a leer los versículos 30 al 32 y sé animada por Su Palabra.
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