Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 196 | Cantares 5 – 8

Día 196 – julio 15

Cantares 5 – 8

Ya leímos este corto libro de la Biblia en dos días, pero mi consejo es que debemos leerlo completo una y otra vez, y al leerlo ir descubriendo las tantas facetas que tiene sobre el verdadero amor.

En esta sección llama poderosamente mi atención el sentido de pertenencia que tienen estos esposos. «Yo soy de mi amado y mi amado es mío» (6:3), y otra vez se repite: «Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento…» (7:10). Y una vez más vemos cómo este concepto es el ideal en una relación matrimonial de acuerdo al diseño de Dios donde la Escritura dice que dos personas que se unen en matrimonio no son ya dos sino uno. 

El Señor nos deja la interpretación de esta verdad del matrimonio con el concepto de que al unirnos en matrimonio nuestros cuerpos pasan a ser de nuestros cónyuges como un regalo de amor: «La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer» (I Corintios 7:4), y la NTV lo dice así: «…la esposa le da la autoridad sobre su cuerpo a su marido, y el esposo le da la autoridad sobre su cuerpo a su esposa». Lo que implica una entrega voluntaria y deleitosa.

Pero esta verdad ilustra una realidad espiritual mucho más elevada y es que el cristiano ya no se pertenece, sino que pertenece a Cristo:

«Pero el que se une al Señor, es un espíritu con Él… ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». –1 Corintios 6:17-20

Muchas veces queremos independencia y vivir siguiendo los deseos de nuestro corazón, haciendo nuestra voluntad; pero debemos recordar que Dios quiso dejarnos bajo autoridad y para eso el Señor pagó un alto precio:

«Sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo». –1 Pedro 1:18-19

Así que debemos rendir nuestras vidas a nuestro Amado y decir como Él: no se haga mi voluntad sino la tuya, porque además Su voluntad es buena, agradable y perfecta (Mateo 26:42; Romanos 12:2b).

No puedo dejar de mencionar otra cosa que resalta para mí en el libro y es el mutuo encanto que manifiestan poéticamente el novio hacia la novia y viceversa. El lenguaje es hermosísimo, poético en extremo, puede llegar aún a hacernos sonrojar, y también en cierto sentido a veces me pregunto: ¿De verdad hay tanta perfección física en estas dos personas?

Lee conmigo algunas de estas declaraciones:

«¿Qué clase de amado es tu amado, oh la más hermosa de las mujeres?». –5:9

Mira la respuesta de esta mujer sobre su amado:

«Mi amado es resplandeciente y sonrosado, distinguido entre diez mil». –v.10

Leamos ahora la descripción de ella:

«¿Quién es esta que se asoma como el alba, hermosa como la luna llena, refulgente como el sol». –6:10

Y estos versículos son solo muestras. También se le llama: Oh mujer de singular belleza (5:9); el novio se refiere a ella como: mi perfecta. Y así a través de todo el libro. Lo que me hace repetir mi pregunta: ¿De verdad hay tanta perfección física?

Como mencionaba ayer, creo que Dios le dio a Salomón la sabiduría para meditar en la perfección que se dio en el huerto del Edén y en la relación que se dio entre Adán y Eva, cuando no había pecado en el mundo. Porque honestamente, puede ser que nos deleitemos viendo a nuestros esposos y viceversa, pero sabemos que no somos perfectas ni ellos tampoco; ni física ni espiritualmente. 

Ahora, ¿qué belleza deberíamos perseguir? La que dice 1 Pedro 3:

«No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios».

Esa belleza va en aumento a pesar de que nuestros cuerpos físicos se van desgastando con el paso de los años.

Pero esta hermosura perfecta nos apunta a la hermosura de Cristo:

«Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios». –Salmo 145:2

Como dice este antiguo himno:

Precioso Salvador,

Creador de todo,

Hijo de Dios y hombre a ti loor

A Ti solo honraré, te reverenciaré de mi alma vida, sol y amor.

Qué lindos campos hay en la primavera

Cuya belleza nos da placer

Más bello es el Señor

Más puro el Salvador

Que imparte gozo al triste ser.

Brilla con bella luz

El sol y la luna

La luz de estrellas no tiene igual;

Jesús es superior

Brilla con más fulgor que luz o ser angelical.

Mi punto aquí se confirma con el hecho de que Cristo es precioso, sin embargo, la Escritura lo describe en Isaías 53:2 como que no había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto, nada que nos atrajera hacia él; más bien fue rechazado y despreciado. Entonces la verdadera belleza radica más allá de lo que nuestros ojos ven. Recuerda que Dios no ve como ve el hombre; «el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7).

Es mi oración poder contemplar con los ojos de la fe la belleza de Cristo para poder amarlo con un amor apasionado, anhelar ese día de las bodas del Cordero, que sea como dice Cantares, el día más feliz de nuestras vidas (3:11b) cuando contemplemos cara a cara a quien ama nuestras almas.

Tómate un tiempo para hacer esta oración:

«Señor, muéstrame Tu amor... Ayúdame a recibirlo y a vivirlo de una mejor manera, enséñame a amarte y amar a otros».

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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