Mujer Verdadera 365 Podcast

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Día 333 | I Corintios 5 – 7

Día 333 – noviembre 29

I Corintios 5 – 7

A partir de hoy vemos a Pablo dar algunas recomendaciones relativas a diversas situaciones que estaban surgiendo en esta iglesia. Pablo hace referencia a una carta anterior (v. 5:9) de la que no tenemos registro. 

La inmoralidad 

La inmoralidad y la fornicación son pecados de los que debemos huir (v. 6:18), ya que la lujuria nos lleva a pecar contra nuestro propio cuerpo. La inmoralidad tiene que ver mayormente a actos sexuales cometidos fuera del matrimonio.

Cuando somos regenerados, nuestro cuerpo ya no nos pertenece. Él nos compró por precio y ahora le pertenecemos a Dios; el Espíritu Santo habita en nosotros. Su amor, Su misericordia y Su sacrificio deben ser nuestra motivación para cultivar la santidad y la pureza (v. 6:19-20).

En la iglesia de Corinto había un caso de inmoralidad bastante grande, y en lugar de confrontar y lidiar con el pecado, los corintios se siguen jactando en su sabiduría. Aparentemente un hombre se había convertido en amante de la esposa de su padre (de su madrastra). Esto era algo mal visto aún entre los gentiles, y estos hermanos estaban siendo negligentes al no lidiar bíblicamente con la situación. 

En este caso Pablo recomienda la expulsión del hermano y dice algo un poco difícil de entender: 

«Entreguen a ese tal para la destrucción de su carne a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús».

Es posible que esto signifique que en su carne el hombre sería destruido por el pecado que lo gobernaba (el pecado tiene consecuencias graves en nuestras vidas), y cuando salimos del cuidado de la iglesia caemos completamente en manos de Satanás. Sin embargo, aunque su cuerpo perezca, si en realidad era creyente su alma sería salva en el día final. 

Es importante manejar bíblicamente los casos de inmoralidad dentro de la iglesia. Los líderes no deben hacerse «de la vista gorda» e ignorarlos, ya que cubrir el pecado contamina o corrompe al resto de la iglesia: «un poco de levadura fermenta toda la masa» (v. 5:6). Cristo nos ha hecho libres del pecado y la levadura del pecado está fuera de lugar.

La santidad es importante para Dios y cuando se practica la disciplina eclesiástica esta realidad se hace evidente para el resto de la congregación. A diferencia de lo que ocurre en el mundo, en la iglesia debe haber cero tolerancia hacia el pecado no confesado y arrepentido. Muchas veces las iglesias se concentran en juzgar el pecado de la cultura fuera de sus paredes, pero fallan en juzgar los que están dentro quizás por temor a perder miembros. Pero dice Pedro que es necesario que el juicio comience por la casa de Dios (ver 1 Pedro 4:17).

Pablo incluso recomienda que el cristiano debe separarse de aquellas personas que, considerándose hermanos en la fe, practican la inmoralidad o son avaros, idólatras, difamadores, borrachos y estafadores. «Con esa persona, ni siquiera coman» (v. 5:11). ¡Uff! Me llama la atención que Pablo menciona la inmoralidad junto con avaricia, idolatría, borracheras, estafa, etc.

Personalmente, ¡muchas veces hago todo lo contrario! Me es más fácil asociarme con personas que practican algunas de estas cosas de manera sutil, pero que van a la iglesia y se consideran «hermanos», que con personas no creyentes que lo practican por ignorancia de la verdad. Debería ser lo contrario. Pablo nos llama a no asociarnos con esos hermanos, ¡ni siquiera compartir una comida con ellos! ¡Con los del mundo que practican estas cosas es otro tema; tendríamos que salirnos del mundo para no asociarnos con ellos de alguna manera! A estos estamos llamados a llegar con el mensaje evangelio.

  • ¿Qué piensas de esto? ¿Cómo altera tu idea de las relaciones? 

El Espíritu Santo tiene el poder de transformarnos en nuevas criaturas

Siguiendo con el tema de la inmoralidad, Pablo recalca que muchos en la iglesia de Corinto (al igual que en nuestras iglesias hoy) antes eran inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, difamadores, estafadores… etc, pero ahora habían «... sido lavados… santificados... Justificados en el nombre del Señor Jesucristo…» (v. 6:9-11).

Cuando el Espíritu de Dios viene a morar en nosotros nos convertimos en nuevas criaturas (ver 2 Cor 5:17). Ya no somos lo que éramos antes. Nuestros deseos carnales ya no nos deben dominar, ahora son simplemente parte de nuestro pasado antes de conocer a Jesucristo. Ahora tenemos el Espíritu de Dios, el Espíritu que levantó a Jesucristo de entre los muertos viviendo en nosotros. Es por esto que si alguien continúa practicando o siendo dominado por el pecado debemos considerar si su salvación es genuina. 

Ser transformados en nuevas criaturas es una evidencia de la salvación. Ahora que le pertenecemos a Dios, somos el templo del Espíritu Santo. No debemos ni tenemos que dejarnos dominar por nada, ni aun por cosas lícitas. La libertad que tenemos en Cristo para disfrutar de las cosas legítimas no deben llevarnos a ser esclavos de otra cosa que no sea Él.

  • ¿De qué forma has sido transformada por el Espíritu de Dios? ¿Qué patrones de conducta ya no son parte de tu vida?
  • ¿Qué cosas lícitas puedes identificar en tu vida que quizás te están dominando y no te dejen servir a Dios con enfoque e intención? ¿Las redes? ¿Distracciones legítimas del mundo? ¿El trabajo?

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El cristiano y los litigios 

Aparentemente había litigios entre hermanos y Pablo les llama la atención. Primero que todo, ¿por qué hay litigios? Esto, trae bastante convicción en los tiempos en que vivimos donde todos tratamos de hacer valer nuestros derechos y ganar los argumentos, llegando hasta las últimas consecuencias para lograrlo, aunque esto signifique comprometer nuestro testimonio cristiano.

Pablo les recomienda un camino mejor:

  1. No cometan injusticias contra los hermanos. En otras palabras, compórtense como están llamados a hacerlo como cristianos y no den mal testimonio a los de fuera.
  2. Si sufren injusticias, elijan no devolver mal por mal.
  3. Si hay conflictos, no vayan a juicio delante de inconversos, mejor busquen un hermano que les ayude a resolver entre ustedes. Si nosotros habremos de juzgar el mundo, ¿cómo no podremos ser capaces de juzgar entre asuntos pequeños de esta tierra?
  4. Elijan mejor ser defraudados o injuriados que entrar en litigios con un hermano en la fe. 

El matrimonio

Cuando leemos el capítulo 7 nos podemos dar cuenta de que Pablo era un defensor de la soltería. Parecería que solamente recomendaba el matrimonio en casos de falta de dominio propio, para no caer en inmoralidad (v. 7:2, 9). Su vida estaba consagrada a servir a Dios y aparentemente tenía el dominio propio suficiente para vivir de esta forma; no veía el matrimonio como algo imprescindible. Pablo consideraba que el matrimonio podría hacer que tuviéramos «intereses divididos», ya que una gran parte de la vida se iría a servir al cónyuge y la familia y se le dificulta servir a Dios con total entrega (v. 7:32-34).

Sin embargo, esto no quiere decir que Pablo no valorara el matrimonio. En otras partes de la Escritura él habla del misterio que es el matrimonio y cómo es un reflejo de la relación entre Cristo y Su iglesia (ver Efesios 5:22-32). Es precisamente por cosas como estas que no podemos hacer doctrinas o adoptar posturas desde un solo versículo, sino que hay que ir a todo el consejo de Dios.

Algunas enseñanzas que encontramos en el capítulo 7:

  1. Los cónyuges deben cumplir su deber de satisfacer a su pareja sexualmente. El cuerpo de cada uno le pertenece al otro (vv.7:3-4). Una vida sexual sana y satisfactoria es parte del diseño y la voluntad de Dios para los matrimonios.
  2. El privarse de relaciones sexuales por cualquier motivo que no sea de común acuerdo (como ayuno o para dedicarse a la oración, por ejemplo) le abre la puerta a Satanás, pues puede provocar infidelidades (v. 7:5). El no satisfacer las necesidades sexuales de los cónyuges dentro del matrimonio pudiera abrir una puerta para la tentación del adulterio.
  3. Tanto el matrimonio como la soltería son un don (charis) de Dios. La soltería no es una maldición ni el matrimonio tampoco. Y la soltería no es nuestra identidad, ni lo es el matrimonio. Son dones, regalos para ser recibidos, aceptados, abrazados y disfrutados (v. 7:7).
  4. Los solteros y viudas deben casarse si no tienen dominio propio (v. 7:8).
  5. Los casados no deben dejar a su cónyuge por ningún motivo, y deben permanecer con su cónyuge no creyente y no abandonarlo si éste consiente en vivir con él o ella. 
  6. Si el cónyuge no creyente desea separarse de su pareja creyente, este hermano o hermana está libre (no está claro si puede casarse de nuevo). Pablo parece indicar que el cónyuge creyente es una influencia importante para el evangelio en medio de una familia (vv.7:12-16). El ejemplo y testimonio de este cónyuge, padre o madre cristiana puede ser el canal que Dios use para revelar a Cristo.
  7. Pablo consideraba que era mejor no casarse (en mi opinión estaba juzgando por su propia condición), pero cada cual debía hacer como Dios le dirigiera. No había pecado en casarse o permanecer soltero. Lo que sí es importante entender que todo en este mundo es pasajero, incluyendo el matrimonio, las tristezas, los gozos. Todo debemos tenerlo con manos abiertas; no debemos aferrarnos a nada (vv. 7:29-31).
  8. La mujer está ligada a su esposo mientras éste vive, pero si muere puede casarse de nuevo (v. 7:39). 

Andemos todos en la voluntad de Dios

Ya seamos casados o solteros, libres o esclavos, o en cualquier situación que nos encontremos, lo importante es aceptar Su voluntad y andar en ella con contentamiento. Hemos sido comprados por precio y le pertenecemos a Dios.

Pablo incluso les habla a los esclavos de esa época: «si puedes obtener tu libertad, bien, pero sino, no te preocupes. Y si no eres esclavo de hombres, de todas formas eres esclavo de Cristo». 

De algo o alguien seremos esclavos… ¡procuremos sólo ser esclavas de Cristo!

Nuestra circunstancia o situación terrenal es irrelevante. Todos somos Suyos, y de este lado del cielo todo es pasajero.

«Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas». –2a Corintios 4:17-18

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Sobre el maestro

Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Illinios, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios y ayudarlas a vivir de acuerdo a la fe que han abrazado. Laura es consejera bíblica y mentora de muchas mujeres jóvenes. Actualmente dirige el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, una labor que le ha ayudado a alcanzar a las mujeres de su generación con el mensaje del Evangelio y de la feminidad bíblica. También produce, junto a su esposo, el programa radial semanal "Un Hogar Sobre la Roca", que busca contribuir a redimir el diseño de Dios para la familia. Laura tiene una hija, Sarah, casada con Jonathan, y cuatro hermosos nietos, Zoë, Noah, Joy y Levi. 

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