Aviva Nuestros Corazones Radio

Por qué debes cantar

Annamarie Sauter: Tienes muchas razones para cantarle al Señor.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Canta por lo que Él ha hecho por tu alma. Canta por lo que Él está haciendo en ti y en este mundo. Canta por fe en lo que Él hará y que aún no has visto.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hay música por todas partes, y es difícil alejarse de la música en este mundo electrónico. ¿Te has preguntado si las canciones que resuenan en tus oídos, reflejan ideas sobre las que vale la pena cantar? Hoy Nancy nos habla acerca de la mayor motivación para cantar, como parte de la serie, Recordando a Miriam.

Nancy: Robert Ingersoll era famoso, o mejor debía decir infame. Vivió durante el Siglo XIX, era infiel y agnóstico. Cuando murió, las notas del funeral incluían esta declaración: «No habrá canto».

Al leer esto, pensé acerca del hecho de que aquellos que no conocen a Cristo tienen muy poco de qué cantar, y nada de qué cantar en cuanto a la muerte se refiere. Por otra parte, aquellos que sí conocen a Cristo tienen mucho acerca de que cantar, y eso es lo que estamos viendo en esta serie sobre Éxodo capítulo 15.

«Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor, y dijeron: Canto al Señor porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar.

Mi fortaleza y mi canción es el Señor, y ha sido para mí salvación; este es mi Dios, y le glorificaré, el Dios de mi padre, y le ensalzaré» (vv. 1-2).

Ellos siguen y siguen cantando este grandioso himno de alabanza que vimos en las sesiones anteriores, y en el versículo 20, nos encontramos con el final de este pasaje.

 «Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, tomó en su mano el pandero, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas».

Y Miriam respondía: Cantad al Señor porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y al jinete ha arrojado al mar» (vv. 20-21).

Los cristianos deben ser personas que cantan. De hecho, me topé con un sermón de Charles Spurgeon, uno de los mejores predicadores de todos los tiempos. Casi tartamudeo cuando lo digo porque este hombre tiene una asombrosa manera de hablar sobre las maravillas del evangelio y sobre quién es Cristo. Me encanta leer sus sermones. Inflaman mi propio corazón.

Él tiene un sermón titulado, El himno memorable, que realmente es un sermón sobre el himno que Jesús y sus discípulos cantaron al momento de marcharse del aposento alto, luego de haber celebrado lo que llamamos la última cena. Fue una celebración de la Pascua, y el Evangelio de Mateo nos dice que ellos cantaron un himno en el momento en que se disponían a salir al huerto de Getsemaní, y también Jesús, al momento de ir a la cruz.

En ese sermón, Charles Spurgeon habla de cómo los hijos de Israel cantaron himnos para alabar al Señor, y Jesús estaba siguiendo lo que era la tradición de la Pascua de cantar himnos. Permítanme leerles este párrafo bastante largo del sermón, porque se relaciona con el pasaje que hemos estado estudiando. Él dice:

«Amado, si he dicho que Israel puede cantar tan apropiadamente, ¿qué debo decir de nosotros que espiritualmente somos los redimidos del Señor? Hemos sido librados de una esclavitud peor que la de Egipto. Como dicen las Escrituras, “Con mano fuerte y brazo extendido, Dios nos ha salvado”. La sangre de Cristo, el Cordero de la Pascua de Dios, ha sido rociada sobre nuestros corazones y nuestras conciencias. Hemos sido sacados de Egipto, y aunque nuestros pecados se opusieron a nosotros, han sido todos ahogados en el Mar Rojo de la sangre expiatoria de Jesús. Las profundidades los han cubierto. No queda ninguno de ellos. Si el judío pudiera cantar un gran hallel (la palabra hebrea para alabanza), nuestro hallel debe ser aún más brillante».

Es cierto. El cristianismo siempre ha sido una religión que canta. En el tiempo de abundancia, y en el tiempo del sufrimiento, los cristianos han cantado al Señor, y aún siguen haciéndolo. Puedes escucharlo alrededor del mundo, a través de las épocas, cristianos cantando. Miro atrás y pienso sobre cómo esos cristianos del primer siglo sufrieron por su fe y cómo a veces fueron tirados en los estadios para alimentar leones hambrientos; cómo fueron a su muerte, sin miedo, y en muchos casos, cantando salmos de alabanza. Pablo y Silas, lo mismo, en prisión, cantando himnos al Señor en el medio de la noche.

Estos cristianos cantantes del primer siglo, y siglos después, vivían para proclamar que el César no era Dios. Estaban encomendando sus vidas a un Dios vivo y poderoso. Cantar era su manera de decir: «No somos víctimas. Por la gracia y el poder de Dios, somos victoriosos. Él ha triunfado gloriosamente».

Me parece que esta experiencia difiere de iglesia en iglesia; que en muchas iglesias hoy en día, cuando tienen «servicios de adoración»… cuando miro alrededor veo que muchas personas realmente no cantan, y en otros casos ni siquiera puedes darte cuenta de si están cantando o no. Sus bocas se están moviendo un poco, tal vez, pero no sale mucho de ellas.

Me he preguntado a mí misma: «¿Por qué será que en muchas de nuestras iglesias hoy en día las personas no cantan?» Tenemos mucha música en la mayoría de nuestras iglesias, pero en muchos de los casos muchas personas no están cantando.

Creo que hay numerosas razones posibles para esto. Quiero hablar sobre cuáles podrían ser algunas de ellas. Antes que nada, esta es una era de cantantes cristianos contemporáneos que hacen grandes conciertos y que tienen voces maravillosas. Tenemos los mejores estudios de grabación y las mejores técnicas hoy en día, y una industria musical altamente competitiva.

Es más, permítanme hacer un paréntesis aquí. Me he enamorado de esta idea de cantar para el Señor. Es algo que he hecho toda mi vida, pero usualmente lo mantengo bien privado, excepto cuando estoy en la iglesia. Pero he estado pensando durante esta serie que me encantaría simplemente comenzar a cantar, y luego pensé, «me sacarían de la estación de radio», porque hoy en día tienes que tener esta fabulosa, entrenada o calificada voz para cantar, o al menos eso pensamos.

Entonces, en esta muy competitiva industria musical cristiana, cantar se ha convertido en algo así como un deporte de espectadores, en vez de algo en lo que se supone que debemos participar. Pagamos mucho dinero para ser entretenidos por estos cantantes. De hecho, estamos viviendo —más o menos— la era del American Idol, si sabes a lo que me refiero. Nos vemos ridículas si no somos lo mejor de lo mejor.

Así que miras alrededor en la iglesia y piensas (o muchas de estas personas probablemente están pensando), «bueno, no tengo la voz como esa persona ahí arriba en la plataforma, o la voz de aquellos que pertenecen al equipo de alabanza, así que dejémoslos cantar». Solo quiero decir: «No los dejes cantar a ellos solamente. ¡Cantemos al Señor junto a ellos también!»

No hay nada de malo con tener una maravillosa voz, y le doy gracias a Dios que hay muchas personas que tienen mejores voces que yo; pero simplemente quiero usar la voz que tengo para cantar al Señor. Dios ha bendecido algunas personas con una extraordinaria habilidad musical, y esos dones deben ser usados para la gloria de Dios, pero no tienes que tener una grandiosa voz para unirte a alabar y a adorar a Dios por sus actos de redención.

Creo que hay otra razón por la cual algunas personas no cantan, y eso es porque no tienen nada de que cantar. Hay algunos en nuestras iglesias que no han sido redimidos, y por eso no pueden cantar la canción del redimido. Existen también aquellos que han sido redimidos, pero no caminan ni viven como personas redimidas. En algunos casos, tienen un espíritu independiente y autosuficiente, por lo que no necesitan cantar alabanzas a Dios. Ellos están manejando sus propias vidas —muy bien, gracias— en este momento. Hay algo sobre cantarle al Señor que reconoce nuestra humildad y nuestra dependencia de Él, nuestra impotencia fuera de Él.

Creo que a veces no cantamos porque no nos hemos detenido a pensar de dónde hemos sido redimidos y que maravillosa es nuestra salvación. Lo damos por hecho. Nos olvidamos de lo que Dios ha hecho y como nos rescató y como Él perpetuamente nos está rescatando del pecado, de Satanás, y de nosotras mismas.

Hay ocasiones en que sabemos que somos redimidas, y estamos agradecidas de ser redimidas, pero el hecho es que aún estamos viviendo en un mundo sin redención, y hay veces en las que nuestros corazones se sienten cargados, tristes, porque aún vivimos en una tierra de cautiverio. Nuestros corazones aún no están en «Casa» totalmente. ¿Sabes lo que significa cuando digo «en Casa» con «C» mayúscula? Aún estamos en este mundo fragmentado y disfuncional.

Me hace pensar en un pasaje de los salmos, el Salmo 137, que fue un salmo escrito durante el cautiverio de Israel en sus años en el exilio. No fue cuando el cautiverio de Egipto, sino cuando estaban cautivos en Babilonia cientos de años más tarde. Dice el Salmo 137:1-4,

«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas, (esto es, nuestros instrumentos de cuerda, no los tocábamos más). Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones, y los que nos atormentaban pedían canciones diciendo: Cantadnos alguno de los cánticos de Sion». Entonces el salmista dice, «¿Cómo cantaremos la canción del SEÑOR en tierra extraña?»

Creo que hay veces en la vida de todas que sentimos esto, «es muy duro cantar ahora. ¿Cómo puedo cantar la canción del Señor viviendo en esta casa, en este ambiente de trabajo, en esta situación por la que está pasando la iglesia, o esta relación, o en este conflicto o lucha que está sucediendo ahora mismo?»

Estamos en tierra extranjera, ¿cómo podemos cantar la canción del Señor?

A veces es difícil cantar. Nuestros corazones están cargados, nuestros ojos llenos de lágrimas, quizás no por falta de arrepentimiento o incredulidad, sino quizás por los que nos rodean, si son incrédulos. Esto es un peso para nuestras almas, y decimos: «no sé si realmente puedo cantar ahora mismo». Estamos conscientes de que estamos viviendo en Babilonia; vivimos en el exilio. Este mundo no es nuestro hogar, y a veces puede parecer que no hay muchos motivos por los cuales cantar.

De hecho, es interesante que —en la providencia de Dios— cuando estaba preparando estas serie sobre cantar al Señor durante estas semanas, he estado enfrentando una situación que me ha apesadumbrado mucho, mucho. He derramado lágrimas. He estado tan triste por algunas circunstancias, algunas situaciones de las que no tengo control. No son resultado de mi pecado o mi desobediencia, pero he sido impactada por lo que ha pasado.

Y aquí he estado, estudiando todos estos pasajes que hablan de cantarle al Señor, y le envié un correo a una amiga diciendo: «Por favor ora por mí en estos días en que estoy trabajando en esta serie de programas acerca del canto de alabanza de Miriam, porque lo último que quiero hacer ahora mismo es cantar».

He luchado con pensar, «¿Cómo puedo siquiera enseñar a cantar?» Yo estoy muy comprometida en vivir lo que estoy enseñando, y si no es algo que estoy practicando, entonces es muy difícil para mí venir aquí y decirlo. Me pregunto a mí misma, «¿cómo es que estoy enseñando este pasaje ahora mismo?»

Es lo que el Señor me ha llamado a preparar ahora, pero ha sido difícil. Me he dado cuenta de que hay momentos en que lo último que sentimos, es deseos de cantar… pero esos son los momentos en los que probablemente necesitamos cantar más. He consolado mi propio corazón de esa manera en las últimas dos semanas, y he tomado algunas decisiones, he sido intencional en sacar mí himnario y cantar al Señor cuando no he tenido ganas de hacerlo, y he puesto algunos CDs, no solo para escucharlos, sino para cantar junto a ellos.

«Tú, oh Señor, eres escudo alrededor de mí. Tú eres mi gloria y el que levanta mi cabeza.

Yo te exaltaré. Yo te ensalzaré, oh Señor».

Me dispongo a cantar himnos y coros que afianzan la fe que Dios ha puesto en mi corazón. «¿Sabes qué? no importa cómo me sienta, estas cosas siguen siendo reales. No importa lo que esté pasando alrededor de mí, estas cosas aún siguen siendo verdad».

Mientras procesaba alguna de estas ideas se me ocurrió que los que no son redimidos nunca tienen un real motivo para cantar, aún cuando se sientan en la cima del mundo. Porque sin importar cómo se sientan, el hecho es que están perdidos. Están caminando en tinieblas. Son esclavos del pecado. Son hijos de ira. Están bajo el juicio de Dios y, apartados del arrepentimiento y la fe, estarán eternamente separados de Dios.

De manera que ellos podrían estar pensando que todo está de maravilla. Podrían estar cantando a todo pulmón, pero realmente no tienen mucho de que cantar a la luz de la eternidad, a la luz de las cosas que realmente importan.

Por otro lado, el redimido siempre tiene un motivo para cantar, aún cuando sus corazones estén apesadumbrados, o las circunstancias sean abrumadoras. ¿No es eso cierto? Piénsalo. Hice para mí misma una lista, algunos días atrás, sobre algunos de los motivos que tengo para cantar, sin importar lo que esté pasando a mi alrededor:

  • Jesús murió por mí.
  • Mis pecados han sido perdonados.
  • He sido declarada justa.
  • Aquellos que fueron Sus enemigos ahora son llamados Sus amigos.
  • Somos hijos amados de Dios.
  • Hemos sido adoptadas dentro de Su familia.
  • Somos aceptas en el amado.
  • Tenemos paz en Dios.
  • Tenemos vida eterna.
  • Estamos eternamente seguras.
  • Nada ni nadie podrá nunca arrebatarnos de la mano de nuestro Padre Celestial.
  • ¿Si Dios es por nosotros, quién contra nosotros?
  • Cristo está ante el trono de Dios, para siempre intercediendo por nosotros.
  • Él dijo: «Yo nunca te dejaré; Yo nunca te desampararé».
  • Él siempre está trabajando para proteger y para proveer para nuestras necesidades, sin importar lo que esté sucediendo.
  • Dios está en Su trono, sin importar cómo me sienta, sin importar lo que otros estén haciendo y que parezca que estan controlando las circunstancias que me rodean.

Me encanta esa frase que puedes encontrar en el libro de Daniel, «el cielo gobierna». El cielo gobierna. Siempre es verdad. Es verdad sin importar lo que esté pasando debajo en la tierra, el cielo sigue gobernando. Es verdad aun cuando aparentemente los tiranos gobiernan. El hecho es que es el cielo quien gobierna.

Esas son las cosas en las que depositamos nuestra fe, en las que tenemos confianza. Esos son motivos para cantar. Pero aún hay más:

  • Jesús vuelve por Su novia.
  • Soy parte de Su novia, y estaremos por siempre con el Señor.
  • Llegará el día donde todos los males serán corregidos; Satanás será derrotado para siempre; todos los enemigos de Dios serán derrotados.
  • Todas las lágrimas, y el dolor, y las debilidades, y los problemas, y las presiones y el pesar se irán para siempre. Esto es algo de qué cantar.
  • «La tierra un día será llena de la gloria de Dios como las aguas cubren el mar».

Verás, mis circunstancias del momento no durarán para siempre. Hay algo más grandioso. Hay algo que las supera, que supera mis circunstancias. Llegará un día en que todo rey, todo presidente, todo primer ministro, todo dictador, todo marido, todo jefe, todo líder, todo político, todo el mundo se postrará ante Su majestad, y Jesús reinará por siempre y para siempre. Amén.

Leí esa lista, y mi corazón dijo: «¡Aleluya! Tengo algo de qué cantar». Hace cinco minutos, no tenía ganas de cantar. Hace cinco minutos, no pensaba que podía cantar, pero me detuve a pensar acerca de quién es Dios y lo que Él ha hecho y lo que Él está haciendo, y todas las cosas que puse en esa lista; nada puede cambiar nada de eso. Por eso cantamos. Cantamos por fe. Canta por lo que Él ha hecho por tu alma. Canta por lo que Él está haciendo dentro de ti y en este mundo. Canta por fe en lo que Él hará y que tú no puedes ver aún.

Déjame recordarte que mientras cantamos, formamos un coro que se une con aquellas que se han ido antes que nosotras: Las Miriams, las Anas, las Marías de Nazaret. Aquellos que cantaron: Pablo y Silas en prisión, esos cantantes del primer siglo que cantaban mientras eran lanzados a los leones. Ellos nos pasaron esa canción a nosotras, y nosotras pasamos esa canción a aquellos que van detrás de nosotras, a tus hijos, a tus nietos, a las generaciones siguientes.

Querré haber cantado una canción, un himno de alabanza que les haya dado a ellos algo de qué cantar; que les haya recordado las maravillas de Cristo y Su evangelio. No quiero que piensen de mí como una mujer que pasó su vida, su corta vida terrenal, en lágrimas y en gemidos, llorando y quejándose y en luto y lamentación. Hay mucho de qué lamentarse en este mundo, hay muchos motivos para cargar nuestros corazones, pero a través de nuestras lágrimas, tenemos algo de qué cantar, y ese es un legado que quiero dejar para la siguiente generación.

¿Te das cuenta? Nuestra alabanza imperfecta ahora, aquí en la tierra, es un ensayo general de lo que estaremos haciendo en la eternidad, y es la anticipación de la alabanza eterna de los redimidos en el cielo después del triunfo de Dios sobre Satanás. Ese día vendrá. Cantemos ahora.

Satanás continúa escribiendo. Aún hay pecado y disfuncionalidad en este mundo. Nosotras cantamos, pero es como un preludio. Es un calentamiento. Es una práctica, pero un día todas las causas que nos impiden cantar serán removidas, y no tendremos más que motivos eternos para cantar; y luego nos uniremos al coro de los redimidos de todos los siglos, de todas las tierras, de todas las lenguas, de todas las naciones, todos los idiomas, y los acompañaremos por siempre y para siempre y siempre en alabanzas al Cordero y al Único que está sentado en trono.

Leemos acerca de ese himno en Apocalipsis capítulo 15. Quiero leerlo porque es un libro que termina con lo que estamos leyendo en Éxodo capítulo 15.

En Apocalipsis 15:2, el apóstol Juan dice:

«Vi también como un mar de cristal mezclado con fuego». (Éxodo 15 es un himno que fue cantado el día en que Israel cruzó el Mar Rojo, el mar que fue convertido en cementerio para el ejército egipcio. Pero ahora en este himno celestial, Juan ve lo que aparentemente es un mar de cristal mezclado con fuego). «Y a los que habían salido victoriosos sobre la bestia, sobre su imagen y sobre el número de su nombre, en pie sobre el mar de cristal, con arpas de Dios».

Por cierto, se nos dice en Apocalipsis capítulo 4, que el trono de Dios es «como un mar transparente semejante al cristal», y los santos en este himno, en Apocalipsis 15, están parados alrededor del trono de Dios en el mar de cristal.

Versículos 3-4: «Y cantaban». ¿Qué cantaban? «El cántico de Moisés». Por cierto, es también el canto de Miriam. Es también mi canción. Es también tu canción, si estás cantando la canción de los redimidos. Ellos cantan «el cántico de Moisés», siervo de Dios, y (¿de quién más es esta canción?) Es «el cántico del Cordero».

¡Qué gran dueto santo.. o trío, o coro, o como sea, sea cuantos sean que estén reunidos! Aquellos que han salido victoriosos sobre la bestia cantan la canción de Moisés, del siervo de Dios, y la canción del Cordero, diciendo:

«¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones!, ¡oh Señor!, ¿Quién no te temerá y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres Santo; porque todas las naciones vendrán y adorarán en tu presencia, pues tus juicios han sido revelados».

Entonces nosotras los acompañaremos cantando el cántico de Moisés y la canción del Cordero.

Charles Spurgeon lo dijo de esta manera: «Estamos ordenados para ser los trovadores de los cielos, así que ensayemos nuestro eterno himno antes de cantarlo en los pasillos de la Nueva Jerusalén».

Eso es lo que hacemos aquí. Practicamos; nos preparamos. Por eso quiero retarte. Comienza a cantar esta canción ahora. Acompaña a aquellos que se han ido antes, las Miriams, las Anas, las Déboras, las Marías, las Elizabets. Acompaña a aquellos alrededor del mundo que la están cantando ahora mismo. Canta en unísono con otros que han sido redimidos. Diles lo que Él ha hecho por tu alma. Diles como te ha rescatado, y unámonos ahora y por toda la eternidad a cantar la canción del redimido.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado hablando acerca del valor de la música y de la adoración como parte de la serie, «Recordando a Miriam». ¡Tenemos mucho que aprender del ejemplo de Miriam! ¿No te da deseo de cantar luego de escuchar estas verdades?

Si nos sintonizas hoy y quieres escuchar los programas anteriores en esta serie, puedes hacerlo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Aprecio mucho la forma en que Nancy expone temas de la Escritura, y cómo los explica y los conecta a mi vida. ¿Lo aprecias tú también? Si es así, puedes compartir los programas de esta serie, Recordando a Miriam, con mujeres en tu círculo de influencia. Házlo fácilmente a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Antes de concluir, solo quiero recordarte algo muy importante:

  • Diez años de eventos True Woman, y recientemente también Mujer Verdadera
  • Cincuenta y siete mil asistentes a conferencias; y
  • Más de un millón de participantes por la internet. Y lo más importante,
  • Incontables vidas transformadas

Me imagino que ya sabes que se trata de la conferencia True Woman ‘18. No dejes de ser parte de este evento, en el mes de septiembre, los días 27, 28 y 29. Entérate de los detalles en AvivaNuestrosCorazones.com.

Es común ver el rol que tiene otra persona y decir: «No estoy contenta con el mío. Quiero ese». Miriam cayó en esta tentación, y esto causó muchos problemas. Mañana en Aviva Nuestros Corazones hablaremos más acerca de esto.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Por Encima del Sol, Jonathan & Sarah Jerez, Periscopio ℗ 2017 Jonathan & Sarah Jerez.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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