Aviva Nuestros Corazones Radio

Salmo 126, día 7

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No sé cómo podemos tener un corazón como el de Jesús sin tener un corazón que llora.

Carmen Espaillat: Al ver el dolor que hay en el mundo y el pecado en tu propio corazón, ¿te detienes y te lamentas? Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que no nos detenemos lo suficiente.

Nancy: Veo eso y digo, «Señor, tienes que cambiar mi corazón». Esto no se puede fabricar. «Dios, quiero que me des el corazón de Cristo».

Carmen: Estás  escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Carmen: Nos encontramos en la serie, «El clamor de los cautivos». Te animo a detenerte por un momento (si es posible para ti, en este momento),y a que te unas a Nancy a considerar juntas lo que nos dice la Palabra de Dios.

Nancy: Estamos en el Salmo 126. Me gustaría saltar esto, pero no puedes enseñar este pasaje y saltar este versículo. Hemos estado hablando acerca del costo de la siembra. Salmo 126:5: «Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo». Primero, el costo de la siembra: sembrando con lágrimas. Y después la certeza de la siega: segaremos con gozo.

Hemos estado hablando acerca de esto en el reino espiritual, ya sea como mamá o en el ministerio en el contexto de iglesia local mientras estamos invirtiendo en la vida de otros. Queremos ver que Dios envíe un avivamiento. Hay un precio, y parte de ese precio del que se habla en este pasaje es el tema de las lágrimas.

Hablamos en la última sesión de un par de diferentes clases de lágrimas. Primero, lágrimas de labor, de trabajo, de esfuerzo, de perseverancia, de paciencia, como de una madre con dolores de parto a punto de dar a luz a un hijo. Esa es una clase de llanto. El apóstol Pablo dice que cuando el ministró en Éfeso, «por tres años», dice, «de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas». (Hech. 20:31). Había seriedad en su ministerio.

Hablamos de las lágrimas de confesión, lágrimas de contrición por nuestros pecados y por nuestra condición espiritual. Ha habido momentos en mi vida cuando he llorado lágrimas de dolor de parto mientras me preparaba para enseñar. Pudo haber sido la noche antes de una sesión de grabación, y estaba desesperada porque no venía nada a mi mente, así que he estado llorando.

Y he llorado, a veces, esas lágrimas de confesión y arrepentimiento por mi propio pecado; no tan a menudo como me gustaría o debería ser, pero lo he experimentado. Pero algo que he experimentado muy poco (y mientras he estado meditando en este pasaje, le he pedido a Dios que me dé más), es una tercera clase de lágrimas de la que quiero hablar hoy: las lágrimas de compasión y de preocupación por la condición espiritual de los demás.

Hablamos acerca de las lágrimas de confesión y arrepentimiento por nuestros pecados, pero ahora estamos hablando acerca de las lágrimas de compasión y preocupación por la condición espiritual de los demás. Esta mañana mientras me preparaba para enseñar este pasaje (he estado estudiando este pasaje por un período de años), muchos pasajes vinieron a mi mente en la Escritura que hablan acerca de este tema de llorar a favor de otros.

No soy llorona. Ahora sé que algunas personas son por naturaleza más lloronas y algunas menos. Algunas personas—sus ojos lagrimean todo el tiempo, y me encanta estar rodeada de esas personas que son tan compasivas, de corazón tierno. Me acerco a ellas y pienso, «Señor, necesito más de eso».  Tengo esa sensación al leer este pasaje.

Quiero que vayamos a través de algunos versículos que me han estado hablando y que veamos que te dicen. «Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo. El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas». (Sal. 126:5-6).

Cuando me refiero al «profeta llorón», ¿sabes de quién estoy hablando? De Jeremías. Si lees Jeremías y Lamentaciones, ves a un hombre que realmente sabía cómo llorar por la condición espiritual de los demás. Tenía una sensación de carga y ese anhelo. Él dice en Lamentaciones... digo, él escribió un libro llamado Lamentaciones, lamentándose.

No sabemos mucho acerca de lamentarnos en la actualidad, acerca del duelo y del luto, no solo por nuestros pecados, sino por las necesidades espirituales de los demás. Pero él dice en Lamentaciones capítulo 2:19, «Levántate y clama por las noches, cuando empiece la vigilancia nocturna. Deja correr el llanto de tu corazón como ofrenda derramada ante el Señor. Eleva tus manos a Dios en oración por la vida de tus hijos, que desfallecen de hambre y quedan tendidos por las calles» (NVI).

Dios le dijo a Jeremías que venía juicio, que Jerusalén iba a ser demolida eventualmente, que el pueblo iría a la cautividad. Jeremías clama al Señor con lágrimas, con súplica, con fervor por las vidas de los niños que perecerán por el hambre. Hay una compasión, una ternura, una preocupación allí.

Luego dice en Lamentaciones capítulo 3:48-50, «Ríos de lágrimas corren por mis mejillas porque ha sido destruida la capital de mi pueblo. Se inundarán en llanto mis ojos, sin cesar y sin consuelo, hasta que desde el cielo el Señor se digne mirarnos». (NIV). Aquí tenemos un hombre que estaba tan agobiado que las lágrimas fluían de sus ojos incesantemente, continuamente, a causa de la condición espiritual de su pueblo.

Entonces dice en Jeremías capítulo 9,«Considerad, llamad a las plañideras, que vengan; enviad por las más hábiles, que vengan». Esto es, por supuesto, refiriéndose a las mujeres que vienen a un funeral, con cantos fúnebres. Ellas eran plañideras pagadas, duelistas profesionales. Él está usando esto como una imagen. Él dice, «Considerad, llamad a las plañideras, que vengan… que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros, para que derramen lágrimas nuestros ojos y fluya agua de nuestros párpados» (vv. 17-18). 

Él dice que tal vez si las vemos llorando, eso provocará que lloremos por la condición espiritual del pueblo de Dios.

Bueno, no fue solo Jeremías quien tuvo esta clase de carga. Por supuesto, sabemos que el Señor Jesús también tuvo esa clase de carga. ¿Recuerdas ver el corazón de Cristo en Lucas capítulo 19? Dice: «Cuando se acercaba a Jerusalén...» (v. 41). Esto es justo antes de ir a Su muerte. El sabe que Él es su salvador. Él es su redentor. Él es el don de Dios, el Mesías, que los salvará de sus pecados. Pero ellos no entienden, lo rechazan.  

Él no está tan cargado por cómo esto lo afecta a Él sino cómo los afecta a ellos, a todo el plan de Dios, el plan redentor de Dios. Dice, «Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella» (Luc. 19:41 NIV).

Si ves la palabra llorar, hay diferentes clases de llanto. Es decir, algunas veces solo una lágrima cae de tus ojos o tus ojos se nublan o se humedecen y posiblemente se llenan de lágrimas. Esa no es la clase de llanto de la que estamos hablando aquí.

Esa frase, «Jesús lloró por la ciudad», significa «sollozar, gemir en voz alta, una expresión fuerte de dolor, especialmente de luto por los muertos». Jesús miró esa ciudad, y vio a estas personas que estaban espiritualmente muertas. El pueblo escogido de Dios. Sión, la ciudad de Dios. Y eso rompió Su corazón. Lloró por la ciudad.

No sé cómo nosotras podemos tener el corazón de Jesús sin tener un corazón que llora. Miro eso y digo, «Señor, tienes que cambiar mi corazón», eso no se puede fabricar. «Dios, quiero que me des el corazón de Cristo».

El apóstol Pablo tuvo el corazón de Cristo. Pensamos acerca de Pablo como un predicador duro y una clase de hombre severo. No sé cuál es la imagen que tienes de él, pero piensas en el apóstol Pablo y te estremeces un poco. Pero él fue un hombre con un corazón muy tierno. Él dice en Romanos capítulo 9, «Tengo una gran pesadez y una tristeza continua en mi corazón» (Rom. 9:2 parafraseado). ¿Por qué? Él estaba cargado por sus amigos judíos. Él dijo, «Estoy dispuesto a ser condenado eternamente si eso te pudiera ayudar a que seas salvo. Quiero que creas. Llevo esta carga continuamente en mi corazón» (Rom. 9:23 parafraseado).

Y les dijo a los corintios en 2 Corintios 2... Está hablando acerca de una carta previa que les había escrito donde había tenido que amonestarlos, reprenderlos, y disciplinarlos acerca de un asunto en la iglesia donde había pecado que no estaba siendo manejado a la manera de Dios, y la gente estaba aligerando el pecado. Ellos no estaban lidiando con él. Así que él les había escrito una carta severa anteriormente.

Ahora él se refiere nuevamente a esta carta y les dice, «Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón os escribí con muchas lágrimas» (2 Cor. 2:4). Él dice, «no solo garabateé esta carta. No estaba enojado con ustedes. No estaba enojado, no estaba amenazándolos con mi puño. No estaba siendo difícil con ustedes. Tenía el corazón roto cuando escribí esa carta».

Pienso, a propósito, que algunas de ustedes tienen hijos, hijas, amigos, un padre o alguien a quien necesitan confrontar con la verdad en amor. Una cosa es solo garabatear una carta y decir, «estás equivocado, necesitas arrepentirte», y otra cosa escribir ese tipo de carta que está manchada con lágrimas y con el corazón roto y dice, «estoy afligido por lo que estás pasando». Él dijo, «…por la mucha aflicción y angustia de corazón os escribí con muchas lágrimas» ¿Por qué? «…para que conozcáis el amor que tengo especialmente por vosotros». Su compasión motivó esas lágrimas.

Bueno, en temporadas de avivamiento, una de las cosas que verás son esas lágrimas fluyendo libremente de los ojos y de los corazones del pueblo de Dios. Cité a Jonathan Edwards previamente, quien fue uno de los hombres que Dios usó en el Primer Gran Avivamiento, y él habló acerca una temporada particular de avivamiento. Él dijo: «Los creyentes lloraban mientras la Palabra era predicada; algunos gemían con tristeza y angustia, otros con gozo y amor, y otros con pena y preocupación por las almas de sus vecinos».

Es un fruto. Es producto del avivamiento cuando Dios trabaja en nuestros corazones. Él despierta algo en nosotros. Es el corazón de Cristo que despierta en nosotros. La compasión de Cristo, la ternura de Cristo. Jesús lo hizo. Pablo lo hizo. Jonathan Edwards vio eso en el Primer Gran Avivamiento.

Previamente en esta serie, Byron Paulus, el director de Life Action Ministries, se refirió a Leonard Ravenhill. Él es un hombre que ahora ha estado con el Señor por un buen número de años, pero fue un hombre de lágrimas. Fue un hombre con un corazón y una pasión por ver que Dios enviara un avivamiento en nuestros días. Él escribió una pieza llamada ¿No tenemos lágrimas para el avivamiento? Él dijo,

«El verdadero hombre de Dios tiene el corazón roto, y llora por la mundanalidad de la iglesia, entristecido por la ceguera de la iglesia, de luto por la corrupción de  la iglesia, llora por la tolerancia del pecado en la iglesia y se entristece por la falta de oración en la iglesia. Está inquieto porque la oración corporativa de la iglesia ya no está derribando las fortalezas del diablo».

Eso es carga.

El apóstol Pablo envió una carta, otra vez llena de lágrimas, a los Filipenses, y dijo, «Se lo he dicho otras veces y ahora lo digo llorando que ciertas personas son enemigos de la cruz de Cristo» (Fil. 3:18 parafraseado).

Pablo no podía hablar acerca de esta clase de cosas, él no podía pensar en estas cosas; no podía lidiar con esa clase de temas sin llorar. «Te digo», estaba llorando mientras escribía esa carta... Mientras lees la carta a los Filipenses, ¿qué piensas de Pablo llorando mientras escribe esto acerca de aquellos que son enemigos de la cruz de Cristo que están plantados dentro de la iglesia?

  • ¿Te entristeces cuando ves cristianos que van a través de toda una vida religiosa pero viviendo vidas mundanas y pecaminosas?
  • ¿Te entristece cuando ves a los que se hacen llamar cristianos con valores temporales, sin ningún sentido de eternidad?
  • ¿Te entristece cuando ves a los matrimonios de la iglesia divorciarse, a los cristianos divorciándose de sus parejas cuando Dios dice que odia el divorcio?

Así que, ¿dónde están las lágrimas en la iglesia de hoy? Si nuestros ojos están secos, ¿pudiera ser porque nuestros corazones están secos? O posiblemente, como hemos estado estudiando en este Salmo, porque nuestra cautividad no ha sido aún liberada. Tal vez aún estamos viviendo en algún área de esclavitud y no somos libres para dejar que Cristo exprese Su amor, Su ternura y Su compasión a través de nosotras.

¿Sabes? las lágrimas fluyen naturalmente de corazones contritos y quebrantados. Eso es lo que ves en Joel capítulo 2, un pasaje que vino a mi corazón muy temprano esta mañana. De hecho, déjame pedirte que vayas allí si tienes una Biblia. Joel capítulo 2. Vamos a leer varios versos allí, extraeremos todo este concepto para nosotras.

Para darte algo del  contexto aquí, Joel ha estado hablando antes en este capítulo acerca del día de la venida del Señor. Es un día de juicio terrible. Un día de destrucción y de devastación. Así que, en respuesta a eso, en el versículo 12, el Señor habla a Su pueblo.

«Aun ahora» declara el SEÑOR 2:12 (a la luz de esta próxima amenaza, del juicio inminente) «volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento».

Esas son las lágrimas de las que hablamos en la última sesión, las lágrimas de confesión y contrición por nuestro propio pecado.

«…volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal» (vv. 12-13).

Él es un Dios que quiere mostrar misericordia. Él se deleita en mostrar misericordia.  Así que van al Señor en quebrantamiento y en arrepentimiento.

«Quién sabe si volverá y se apiadará, y dejará tras sí bendición» (v. 14)

Dios quiere bendecir. Dios quiere avivar. Dios quiere visitar a Su pueblo. Dios quiere que seamos perdonadas del juicio y de la ira, así que vuélvete de tus pecados y hazlo evidente con lágrimas de confesión y contrición.

Y luego nos llama a llorar no solo por nuestros propios pecados, sino también por los pecados de otros. Mira el versículo 15:

«Tocad trompeta en Sion, promulgad ayuno, convocad asamblea, reunid al pueblo, santificad la asamblea, congregad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho. Salga el novio de su aposento y la novia de su alcoba» (v. 15, 16)

Esta es la llamada para una reunión familiar importante. Vengan todos: lactantes, parejas en luna de miel. Dejen cualquier cosa que estén haciendo. Vengan a este lugar. Conságrense ustedes mismos. Esto es serio. Dios quiere reunirse con nosotros. Quiere que nos reunamos con Él.

Versículo 17: «Entre el pórtico y el altar, lloren los sacerdotes (¿que hagan qué?), lloren los sacerdotes ministros del Señor»

Deja que lloren. Tú dices, «bien, eso es para que lo hagan los ministros, los sacerdotes». ¿Qué es lo que crees que somos tú y yo? Sacerdotes delante del Señor. Ese es nuestro llamado hoy en día.

«Los sacerdotes» no son los pastores de nuestras iglesias sino los ministros, siervos del Señor, cada creyente es un sacerdote delante del Señor.

«…lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona, oh Señor, a tu pueblo, y no entregues tu heredad al oprobio, a la burla entre las naciones. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»

¿Recuerdas que al principio de esta serie, dijimos que cuando Dios libera a Su pueblo de la cautivad, las naciones dicen: «Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos»? (Sal. 126:2). Tendrán una conciencia de Dios, un conocimiento, percepción de la presencia de Dios. Pero ahora él está diciendo que la condición espiritual del pueblo es tal que las naciones se están burlando; se están mofando; se están riendo de la iglesia o están diciendo, «¿Dónde está su Dios? No veo ninguna evidencia». ¿Por qué han de decir dónde está su Dios?

Entonces, ¿qué podemos hacer? Aquí estamos paradas entre el pueblo y Dios, en el pórtico donde está el altar que es donde está Dios. Estamos paradas entre ellos para decir, «oh, Señor, perdona a Tu pueblo», clamando a Dios por misericordia. «Señor, no hagas de Tu herencia un reproche. Queremos que Tu Nombre sea glorificado. Queremos que Tú seas honrado».

¿Cómo vamos a hacer estas oraciones? Con llanto, sinceramente, llenas de compasión y de preocupación por el pueblo de Dios. ¿Ves?, cuando rendimos nuestros corazones y lloramos ante Él, Dios rendirá los cielos y nos visitará con Su gloriosa presencia.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth explicó lo valioso que es clamar al Señor en oración. A menudo trato de evitar las lágrimas tanto como sea posible, y el programa de hoy y toda esta serie de Nancy me ha mostrado que las lágrimas pueden ser buenas. Este mensaje es parte de la serie llamada «El clamor de los cautivos».

Al escuchar enseñanzas como esta, me pregunto, ¿cómo luce esto en la vida de una persona? ¿Cómo lucen el quebrantamiento y la rendición?

Bueno, permíteme compartir contigo el testimonio de una oyente que nos cuenta cómo Dios ha obrado en su vida, aun a través de la aflicción.

Neila: La gloria sea para Dios. Yo soy Neila Ruth Vaca, de Bogotá, Colombia y estoy maravillada de tener la oportunidad hoy de compartir con muchas mujeres, con Aviva Nuestros Corazones, el testimonio de poder contar de la gracia maravillosa que Dios ha tenido conmigo, de Su misericordia y de su bondad. Quiero testificar de lo que ha significado Aviva Nuestros Corazones a lo largo de mi vida. Lo conozco más o menos desde el año 2010, cuando fue en República Dominicana. Cuando yo oí el programa fue para mí una voz que se abre como una ventana cuando yo estaba en un momento tan difícil en el que venía de dos contrastes. Venía de iglesias totalmente liberales, me había pasado a una iglesia de total reforma y como que no sabía cuál era mi lugar. Estaba pasando por un momento en el que entendía que debía estar con la boca totalmente cerrada y como que entender todas esas cosas que yo antes había hecho por todas las iglesias, lo único que sentía era el arrepentimiento de todo lo que había ofendido a Dios con mi manera de vivir, con mi manera, de pronto, de guiar a otros, porque no conocía otro evangelio. Así que Aviva Nuestros Corazones fue una puerta que se abrió para mí diciendo: hay lugar para servir, hay esperanza. No olvido ese momento que fue tan importante y que además yo estaba saliendo, Dios me estaba sacando pensionada por invalidez por mi problema de salud. Regresé a mi casa y Aviva Nuestros Corazones me ha acompañado en el proceso de dejar escenarios para coger la aguja, el trapero, la escoba y gozarme cada tarea con tanto gozo, y entender que planchar es delicioso con Aviva Nuestros Corazones, que cocinar, todo le ha dado un sentido tan hermoso a mi vida; distinto al que le había dado la sicología, la misma educación, todo el gremio de donde yo venía.

Para mí fue un aliciente maravilloso. Pero lo mejor que puedo decir es que Aviva Nuestros Corazones me ha traído más a Dios. Realmente me ha acercado más, me ha enseñado a entender que no hay lugar más alto, no hay mejor lugar que estar a los pies de la cruz. Eso ha sanado mi corazón, ha sanado mis heridas, ha lavado mis pecados; y poderme sentir que soy una pecadora redimida, una farisea en proceso de recuperación, es algo que me llena totalmente y que ha transformado mi vida, mi hogar, mi familia. Vivo en medio de un matrimonio, que tengo 34 años de vivir con un hombre no creyente, con todas las dificultades y con todas las persecuciones por causa del evangelio, Aviva Nuestros Corazones ha sido un remanso de paz. Es algo tan precioso para mí que me lleva hoy a poder querer compartirlo con otras mujeres, y por gracia de Dios fui invitada el año pasado a compartir con un grupo de 150 mujeres en Medellín, y allí compartí el diseño de Dios tomando el libro de Mujer Verdadera 101 y el libro de Susan Hunt que primero que nada transformaron mi vida totalmente. Cada momento, cada situación ha sido para mí primero esa lima que Dios ha pasado por mí para poderlo compartir con otras mujeres y mostrarles cuánto vale la pena vivir a los pies de la cruz. El programa de Habacuc fue maravilloso para mí. Dios con él siguió tratando, limando y sanando mi corazón en un momento que fue definitivo para mí. Luego En busca de Dios fue un programa precioso porque me ayudó, me animó, me dio esperanza en medio de mis dificultades, y desde entonces con este programa, mi oración es: Señor que nunca me canse, que nunca me canse de clamar y de gemir para ver a mis hijos y a mi esposo, convertidos. Sé que la salvación es de Él, que de Él depende; pero yo quiero hacer con tanto amor y con tanto gusto la tarea que Dios me ha encomendado. La ida a mía México fue el remanso de paz para mí en un momento de quebranto. Puedo decir que fue maravilloso, fue de un gozo total para mí después de muchos años que no estaba en eventos de mujeres, fue para mí preciosísimo porque tenía años que no servía y allí pude servir en el ministerio de oración, y me sentí que volvía a vivir y que podía ser útil y que podía compartir con muchas otras mujeres. Así que doy gracias a Dios por Aviva Nuestros Corazones. Es mi deseo poder asistir a Indianápolis ahora este año y estoy maravillada, feliz, gozosa de saber que Aviva Nuestros Corazones, si Dios así lo permite, tendrá a Colombia Mujer Verdadera en el año 2019. Aprovecho para invitarlas a todas, que no dejen de venir, creo que es una experiencia que vamos a vivir, maravillosa, que debemos contagiar a otras, que vale la pena, que realmente transforma vidas y nos acerca a Dios cada vez más. Así que no pierdan la oportunidad de asistir a este evento. Muchas gracias, la gracia de Dios con nosotras.

Carmen: No estamos solas. Debemos seguir corriendo juntas la carrera de la fe, con los ojos puestos en Jesús, y como nos lo recuerda Neila, yendo al pie de la cruz. ¡Cuánta bendición hay para los que buscan a Dios!

Hoy hemos estado hablando sobre la necesidad de clamar por un avivamiento. Mañana escucharemos sobre los resultados de ese clamor: el gozo que resulta del avivamiento. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy de Wolgemuth DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.

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