Débora de Rivera: Cuando una mujer decide abandonar a su esposo, podríamos pensar que ella probablemente esperaría algo de simpatía por parte de su padre. Escucha lo que una mujer joven escuchó de su padre al contestar su teléfono.
Richard: Todos sabemos lo que el Señor quiere. Su Palabra es muy clara en situaciones como estas. Podemos decidir hacer algo correcto o algo incorrecto. Obviamente, si una pareja decide contraer matrimonio y hacen un pacto entre ambos, ellos han hecho algunas promesas que necesitan cumplirse y mantenerse.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 8 de julio de 2026.
El tema de esta semana es relevante especialmente para aquellas que están casadas, pero también serás edificada si estás luchando con alguna otra área particular en tu vida. Nos encontramos en la serie titulada «Evita la tentación …
Débora de Rivera: Cuando una mujer decide abandonar a su esposo, podríamos pensar que ella probablemente esperaría algo de simpatía por parte de su padre. Escucha lo que una mujer joven escuchó de su padre al contestar su teléfono.
Richard: Todos sabemos lo que el Señor quiere. Su Palabra es muy clara en situaciones como estas. Podemos decidir hacer algo correcto o algo incorrecto. Obviamente, si una pareja decide contraer matrimonio y hacen un pacto entre ambos, ellos han hecho algunas promesas que necesitan cumplirse y mantenerse.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 8 de julio de 2026.
El tema de esta semana es relevante especialmente para aquellas que están casadas, pero también serás edificada si estás luchando con alguna otra área particular en tu vida. Nos encontramos en la serie titulada «Evita la tentación en tu matrimonio». Si te perdiste alguno de los programas anteriores, puedes escucharlo, leerlo o descargarlo en AvivaNuestrosCorazones.com.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que ustedes estarían de acuerdo conmigo en que hemos venido escuchando una historia muy conmovedora, y una ilustración poderosa de la gracia redentora y de la bondad de Dios. De cómo Él puede restaurar las situaciones más desesperadas. Ron y Nancy Anderson han estado compartiendo su testimonio. Sucedió hace veinticinco años, pero al ver hoy a Ron y Nancy, puedo darme cuenta de que el dolor aún está fresco en sus corazones. ¿Es difícil para ustedes revivir esos primeros años horribles de su matrimonio? ¿Qué piensan mientras nos relatan la historia hoy, veinticinco años después?
Ron: Realmente no es tan difícil, porque la realidad es que esto está tan lejos de donde el Señor nos ha traído, así que no siento ningún dolor cuando hablo sobre todo esto.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Así que cuando te conmueves y lloras al contarlo, ¿qué estás pensando?
Ron: Nancy, lo que eso representa es el gozo que el Señor ha traído a mi vida. A veces es sobrecogedor emocionalmente pensar dónde estábamos y de dónde Él nos ha traído hoy. Así que cuando me emociono, es usualmente como resultado de sentir esa emoción de, «¡Guau! ¡Aquí es donde estamos y esto es increíble, realmente! Estoy seguro de que Nancy se debe sentir igual.
Nancy Anderson: Así es. Es más difícil para mí porque soy la que lleva la «letra escarlata» en el pecho, pues yo fui la que abandoné mi matrimonio y mi ego no quiere admitirlo. Pero, aun así, sé que es útil para otras personas, pues soy una sobreviviente y fui milagrosamente sanada. Así que la historia hay que contarla. Batallo con eso, y la hemos contado a muchos grupos pequeños a través de los años, pero ahora la estamos compartiendo a nivel internacional.
Es algo sorprendente, pero el Señor me ha dado la fuerza para hacer esto, pues no es algo natural sacar los trapos sucios al sol, y aun así sé que esto está ayudando a muchas personas. Recibo correos electrónicos de personas que dicen: «Pensaba que era la única». Así que para mí, el llevar consuelo a esas mujeres y la esperanza de restauración, y una pequeña luz de un nuevo comienzo, vale la pena; aunque reconozco que personalmente es muy difícil para mí.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Mientras compartimos tu historia, el objetivo no es resaltar el pecado, sino resaltar la gracia de Dios. Eso es lo que trae tanta esperanza. Hay muchas personas viviendo en ese y en otro tipo de pecados, pero el mensaje aquí es que Dios puede realmente cambiar corazones. Él puede librarnos de las ataduras del pecado, Él puede perdonar y puede limpiarnos.
La obediencia y la rendición pueden ocurrir en un momento, como escuchamos en el programa anterior. En solo 24 horas rompiste con una aventura y dejaste tu trabajo, para no enfrentar esa tentación de nuevo cada día. Tomaste pasos y decisiones drásticas y aun así tenías por delante todo un proceso de restauración, para el cual haría falta un arduo trabajo.
Además, tu matrimonio no tenía un fundamento sólido. Dios usó a tus padres como una parte importante de ese proceso. Hemos invitado a tus padres para escuchar de ellos y de ustedes, Ron y Nancy, la forma en que Dios los usó en el proceso de restauración de su matrimonio. Marian y Richard Alf, muchísimas gracias por tomar de su tiempo en el día de hoy para compartir su parte en esta historia, y por acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Richard: Somos bendecidos al poder hacerlo.
Marian: Gracias por tenernos aquí.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Sean ustedes bienvenidos. Solo quiero repetir que es maravilloso que los padres asuman la responsabilidad de responder de manera directa y valiente como lo hicieron ustedes. Ustedes metieron sus narices sin saber si su hija les daría la bienvenida o no, pero Dios usó esto. Ahora, veinticinco años después, están cosechando algunas bendiciones y alegrías, al vivir cerca de sus hijos y de su nieto, viendo cómo Dios está usando sus vidas. Esto debe ser un gozo inmenso para ustedes.
Pero la batalla no estaba terminada. Ustedes estaban allá en Minnesota y ellos estaban en California. Ustedes no saben lo que está sucediendo, pero están orando. Díganos qué estaba sucediendo en sus corazones mientras oraban por Ron y por Nancy.
Richard: Bueno, fue un momento difícil; le habíamos dicho a Nancy lo que tenía que hacer. Pero la pregunta era, ¿sería ella obediente para hacer lo que el Señor y nosotros queríamos que hiciera? ¿O se iría y no haría lo que tenía que hacer? Así que decidimos esperar hasta la mañana siguiente. No recuerdo exactamente qué cantidad de tiempo, pero sé que fijamos un tiempo límite para llamar de nuevo; en caso de no haber sabido nada de ellos, llamaríamos a Ron.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Así que no pensaban dejar eso así, dejarlos tranquilos?
Richard: No, no íbamos a soltarlo ahí. ¡Para nada! Pero Ron nos llamó antes de nosotros llamarlo a él, así que todo resultó bien.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Y él les puso al día de lo que había ocurrido?
Richard: Sí, nos dijo que estuvieron despiertos toda la noche y que estuvieron hablando. Luego hablamos con nuestra hija, por supuesto. Recuerdo que fue una conversación especial, como una respuesta a nuestra oración.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Sí, me imagino que sus corazones estaban contentos, pero sabían que había más por delante. Le dieron consejos firmes a Ron y a Nancy acerca de volver a poner las piezas en su sitio, en su lugar. Nancy, creo que una de las cosas que les aconsejaron fue que se reunieran con otra pareja.
Nancy Anderson: Así es, nos dieron el nombre de otra pareja que conocían en California, que tenía experiencia en asuntos matrimoniales y que tenía madurez en el Señor. Fuimos y nos reunimos con ellos, si mal no recuerdo, unos pocos días después.
Ron: Fue a los dos días, porque fuimos a San Diego ese fin de semana por dos días, de nuevo, para retirarnos un poco y hablar, y el lunes en la noche regresamos. Para ese momento ya Richard y Marian nos habían hecho una cita con el Dr. Ray y su esposa.
Nancy Anderson: Y nos encontramos con ellos, fue una experiencia maravillosa. Nos dieron la chispa de esperanza de que esto podía repararse. Aunque ellos nunca habían tenido este tipo de problemas, ciertamente habían tenido algunas dificultades en su matrimonio. Ellos nos motivaron, oraron por nosotros y fueron tan dulces y tiernos con nosotros; además, no se perturbaron con lo que les contamos.
Ellos nos dieron esa pequeña ventana de esperanza de que podíamos hacer que esto funcionara si poníamos al Señor como el centro de nuestra relación. Ellos hablaron del versículo de Eclesiastés 4:12 que dice que «cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente.
Y Ron y yo solo éramos un cordón de dos dobleces. El Señor no estaba entre nosotros, en nuestro matrimonio. Ese fue probablemente su mayor énfasis: que invitáramos al Señor a nuestro matrimonio, porque cuando nuestras fuerzas fallaran, Su fuerza no fallaría. Así que ese fue otro punto que nos puso de nuevo en el camino.
Ron: Y la mañana siguiente, creo, Nancy se montó en un avión y se fue a buscar el consejo de sus padres.
Nancy Anderson: Fui sola para recibir consejería sola, pues los problemas realmente surgieron a causa de mi mal comportamiento al principio del matrimonio, al ser una persona crítica y quejumbrosa. Esto empujó a mi esposo a alejarse, y a mí me dejó con una necesidad de buscar consuelo fuera de mi matrimonio. Así que era obvio que tenía asuntos personales con los cuales lidiar. Así que me fui a mi casa sola, para una consejería personalizada con mis padres y otras personas. Había diferentes grupos de mujeres orando por mí y venían a la casa a ministrarme.
Y luego Ron vino, y fue a partir de ahí que comenzaron a hablarnos de cómo íbamos a sostener nuestro matrimonio sobre un fundamento firme, pues nuestra zapata estaba totalmente fracturada.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Un asunto clave que tus padres te forzaron a enfrentar fue el tema del perdón. ¿Recuerda eso, Richard?
Richard: Sí, lo recuerdo.
Ron: Y para mí ese fue el punto crítico. La noche que llegué, en la cena, Richard nos miró y nos dijo: «Sé que Nancy probablemente te dijo que ella lo lamenta, pero ¿te pidió perdón?» Tienes que decidir si la vas a perdonar o si vas a usar esto como «la carta bajo la manga», que siempre tendrás a mano para discutir cada vez que haya alguna desavenencia, durante los próximos 30 años.
A la mañana siguiente, cuando estábamos en el desayuno, él le dijo a Nancy: «¿Pensaron ustedes en lo que les dije anoche?». Nancy me miró, tomó mi mano y me preguntó si la podía perdonar. Y el Señor me permitió en ese momento tomar la decisión de decir que sí.
Le dije: «Sí, te perdono». No significa esto que el matrimonio se hizo perfecto a partir de ese momento, porque había todavía muchas cosas que trabajar, pero desde ese instante, nunca sentí dolor en relación a la situación. Nunca me sentí celoso. Fue como si el Señor lo quitara de mi corazón, casi instantáneamente. Le doy toda la gloria a Dios por hacer eso y se lo agradezco, y te agradezco a ti, Richard, por tener la sabiduría de ver que ese era el principal bloque a partir del cual podíamos comenzar a construir.
Nancy Anderson: Eso fue una señal para mí, otro destello de esperanza de que podíamos reconciliarnos. Y comencé a ocuparme de Ron. Comencé a ver que él me amaba, a sentir una ternura y un respeto por mi esposo que antes yo no tenía. Lo vi como un hombre, no como un niño; un hombre capaz de tomar una posición y dar a su esposa una misericordia inmerecida, tal cual Dios nos la da a todos nosotros.
Mi forma de verlo comenzó a cambiar, y mi forma de verme a mí misma comenzó a cambiar. A partir de ese punto, deseé seguirlo y asegurarme de que él fuera el líder del hogar. Dejé de luchar en contra de él y de querer tener siempre la razón, y me rendí al Señor y a mi matrimonio, y comenzamos todo de nuevo.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Me pregunto, Richard y Marian, si pudieran compartir con nosotros, Ron y Nancy, desde su perspectiva, ¿cuáles fueron algunas de las cosas que ustedes hicieron? Esto puede ser de estímulo para otros padres que están tratando de ayudar a sus hijos a caminar a través de las aguas de un matrimonio turbulento. Nancy, ¿qué piensas que fue una de las cosas que más te ayudó de parte de tus padres?
Nancy Anderson: Bueno, ellos fueron firmes conmigo, pero muy tiernos al mismo tiempo. Sabía que ellos me amaban, pero también fueron realistas y no excusaron mi mal comportamiento. Ellos me hicieron responsabilizarme por lo que yo estaba haciendo y por el comportamiento destructivo que tenía en mi matrimonio. Ellos no me mimaron diciéndome: «Oh, pobre bebé, te casaste con un hombre malo, vuelve a casa».
Nancy DeMoss Wolgemuth: Ellos realmente no se parcializaron.
Nancy Anderson: No se parcializaron; ellos escogieron el lado bíblico para la restauración y la esperanza, para que nos mantuviéramos casados.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Y te retaron a obedecer?
Nancy Anderson: Sí, dijeron: «Estás comportándote muy mal». ¡Y yo lo estaba realmente!
Nancy DeMoss Wolgemuth: Richard y Marian, cuando le hablaron sin rodeos a Nancy, ¿no pensaron que podía ser un riesgo que ella rechazara el consejo y la instrucción?
Richard: Personalmente, yo no pensé mucho en ese sentido. Yo solo sabía lo que era correcto y que lo que ella estaba haciendo no estaba bien. Habíamos enseñado a nuestra hija que ella tenía una responsabilidad. Se hizo obvio que ella tenía una responsabilidad que no estaba cumpliendo en esa relación. Así que nuestro consejo fue que ella era la que necesitaba hacer el mayor esfuerzo para arreglar las cosas.
Ron: Desde mi perspectiva, cuando miro hacia atrás, veo que ellos no me pusieron como el malo de la película. Créanme, hice muchas cosas. Pude haber sido etiquetado como el tipo malo de la situación, pero ese no fue el papel que me asignaron;ellos fueron motivadores. Su sabiduría cristiana… todavía me sobrecoge cómo el Señor usó a mis suegros para salvar mi matrimonio.
Yo digo que el día que nos casamos, el papá de Nancy me dio su mano y luego, dos años después, me la volvió a entregar otra vez, cuando nos ayudó en este proceso de sanación.
Siempre hay bromas acerca de los suegros, que son irritantes en la relación de pareja, pero en nuestro caso ha sido totalmente lo opuesto. Ellos han sido una dulce fragancia en nuestra relación, y le doy la gloria al Señor por esto.
Realmente, soy un yerno que no merece unos suegros tan maravillosos en su vida. Tan solo pensar que ellos fueron el instrumento que salvó mi matrimonio es sobrecogedor, sobre todo cuando miro hacia atrás y veo dónde estábamos y dónde estamos ahora, solo me queda agradecer a Dick y a Marian por todo eso.
Nancy Anderson: Ellos han sido un gran modelo para nosotros, ya que han estado casados por 56 años. Y sí, han tenido momentos difíciles, y han tenido que atravesar situaciones, altas y bajas emocionales, todas esas cosas que los matrimonios tienen que pasar, pero a pesar de eso, se han mantenido firmes en el Señor, se han mantenido firmes el uno con el otro. Son un frente unido. Por supuesto, nosotros, los hijos, hemos tratado de dividirlos, pero ellos nunca se dividieron.
Así que han sido una inspiración para nosotros. Hay un término llamado «amor áspero» y muchas veces puede ser malinterpretado. Con mis padres, puedo decir que fue un amor firme, un amor fuerte, pero con disciplina.
Sé que para muchos padres esto es difícil, tal vez porque, por alguna razón, quizás producto de la culpa por diferentes situaciones en sus vidas en las que no fueron buen ejemplo, para ellos es difícil ser tan directos con sus hijos y requerir de ellos un estándar muy alto. Pero mis padres requirieron un estándar alto de mí, y cuando no estaba cumpliendo ese estándar, ellos no se sintieron avergonzados o apenados al recordármelo.
Ron: Ellos caminaban y hablaban como cristianos, y sus vidas... Puedes ver las evidencias de que estas personas estaban comprometidas con el Señor. Fue un tremendo modelo para mí tener a su papá en mi vida, porque me dio un norte hacia donde crecer. Es un reto porque él es un gran hombre de Dios. Es un gran líder espiritual en su propio hogar. Así que, como modelo, soy mejor hombre por tenerlo presente en mi vida.
Marian: Es solo por la gracia de Dios que cualquiera de nosotros puede hacer algo que sea digno del amor de nuestros hijos y del amor del Señor.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Entonces, ¿qué consejo le darían a los padres de hoy que están donde estuvieron ustedes hace veinticinco años, encontrando que el matrimonio de un hijo quizás está en problemas, un hijo o una hija a punto de dejar a su pareja o transitando por un camino rocoso? ¿Qué les dirían ustedes a esos padres?
Richard: Todos nosotros sabemos lo que el Señor quiere. Su palabra es muy clara en circunstancias como esta. Hay una forma correcta de hacer las cosas y una incorrecta. Obviamente, si la pareja decide casarse y hacen un pacto entre ambos, ellos hicieron una promesa, un pacto que tienen que mantener.
Seguir adelante e ignorar esto no es aceptable. Así que la única cosa que uno puede hacer en esas circunstancias es reconectarse, pedir perdón y continuar hacia delante. Rendirse, darse por vencido; no puedo ni siquiera comprender que uno pueda rendirse ante una situación como esta.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Entonces, ¿está bien que los padres se involucren en la vida de sus hijos para ayudarlos y para rescatarlos de una situación como esta?
Richard: Bueno, definitivamente creo que sí. De hecho, pienso que es una obligación de los padres involucrarse en la medida en que los hijos se lo permitan. Ahora bien, esa es una situación difícil, pero en el caso de Nancy y Ron, no fue difícil porque ellos buscaron nuestro consejo y fue fácil involucrarnos.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que el hecho de que hayan estado orando y que Dios les pusiera esa preocupación y esa carga durante la oración… Dios les mostró cuándo llamar y qué decir. Hay tiempo para hablar y tiempo para estar quietos, y Dios les dio la sabiduría porque estaban orando por su hija. Así que pudieron apoyarla y al mismo tiempo ser honestos con ella.
Marian: Así es.
Richard: Bueno, después de todo, y pensando un poco atrás acerca de nuestra preciosa hija y su crianza y características, nosotros la conocíamos muy bien. Ella necesitaba un poco de empujoncitos aquí y allá para llevarla de nuevo al camino; esto no fue más que algo de eso mismo.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Pero nunca la separaron de ustedes, nunca dejaron de amarla a pesar de todo esto.
Richard: Para nada, no, para nada.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Bueno, mi oración es que haya más familias como ustedes, que Dios nos dé padres y abuelos piadosos que luchen la batalla espiritual por sus hijos. Como usted dijo, Richard, hay algunos hijos e hijas que no se han abierto todavía a ese tipo de consejería, pero nadie puede impedirles a los padres orar...
Richard: Así es.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Y preocuparse por ellos y amarlos y hablarles la verdad cada vez que haya una oportunidad. Pienso que las cosas que han compartido con nosotros y el ejemplo de su vida serán de gran motivación para algunos padres que tienen hijos adultos y que escuchan Aviva Nuestros Corazones. Solo déjenme decirles a aquellos padres que están en esta situación que tenemos un equipo de oración en Aviva Nuestros Corazones que le encantaría unirse a ustedes en esta oración por ese hijo o por esa hija o por cualquier situación que estén enfrentando.
Si puedes, entra a nuestra página avivanuestroscorazones.com, y nuestro equipo de corresponsables bíblicas e intercesoras se unirá a ti en esta batalla pidiéndole a Dios por estos matrimonios que se desmoronan, creyendo que Dios puede intervenir con Su poder, con Su gracia sobrenatural.
Eso no significa que Dios salvará la situación en cada oportunidad, pero Él es capaz. Y queremos hablarte una palabra de ánimo y esperanza hoy. Gracias, Marian, gracias, Richard; agradecemos al Señor por ustedes y oraremos para que el Señor use su testimonio para que sea de gran motivación para nuestros oyentes.
Richard: Un placer ser parte de este programa.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Richard y Marian, me pregunto si… Ya que ustedes son padres que oran y ahora son abuelos, ¿podrían ustedes ser tan amables de orar por nuestros oyentes, en especial por aquellos que tienen hijos e hijas pasando por aguas turbulentas en estos momentos? Solo oren una bendición de la gracia de Dios para estas familias.
Richard: Claro, con mucho gusto.
Oremos. Padre Dios, te damos toda la alabanza y el honor y acciones de gracias. Al llegar al final de este programa, dirige nuestra oración. Señor, oramos a ti, en nombre de los padres e hijos que ahora mismo tienen dificultad en sus matrimonios. Señor, yo te ruego que los bendigas; dales una medida especial de fortaleza. Dales una medida de conocimiento, de conocimiento de lo que deben hacer, y luego dales el valor y la fuerza para llevarlo a cabo.
Señor, no permitas que sigan vagando en el desierto, sino tráelos a Ti de nuevo. Te damos gracias por nuestros hijos y te damos gracias por los padres que has asignado a cada una de las vidas de estos hijos. Señor, ayúdanos a amar siempre a nuestros hijos, a pesar de las circunstancias, independientemente de lo que hayan hecho o de lo que dejen de hacer.
Señor, tenemos una obligación, un deber, de amarlos, de cuidarlos y de orar por ellos, para que Tú los protejas. Señor, dales una buena medida de fuerza y de esperanza. Pedimos todo esto en el nombre de Jesús, amén.
Débora: Este es Richard Alf, en conversación con Nancy DeMoss Wolgemuth. Él le habló importantes palabras de verdad a su hija en un momento crucial de su matrimonio. El señor y la señora Alf le hablaron con convicción a su hija. Ellos mismos habían sido un ejemplo de fidelidad matrimonial.
Inundadas por la moda y las ideas que dominan la cultura popular, muchas mujeres han perdido su rumbo y ya no confían en esa brújula interna que afirma lo que es bueno, verdadero y honorable acerca de la feminidad. ¿Lo percibes entre las mujeres a tu alrededor? ¿Lo has notado incluso en tu propia vida?
En medio de esta confusión, queremos ofrecerte un recurso que puede ayudarte a discernir con claridad lo que es verdaderamente sabio.
Este mes de julio, al hacer una donación a Aviva Nuestros Corazones, podrás recibir el libro «Chicas sabias en un mundo salvaje», escrito por Mary Kassian. En sus páginas, Mary lleva a las lectoras a explorar el fascinante contraste entre la mujer sabia y la mujer salvaje que encontramos en Proverbios, capítulo 7. A través de veinte contrastes claros y prácticos, aprenderás a discernir entre lo salvaje y lo sabio en tu vida diaria.
Si este recurso puede ser de bendición para ti o para alguna mujer que conoces, te invitamos a visitarnos hoy en AvivaNuestrosCorazones.com/donar para adquirirlo. Y de antemano te damos gracias por tu donación. Tu generosidad nos permite seguir creando recursos que llevan a más mujeres a descubrir la libertad que se encuentra en la verdad del evangelio.
Queremos también recomendarte el libro escrito por nuestra invitada, Nancy Anderson, en el cual se basa esta serie. Está disponible en español, así que puedes buscarlo en tu librería cristiana favorita. Se titula «Evita la tentación en tu matrimonio». Su historia te ayudará a pensar en cómo puedes proteger tu matrimonio del dolor que causa el adulterio.
Cuando dijiste: «Sí, acepto». ¿Fue como si la diversión hubiera llegado a su fin? Esa fue la experiencia de Nancy Anderson.
Nancy Anderson: Ron era un excelente novio antes de casarnos. Cuando nos casamos, él dejó de cortejarme, y yo dejé de coquetear con él y ser divertida, y perdimos la chispa. Perdimos la imaginación y la creatividad y nos envolvimos en los quehaceres cotidianos y las listas de deberes. Se nos olvidó divertirnos juntos.
Débora: Descubre cómo puedes restaurar la diversión y el interés en tu matrimonio en el episodio del día de mañana aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a vivir en rendición total al Señor, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación