Aviva Nuestros Corazones Podcast

Fortaleza en la rendición

Carmen Espaillat: En medio de una relación de adulterio, Nancy Anderson descubrió algo acerca de Dios.

Nancy Anderson: La rendición funciona. No puedes pelear contra Dios. Cuando rindes tu corazón y le pides fortaleza para sostenerte en pie, para hacerte fuerte para poder caminar en Su camino y no en el tuyo, te maravillas de las cosas que Él puede hacer a través de ti que tú nunca podrías haber hecho por ti misma.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En el programa pasado dimos inicio a la serie, «Evita la tentación en tu matrimonio». Nos encontramos en medio de lo que parece ser una historia sin esperanza que va de mal en peor. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ron y Nancy Anderson han estado compartiendo con nosotros cómo sus primeros años de matrimonio estuvieron llenos de conflicto, enojo y crítica; y cómo Nancy terminó al final, cayendo en pecado un paso a la vez, (aunque realmente uno no se ve de repente en estas cosas), terminando envuelta en una relación adúltera con un hombre en su trabajo. Cuando dejamos la historia la última vez, parecía imposible juntar las piezas rotas de este rompecabezas.

Nancy y Ron, muchas gracias por estar dispuestos a contar su historia. La razón por la cual la estamos compartiendo no es para glorificar el pecado ni el fracaso, sino para glorificar la gracia de Dios que puede tomar pedazos rotos y vidas fragmentadas y sin esperanza para hacer de ellas algo de gran belleza. Así que gracias por estar con nosotros de nuevo hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Ron Anderson: Gracias Nancy por invitarnos.

Nancy Anderson: Gracias, estamos contentos de estar aquí.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nancy, ayer los dejamos en el punto en que habías decidido dejar a Ron. Le dejaste saber que querías divorciarte de él; estabas en el proceso de perseguir una vida con Jake, el hombre de tu trabajo. Aun así el Señor estaba –sin que tú lo supieras, porque no podías ver esto– pero Él estaba obrando para atraer tu corazón de regreso a casa. De hecho, inesperadamente regresaste a tu condominio una noche.

Nancy Anderson: Sí. Solo había regresado para recoger unas cuantas cosas, y ni siquiera estaba supuesta a pasar por allí ese día, pero terminé allí. Ron me había dejado la llave, y entré y estaba empacando algunas cosas cuando sonó el teléfono. Mi peor temor era que fuera mi madre porque no quería hablar con mis padres. Ellos son personas cristianas piadosas, y yo sabía que no aprobarían lo que yo estaba haciendo. Así que no les había dejado saber que estaba teniendo una aventura amorosa. Había mantenido en secreto nuestras dificultades maritales porque sabía que querrían arreglar mi matrimonio, y yo no quería que trataran de arreglarlo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que tu mamá era la última persona en el mundo con la que querías hablar, pero suena el teléfono y es ella.

Ahora, antes de seguir con el resto de la historia, yo pensé mientras nos preparábamos para esta entrevista que hubiera sido mejor si habláramos también con tus padres, porque leo en tu libro, titulado, «Evite la tentación en su matrimonio», que esa llamada llegó a ser una pieza clave del rompecabezas. Así que hemos contactado a tus padres esta mañana. Están con nosotros desde California.

Richard y Marian Alf, ¿me escuchan?

Richard: Sí, te escuchamos.

Marian: Sí.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Muchas gracias por estar con nosotros. No los conozco personalmente, pero quiero que sepan lo agradecida que estoy por padres como ustedes que tienen la sabiduría y el discernimiento bíblico, la intuición y el coraje de hacer lo que ustedes hicieron en esta situación. Así que queremos escucharlos a ustedes y a Nancy, contar la historia acerca de esa llamada. 

Marian, ¿qué fue lo que la inquietó a llamar en ese momento? Usted no sabía lo que estaba pasando, pero había una preocupación en su corazón.

Marian: Sí. Me sentía inquieta en las noches. Tenía pensamientos acerca de las diversas dificultades que pudiera estar Nancy atravesando. No tenía ni idea de lo que estaba sucediendo, pero el Espíritu Santo, pienso que me estaba diciendo que ella necesitaba comunicarse conmigo. En ese tiempo vivíamos en Minnesota, así que estábamos muy lejos, y no nos comunicábamos con frecuencia. El teléfono era la única vía de contacto. Estaba preocupada por lo que fuera que estuviera ocurriendo… pero no sabía qué era. Esa fue la razón por la que llamé esa noche.

Nancy Anderson: Cuando llamaste, y preguntaste, «¿está todo bien?», y por supuesto, yo no quería admitir en qué tipo de problema estaba, continué mintiendo y diciendo que todo estaba bien, aunque estaba en medio de empacar mis cosas en cajas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Marian, ¿usted le creyó que todo estaba bien cuando ella le dijo eso?

Marian: Bueno, claro que uno conoce muy bien a sus hijos. Sabíamos que una de las habilidades de ella, era contar historias. Es por esto que este libro es tan maravilloso. Pero por otro lado, también contaba historias que no siempre eran verdaderas. Sabíamos de ella esa particularidad, supongo que esa fue la razón de dudar de lo que ella nos estaba diciendo.

Nancy Anderson:Yo tendía a teñir la verdad para favorecerme.

Marian: Sí.

Ron: Por decir lo menos…

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Como Nancy no le dijo la verdad, usted decidió poner a su esposo en el teléfono. ¿No fue así?

Marian: Sí.

Nancy Anderson: Nunca había podido mentirle a mi papá. Así que puso a mi papá en el teléfono, y él me dijo, «tu mamá está preocupada». Mi papá es un hombre inteligente, porque cuando su esposa dice que algo anda mal, aunque él no lo sienta, él cree que ella sabe algo. Así que él le hizo caso, y comenzó a confrontarme.

Richard: Marian tiene una sensibilidad hacia las cosas espirituales que yo no tengo, entonces, si ella siente algo, quiere decir que algo anda mal. Así que insistí un poco más.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Y cómo hizo eso? ¿Cómo recuerda usted esa conversación?

Richard: Bueno, ya ha pasado mucho tiempo, y solo recuerdo que Nancy puso una fachada de, «todo está bien». Comenzamos a hablar, y luego cuando finalmente aceptó que había algo mal, realmente no me dijo toda la historia, pero me dijo que ellos estaban teniendo dificultades. Eso es todo lo que recuerdo de la primera parte de esa conversación.

Nancy Anderson: Luego de preguntar oraste por mí. ¿Te acuerdas de esa oración, papá?

Richard: No, realmente no.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¡Pero Nancy sí lo recuerda!

Nancy Anderson: Me acuerdo de esa oración vívidamente. Era una oración para que mis ojos fueran abiertos y para que el velo fuera quitado y para que toda atadura que estuviera sobre mí que no fuera de Dios fuese rota. Ese, en mi opinión, fue un momento crucial. Comencé a verme a mí misma. Fue como si hubieras puesto delante de mí un espejo, de forma amorosa, pero firme. Yo te hablé acerca de querer ser feliz. A lo que tú me contestaste, «no te educamos con la meta de que tú fueras feliz, sino para que te comportaras bien; para que fueras una mujer piadosa, y no estás cumpliendo con tu llamado».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¡Wow¡ En ese momento, creo que muchos padres, si escucharan a su hija decir, «mi esposo no me está tratando bien». No me está haciendo feliz. Me siento miserable en este matrimonio…» Pienso que muchos padres tomarían la ofensa como si fuera propia y tomarían el lado de su hija en acusar al marido como el que está en falta. Pero ustedes no hicieron eso.

Richard: Bueno, no, porque sentimos algo y sabíamos como dijo Marian… conocemos a nuestra hija, y amamos a Ron. Era difícil discernir lo que estaba ocurriendo en ese momento, pero sabíamos que ella tenía que cumplir su parte del trato, y ella necesitaba comunicarse con él. No recuerdo si fue exactamente en ese punto, pero le dije que necesitaba quedarse allí hasta que Ron llegara a casa. Esa fue mi instrucción para ella.

Cuando colgué el teléfono, después de terminar la conversación, no estaba seguro de que ella realmente se quedara allí. Esa fue nuestra ansiedad desde ese momento hasta que finalmente supimos algo. No sabíamos si se había quedado o no; pensábamos que si no se quedaba, la situación no sería corregida. Pero si se quedaba, entonces había probabilidades de que funcionara.

Nancy Anderson: Cuando colgamos, sí me quedé, y esperé a que Ron llegara a la casa. Es una historia larga de contar, pero el asunto es que él ni siquiera estaba supuesto a estar en la casa. Él estaba en una convención. Pero inesperadamente llegó a casa esa noche. 

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ron, cuando llegaste a la casa, ¿qué sentiste?

Ron: Mi amigo me trajo inesperadamente… le dije que sentía una gran ansiedad y que necesitaba regresar a mi casa.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sin saber que Nancy estaba allí.

Ron: Sin saber que Nancy estaba allí. Ahora me doy cuenta que el Señor estaba poniendo una carga en mi corazón. «Ahora es el tiempo». El Señor me estaba diciendo que necesitaba ir a casa y mi amigo me llevó hasta allá. Cuando nos acercamos a la casa, el vehículo de Nancy estaba afuera. Él me preguntó, «¿quieres que entre contigo?» Le dije, «no, todo va a estar bien». Y el Señor lo hizo todo bien.

Entré, y ahí estaba Nancy y comenzamos a hablar. Ella me explicó toda la situación; de cómo se había involucrado con un hombre del trabajo. Ella me dijo que lo sentía, y literalmente nos quedamos toda la noche hablando. Fue la primera vez que en realidad hablamos sin gritarnos el uno al otro. Hablamos el uno al otro en un tono cortés. 

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Fue en ese momento que ella te dijo acerca de Jake?

Ron: Sí. Fue entonces cuando me contó todo acerca de Jake.

Nancy Anderson: Porque después de la oración de mi papá, yo elevé mi propia oración. No había orado; no había hablado con el Señor desde hacía como nueve meses, diría yo. Allí fue donde hice mi propia oración, y luego el dique se rompió. Su amor, Su perdón y Su misericordia llovieron sobre mí, y me vi como una mujer adúltera, como la mujer en pecado.

Claramente vi mi pecado, y me asustó ver qué tan lejos me había extraviado de la verdad que conocía. Le pedí perdón al Señor. Me trajo a la memoria la historia en Juan 8 acerca de cuando Jesús se encontró con la mujer adúltera, y Él no la condenó. Fue sorprendida en adulterio. Ella era culpable. Pero aparentemente ella estaba arrepentida. Ella miraba hacia abajo. Él le dijo, «mujer, Yo no te condeno». Y luego Jesús dijo las cinco palabras más poderosas, en mi opinión, de la Biblia. Él le dijo, «vete y no peques más» (v. 11 RV).

Yo sabía que eso era lo que yo tenía que hacer, aunque sabía que eso quería decir que tendría que renunciar a este hombre que yo pensaba que amaba y regresar a casa, a mi esposo, y confesar mi pecado a ambos, al Señor y a mi esposo, y ponerme a la merced de ellos. Yo sabía que en ese momento esto era una cuestión de vida o muerte para mí, escoger la voluntad de Dios sobre la mía.

Ron: Es muy difícil escuchar a tu esposa decirte que está enamorada de otro hombre, que está involucrada con otro hombre. Eso fue lo que ella me dijo esa noche.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuando tú dices Ron que es muy difícil, quieres decir, ¿Como la peor cosa del mundo?

Ron: Sí. Es como ser atropellado por un carro. Te saca todo el aire de tu vida. Hay un elemento de sentirte como un fracasado porque tu esposa se fue con otro hombre. En todo el proceso hasta llegar allí, nunca esperé que ese fuera el resultado. Había entre nosotros estos resentimientos subyacentes que nunca fueron resueltos y que empujaron a mi esposa en los brazos de este otro hombre, y hacia acciones que ella tomó. No lo vi venir —de ninguna manera— hasta esa noche cuando ella me confesó que estaba involucrada con otro hombre.

Así que hubo muchas emociones, ira, resentimiento hacia ella; un sentimiento de fracaso. Fue un golpe a mi ego masculino; fue un golpe muy fuerte. Pero el Señor nos ayudó a mantener todo eso bajo control esa noche. Literalmente estuvimos despiertos toda la noche. Hablamos hasta las nueve de la mañana del día siguiente, cuando Nancy tomó la decisión de dejar su trabajo en aquella compañía.

Ella llamó al presidente de la compañía y le confesó que ella se había involucrado en una aventura amorosa con un compañero de trabajo y le dijo al presidente de la compañía, «no voy a regresar. Tome todo lo que está en mi escritorio y tírelo a la basura».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Esto ocurrió unas quince horas después de la llamada de tus padres, Nancy. Digo…digo este fue un cambio dramático en tu corazón.

Nancy Anderson: En veinticuatro horas todo cambió. Mi corazón cambió; mi comportamiento cambió; mi matrimonio cambió.

Ron: Y lo asombroso, es como el Señor orquestó esto. No se suponía que Nancy estuviera en el condominio esa noche. Justo cuando entra, suena el teléfono. Y su mamá es la que está llamando. El Señor dirige a su mamá a llamar justo en ese momento. Nancy fue dirigida por el Señor a regresar al condominio. Se supone que yo debí haber estado fuera de la ciudad por tres días en una convención. Esa primera noche, justo en medio del evento, rompo en llanto y le digo a mi amigo, «necesito irme a casa». No sabía porque realmente necesitaba ir a mi casa.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Porque tu esposa no estaba allí cuando tú te fuiste.

Ron: No mi esposa no estaba allí y yo no anticipaba que ella estuviera allí, pero el Señor lo había puesto en mi corazón, aunque yo me había alejado del Señor... El Señor me estaba diciendo, «necesitas ir a casa». Entonces voy a casa… estas tres cosas ocurrieron al mismo tiempo en un lapso de dos horas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Y entonces, tú llegas a casa, Nancy. Me sorprende la forma como el Señor estaba obrando en tu corazón para romper tus justificaciones y todos tus argumentos de defensa y realmente cambiar tu corazón.

Nancy Anderson: El momento no pudo haber sido más oportuno…si él hubiera llegado una hora antes, yo no hubiera estado lista todavía. Yo necesitaba hacer esa oración de arrepentimiento y de quebrantamiento antes de poder enfrentarlo. Allí fue cuando tomé la decisión de que no vería más a Jake, debido a esas palabras del Señor, «vete y no peques más». Obviamente eso quería decir que no podía continuar en una relación con un hombre que no era mi esposo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sin embargo, esto me choca porque tú estabas involucrada emocionalmente con este hombre. No estabas emocionalmente comprometida con tu esposo en ese momento, en una manera positiva, y para la mañana siguiente tú dices, «hoy voy a dejar mi trabajo. Voy a romper esta relación». No te detuviste a pensarlo. No puedo creer que tus sentimientos hacia Jake simplemente cesaron. No puedes apagar eso como cierras una llave de agua, pero tomaste algunas decisiones a pesar de tus emociones.

Nancy Anderson: Exactamente, así fue. Escogí ser fiel a mi esposo, aunque no lo «amaba». De hecho, ni siquiera nos gustábamos el uno al otro. No nos estábamos llevando bien. No éramos amigos. Este hombre en mi trabajo era al que amaba, en el sentido de que mis emociones estaban con él, pero yo sabía que no podía continuar en la relación. Entonces, a pesar de mis sentimientos, seguí las instrucciones del Señor.

Esa fue una delas cosas más difíciles que he tenido que hacer, pero yo sabía que era lo correcto. El Señor me dio fuerzas para hacerlo. Tomé la decisión, y luego mis acciones siguieron lo que yo sabía que era lo correcto, a pesar de mis sentimientos. Pienso que esa es parte de la razón por la que Ron estaba tan calmado y receptivo cuando finalmente confesé, porque él podía sentir en mí que yo era una persona diferente. Es casi como si hubiera nacido de nuevo. Aunque había aceptado al Señor cuando estaba en la secundaria, para mí fue un momento decisivo en que el Señor volvió mi corazón hacia Él y yo me rendí completamente.

Había estado luchando contra de Dios, pero cuando rendí mi voluntad a Su voluntad, Él me dio la fortaleza para confesarle todo a Ron sin ninguna excusa. No culpé a mi esposo.

Ron: Realmente yo escuché a mi esposa decir que ella había hecho mal, algo que ella realmente no hubiera hecho en mil años. Durante los dos años anteriores, ella nunca admitió que había hecho algo mal.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que tú realmente viste un cambio de corazón allí.

Nancy Anderson: Había una calma, y una paz milagrosa… aquí estoy yo diciéndole a él la cosa más explosiva que una esposa le puede decir a su esposo, y él no reaccionó con enojo ni maldiciendo…

Ron:…Lo cual era una típica manera de reaccionar.

Nancy Anderson: Solo por colgar una toalla él me gritaba, y aquí estoy yo ahora diciéndole esta cosa horrenda, y sin embargo la paz del Señor estaba en aquél lugar y nos cubrió y nos dejó conversar acerca de eso sin gritar, e hicimos un plan. Él me dijo, «mis amigos piensan que tienes otro hombre. ¿Lo tienes?» Le contesté que sí, que lo tenía, pero le dije: vamos a llamarlo en la mañana». Y después que renuncié a mi trabajo, Ron y yo llamamos a Jake juntos.

Ron: Cuenta lo que el presidente de la compañía te dijo cuando lo llamaste.

Nancy Anderson: Bueno, eso fue algo asombroso porque, según yo tengo entendido, él no era un hombre cristiano. Pero le dije que había estado teniendo una aventura amorosa con Jake, y él dijo, «bueno, lo sospechábamos». Y le dije, «no voy a regresar. Yo sé que esta decisión lo pone a usted en una posición horrible en cuanto al trabajo». Él me dijo, «no hay ningún trabajo más importante que tu matrimonio». Luego añadió, «Estás haciendo absolutamente lo correcto. Les daremos tus asignaciones a otras personas. Nosotros lo manejamos. Necesitas regresar a tu casa y trabajar en tu matrimonio». Lo cual fue un estímulo muy asombroso considerando de quien procedía.

Y luego hablamos con Jake ese mismo día y le dijimos. Le dije que no lo estaría viendo más, y luego Ron habló con él también.

Ron: Yo hablé con él y le dije que Nancy y yo íbamos a tratar de rehacer nuestro matrimonio. Y solo para asegurarme que todos estábamos en la misma página, le pregunté, «ahora, Jake, ¿puedo contar contigo de que no vas a acercarte?» Él dijo, «Sí». Y nunca más supimos de él. 

Nancy Anderson: Nunca. Él fue fiel a su promesa también. Cuando colgamos el teléfono, fue una llamada muy emocional, los tres estábamos llorando, pero por tres razones completamente diferentes.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sí. Nancy, supongamos que hay una mujer escuchando ahora mismo que está envuelta en una aventura amorosa en una aventura emocional o en una situación de adulterio físico. Ella sabe que tiene que salir de ahí. Pero está atemorizada. Ella piensa que no puede. Ella piensa que no puede romper el vínculo emocional. ¿Qué le dirías a ella?

Nancy Anderson: Yo le diría, «sé cómo te sientes». Yo sé lo fuerte que es el vínculo. Conozco el agarre que tiene, te sientes atraída a este hombre como por un imán. Pero también conozco la libertad que trae el romper esos vínculos. Es algo tan asombroso el estar libre de culpa y el traer tus secretos a la luz, porque nuestros secretos nos mantienen en prisión.

No sabes lo maravillosa que puede ser la vida. Yo estaba cegada por el pecado y por el egoísmo, y yo culpaba a mi esposo. Era crítica y quejumbrosa, pero eso no sirvió de nada. ¿Sabes qué realmente funciona? La rendición, la rendición sí funciona. No puedes luchar en contra de Dios, pero cuando rindes tu corazón y le pides fortaleza para sostenerte en pie, para hacerte fuerte para poder caminar en Su camino y no en el tuyo, te maravillas de las cosas que Él puede hacer a través de ti que tú nunca hubieras podido hacer por ti misma.Porque cuando Él nos llama a Su propósito mayor, Él también nos equipa para caminar en Su camino.

Entonces yo te diría que a partir de hoy, pares de luchar. Ríndete, ríndete al Señor; ríndete a Su voluntad, rinde tu corazón a Él. Él ama tu alma. Nunca te defraudará.

Él tomará tus sentimientos y lentamente, mientras tú le rindes tu vida a Él, comenzarás a amar a tu esposo nuevamente.

Comenzarás a regar, a nutrir tu propio matrimonio. 

Comenzarás a crecer en la dirección que Él quiere que tú crezcas, lejos del pecado y hacia la luz.

Pero debes elegir ese camino. En última instancia se trata de la decisión de obedecer la voluntad de Dios o de seguir tu propia voluntad. Y hoy es tu día de decisión.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nancy, tú tomaste esta decisión, y estamos aquí sentados veinticinco años después viendo a una pareja que está, como tú dices, «locamente enamorada».

Nancy Anderson: Así es.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Pero ese cambio no sucedió de la noche a la mañana. 

Tu rendición y tu obediencia se llevaron a cabo un día tras otro, momento a momento. Este es un mensaje de esperanza, de redención y de gracia, pero todo comienza, como bien dijiste, con un momento de rendición.

Nuestra oración—mi oración—para cada oyente que está atada ahora mismo, es que hoy sea el momento de salir a la luz con el Señor, con tu pareja, y decir, «sí, Señor». Solo ondea esa bandera blanca de rendición, y di, «sí, Señor».

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablando con Ron y Nancy Anderson. Todas nosotras necesitamos decir, «sí, Señor». Ya sea que estemos lidiando con la infidelidad o luchando en alguna otra área de nuestras vidas.

Una oyente comparte su lucha con nosotras, escuchemos.

Dora: Mi nombre es Dora Elena Rico de acá de Sabaneta, Antioquia. Estudiar el diseño de Dios ha sido de un gran impacto. Quiero contarles mi historia un poco resumida, es muy larga porque tengo muchos años. Me crié en un hogar donde había una madre sumisa y sin embargo prefería a los hombres. Cuando estaba en el embarazo de mí, ella quería que naciera hombre y no mujer.

Yo muchas veces actué y me fui formando muy masculina, o sea vibraba mucho desde el masculino porque en el fondo yo quería satisfacerla a ella. Si me tocaba pararme en las pestañas yo lo hacía para que ella me aceptara, me amara, yo hacía lo que fuera. Me fui pareciendo mucho a los hombres. Incluso fui siempre muy independiente, autosuficiente; arropada también por mi papá que me daba esos decretos de que o me dejara de los hombres, que no fuera a ser como mi mamá, ahí metida en una cocina; que si yo no estudiaba entonces me tocaba ir a plancharle y a lavarle y hacer todos los oficios. Entonces mi papá también como que ayudó a eso y a que creciera en mí esa rebeldía. Me rebelé tanto que en esa época mi himno era: Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amor...y quisiera ser, como el niño aquel, como el hombre aquel que es feliz...

Mi madre siempre nos ponía a hacer los oficios domésticos a mi hermana y a mí y los hombres pues ahí esperando que les sirvieran. La verdad la sumisión de mi madre me hundió en la rabia, y mi meta era no dejarme dominar de nadie y muchísimo menos de los hombres.

Todos vivíamos en una jaula porque nos molestaban mucho, y yo fui quien abrió la jaula para volar porque me volví muy fuerte, autoritaria, dominante, autosuficiente. Esto me llevó a ser una abanderada de la liberación femenina y encontré mi asidero literario en Simone de Beauboir, encontré la lecturas para justificar todo, y se iba formando esa Eva en mí. Yo estuve casada, soy separada y llevé esa Eva al matrimonio, donde yo era la proveedora, la líder. Yo era el noventa por ciento la proveedora de mi hogar y entonces y no dejé que el hombre ejerciera ese rol, no dejé que él fuera aquello para lo que Dios lo diseñó, sino que yo me apropié de ese rol. La verdad, durante todos estos años yo le había echado la culpa a él porque él se consiguió una amante y entonces yo decía: «Me dejó por otra».

Pero estudiar el diseño divino me ha permitido develar tantas mentiras que yo me creí, que yo creí verdades. He tomado conciencia que me equivoqué en mis relaciones con los hombres y en especial en mi matrimonio, donde yo no era la esposa sino el esposo.

Quería hablarles de esa restauración que yo quiero hacer con Carlos, el papá de mi hijo que fue mi esposo, pedirle perdón porque yo igual hice parte de esa ruptura, porque yo no lo dejé ser en muchas cosas. No para justificar su pecado porque él también pecó, él fue Adán y yo Eva.

Es muy gracioso porque él una vez trató de echarme la culpa del divorcio, y a mi hijo yo le decía, «el culpable fue él». Quiero hablar eso con mi hijo y hablarlo con Carlos y de verdad que el hecho de que Dios haya puesto ese arrepentimiento en mí es una evidencia de Su gracia.

Como mujer soltera también entender que yo puedo ser de ayuda para los hombres con los que me relaciono. Así no tenga ese rol de esposa porque como decía Patricia en la conferencia, quien vino a compartirnos, ella decía que esa ayuda que somos las mujeres no se activa con el matrimonio sino en el momento en que yo nací mujer. 

Carmen: Mañana escucharemos más de Ron y Nancy Anderson. Ellos nos hablarán acerca de la sanidad disponible luego de enfrentar un adulterio. También escucharemos más del padre de Nancy Anderson. Regresa para la continuación de esta historia, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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