Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat: Cuando una mujer decide abandonar a su esposo, ella esperaría algo de simpatía por parte de su padre. Escucha lo que una mujer joven escuchó al contestar su teléfono.

Richard: Todos sabemos lo que el Señor quiere. Su Palabra es muy clara en situaciones como estas. Podemos decidir hacer algo correcto o algo incorrecto. Obviamente si una pareja decide contraer matrimonio y hacen un pacto entre ambos, ellos han hecho algunas promesas que necesitan cumplirse y mantenerse. 

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El tema de esta semana es relevante especialmente para aquellas que están casadas, pero también serás edificada si estás luchando con alguna otra área particular en tu vida. Nos encontramos en la serie titulada, «Evita la tentación en tu matrimonio». Si te perdiste alguno de los programas anteriores, escúchalo, léelo o descargalo en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Creo que ustedes estarían de acuerdo conmigo en que hemos venido escuchando una historia muy conmovedora, y una ilustración poderosa de la gracia redentora y de la bondad de Dios. De cómo Él puede restaurar las situaciones más desesperadas. Ron y Nancy Anderson han estado compartiendo su testimonio. Sucedió hace veinticinco años, pero al ver hoy a Ron y Nancy, puedo darme cuenta que el dolor aún está fresco en sus corazones. ¿Es difícil para ustedes revivir esos primeros años horribles de su matrimonio? ¿Qué piensan mientras nos relatan la historia hoy, veinticinco años después?

Ron: Realmente no es tan difícil, porque la realidad es que esto está tan lejos de donde el Señor nos ha traído, así que no siento ningún dolor cuando hablo sobre todo esto. 

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que cuando te conmueves y lloras al contarlo, ¿qué estás pensando?

Ron: Nancy lo que eso representa es el gozo que el Señor ha traído a mi vida. A veces es sobrecogedor emocionalmente, pensar dónde estábamos y de dónde Él nos ha traído hoy. Así que cuando me emociono es usualmente como resultado de sentir esa emoción de, «¡Wao! ¡Aquí es donde estamos y esto es increíble realmente! Estoy seguro que Nancy se debe sentir igual.

Nancy Anderson: Así es. Es más difícil para mí porque soy la que lleva la «letra escarlata» en el pecho, pues yo fui la que abandoné mi matrimonio y mi ego no quiere admitirlo. Pero, aún así, sé que es útil para otras personas pues soy una sobreviviente y fui milagrosamente sanada. Así que la historia hay que contarla. Batallo con eso—y la hemos contado a muchos grupos pequeños a través de los años—pero ahora la estamos compartiendo a nivel internacional.

Es algo sorprendente pero el Señor me ha dado la fuerza para hacer esto, pues no es algo natural sacar los trapos sucios al sol, y aún así sé que esto está ayudando a muchas personas. Recibo correos electrónicos de personas que dicen, «pensaba que era la única». Así que para mí, el llevar consuelo a esas mujeres y la esperanza de restauración, y una pequeña luz de un nuevo comienzo, vale la pena; aunque reconozco que personalmente es muy difícil para mí.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Mientras compartimos tu historia, el objetivo no es resaltar el pecado, sino resaltar la gracia de Dios. Eso es lo que trae tanta esperanza. Hay muchas personas viviendo en ese y en otro tipo de pecados, pero el mensaje aquí es que Dios puede realmente cambiar corazones. Él puede librarnos de las ataduras del pecado, Él puede perdonar y puede limpiarnos.

La obediencia y la rendición pueden ocurrir en un momento, como escuchamos en el programa anterior. En solo 24 horas rompiste con una aventura y dejaste tu trabajo, para no enfrentar esa tentación de nuevo cada día. Tomaste pasos y decisiones drásticas y aún así tenías por delante todo un proceso de restauración, para el cual haría falta un arduo trabajo.

Además tu matrimonio no tenía un fundamento sólido. Dios usó a tus padres como una parte importante de ese proceso. Hemos invitado a tus padres para escuchar de ellos y de ustedes, Ron y Nancy, la forma en que Dios los usó en el proceso de restauración de su matrimonio. Marian y Richard Alf, muchísimas gracias por tomar de su tiempo en el día de hoy para compartir su parte en esta historia, y por acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Richard: Somos bendecidos al poder hacerlo.

Marian: Gracias por tenernos aquí.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sean ustedes bienvenidos. Solo quiero repetir que es maravilloso que los padres asuman la responsabilidad de responder de manera directa y valiente como lo hicieron ustedes. Ustedes metieron sus narices sin saber si su hija les daría la bienvenida o no, pero Dios usó esto. Ahora, veinticinco años después, están cosechando algunas bendiciones y alegrías, al vivir cerca de sus hijos y de su nieto, viendo cómo Dios está usando sus vidas. Esto debe ser un gozo inmenso para ustedes.

Pero la batalla no estaba terminada. Ustedes estaban allá en Minnesota y ellos estaban en California. Ustedes no saben lo que está sucediendo, pero están orando. Dígannos qué estaba sucediendo en sus corazones mientras oraban por Ron y por Nancy.

Richard: Bueno, fue un momento difícil; le habíamos dicho a Nancy lo que tenía que hacer. Pero la pregunta era, ¿sería ella obediente para hacer lo que el Señor y nosotros queríamos que hiciera? ¿O se iría y no haría lo que tenía que hacer? Así que decidimos esperar hasta la mañana siguiente. No recuerdo exactamente qué cantidad de tiempo, pero sé que fijamos un tiempo límite para llamar de nuevo; en caso de no haber sabido nada de ellos, llamaríamos a Ron.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Así que no pensaban dejar eso así, dejarlos tranquilos?

Richard: No, no íbamos a soltarlo ahí. ¡Para nada! Pero Ron nos llamó antes de nosotros llamarlo a él, así que todo resultó bien.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Y él les puso al día de lo que había ocurrido?

Richard: Sí, nos dijo que estuvieron despiertos toda la noche y que estuvieron hablando. Luego hablamos con nuestra hija, por supuesto. Recuerdo que fue una conversación especial, como una respuesta a nuestra oración.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sí, me imagino que sus corazones estaban contentos, pero sabían que había más por delante. Le dieron consejos firmes a Ron y a Nancy acerca de volver a poner las piezas en su sitio, en su lugar. Nancy, creo que una de las cosas que les aconsejaron fue que se reunieran con otra pareja.

Nancy Anderson: Así es, nos dieron el nombre de otra pareja que conocían en California que tenían experiencia en asuntos matrimoniales y que tenían madurez en el Señor. Fuimos y nos reunimos con ellos, si mal no recuerdo, unos pocos días después.

Ron: Fue a los dos días, porque fuimos a San Diego ese fin de semana por dos días—de nuevo, para retirarnos un poco y hablar— y el lunes en la noche regresamos. Para ese momento ya Richard y Marian nos habían hecho una cita con el Dr. Ray y su esposa.

Nancy Anderson: Y nos encontramos con ellos, fue una experiencia maravillosa. Nos dieron la chispa de esperanza de que esto podía repararse. Aunque ellos nunca habían tenido este tipo de problemas, ciertamente habían tenido algunas dificultades en su matrimonio. Ellos nos motivaron, oraron por nosotros y fueron tan dulces y tiernos con nosotros, además no se perturbaron con lo que les contamos.

Ellos nos dieron esa pequeña ventana de esperanza de que podíamos hacer que esto funcionara si poníamos al Señor como el centro de nuestra relación. Ellos hablaron del versículo de Eclesiastés 4:12 que dice que «cordón de tres dobleces no se rompe fácilmente.

Y Ron y yo solo éramos un cordón de dos dobleces. El Señor no estaba entre nosotros, en nuestro matrimonio. Ese fue probablemente su mayor énfasis: que invitáramos al Señor a nuestro matrimonio, porque cuando nuestras fuerzas fallaran, Su fuerza no fallaría. Así que ese fue otro punto que nos puso de nuevo en el camino.

Ron: Y la mañana siguiente, creo, Nancy se montó en un avión y se fue a buscar el consejo de sus padres.

Nancy Anderson: Fui sola para recibir consejería sola, pues los problemas realmente surgieron a causa de mi mal comportamiento al principio del matrimonio, al ser una persona crítica y quejumbrosa. Esto empujó a mi esposo a alejarse, y a mí me dejó con una necesidad de buscar consuelo fuera de mi matrimonio. Así que era obvio que tenía asuntos personales con los cuales lidiar. Así que me fui a mi casa sola, para una consejería personalizada con mis padres y otras personas. Había diferentes grupos de mujeres orando por mí y venían a la casa a ministrarme.

Y luego Ron vino, y fue a partir de ahí que comenzaron a hablarnos de cómo íbamos a sostener nuestro matrimonio sobre un fundamento firme pues nuestra zapata estaba totalmente fracturada.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Un asunto clave que tus padres te forzaron a enfrentar fue el tema del perdón. ¿Recuerda eso Richard? 

Richard: Sí, lo recuerdo.

Ron: Para mí ese fue el punto crítico. La noche que llegué, en la cena, Richard nos miró y nos dijo, «sé que Nancy probablemente te dijo que ella lo lamenta, pero ¿te pidió perdón?» Tienes que decidir si la vas a perdonar o si vas a usar esto como «la carta bajo la manga» que siempre tendrás a mano para discutir cada vez que haya alguna desavenencia, durante los próximos 30 años.

A la mañana siguiente cuando estábamos en el desayuno, él le dijo a Nancy, «¿Pensaron ustedes en lo que les dije anoche?» Nancy me miró, tomó mi mano y me preguntó si la podía perdonar. Y el Señor me permitió en ese momento tomar la decisión de decir que sí.

Le dije: «Sí, te perdono». No significa esto que el matrimonio se hizo perfecto a partir de ese momento, porque había todavía muchas cosas que trabajar, pero desde ese instante, nunca sentí dolor en relación a la situación. Nunca me sentí celoso. Fue como si el Señor lo quitara de mi corazón, casi instantáneamente. Le doy toda la gloria a Dios por hacer eso y se lo agradezco, y te agradezco a ti Richard, por tener la sabiduría de ver que ese era el principal bloque a partir del cual podíamos comenzar a construir.

Nancy Anderson: Eso fue una señal para mí, otro destello de esperanza de que podíamos reconciliarnos. Y comencé a ocuparme de Ron. Comencé a ver que él me amaba, a sentir una ternura y un respeto por mi esposo que antes yo no tenía. Lo vi como un hombre, no como un niño; un hombre capaz de tomar una posición y dar a su esposa una misericordia inmerecida, tal cual Dios nos la da a todos nosotros.

Mi forma de verlo comenzó a cambiar, y mi forma de verme a mí misma comenzó a cambiar. A partir de ese punto, deseé seguirlo y a asegurarme de que él fuera el líder del hogar. Dejé de luchar en contra de él y de querer tener siempre la razón, y me rendí al Señor y a mi matrimonio, y comenzamos todo de nuevo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Me pregunto Richard y Marian, si pudieran compartir con nosotros—Ron y Nancy, desde su perspectiva, ¿cuáles fueron algunas de las cosas que ustedes hicieron? Esto puede ser de estímulo para otros padres que están tratando de ayudar a sus hijos a caminar a través de las aguas de un matrimonio turbulento. Nancy, ¿qué piensas que fue una de las cosas que más te ayudó de parte de tus padres?

Nancy Anderson: Bueno, ellos fueron firmes conmigo, pero muy tiernos al mismo tiempo. Sabía que ellos me amaban, pero también fueron realistas y no excusaron mi mal comportamiento. Ellos me hicieron responsabilizarme por lo que yo estaba haciendo y por el comportamiento destructivo que tenía en mi matrimonio. Ellos no me mimaron diciéndome, «oh pobre bebé, te casaste con hombre malo, vuelve a casa».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ellos realmente no se parcializaron.

Nancy Anderson: No se parcializaron, ellos escogieron el lado bíblico para la restauración y la esperanza, para que nos mantuviéramos casados.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Y te retaron a obedecer? 

Nancy Anderson: Sí, dijeron: «Estás comportándote muy mal» ¡y yo lo estaba realmente!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Richard y Marian, cuando le hablaron sin rodeos a Nancy, ¿no pensaron que podía ser un riesgo que ella rechazara el consejo y la instrucción?

Richard: Personalmente yo no pensé mucho en ese sentido. Yo solo sabía lo que era correcto y que lo que ella estaba haciendo no estaba bien. Habíamos enseñado a nuestra hija que ella tenía una responsabilidad. Se hizo obvio que ella tenía una responsabilidad que no estaba cumpliendo en esa relación. Así que nuestro consejo fue que ella era la que necesitaba hacer el mayor esfuerzo para arreglar las cosas. 

Ron: Desde mi perspectiva, cuando miro hacia atrás veo que ellos no me pusieron como el malo de la película. Créanme, hice muchas cosas. Pude haber sido etiquetado como el tipo malo de la situación, pero ese no fue el papel que me asignaron, ellos fueron motivadores. Su sabiduría cristiana…todavía me sobrecoge como el Señor usó a mis suegros para salvar mi matrimonio.

Yo digo que el día que nos casamos, el papá de Nancy me dio su mano y luego dos años después, me la volvió a entregar otra vez, cuando nos ayudó en este proceso de sanación.

Siempre hay bromas acerca de los suegros, que son irritantes en la relación de pareja, pero en nuestro caso ha sido totalmente lo opuesto. Ellos han sido una dulce fragancia en nuestra relación, y le doy la gloria al Señor por esto.

Realmente soy un yerno que no merece unos suegros tan maravillosos en su vida. Tan solo pensar que ellos fueron el instrumento que salvó mi matrimonio es sobrecogedor, sobre todo cuando miro hacia atrás y veo dónde estábamos y dónde estamos ahora, solo me queda agradecer a Dick y a Marian por todo eso.

Nancy Anderson: Ellos han sido un gran modelo para nosotros, ya que han estado casados por 56 años. Y sí, han tenido momentos difíciles, y han tenido que atravesar situaciones, altas y bajas emocionales, todas esas cosas que los matrimonios tienen que pasar, pero a pesar de eso, se han mantenido firmes en el Señor, se han mantenido firmes el uno con el otro. Son un frente unido. Por supuesto nosotros los hijos hemos tratado de dividirlos pero ellos nunca se dividieron.

Así que han sido una inspiración para nosotros. Hay un término llamado, «amor áspero» y muchas veces puede ser malinterpretado. Con mis padres, puedo decir que fue un amor firme, un amor fuerte, pero con disciplina.

Sé que para muchos padres esto es difícil, tal vez, porque por alguna razón, quizás producto de la culpa por diferentes situaciones en sus vidas en las que no fueron buen ejemplo, para ellos es difícil ser tan directos con sus hijos y requerir de ellos un estándar muy alto. Pero mis padres requirieron un estándar alto de mí, y cuando no estaba cumpliendo ese estándar, ellos no se sintieron avergonzados o apenados al recordármelo.

Ron: Ellos caminaban y hablaban como cristianos, y sus vidas... Puedes ver las evidencias de que estas personas estaban comprometidas con el Señor. Fue un tremendo modelo para mí tener a su papá en mi vida, porque me dio un norte hacia donde crecer. Es un reto porque él es un gran hombre de Dios. Es un gran líder espiritual en su propio hogar. Así que como modelo, soy mejor hombre por tenerlo presente en mi vida.

Marian: Es solo por la gracia de Dios que cualquiera de nosotros puede hacer algo que sea digno del amor de nuestros hijos y del amor del Señor.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Entonces qué consejo le darían a los padres de hoy que están donde estuvieron ustedes hace veinticinco años, encontrando que el matrimonio de un hijo quizás está en problemas, un hijo o una hija a punto de dejar a su pareja o transitando por un camino rocoso? ¿Qué les dirían ustedes a esos padres?

Richard: Todos nosotros sabemos lo que el Señor quiere. Su palabra es muy clara en circunstancias como esta. Hay una forma correcta de hacer las cosas y una incorrecta. Obviamente, si la pareja decide casarse y hacen un pacto entre ambos, ellos hicieron una promesa, un pacto que tienen que mantener.

Seguir adelante e ignorar esto no es aceptable. Así que, la única cosa que uno puede hacer en esas circunstancias es reconectarse, pedir perdón y continuar hacia delante. Rendirse, darse por vencido, no puedo ni siquiera comprender que uno pueda rendirse ante una situación como esta.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Entonces ¿está bien que los padres se involucren en la vida de sus hijos para ayudarlos y para rescatarlos de una situación como esta?

Richard: Bueno, definitivamente creo que sí. De hecho pienso que es una obligación de los padres, involucrarse en la medida que los hijos se lo permitan. Ahora bien, esa es una situación difícil, pero en el caso de Nancy y Ron, no fue difícil porque ellos buscaron nuestro consejo y fue fácil involucrarnos.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Creo que el hecho de que hayan estado orando y que Dios les pusiera esa preocupación y esa carga durante la oración… Dios les mostró cuándo llamar y qué decir. Hay tiempo para hablar y tiempo para estar quietos, y Dios les dio la sabiduría porque estaban orando por su hija. Así que pudieron apoyarla y al mismo tiempo ser honestos con ella.

Marian: Así es.

Richard: Bueno, después de todo, y pensando un poco atrás acerca de nuestra preciosa hija y su crianza y características, nosotros la conocíamos muy bien. Ella necesitaba un poco de empujoncitos aquí y allá para llevarla de nuevo al camino, esto no fue más que algo de eso mismo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Pero nunca la separaron de ustedes, nunca dejaron de amarla a pesar de todo esto.

Richard: Para nada, no, para nada.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Bueno, mi oración es que haya más familias como ustedes, que Dios nos dé padres y abuelos piadosos que luchen la batalla espiritual por sus hijos. Como usted dijo, Richard, hay algunos hijos e hijas que no se han abierto todavía a ese tipo de consejería, pero nadie puede impedirle a los padres orar...

Richard: Así es.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Y preocuparse por ellos y amarlos y hablarles la verdad cada vez que haya una oportunidad. Y queremos hablarte una palabra de ánimo y esperanza hoy. Gracias Marian, gracias Richard, agradecemos al Señor por ustedes y oraremos para que el Señor use su testimonio para que sea de gran motivación para nuestros oyentes.

Richard: Fue un placer ser parte de este programa.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Richard y Marian, me pregunto si … Ya que ustedes son padres que oran y ahora son abuelos, ¿podrían ustedes ser tan amables de orar por nuestros oyentes, en especial por aquellos que tienen hijos e hijas pasando por aguas turbulentas en estos momentos? Solo oren una bendición de la gracia de Dios para estas familias.

Richard: Claro, con mucho gusto.

Padre Dios, te damos toda la alabanza y el honor y acciones de gracias al llegar al final de este programa, dirige nuestra oración. Señor, oramos a ti, en nombre de los padres e hijos que ahora mismo tienen dificultad en sus matrimonios. Señor, yo te ruego que los bendigas, dales una medida especial de fortaleza. Dales una medida de conocimiento—de conocimiento de lo que deben hacer—y luego dales el valor y la fuerza para llevarlo a cabo.

Señor, no permitas que sigan vagando en el desierto, sino tráelos a Ti de nuevo. Te damos gracias por nuestros hijos y te damos gracias por los padres que has asignado a cada una de las vidas de estos hijos. Señor, ayúdanos a amar siempre a nuestros hijos, a pesar de las circunstancias, independientemente de lo que hayan hecho o de lo que dejen de hacer.

Señor, tenemos una obligación—un deber—de amarlos, de cuidarlos y de orar por ellos, para que Tú los protejas. Señor dales una buena medida de fuerza y de esperanza. Pedimos todo esto en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Este es Richard Alf, en conversación con Nancy DeMoss de Wolgemuth. Él le habló importantes palabras de verdad a su hija en un momento crucial de su matrimonio. El señor y la señora Alf le hablaron con convicción a su hija. Ellos mismos habían sido un ejemplo de fidelidad matrimonial.

Una oyente que también ha visto a Dios obrar en su matrimonio, compartió su testimonio con nosotras. Escuchemos:

Efigenia: Hace aproximadamente dos años Dios empezó a trabajar en nuestras vidas, en la de mi esposo y la mía, de una manera muy particular, como nunca creí que fuera a suceder. Hace dos años mi esposo me dijo que no me amaba más y se fue con otra mujer. Eso fue algo que yo nunca esperé en mi vida, nunca porque nosotros trabajábamos en el ministerio, teníamos las parejas, teníamos los jóvenes y asistíamos con damas. Yo les enseñaba a las damas, pero yo nunca, nunca me imaginé que fuera a suceder una cosa de esas.

Dios obra de una manera sobrenatural. Al comienzo fue muy duro, me retraje, yo no quería nada; pero Dios fue con Su Palabra poquito a poco llevándome, llevándome y un día por Aviva Nuestros Corazones, por medio de Consuelito, me llegó el Link, y estuve escuchándolo. Preciso fue el testimonio de mujeres que habían pasado por el adulterio de su esposo. Después yo veía que esto era algo imposible, mi matrimonio no se puede restaurar porque la gente dice que no, mis hermanos y mi familia dicen que no, que eso no se puede, que ojalá le eche ya tierra a eso, ya entiérrelo tres metros bajo tierra.

Yo decía, «no, Señor, muéstrame, dame Tu Palabra, quiero escucharte a Ti. Ya he escuchado al mundo y el mundo me dice miles de cosas: «usted vale, usted tiene valor, sepárese, eso es lo que tiene que hacer». Pero, «Dios yo quiero que Tú me hables». A través de Aviva Nuestros Corazones llegó también ese nombre: «Yo soy el que peleo por ti, yo soy el León de la tribu de Judá, yo voy a desgarrar el corazón de tu esposo para que se vuelva hacia mí. Voy a desgarrar tu corazón porque Dios también me tocó a mí. Me mostró que yo era pecadora y que mucho de lo que había pasado también era culpa mía.

Dios me mostró quién era Él. Hubo momentos en que yo decía: Señor, yo no aguanto esto, ya no quiero más, quítame esto que tengo aquí, quítamelo. Y Él me mostraba que Él estaba trabajando en el corazón de mis hijas, en mi corazón, en el corazón de mi esposo y llegó el momento en que yo determiné: «Señor, yo me rindo también». Porque tenia que, antes de pedir que yo perdonara a mi esposo, yo tenía que pedirle perdón por mí. ¿Quién era yo? ¿Qué había hecho? ¿Cuánto de lo que enseñé en alguna ocasión, lo puse realmente en práctica? ¿Cuántas veces menosprecié a mi esposo?

No por quererlo hacer sino porque yo quería que de pronto él fuera más, que hiciera ciertas cosas y lo pordebajié (como decimos aquí en Colombia), y eso me dio un dolor en mi alma y en mi corazón y ese día lloré amargamente, y le dije: «Señor, perdóname, perdóname y dame la oportunidad de poder ser la mujer que tengo que ser, esa mujer virtuosa, esa mujer de Proverbios 31. Esa mujer que edifica a su esposo, que lo acompaña. Esa mujer que quiere lo mejor para él y que muchas veces tiene que dar, como Juan, tres pasos hacia atrás, para que el esposo avance.

Aviva Nuestros Corazones ha sido lo que acompañó en todos estos dos años. He repetido esos estudios, tres y cuatro veces, cinco veces si ha sido necesario cuando siento que estoy desfalleciendo, vuelvo y lo escucho. Tengo una determinación: «Yo no me voy a divorciar. Si mi esposo determina divorciarse, lo hará él pero no yo. Pero tengo también fe en que yo tengo al Dios que es la resurrección y la vida.

Para muchas personas mi matrimonio está para echarle tierra, pero, Señor yo no creo en eso. Yo quiero un hogar restaurado. No estoy excusando lo que él hizo, no lo excuso, pero yo quiero hacer la voluntad de Dios. Dios toca el corazón en diferentes maneras, pero a mí me tocó de esa manera y sigo creyendo en el poder de la Palabra de Dios. Sigo creyendo en un Dios poderoso, en un Dios fuerte, en un Dios que lucha, que intercede, un Dios que me ayuda, me edifica y me enseña.

Carmen: ¿Es tu conducta de ejemplo para tus hijos? ¿Pueden ellos seguir tus pisadas? Una vida de fidelidad es producto de pequeñas decisiones diarias. Nancy las llama «cercas de seguridad». Por ejemplo, cuando ella le escribe un correo electrónico a un hombre casado, ella solo habla de cosas relacionadas al trabajo. Y si hay algo más personal sobre lo cual hablar, ella copia a la esposa de ese hombre. Es algo aparentemente insignificante, pero puede proteger la pureza.

Tú también necesitas tener cercas de seguridad en tu vida. Puedes obtener consejos prácticos de Nancy a través del pequeño libro, «Cercas de seguridad personal». Búscalo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Otro recurso que te recomendamos es el libro escrito por nuestra invitada, Nancy Anderson, en el cual se basa esta serie. Está disponible en español, así que búscalo en tu librería cristiana favorita. Se titula, «Evita la tentación en tu matrimonio». Su historia te ayudará a pensar en cómo puedes proteger tu matrimonio del dolor que causa el adulterio.

Cuando dijiste: «Sí, acepto», ¿fue como si la diversión hubiera llegado a su fin? Esa fue la experiencia de Nancy Anderson.

Nancy Anderson: Ron era un excelente novio antes de casarnos. Cuando nos casamos él dejó de cortejarme, y yo dejé de coquetear con él y ser divertida, y perdimos la chispa. Perdimos la imaginación y la creatividad y nos envolvimos en los quehaceres cotidianos y las listas de deberes. Se nos olvidó divertimos juntos.

Carmen: Descubre cómo puedes restaurar la diversión, el interés, en tu matrimonio, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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