Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat: Al Nancy Anderson recordar los primeros años de su matrimonio, se dio cuenta de que algunas de las expectativas que tenía de su esposo no eran realistas. 

Nancy Anderson: Yo era una mujer muy necesitada emocionalmente, y yo lo estaba buscando para satisfacer todas mis necesidades. Yo no estaba buscando al Señor para suplir estas necesidades. Como resultado de estar tan necesitada, él se sentía sofocado por mí y se alejaba. Entonces, yo me volvía crítica y controladora y comenzaba a quejarme.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy damos inicio a la serie titulada, «Evita la tentación en tu matrimonio». Aquí está Nancy para introducir a nuestros invitados de hoy.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: A través de los años hemos llevado a cabo muchas conferencias de mujeres. Durante la noche de apertura, acostumbramos a repartir una pequeña tarjeta donde las mujeres pueden escribir sus motivos de oración. Por lo general tenemos intercesores que asisten a las conferencias solo para orar por las mujeres y por sus necesidades.

Después de las conferencias leo muchas de esas peticiones. Acabo de leer una serie de ellas, y quedo sorprendida de ver cuántas de esas peticiones (porque las mujeres realmente abren su corazón), tienen que ver con asuntos relacionados al matrimonio; mujeres que están batallando en sus matrimonios.

Recuerdo que en una conferencia en particular, dos mujeres dijeron la misma cosa: «He llegado a despreciar a mi marido». Esto es tan trágico y nos rompe el corazón. Y para nosotros es un privilegio orar por esas mujeres. En Aviva Nuestros Corazones, queremos hacer todo lo posible para ayudar a los matrimonios en dificultad, a los matrimonios con problemas, proporcionándoles un salvavidas a esos matrimonios que pudieran estar atravesando por problemas.

En la transmisión de esta semana, queremos hablar con una pareja que ha pasado por algo así. Ellos han pasado momentos muy difíciles. Ellos saben lo que se siente tener un matrimonio que está al borde del precipicio, al borde del desastre. Pero también conocen lo que es ver la restauración de Dios y el poder redentor de Dios en su matrimonio.

Así que, ya sea que tu matrimonio esté atravesando problemas serios; o que justo estés comenzando tu matrimonio y necesites protección para evitar que caiga en problemas serios; o quizás si has estado casada por muchos años y tienes hijos e hijas casadas, y nietos… O quizás eres soltera, y estás pensando casarte algún día…

Donde quiera que estés en ese espectro, tú querrás sintonizarte con nosotros esta semana para escuchar una historia increíble sobre la gracia de Dios y Su poder milagroso en el matrimonio.

Ron y Nancy Anderson son nuevos amigos míos. Ron y Nancy, bienvenidos a Aviva Nuestros Corazones. Muchas gracias por estar dispuestos a venir y a compartir su historia con nosotras.

Nancy Anderson: Gracias. Es nuestro privilegio.

Ron Anderson: Gracias, Nancy, por tenernos en tu programa.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nancy, tú has escrito un libro titulado, «Evite la tentación en su matrimonio» («Avoiding the Greener Grass Syndrome»). Tú mencionas en tu libro la ilustración de que, «el césped del vecino no es más verde. ¡Si tú riegas tu propio césped, serás bendecida!» ¿No es cierto que hay algo en el corazón humano que siempre piensa, ya sea en lo relacionado al matrimonio y también en otras áreas: «Si tan solo pudiera estar en otra situación, mi vida sería más simple y más fácil», no es así? Solo quiero que nos lleves de vuelta a los primeros días de tu matrimonio. Nancy, tú asististe a un instituto bíblico. Tú vienes de una familia cristiana. Durante tus años en la escuela secundaria o de universidad, la gente no hubiera jamás asumido que ibas a terminar en un matrimonio tan espantoso. Pero eso fue lo que sucedió.

Nancy Anderson: Sí, eso fue lo que pasó. Yo sabía que había una mejor manera, pero el egoísmo es algo tan insidioso. Viene lentamente. Comencé nuestro matrimonio con una premisa equivocada que era que el trabajo de mi marido era hacerme feliz. ¡Pero, ¿sabes qué? él pensaba lo mismo! Así que nos sentamos a esperar.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Él pensaba que tu trabajo era hacerlo a él feliz.

Nancy Anderson: Exactamente. Así que nos sentamos a esperar a que el otro nos hiciera feliz, demandábamos ser felices. Como te podrás imaginar, esto no funciona muy bien. No hacíamos el trabajo en equipo en nuestro matrimonio.

Fue una combinación de nuestro egoísmo, más una relación con Dios que era muy superficial. Entramos en el ciclo de, «soy un mal marido porque eres una mala esposa, pero yo soy una mala esposa porque eres un mal marido ...» Ninguno de los dos estábamos dispuestos a asumir la responsabilidad personal, nuestra culpa individual en nuestro matrimonio, y seguíamos culpando al otro. Esto hacía que nos quedáramos atrapados allí.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ese ciclo entonces continuó durante los primeros meses, y luego los primeros años de su matrimonio. ¿Cómo lucía eso? ¿Cómo era la vida en el hogar de los Anderson?

Ron: La primera persona que llegaba a la casa preparaba el argumento para la próxima persona que entrara por la puerta. Así comenzaba. Cuando nos juntábamos, siempre estábamos peleando por algo. Podía ser por las finanzas. Podía haber sido: «No hiciste esto por mí», o «no hice esto para ti», ese tipo de cosas.

Creo que en parte era, como dijo Nancy, egoísmo. Los dos queríamos lo que queríamos, cuando lo queríamos. Cuando no estábamos consiguiendo lo que queríamos cuando lo queríamos, esto creaba…

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Rabietas?

Ron: Exacto.

Nancy Anderson: A ambos nos gustaba hacer que la otra persona pagara.

Ron: ¡Exactamente, y así lo hacíamos! Hacíamos que el otro pagara.

Nancy Anderson: Tuvimos problemas por amigos. Él pasaba mucho tiempo con sus amigos. Había sido soltero por un buen tiempo cuando estaba en el servicio militar. Él tenía su propia vida. Así que continuó haciendo algunas de las cosas de «soltero» que hacía antes: salir con sus amigos y cosas así. Me molestaba su tiempo lejos de mí. Pero mirando hacia atrás, puedo ver que yo no era una persona muy divertida que digamos.

Ron: ¿Recuerdas cuál era mi frase favorita?: «Oye mira, yo no me casé contigo para ser tu centro de entretenimiento». Así era como me sentía. Sentía que tenía que estar constantemente entreteniéndola. Una y otra vez le decía: «Mira, yo no soy tu centro de entretenimiento. Encuentra algo que te interese. Haz algo. No siempre tengo que estar aquí para satisfacer tus necesidades de entretención».

Nancy Anderson: Yo era una mujer muy necesitada emocionalmente, y yo lo buscaba para satisfacer todas mis necesidades. Yo no estaba buscando al Señor para suplir esas necesidades, ni siquiera a mis amigas. Yo no tenía muchas amigas. Y porque estaba tan necesitada, él se sentía sofocado por mí y se alejaba. Entonces, yo me volvía crítica y controladora y comenzaba a quejarme.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Espera, espera, espera. ¿Crítica, controladora y quejona? ¡Esa es una receta para el desastre!

Nancy Anderson: Tres cosas muy peligrosas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ron, ¿cómo te afectaba eso a ti?

Ron: En primer lugar, trataba de disuadirla de su comportamiento, que fue una de mis grandes tácticas. Cada vez que ella se sentía muy emocional, me gustaba tratar de disuadirla de esos sentimientos y eso la frustraba.

Así que ella dejaba de venir a mí con sus necesidades emocionales. Recuerdo que una vez se me acercó y me dijo: «Siento como que no tengo amigas cercanas». Así que sacaba un pedazo de papel y un bolígrafo, y me ponía a escribir.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Tratabas de arreglar el problema.

Ron: Exactamente intentaba buscar soluciones. «Metas de amistades para Nancy». Bien, esto es lo que tienes que hacer primero. Tienes que ir a través de tu libreta de teléfonos y ver cuáles son tus amigas. Luego debes llamarlas e invitarlas a almorzar.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si quieres tener amigos, tienes que ser amistosa.

Ron: Exacto, ese era el tipo de cosas que le decía.

Nancy Anderson: Me daba unas cátedras...

Ron: Claro, todo lo que eso hizo fue alejarla y molestarla todavía más. Lo que probablemente debí haber hecho era poner mis brazos alrededor de ella y decirle: «Cariño, lamento que te sientas de esa manera. Te quiero». Pero realmente no lo hice. En lugar de ello, intentaba resolver sus problemas.

Nancy Anderson: Sí, yo solo quería ser escuchada y hacer que él entendiera lo que me ocurría. En cambio, él seguía tratando de arreglar las cosas. De hecho, yo sentía como que él me culpaba por no tener amigas.

Ron: Y así era. En el fondo de lo que hacía lo que había era algo como: «Bueno, todos esos problemas que estás experimentando tienen la misma raíz: tú misma. Voy a ayudarte a darte cuenta de esto y a resolverlo. Pero en realidad se resume a que no estás haciendo algo que deberías estar haciendo».

¡Esa no es la forma de ganarte a tu esposa!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sin embargo, tus actitudes y tu comportamiento, Nancy, no eran realmente: «la forma de ganarte a tu esposo» tampoco…

Nancy Anderson: No, y ese era el problema. Seguía tratando de darle lata para que se comportara de manera amorosa. No se puede obligar a nadie a comportarse de ninguna manera; lo único que puedes provocar es que te abandonen emocionalmente. Eso fue lo que Ron hizo. Él se apartó. Cuanto más se alejaba, más lo criticaba por alejarse. Así que estábamos en un círculo vicioso.

Ron: Uno de los problemas que más me frustraba. . . Mira no soy ningún ángel, créeme. Pero cuando yo cometía errores en la relación, creo que yo era mucho más rápido y creo que Nancy estaría de acuerdo con esto, yo era más rápido en decir, «estoy equivocado y lo siento». ¡Si yo hubiera sido dentista, no hubiera podido haber sacado las palabras, «estoy equivocada de la boca de Nancy!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Es eso cierto, Nancy?

Nancy Anderson: La verdad absoluta.

Ron: Me hubiera gustado que por una vez… o sea yo hubiera pagado si tan solo una vez ella hubiese podido decir: «Estoy equivocada en esto». Pero eso nunca iba a suceder. Era tan claro como que «esto es blanco o esto es negro», así de equivocada estaba. Pero mientras más yo trataba de decirle, «cariño, tienes que ser capaz de ver que esto no está bien, que estás equivocada», más luchaba contra mí.

Eso me frustraba hasta el extremo. Me enojaba. Rápidamente eso escalaba y en un momento estaba yo maldiciéndola y diciéndole cosas inapropiadas. Eso anulaba el punto que estaba tratando de comunicarle.

Nancy Anderson: Correcto. Era un ciclo, como dije hace un rato, entramos en un ciclo. Era cuestión de orgullo para mí. ¡Siempre quería tener la razón!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Creías que tenías la razón?

Nancy Anderson: No. La mayoría de veces sabía que si hubiera podido olvidarme de mí misma por un instante… sabía que estaba equivocada pero no lo iba a admitir.

Ron: Y eso me mataba. Me ponía muy furioso. ¡Recuerdo que una vez le lancé una chuleta de cerdo congelada! Me enojaba muchísimo.

Nancy Anderson: Era solo terquedad de mi parte y mi indisposición de admitir que estaba equivocada. Prefería tener razón que ser amada. Querer tener la razón casi me cuesta mi matrimonio.

Ron: «Perdón» era otra palabra que se le dificultaba muchísimo pronunciar. No entiendo la dinámica de todo aquello, pero era muy difícil para ella decir, «perdoname». Espiritualmente hablando, estábamos muertos. Yo era un cristiano bastante nuevo cuando nos casamos, solo tenía nueve meses de convertido. Después de casarnos, siempre encontrábamos razones para no ir a la iglesia. «Bueno, quedémonos a dormir un poco más tarde», o «vamos al cine mejor».

Permitimos que estas distracciones en la vida nos llevaran lejos de nuestro fundamento, algo que viendo ahora hacia atrás nos damos cuenta que fue nuestro gran error. No estábamos fundamentados en la Palabra. No íbamos a la iglesia. No estábamos pasando tiempo con amigos cristianos. Cuando estábamos teniendo problemas, no fuimos donde nuestro pastor para hablar con él y buscar ayuda. Solo hacíamos lo que podíamos para salir del paso.

Mientras más nos alejábamos del Señor, más crecía nuestro egoísmo. La ira y la frustración aumentaban entre nosotros; nos culpábamos constantemente. Teníamos pleitos hasta las cuatro de la madrugada, sobre asuntos tales como si yo estaba gritándole o no. ¡Peleábamos por cosas tan tontas como esas hasta las cuatro de la mañana! ¡No estoy exagerando! Todo escalaba. Era horrible.

Recuerdo que una vez fuimos a Hawai y peleamos en público gritandonos el uno al otro porque mi esposa perdió la cámara. Lo único que le pedí era volver al baño de mujeres y ver si estaba allí, pensaba que tal vez la había dejado allí. No había manera en el mundo que la hiciera volver a ese baño a buscar la cámara.

Su declaración fue: «Yo no la dejé allí». Y ella ni siquiera fue para apaciguarme. Así que nos paramos allí en público y nos gritamos frente a los demás durante veinte minutos sobre una estúpida cámara.

Nancy Anderson: Y yo no quería entrar porque sabía que no estaba allí. Ahora, mirando atrás, pienso que si eso ocurriera de nuevo, yo regresaría al baño, aunque sabía que no estaba allí, hubiera ido, hubiera dado una ojeada rápida y hubiera regresado para decirle que no estaba allí. Pero yo no era lo suficientemente madura para hacer eso. Me mantuve firme.

Él se fue por un lado y yo me fui por otro. No nos hablamos por el resto del día, en aquél precioso resort de Maui.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nancy, tú has escrito un libro que espero que todas nuestras oyentes puedan obtener, independientemente de dónde estén en sus matrimonios, ya que tiene algunas perspectivas muy enriquecedoras para todo matrimonio.

Lo has titulado, «Evite la tentación en su matrimonio» (Avoiding the Greener Grass Syndrome). Y sabes lo que estás hablando. Ayúdanos a comprender cómo llegaste desde el punto de decir: «Sí acepto» en el altar, hasta llegar a enamorarte de un hombre que no era tu esposo. ¿Cómo empezó todo esto?

Nancy Anderson: Fue un proceso, y fueron pasos pequeños a la vez. El pecado es tan resbaladizo. No tenía la intención de tener una aventura amorosa. Solo tenía la intención de sentarme cerca de ese buenmozo durante el almuerzo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Era un muchacho con el que trabajabas?

Nancy Anderson: Correcto. Fuimos compañeros de trabajo en un equipo de ventas. La compañía, por supuesto, quería fomentar el compañerismo y el trabajo en equipo dentro del equipo de ventas. Así que nos animaba a pasar tiempo juntos.

De hecho, puedo reconocer exactamente cuándo el asunto cruzó los límites. Un día, cuando estábamos sentados uno junto al otro durante una reunión, su pierna chocó contra la mía, y él no alejó su pierna ni yo tampoco. Eso, creo yo, fue el punto crítico, porque le envié una señal de que no estaba en guardia, de que estaba abierta a la posibilidad.

A partir de entonces, todo fue gradual pero progresivo. Nos aseguramos de sentarnos juntos durante el almuerzo. Luego, cuando salíamos en grupo, nos aseguramos de viajar en el mismo carro juntos. Después, de ahí progresó hasta cenar juntos después del trabajo, y luego, eventualmente más que la cena.

Así que fue un proceso, pero yo sabía lo que estaba haciendo a cada paso del camino. Yo pensaba: «Es sólo un almuerzo. Es solo esto, es solo aquello».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Bien... de manera que te encuentras en tu lugar de trabajo, Nancy, y hay un muchacho que te está tratando diferente.

Nancy Anderson: Así es. Debido a que mi marido no me estaba halagando y ni siquiera era amable conmigo… Por supuesto, yo tampoco estaba halagándolo a él, ni era amable con él. Estábamos inmersos en este ciclo destructivo.

Entonces llegó Jake, alguien que pensaba que yo era maravillosa, que ¡yo era linda, inteligente, simpática, y todo lo que yo hacía le resultaba fabuloso!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Lo trataste un poco mejor de lo que tratabas a tu esposo?

Nancy Anderson: ¡Absolutamente! Yo era amable con él. Yo pensaba que él era asombroso, inteligente, divertido y yo se lo decía. Claro, cuando me casé con mi esposo yo pensaba que mi esposo era maravilloso, inteligente, divertido y fabuloso. Pero dejé de decírselo.

Ron: Y yo soy inteligente, y divertido y fabuloso.

Nancy Anderson: Y lo es. Pero lo no lo veía así en ese momento.

De manera que así fui, como lo dice el título del libro, me vi tentada por el césped más verde, al mismo tiempo que dejaba de regar mi propio jardín. Yo estaba tomando la energía que debía haber sido invertida en mi marido y en nuestro matrimonio y la estaba invirtiendo fuera de nuestro matrimonio y cultivando una relación ilícita.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Al poner esa energía fuera de tu matrimonio…

Nancy Anderson: Creció.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Qué creció?

Nancy Anderson: La relación creció y creció la distancia entre mi marido y yo. El egoísmo aumentó y también las mentiras. No puedo decirte cuántas mentiras tuve que decirme a mí misma, a Dios, quien, por supuesto, sabía que yo estaba mintiendo. Pero le mentía a Él también. Le mentí a mi esposo constantemente. Les mentí a mis padres, a mi madre. Les mentí a mis amigos. Tú tienes que mentir para seguir en adulterio, y me enredé de tal forma en las mentiras que ni yo sabía ya lo que era la verdad.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Se estaba cultivando un vínculo emocional aquí. Había un apego físico desarrollándose fuera de tu matrimonio. Las cosas solo podían ir empeorando en el hogar.

Nancy Anderson: Y así fue. Llegamos a un punto en que le pedí a mi marido. . . no una separación legal, pero le dije: «Necesito un poco de tiempo. Necesito un poco de espacio. Me gustaría mudarme fuera de la casa durante un mes».

Ron: En realidad, todo comenzó con que ella necesitaba un par de días. Ella quería estar sola en el fin de semana. Habíamos estado peleando mucho y yo (ingenuamente) pensé: «Bueno, dale un poco de espacio».

Esos dos días se convirtieron en una llamada diciendo: «Sabes, yo no voy a regresar. Realmente necesito una semana». Entonces, de repente, ¡necesito un mes! Y después fue: «Quiero el divorcio».

Nancy DeMoss de Wolgemuth:  ¿Cómo respondiste a eso, Ron?

Ron: Rogándole, pidiéndole, llorando de rodillas para que ella no me dejara.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Y tú recuerdas eso, Nancy?

Nancy Anderson: ¡Sí, lo recuerdo! Te podría decir exactamente dónde estaba. Estábamos en nuestro apartamento pequeño en California, y él estaba sentado en el sofá. Yo había tenido la discusión con él de que me iba. Entré en el dormitorio para llevarme un poco más de mis cosas, y volví y él estaba llorando y me suplicaba que me quedara.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Y eso te tocó de alguna forma?

Nancy Anderson: Sabes, no lo hizo. Me sentí mal porque no me sentía mal. Pensé que si él desaparecía de mi vida, mis problemas se resolverían. Quiero decir, así de mal estaban las cosas. Yo solo quería que él se fuera. Yo no le deseé nada malo. Yo solo lo quería fuera de mi camino porque estaba parado entre mi felicidad y yo. Así es como yo lo percibía.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Tú pensabas que tu felicidad ahora tenía una nueva cara y un nombre diferente?

Nancy Anderson: Pensé que la felicidad estaba al otro lado de la cerca.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Con Jake?

Nancy Anderson: Sí, con él quería estar. Ron era mi obstáculo, y así lo veía, no como un compañero, no como un marido. Él era un obstáculo para yo conseguir lo que quería. Así que salí y cerré la puerta. Me metí en el carro y puse canciones felices de amor, y subí las ventanas y fui a encontrarme con Jake.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No era solo tu familia la que estaba siendo afectada. Jake también tenía una familia.

Nancy Anderson: La tenía. Estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Fue una onda expansiva. ¡No puedo ni imaginar las ramificaciones, las vidas que fueron afectadas y posiblemente arruinadas por mi egoísmo!

No ví nada de eso en ese momento. Solo tenía esta visión miope de mi vida, eso era lo único importante; mi meta era llenar mis propias necesidades. Si alguien resultaba herido… «Oh, bueno… qué le vamos a hacer...»

Ron: Algo que fue difícil para mí… era que aquí estaba esta persona de quien me enamoré. ¡Antes de casarnos, ella era adorable. . . ella era simplemente maravillosa! Desde el día que la conocí sabía que me iba a casar con ella. Me enamoré de ella de inmediato. Pero ahora estoy hablando con ella, y estoy hablando con alguien que no conozco. No había ninguna conexión emocional entre nosotros.

Cuando lo describo pienso, «pero yo estaba hablando con una pared», porque por más que le rogué, por más que le supliqué, que le pedí una segunda oportunidad, no significaba nada para ella. A ella no le importaba.

Cuando hablaba con ella era como si estuviera hablando con una pared; como si hubiera un muro entre los dos. Era un sentimiento muy extraño pensar que tú podrías estar tan enamorado de alguien, y esa persona, en un momento, estar tan enamorada de ti. Pero ahora que estás hablando con esa persona es como si nunca la hubieras conocido antes.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Todo esto ocurrió durante los dos primeros años de casados?

Ron: Sí. En esos dos años. Había crecido el resentimiento y la destrucción había tomado lugar al punto de que ahora yo estaba rogando a una completa extraña que tratáramos de hacer funcionar nuestro matrimonio.

Aunque el matrimonio fue miserable durante esos dos primeros años, nunca se me ocurrió, quizás yo no entendía la vida, que podría dar lugar a un divorcio o que uno de los dos quisiera un divorcio. Quizás pensaba que así eran los matrimonios. Obviamente, yo estaba equivocado.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ron y Nancy, vamos a continuar con su historia mañana en nuestro próximo programa. Pero hay dos comentarios que quiero hacer antes de terminar hoy.

En primer lugar, al escuchar su historia es obvio que cuando un matrimonio llega al punto de considerar un divorcio y el hombre o la mujer está involucrado en una relación ilícita (una relación extramarital), no me gusta llamarle «aventura», porque eso suena tan feliz, y esto, obviamente, no es algo feliz, no fue algo feliz. El adulterio realmente pone en peligro los matrimonios, y no ocurre de la noche a la mañana.

Se trata de una serie de elecciones. Fueron una serie de pequeñas decisiones, como tú dijiste, Nancy. La decisión de no alejar la pierna, la decisión de dar luz verde en lugar de una luz roja, para comunicar que estabas disponible, fueron una serie de elecciones, en la vida de ambos, que los llevó a un punto donde parecía no haber esperanza.

Esto me lleva a este segundo punto que veremos hermosamente ilustrado a medida que continuemos con su historia. Aun cuando parezca que no hay ninguna esperanza en la situación, Dios no está ausente. Ustedes no lo estaban reconociendo en ese momento de sus vidas, pero Dios es el sabueso de los cielos. ¡Alabado sea Dios! Los estaba buscando cuando ustedes no lo estaban buscando a Él. Había esperanza, había ayuda en el camino, había gracia. Creo que es importante que hagamos hincapié en esto.

Quizás alguien que está escuchando hoy está a punto de salir por la puerta, o quizás alguien está en medio de una relación adúltera; o quizás de rodillas, clamando, llorando para que su cónyuge vuelva a casa, quizás estás en un punto en el que piensas, «no hay esperanza, ¡esto se terminó!»

Y nosotros recibimos cartas y correos electrónicos y tarjetas de oración de estas mujeres. Pero una de las razones por las que quería compartir la historia de Ron y de Nancy contigo es para que sepas que siempre que exista Dios, hay esperanza. Dios es un Dios redentor, un Dios de restauración. No hay problema tan complicado, no hay fosa tan profunda, que Dios no pueda restaurar y redimir.

No querrás perderte la continuación de la historia de Nancy. Esto no ha terminado. Todavía veremos mucho dolor, pero Dios va a intervenir a su favor. Hablaremos de cómo sucedió cuando continuemos en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablando con Ron y Nancy Anderson sobre pequeñas decisiones que pueden tener graves consecuencias.

¿Tienes cercas de seguridad en tu vida? Me refiero a principios que guíen cada pequeña decisión que tomas. Por ejemplo, muchas mujeres sabias, construyen un límite de protección al decidir no viajar solas en un automóvil con un hombre casado. Es una pequeña decisión que evidencia su compromiso a proteger su pureza y la de los matrimonios a su alrededor.

Para ayudarte a establecer algunas cercas de seguridad personal, nos gustaría recomendarte el pequeño libro de Nancy DeMoss de Wolgemuth titulado, «Cercas de seguridad personal». Este te ayudará a pensar sobre algunas decisiones que puedes tomar. Búscalo en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

La conversación que escuchaste hoy es parte de la serie titulada, «Evita la tentación en tu matrimonio». Ese es el título de un libro que escribió Nancy Anderson, y está disponible en español, así que te animamos a buscarlo en tu librería cristiana favorita.

Cuando Nancy Anderson se encontraba en medio de una relación adúltera, fue detenida por la llamada telefónica de dos personas muy importantes. Escucha más sobre esto el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Gracias, Cristo, Sovereign Grace Music, Eres Dios ℗ 2012 Sovereign Grace Music.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la discusión