Carta a la chica que lucha con sus emociones

Amada joven amiga:

Te escribo esta carta desde lo más profundo de mi corazón. No como quien flota en una nube de felicidad y dominio propio sino como quien ha luchado con sus emociones casi hasta la muerte. No recuerdo cuántas veces la tristeza me llevó a tomar decisiones radicales, absurdas y muy pecaminosas. “Prefiero morir que seguir sufriendo” es la frase que titulaba muchos días de mi vida y que me llevaba a rebelarme contra la soberanía de un Dios bondadoso e intentar a arrebatar mi vida una y otra vez, vida y decisión que le pertenecen ÚNICAMENTE a Él.

Quizás tú también te encuentras ahí, luchando con la ira, con la tristeza, con el temor al punto de que sientes que van a ganar esta batalla. Sabemos que las emociones nos están dominando cuando éstas son el material con el que tomamos nuestras decisiones. Si lo que haces o dejas de hacer está definido por cómo te sientes o cómo “no” te sientes con respecto a algo el barco de tu vida está en las manos del capitán equivocado y esto puede ser muy peligroso.

El peligro principal es que esto nos impide glorificar a Dios, y nos hace (como dice Santiago) inconstante en todos nuestros caminos. Nos lleva a vivir una vida basada en nosotras mismas, y llevadas de aquí para allá por algo tan cambiante como nuestras opiniones. El segundo peligro es físico, las emociones pueden llevarnos no solo a cierto grado de muerte espiritual sino también a la muerte física.

Pero amada, muy amada. Quisiera mirarte a los ojos, abrazarte fuertemente y decirte: Hay esperanza. ¡En Cristo hay esperanza! En el momento en que decides someter tus emociones a Su Señorío y rendirte a Él, podrás experimentar Su poder de primera mano. No hay palabras para contar las cosas maravillosas que suceden cuando permitimos que Él gobierne cada aspecto de nuestras vidas.

Aquí te dejo una publicación que escribí el año pasado, que creo puede serte de utilidad en cuanto a este tema. Si quieres seguir profundizando te invito a leer Mujer Verdadera: El maravilloso diseño de Dios para ti.

¿Alguna vez has sentido que tus emociones están fuera de control? Quizás hay mañanas en las que te levantas con el pie izquierdo y todo te molesta o estás en “esos días” y lloras por lo más mínimo… Y qué decir de los momentitos en que quisieras saltar de alegría.

Definitivamente como mujeres experimentamos cambios emocionales en el día a día que pueden no ser tan agradables pero no podemos negar que la vida sería un poco aburrida si en Su diseño inteligente el Señor nos hubiera creado sin emociones.  Aunque sé que es un poco difícil verlo de esa manera a veces, tus emociones pueden ser una gran bendición.  Antes de comenzar a hablar sobre esto, dejemos claro a qué nos referimos cuando usamos la palabra “emoción”, poniéndolo simple podemos decir que:

Es la respuesta que dan nuestro cuerpo y mente a las cosas que percibimos y los sucesos que vivimos.

Ira, miedo, tristeza, alegría … Me imagino que las conoces todas, en especial cuando están fuera de control y  comienzan a afectar tus palabras, actitudes y comportamientos. ¿Te ha pasado que cuando estás enojada respondes de manera inapropiada a tus amigos o a tus padres? ¿Dejas de hacer cosas importantes solo porque tienes miedo? ¿Te pierdes momentos importantes si no tienes ánimo para estar presente?  Quiero darte una buena noticia hoy, ¡puedes gobernar tus emociones!

Vamos poco a poco, en primer lugar, como dije arriba; las emociones son respuestas, reacciones que nuestro cuerpo y mente tienen.  Aunque cambian nuestro estado anímico, lo hacen de manera pasajera. ¡Nadie dura tres días enojado, o riéndose, ni siquiera llorando! Por otro lado, no dictan nuestra conducta, es posible estar enojadas y responder piadosamente gracias al dominio propio.

La Palabra nos dice por ejemplo: “Enójense pero no pequen”. Es decir que podemos sentir algo y no responder en consecuencia. Pero también nos alerta de lo que nos puede pasar si dejamos que las emociones nos gobiernen cuando menciona en Santiago que el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos (1:8).  Nuestro ánimo no puede tener dos timones, o es la Palabra de Dios o son nuestras emociones.

Quizás sea hora en tu vida de detenerte y seguir la recomendación que se nos hace también en Santiago (4:8) “ y ustedes los de doble ánimo, purifiquen sus corazones”. Y puede que te preguntes cómo hacerlo. Bueno, la asombrosa obra de Cristo en la cruz nos libró de condenación, de la ira de Dios pero también del dominio del pecado en nuestras vidas… Además nos dio el regalo de Su Espíritu que hace nacer en nosotras sus hermosos frutos… Si te has dado cuenta que las emociones tienen el control de tus reacciones, aquí te dejo algunos consejitos:

  1. Pide a Dios que escudriñe tu corazón y te muestre si hay en él camino de perversidad. Muchas veces nuestras emociones son un reflejo de lo que hay en nuestro corazón.
  2. Ora como el salmista que Dios cree en ti un corazón puro y renueve un espíritu recto dentro de ti.
  3. Deja que la Palabra del Señor renueve tu mente y lo que saldrá de ella.
  4. Sé intencional en aplicar la Palabra de Dios en tus respuestas y actitudes.
  5. ¡Recuerda que no es en tus fuerzas!
  6. Incluye dominio propio en tu lista de peticiones al Señor.
  7. Lleva un diario donde puestas anotar cómo la gracia de Dios ha ido obrando en tu vida en este sentido.

Sobre todas las cosas, corre a Dios cuando tus emociones parezcan salir de curso y deja que Él gobierne todo tu ser. Como dice Nancy Leigh DeMoss, "Todo lo que nos haga buscar a Dios es una bendición"... ¡Deja que tus emociones lo sean!

Comparte con nosotras: ¿Sientes que a veces las emociones gobiernan tu vida? ¿Cuál es la emoción que te es más difícil controlar?

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Sobre el autor

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie Sánchez Díaz

Clara Nathalie vive en Santo Domingo, República Dominicana, por la gracia del Señor le sirve a tiempo completo. Trabaja en Aviva Nuestros Corazones como editora, analista de contenido y administradora de la página web. Sirve al Señor enseñado a mujeres a usar su creatividad a la hora de estudiar la Palabra en un ministerio llamado Diario Bíblico. Es parte del ministerio de Escuela Dominical en su iglesia. 

 

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